lunes, 23 de julio de 2018

Locos por los musicales - Última semana: películas de los años ‘60 y ‘70.-

Ya está llegando el final de mi curso sobre musicales (en rigor de verdad, el curso ya terminó, pero me retrasé con el visionado de las películas). Estas décadas, marcadas por todo tipo de cataclismos políticos y sociales (marchas y manifestaciones, asesinatos políticos, desencanto social, escándalos de corrupción y la Guerra de Vietnam), además de la crisis del studio system y el reemplazo del vetusto Código Hays por el sistema de calificación, impactaron fuertemente en la industria cinematográfica abriendo la puerta a un nuevo tipo de cine, más independiente y de bordes ásperos. Pero antes de que todo esto sucediera, los estudios dieron batalla con películas cada vez más grandes, de mayor duración, con producciones más espectaculares y a través del fenómeno de los roadshow se transformó la experiencia de ir al cine en un acontecimiento especial, como ir al teatro o a la ópera. Las películas sugeridas para esta semana pivotan entre el pasado y el futuro como si hubieran sido producidas en universos diferentes: My Fair Lady (Mi bella dama), Fiddler on the Roof (El violinista en el tejado), Cabaret y Funny Girl. Entre ellas, My Fair Lady y Funnu Girl proponen una estética clásica (y en el caso de la primera, un contenido clásico también mientras que la segunda nos presenta una mujer moderna e independiente aunque limitada en sus opciones: al optar por su carrera pierde la felicidad personal); y las restantes irrumpen de pronto con una forma y una sustancia que aún hoy parecen modernas.-


My Fair Lady (Mi bella dama) - George Cukor, 1964.-


Tuve este DVD sentado en mi biblioteca durante varios años sin decidirme a verlo. En su momento cuando recién lo compré vi un par de minutos y no logré avanzar. Con motivo de este curso no tuve alternativas: debí enfrentarme por fin con esta película… Su visionado no me fue fácil y en varios momentos recurrí al botón “avanzar” de mi control remoto, lo confieso. ¿Cuál es mi mayor objeción? Pues que esta película no tiene alma, no es original (lo siento Cukor, pero Minnelli ya había llevado a la pantalla en Gigi muchas de las mismas ideas y mejor ejecutadas) y, en suma, se me escapan los motivos de su popularidad.-
En cierto modo, My Fair Lady recupera el tema de Gigi (ambas obras de teatro musical y películas con letra y música de Alan Jay Lerner y Frederick Loewe): la transformación de una joven rústica en una mujer refinada destinada a alternar con la alta sociedad. Allí donde Gigi estaba destinada a convertirse en una cortesana, Eliza Doolittle (Audrey Hepburn) es una humilde vendedora de flores que accede a someterse a las lecciones del profesor de dicción Henry Higgins (Rex Harrison) con la esperanza de prosperar social y económicamente. Pero aunque el objetivo es más loable, el proceso en My Fair Lady termina siendo cruel y vacío. Eliza aprende a hablar correctamente (un poco por milagro, después de semanas sin ningún avance) pero no a mantener una conversación aceptable en el círculo social en el cual el Profesor pretende que se inserte. Su única alternativa es limitarse al estado del tiempo y a la salud de la gente. Así, el Profesor sólo cambia el molde, pero no se preocupa por mejorar el contenido exponiendo a Eliza al ridículo.-
Peor aún, cuando es cortejada por un joven que la quiere y la acepta tal cual es (conversaciones inapropiadas y todo), Eliza elige al Profesor sin que yo llegue a entender el porqué… Después de dos horas cincuenta minutos de duración sin ningún gesto de ternura (lo más parecido es el Profesor cantando que “se acostumbró a la cara” de Eliza… sí...), el Profesor Higgins se queda con la chica y francamente, si eso significa que la película llegó a su fin, para mí es un alivio. Que vivan felices y salgan de mi televisor.-


