sábado, 30 de diciembre de 2017

Balance de fin de año y anticipación del año próximo.-

Ya se termina el año más increíble en términos cinematográficos, desde lo personal. Empecé 2017 con muchas adiciones maravillosas para mi colección, la mayoría de ellas inesperadas.-


Este año pude ahondar en las filmografías de algunos actores y directores que ya me interesaban; así sumé To Be or Not To Be (Ser o no ser) y Design for Living (Una mujer para dos) de Lubitsch, Mr. Smith Goes to Washington (Caballero sin Espada) y You Can’t Take it With You (Vive como quieras) de Capra, Harvey (El invisible Harvey) y Made for Each Other (Lazo sagrado) protagonizadas por James Stewart, Only Angels Have Wings (Sólo los ángeles tienen alas) y Holiday (Vivir para gozar), protagonizadas por Cary Grant, Dr. Jekyll and Mr. Hyde (El hombre y el monstruo) y Death Takes a Holiday (La Muerte de vacaciones), protagonizadas por Fredric March;  A Night at the Opera (Una noche en la ópera) y Room Service (El hotel de los líos), de los Hermanos Marx...


También fue un año de reconciliaciones con algunas películas y figuras que había intentado en el pasado pero no me habían caído en gracia; se abrieron nuevas puertas en mi colección para Irene Dunne con The Awful Truth (La pícara puritana) y para Carole Lombard con My Man Godfrey (Al servicio de las damas) y me enamoré por completo de West Side Story (Amor sin Barreras).-


Fue un año con algunas decepciones: allí quedaron por el camino promesas incumplidas con la dupla Bogart - Bacall (Dark Passage - La senda tenebrosa - y The Big Sleep - El sueño eterno - no funcionaron muy bien para mí), con Greta Garbo (ya he dicho aquí que su misterio me deja fría), con Picnic (que me pareció un amasijo insoportable).-



Este año descubrí algunos directores nuevos para mí, como King Vidor o Tod Browning, pero fundamentalmente fue un año de actores. Empecé maravillándome con las mil caras de Lon Chaney; continué enamorándome de John Gilbert en todas sus versiones, ya sean mudas o parlantes; y terminé sorprendiéndome con los estallidos y las sutilezas de James Cagney. De 2017 me llevo conmigo, pues, estos tres amores para que me acompañen siempre…



¿Y qué me reserva el 2018? Mi lista de pendientes está llena de películas que me depararán (espero) hermosas sorpresas. Allí están City Lights (Luces de la ciudad), The Crowd (Y el mundo marcha) y Sunrise (Amanecer), que anticipo llenas de poesía silente; incursiones en las filmografías de dos reinas del cine mudo: Louise Brooks (con Pandora’s Box - La caja de Pandora) y Clara Bow en versión parlante (con Call her Savage - Sangre rebelde); joyas del pre-code: Baby face (Carita de ángel) y Red Headed Woman (La pelirroja); películas que me intrigan mucho como The Night of the Hunter (La noche del cazador) y Leave her to Heaven (Que el Cielo la juzgue); más Capra (Mr. Deeds Goes to Town - La alegría de vivir - y Meet John Doe - Juan Nadie); más Cagney (Footlight Parade - Desfile de candilejas - y Angels with Dirty Faces - Ángeles con caras sucias). En definitiva, mucho más cine... ¿me acompañan?

domingo, 17 de diciembre de 2017

Historias con aniversario.-

La semana pasada se cumplió un aniversario peculiar: el 12 de diciembre es el día del fallecimiento de la pobre Marion Crane a manos de la Sra. Bates en Psycho (Psicosis). Esta conmemoración me puso a pensar en las películas cuya acción transcurre en una fecha concreta, no una fecha histórica o Navidad, Año Nuevo, Día de los Enamorados, etc. sino un día cualquiera elegido por los realizadores porque sí. Aquí va mi pequeña selección de aniversarios…

16 de mayo: Trouble in Paradise (Un ladrón en la alcoba) - Ernst Lubitsch, 1932.-


Una vez leí en Internet una frase acerca de esta película y me encantó, así que la robaré. Decía que si una copa de champagne pudiera transformarse en cine, sería “Un ladrón en la alcoba”, indicando que esta película es la suma de todo lo chispeante, sofisticado y divertido que puede obtenerse en la gran pantalla.-
Gaston Monescu (Herbert Marshall) y Lily (Miriam Hopkins), dos ladrones de joyas, se conocen en Venecia un 16 de mayo y deciden unir fuerzas en el crimen y en el amor. La posibilidad de un gran golpe los lleva a introducirse en el entorno de Mariette Colet (Kay Francis), la heredera de una millonaria empresa de perfumes parisina. A partir de allí comienza a tejerse un triángulo amoroso delicioso, que involucra como cuarta y quinta arista a los dos pretendientes de Mariette: François Filiba (el siempre excelente Edward Everett Horton) y el Mayor (Charles Ruggles). El elenco se completa con otro secundario de presencia fuerte, C. Aubrey Smith en el rol de Adolphe J. Giron, el tesorero de la Compañía Colet que tiene algún que otro secretillo en su pasado.-
Esta película encapsula los mejores elementos del estilo Lubitsch: las elipsis representadas en las manecillas de un reloj o en las páginas de una partitura de ópera que avanzan; las sombras y los reflejos en espejos que revelan secretos; las puertas y escaleras utilizadas como elementos narrativos; el ritmo preciso y casi musical de la puesta en escena. Todo se conjuga en una de las mejores comedias del período pre-code y más allá también.-