Fiddler on the Roof (El violinista en el tejado) - Norman Jewison, 1971.-



Después de My Fair Lady, ver Fiddler on the Roof fue una caricia para el alma. En primer lugar, hay una diferencia abismal en la estética de esta película en relación a las películas de la década anterior incluídas en este cuarteto. No sólo por el uso de locaciones (¡cómo respira esta película!) sino también por la representación de los personajes en una forma no estilizada. No existe aquí ningún esfuerzo por “embellecer” nada y eso permite que personas y cosas se destaquen por sí mismas.-
Pero fundamentalmente, en términos dramáticos nos encontramos yo diría que por primera vez desde los años ‘30 (con la excepción de la maravillosa West Side Story que para 1961 debe haber parecido una visitante del futuro) con un argumento que nos mira directamente a los ojos y nos cuenta una historia con la que todos podemos identificarnos, que no es una metáfora de otra cosa y que no busca exaltar ningún sentimiento de época. Y además es una historia que no esperaríamos encontrar en un musical, género habitualmente asociado con todo lo brillante y ligero.-
En Fiddler on the Roof Jewison nos lleva de la mano por la pequeña aldea Anatevka en la Rusia zarista y en especial por la historia de Tevye (Topol), su esposa Golde (Norma Crane) y sus tres hijas en edad de casarse: Yente (Molly Picon), Tzeitel (Rosalind Harris) y Chava (Neva Small). Aquí, la irrupción de los tiempos modernos en un contexto determinado - expresada en la película por la rebelión romántica de las hijas - es un tema con el que todos podemos identificarnos. Y cuando estos cambios coinciden con la destrucción de la Sociedad tal como los personajes la conocen, no resulta claro si esa destrucción llega por la resistencia de los mayores a adaptarse a los tiempos que corren o si, por el contrario, se debe a la pérdida de los valores tradicionales.-


Cabaret - Bob Fosse, 1972.-



Fiddler on the Roof termina con una nota optimista. No sabemos si lo lograrán, pero Tevye y su familia emprenden el camino hacia América, en donde esperan encontarse con sus parientes. Un año después llega Cabaret, sobre la que ya he escrito antes, y recoge el guante. De nuevo contamos con un argumento inesperado para un musical, una estética puesta al servicio de la historia y no divorciada de ella (ya hablaré sobre esto) y un director que nos interpela permanentemente. Pero a diferencia de Jewison, Fosse nos golpea con uno de esos finales que nos dejan perplejos y desorientados y que tan bien sabía crear el director (¿alguien que haya visto All that Jazz pudo olvidar el final?).-


Funny Girl - William Wyler, 1968.-



Esta fue la última película que vi como parte de este curso y también la última que descubrí. Este visionado tampoco fue del todo fácil (aunque no usé el botón “avanzar”).-
Funny Girl cuenta (con enormes libertades) la historia sobre el ascenso al estrellato de la comediante Fanny Brice (Barbra Streisand) y su relación sentimental con Nick Arnstein (Julius Arndstein en la vida real, interpretado por Omar Sharif). Aquí comienzan los problemas: en primer lugar, no podría explicar el porqué pero los biopics que el género musical ha dedicado a sus propias figuras (probablemente con las únicas excepciones de Yankee Doodle Dandy que cuenta con la fuerza impulsora de James Cagney y de Three Little Words que es encantadora en su falta de pretensiones) son unos mamuts insoportables que - si tenemos suerte - solo cobran vida una o dos veces en el transcurso de la película. En segundo lugar (y sí, me doy cuenta de que estoy siendo completamente parcial) Barbra Streisand me resulta extenuante. Nunca llego a sentir que componga un personaje (el poco apego a las caracterizaciones de época de los años '60 no ayuda, es verdad), siempre me parece ella haciendo de ella o al menos de la persona que quiere que creamos que es y no en buen sentido, no de la forma en que Cary Grant por ejemplo era esencialmente él (aunque seguramente no Archie Leach) todo el tiempo.-
Por suerte, Funny Girl tiene otros aspectos que compensan y que hicieron que su visionado no fuera una experiencia completamente miserable. Por un lado, la dirección de Wyler es impecable, solo las entradas de los personajes ya hacen que el visionado valga la pena. Por el otro, la historia está en avance continuo y las dos horas y media de duración (me he puesto quisquillosa con la duración de las películas, lo sé) no se hacen tan pesadas; tal vez no interese demasiado adónde estamos yendo, pero no caben dudas de que estamos yendo hacia algún lado. Y finalmente, a Funny Girl también le llega su momento de cobrar vida y esto sucede en el último minuto de película con el número My Man. Leí un par de historias acerca de este número (que fue grabado con sonido directo en lugar de utilizarse las pista pre-grabadas que Streisand odiaba; que Wyler hizo que Sharif - con quien Streisand había tenido un romance ya terminado para este punto de la filmación - estuviera detrás de cámaras para afectar la interpretación de la diva) pero al final de cuentas nada de eso importa cuando tenemos una intérprete a pleno en la pantalla, un director con la sabiduría suficiente como para dejar hacer y una buena canción.-


Con esto concluye mi serie de entradas sobre el curso “Locos por los musicales” auspiciado por el canal TCM. Esta fue la tercera edición (las dos anteriores fueron sobre cine negro y sobre Alfred Hitchcock) y espero que el año siguiente vuelvan a dictarlo, con un nuevo tema. Mientras tanto, los espero pronto (espero que la semana próxima, pero mi pluma nunca es tan rápida como yo quisiera) con una nueva entrada sobre alguna de las películas no-musicales que han ido apilándose al lado de mi televisor.-
PD: Aprobé el curso :)

viernes, 6 de julio de 2018

Locos por los musicales - Tercera semana: películas de los años ‘50.-

El tercer módulo del curso “Locos por los musicales” está dedicado a la década del ‘50, marcada por diversos acontecimientos políticos, económicos y culturales. Por un lado, el final de la Segunda Guerra y la expansión económica que le sucedió dejaron en el pueblo norteamericano un ánimo triunfalista y la convicción de que la unión hace la fuerza. Paralelamente, comenzó a consolidarse el terror ante un eventual avance comunista, con lo cual pasada la corriente pro-soviética que inspiró muchas películas de los años ‘40, la industria cinematográfica se ocupó en reflejar el conservadurismo que caracterizaba a la sociedad en general (aunque también en esta década encontramos maravillosas excepciones en películas que levantan la voz contra esa estandarización de la sociedad). Por otro lado en esta década se produjo la multiplicación de los televisores en los hogares y el traslado de grandes grupos de las ciudades a los suburbios (en donde no había cines), con lo cual la industria comenzó a buscar nuevas tecnologías (pantalla ancha, sonido estereofónico, 3D, etc.) que tentaran a las audiencias a regresar a las salas de cine. Al mismo tiempo, la desinversión de los estudios forzada por la Corte Suprema de Estados Unidos - que falló considerando monopólica la propiedad de los cines por parte de los grandes estudios - hizo que comenzara la caída de los grandes estudios y el surgimiento de productoras independientes. Y finalmente, en esta década aparece una nueva clase público, más joven y liberal que irrumpirá por completo en la escena social y cultural en la década siguiente. Las películas sugeridas para esta semana fueron Singin’ in the Rain (Cantando bajo la lluvia), A Star is Born (Ha nacido una estrella), Guys and Dolls (Ellos y ellas) y Gigi. En este caso dudé mucho antes de incorporar una quinta película porque hay tantos musicales absolutamente geniales en esta década, además de los que ya integran el cuarteto sugerido, que se hizo difícil escoger sólo uno. Finalmente, me decidí por uno que tal vez no sea el mejor entre todos los posibles (han quedado afuera An American in Paris y The Band Wagon) pero que creo que refleja muy bien el panorama general de la década: Brigadoon.-

Singin’ in the Rain (Cantando bajo la lluvia) - Gene Kelly y Stanley Donen, 1952.-


Hace muy poco tiempo atrás publiqué una entrada sobre esta película así que no reiteraré aquí mi gran cariño y respeto por esta película. Lo que me resultó muy interesante en este nuevo visionado, habiendo descubierto recientemente The Broadway Melody, es encontrar todas las citas que esta película hace en relación a su predecesora. El número Broadway Melody, por ejemplo, contiene varias referencias como la cartelería de Broadway envolviendo al protagonista, la audición ante los productores (agentes de artistas en este caso) y la presencia de una mujer embelesada por los regalos de un millonario (aquí es Cyd Charisse, antes era Anita Page).-
Hay también un perfume que llega del pasado en la historia de una aspirante que es “descubierta” por una estrella o un actor de mayor experiencia (la trama ya era vieja para 1929 pero a partir de The Broadway Melody se convertirá en un patrón para el género musical). En esto y en decenas de pequeños detalles Singin’ in the Rain rinde homenaje al pasado al mismo tiempo que abre la puerta para los temas dominantes en la década de 1950: allí donde en su película anterior Gene Kelly levantaba las banderas de la individualidad (si bien en An American in Paris su Jerry Mulligan es un sujeto de lo más sociable, en su peor hora se encuentra solo en un rincón oscuro), en Singin’ in the Rain se suma al discurso que la industria cinematográfica viene a imponer en esta década, es decir que la clave está en la colaboración. Si volvemos sobre las películas visitadas en la entrada anterior vemos que tanto en Cabin in the Sky como en Yankee Doodle Dandy o Holiday Inn e incluso en On the Town (pienso también en Easter Parade con otro tipo de héroe y en For me and my gal, como ejemplo extremo) es el o la protagonista - a lo sumo con ayuda de su amante - quien logra sacar adelante las situaciones. En Singin’ in the Rain en cambio, es el esfuerzo conjunto de los tres principales lo que salva la carrera del héroe y notablemente, la idea salvadora ni siquiera es suya sino del personaje de Donald O’Connor.-
Al mismo tiempo, siento que de alguna manera esta película cierra un ciclo. Si bien parte de la industria seguirá apostando al espíritu triunfalista de la posguerra, muchos de los musicales importantes que podemos mencionar (pienso en The Band Wagon, It’s Always Fair Weather, Les Girls, Silk Stockings, Brigadoon, A Star is Born, Gigi) tienen una nota oscura y melancólica. A partir de Singin’ in the Rain se hará cada vez más difícil encontrar musicales de esos que iluminan el día del espectador.-