24 de mayo: Brigadoon - Vincente Minnelli, 1954.-


Tommy Albright (Gene Kelly) y Jeff Douglas (Van Johnson) son dos amigos neoyorquinos en viaje de cacería por Escocia y, perdidos en el bosque, de pronto descubren un pueblo que no figura en el mapa: Brigadoon. Tommy se enamora de la joven Fiona (Cyd Charisse), cuya hermana va a casarse ese día: el 24 de mayo. Intrigado por los misterios de Brigadoon, el héroe descubre que el pueblo desaparece cada noche por cien años gracias a un milagro producido en 1754 para salvarlo de las brujas que asolaban Escocia. Las condiciones impuestas al milagro impiden que Fiona abandone el pueblo para unirse a Tommy, pero su amor puede realizarse si Tommy se queda en el pueblo… claro que ello implicaría abandonar su vida (incluyendo la prometida que espera en casa).-
Brigadoon es muy efectiva en contar la historia de amor entre Tommy y Fiona a través de dos números musicales encantadores entre Gene Kelly y Cyd Charisse (su mejor compañera, si me preguntan) y también logra gran emoción en el número que representa el momento de peligro del pueblo. Sin embargo, tiene el tono oscuro de otros musicales de su época, la desesperación de Tommy y el escepticismo y el alcoholismo de Jeff son elementos bastante pesados aún cuando resulten aligerados por la historia de amor. La estética de la película contribuye a este tono: impedidos de filmar en escenarios naturales, Minnelli y Kelly debieron conformarse con montañas pintadas y bosques artificiales. Este contexto, lejos de disminuir la calidad de la película, resalta el lirismo de la historia. Pero así como todo parece una hermosa ilusión de amor (y la película de verdad es muy hermosa), hay un poco de tristeza y de muerte en el largo sueño de cien años que duerme Brigadoon.-

11 de octubre: It’s Always Fair Weather (Siempre hace buen tiempo) - Gene Kelly, Stanley Donen, 1955.-


Ted Riley (Gene Kelly), Doug Hallerton (Dan Dailey) y Angelo Valentine (Michael Kidd) son tres soldados que vuelven de combatir en la II Guerra Mundial luego de pasar cuatro años como hermanos. Antes de retomar su vida de siempre, prometen reencontrarse diez años después, el 11 de octubre de 1955. Los tres se presentan a la cita, sólo para descubrir que ninguno de ellos alcanzó sus sueños de juventud y que cada uno desprecia a los otros dos y a sí mismo.-
Hablando de musicales oscuros… Si Brigadoon es un bello pero triste poema de amor, It’s Always Fair Weather es un cuento urbano sobre la vida en los años ‘50. La inserción de la TV en la vida cotidiana, el regreso de la guerra, un divorcio en ciernes, las mafias del deporte, el desgaste de la amistad y las mujeres “con carreras” conforman el paisaje de la película.-
Kelly y Donen se valen de reducciones de la pantalla, solucionando el problema que significó para los directores la incorporación del sistema Cinemascope en cuanto a los primeros planos. Además, sacan el mayor provecho posible de la pantalla ancha, recurriendo a coreografías que aprovechan el espacio (atención al número de Cyd Charisse con un grupo variado de boxeadores o al de Gene Kelly sobre patines) y a escenas con pantalla dividida que permiten mostrar a los protagonistas juntos a la vez que aislados, reflejando exactamente su estado interno.-
Uno de los aspectos que más me gustan de esta película es que en el final no presenta la resolución total de los conflictos, sino que nos deja con los protagonistas plantados frente a nuevos desafíos. Dan Dailey, en especial, se roba el final cuando Doug llama por teléfono a su esposa y descubre que ella ha desistido del divorcio: la felicidad emocionada que muestra en tan pocos segundos es una de las bellezas de esta película.-