A Star is Born (Ha nacido una estrella) - George Cukor, 1954.-


Resulta curiosa la forma en que las películas dialogan entre sí, lo advierta uno o no. Mirando Singin’ in the Rain y A Star is Born en días consecutivos (cosa que nunca había hecho) pensé que en un punto ambas cuentan la misma historia (la de la aspirante que es ayudada profesionalmente por una estrella que enfrenta dificultades en su propia carrera), ambas en clave musical pero con tonos completamente diferentes. Casi es como si A Star is Born viniera en el lado B de Singin’ in the Rain. Se advierte aquí con total claridad la diferencia entre los estudios responsables por una y otra: allí donde MGM lo pinta todo de espectacularidad y brillo, Warner da a luz a una historia cruda que habrá hecho sentir incómodo a más de uno en la industria.-
A Star is Born es una película interesante en el sentido en que plantea una transición entre los musicales clásicos y los musicales oscuros de las décadas venideras. Hay también una suerte de estética de la fealdad, algo que volverá en las películas por venir. Hasta aquí, las películas que venimos viendo (especialmente las producidas por MGM, pero también las de otros estudios) buscaban la belleza por encima de todas las cosas. A Star is Born juega con la penumbra, con la fealdad de algunos sets y con piezas de vestuario poco sentadoras (la mitad del tiempo parecería que Judy Garland no tuviera cuello) pero lo hace con una amabilidad que termina resultando encantadora.-
Idéntico criterio aplica a sus personajes, en especial a Norman Maine (maravilloso James Mason), el héroe presuntamente inspirado en el trágico final de John Bowers (el rival romántico de Lon Chaney en The Ace of Hearts). Cukor evidentemente ama a sus personajes y con ello logra que los amemos también.-

Guys and Dolls (Ellos y ellas) - Joseph L. Mankiewicz, 1955.-


Esta es la única película de esta semana que no había visto nunca y debo decir que me costó una enormidad entrar en ella. Sinceramente creo que le sobra al menos media hora y que lo mismo podría haberse contado con mayor economía.-
Dicho esto, terminó resultándome una película interesante por varios factores. En primer lugar, existe un hilo invisible que conecta esta película con It’s Always Fair Weather (estrenada unos meses antes que Guys and Dolls) y con otras de esta década y de la siguiente, en especial con West Side Story, y es esta idea de llevar el ballet moderno a las calles y en los cuerpos de bailarines, ya sean profesionales o improvisados, con características individuales que los distinguen. Allí donde el ballet clásico busca la uniformidad en sus cuerpos de baile, estos ballets urbanos (pienso en los boxeadores de It’s Always… y en los Jets y Sharks de West Side Story) vienen en todas formas y tamaños, tienen habilidades diferentes pero juntos logran un resultado armónico.-
Otro de los aspectos interesantes de esta película es casi pre-code en su planteo de las relaciones entre hombres y mujeres (Frank Sinatra y Vivian Blaine están comprometidos hace ¡catorce años! sin fecha de boda a la vista, mientras que Marlon Brando lleva a Jean Simmons a una cita en La Habana, deja que se emborrache y la regresa a su oficina a la mañana siguiente luego de una elipsis en el montaje que podemos llenar como mejor queramos). Por otro lado, es igualmente contraria al Código Hays la presentación de héroes y villanos: aquí los apostadores y pequeños delincuentes de diversa calaña son presentados como personajes positivos mientras que la policía y los miembros de congregaciones religiosas tienen características negativas o ridículas. Ello confirma lo que ya veíamos en décadas anteriores y es que los musicales permitían una pequeña corriente de aire puro dentro del ambiente controlado por el Código. Y sin embargo, Guys and Dolls termina con una nota conservadora, con estas parejas uniéndose en matrimonio en una doble boda celebrada en la misma calle que sirve de telón de fondo para sus aventuras.-

Gigi - Vincente Minnelli, 1958.-


Hace bastante tiempo atrás publiqué una entrada acerca de Gigi y si mal no recuerdo, no volví a ver la película desde entonces. En este nuevo visionado, con las enseñanzas del curso en mente, me quedé con una idea que me llevará a la próxima película: en apariencia, en el final Gastón (Louis Jourdan) y Gigi (Leslie Caron) han adoptado un estilo de vida conservador y ajustado a la moral y las buenas costumbres. En esto, parecen encajar a la perfección con esta noción de uniformidad que los ‘50 intentaron imprimir en la cultura norteamericana pero… ¿son realmente así las cosas? Después de todo, desde el comienzo de la película se nos pintó una sociedad en la que los solteros empedernidos como Honoré (Maurice Chevallier) y las cortesanas retiradas en el lujo proporcionado por su larga “carrera” como Alicia (Isabel Jeans) constituyen el ideal a alcanzar. En ese contexto, al elegir casarse (y por amor) Gastón y Gigi son más subversivos de lo que parece. Este doble juego de valores, presente ya en la versión francesa original de Gigi dirigida por Jacqueline Audry es verdad, es un aspecto muy interesante de esta película filmada en este contexto histórico y está muy presente también en Brigadoon.-

Brigadoon - Vincente Minnelli, 1954.-


Elegí Brigadoon para cerrar esta década porque creo que concentra varias de las características que enuncié en el encabezado.-
Por un lado, refleja las tendencias estéticas de su época. Aquí encontramos la pantalla ancha, necesariamente llena con una multitud de extras o con grandes cuerpos de baile; y el tono “lavado” del sistema Ansco Color (más económico que Technicolor) y los decorados por oposición a la filmación en locación, todo ello utilizado con miras a reducir los costos de producción.-
Por el otro, ideológicamente la película parece enrolarse en el conservadurismo de la época. Cuando Tommy Albright (Gene Kelly) y Jeff Douglas (Van Johnson) se pierden en los montes escoceses y dan con el pueblo llamado Brigadoon, encuentran una sociedad organizada en torno al objetivo supremo de preservar la existencia del pueblo, la cual se vería amenazada si alguno de sus habitantes se atreviera a soñar con una vida en otra parte. Naturalmente desconfiados y temerosos de los forasteros, los brigadoonenses viven felices en la ignorancia del resto del mundo, sometidos a un extraño encantamiento que los lleva a dormir durante cien años cada noche. Cuando el estado de cosas se ve amenazado, todos cooperan en el restablecimiento del orden y cuando Tommy se enamora de una lugareña (Cyd Charisse) debe elegir entre irse solo o quedarse con su amada, nunca se plantea la posibilidad de que ella lo acompañe porque el bien común es prioritario. En este sentido Brigadoon parece decirnos que la sociedad ideal es homogénea, sin discordancias incómodas. Sin embargo, en la breve escena del tercer acto en la que los protagonistas están de regreso en Nueva York vemos que Tommy es el elemento discordante en su Brigadoon particular, una sociedad urbana, ruidosa y desconectada en la que todos menos el héroe parecen estar a gusto. Lejos de enseñarnos que cada cual debe amalgamarse con su entorno, Brigadoon intenta decirnos que tenemos que buscar el entorno que se ajuste a nosotros y en eso es menos conservadora de lo que parece.-
Finalmente, esta película marca la última colaboración entre Vincente Minnelli y Gene Kelly, amos indiscutibles de los musicales de los años ‘40 y 50’ y uno de esos dúos creativos capaces de producir milagros. Si bien en comparación con The Pirate y An American in Paris, Brigadoon aparece en desventaja, también es cierto que es la más poética de las tres, es un sueño dentro de un sueño de esos que en las décadas siguientes tanto Minnelli como Kelly ya no volverán a producir.-