domingo, 10 de diciembre de 2017

Les Girls (Las Chicas) - George Cukor, 1957.-

Momento Nº 1: “Qué es la verdad”.-


En el comienzo de la película asistimos al juicio por daños y perjuicios iniciado por la ex bailarina francesa Angèle (Taina Elg) por la supuesta difamación cometida a través del libro de memorias de su ex colega inglesa Sybil (Kay Kendall). A partir de aquí Les Girls cuenta la historia de Barry Nichols (Gene Kelly), un bailarín y productor teatral estadounidense, y “sus” chicas, las tres bailarinas que encabezan su compañía: Sybil, Angèle y la estadounidense Joy (Mitzi Gaynor). Tres flashbacks nos llevan a la primavera de 1949 en París y nos muestran las relaciones sentimentales que Barry habría mantenido con cada una… ¿o con todas? Una de las maravillas de esta película es el juego de caleidoscopio propuesto por Cukor: cada flashback  presenta variaciones en la historia a través de la actuación de sus protagonistas, de los decorados, del maquillaje y vestuario de las actrices… Así, el director nos invita todo el tiempo a desconfiar de la historia que nos cuenta cada flashback, sin presentar a ninguna de ellas como la definitiva y dejando que el espectador decida cuál es la verdad.-

Momento Nº 2: Ça c’est l’amour.-


Uno de los recuerdos de Sybil nos lleva al río Sena, en donde Barry y Angèle pasean en un bote. La secuencia de este encuentro (que termina con la despedida de los amantes en la entrada del departamento que comparten las bailarinas) es una de las más hermosas de la película, pero lo cierto es que toda la película tiene una fotografía bellísima, obra de Robert Surtees. Cukor y Surtees sacan buen provecho del sistema Metrocolor (no tan vistoso como el Technicolor), usando una paleta de colores cálidos y una iluminación suave o directamente la penumbra. Esto no solo produce un efecto estético sino también dramático, lo cual nos lleva al…

… momento Nº 3: El (no tan) brillante mundo del espectáculo.-


Les Girls replica el tono dado por Cukor a A Star is Born (Ha nacido una estrella, 1954): hay momentos románticos, momentos de comedia, momentos musicales, pero la película es esencialmente un drama crudo acerca del mundo del espectáculo visto desde sus profundidades más oscuras. Las penurias, los desengaños, la vida pendiendo de un hilo demasiado delgado (de hecho, Sybil y Angèle se acusan mutuamente de haber intentado suicidarse), todo transcurre detrás del decorado y en los camarines de los artistas. Es allí donde Barry rompe el corazón de Sybil y de Angèle o sufre el desdén de Joy, según qué historia creamos.-

Momento Nº 4: La chica de los cigarrillos.-


Cukor hace su mejor esfuerzo por equilibrar a su elenco y permitir que cada una de las chicas tenga su momento para brillar, pero indudablemente Kay Kendall se roba el show. Lamentablemente Kendall moriría de leucemia dos años después de filmar esta película, con tan sólo 33 años, pero Les Girls queda como un hermoso testamento de su talento como comediante y como actriz. Su escena más importante en la película la tiene haciendo una versión improvisada de la Habanera de Carmen de Bizet, completamente borracha, en el flashback de Angèle pero mi momento favorito de Kendall en la película ocurre unos minutos antes, cuando Angèle entra en el departamento para advertir a Sybil que Sir Gerald (Leslie Phillips), su prometido, llegó inesperadamente de visita. La interpretación de Kendall en esta escena oscila entre la comedia y el drama con maestría y hace desear un paseo por la breve filmografía que dejó a su muerte.-

Momento Nº 5: “Why I am so gone about that gal”.-


Les Girls no es técnicamente un musical, en el sentido en que los números musicales no hacen avanzar la historia de ninguna manera ni expresan los sentimientos de los personajes. Cukor mismo concibió la película como una comedia con música, más que como un musical. Y sin embargo, está llena de música en vistas de que Barry y las chicas protagonizan un espectáculo de music-hall. La coreografía fue creada por Jack Cole y si bien es divertida y acorde a la historia (no hay en la película ningún número que Barry no hubiera podido montar sobre un escenario real), nada resulta demasiado emocionante. Hasta que llega el último número, “Why I am so gone about that gal” que - según dicen - coreografeó Gene Kelly a causa de la enfermedad que mantuvo a Cole alejado del set. El número está protagonizado por Gene Kelly y por Mitzi Gaynor y es una delicia, tanto más porque muestra a un Kelly en plena forma a sus cuarenta y cinco años en su despedida de los musicales de MGM.-

martes, 28 de noviembre de 2017

Recorrido por las películas sonoras de John Gilbert (última parte).-

Novena parada: Queen Christina (La Reina Cristina) - Rouben Mamoulian, 1933.-


Queen Christina significó el regreso de John Gilbert a MGM a partir de la insistencia de Greta Garbo, quien reclamó personalmente su participación en esta película. Gilbert agradeció pública y efusivamente el gesto, pero es de lamentar que su regreso al estudio no llegara a ningún puerto y el nuevo contrato quedara rescindido algún tiempo después sin que se filmara una segunda película.-
La película cuenta un episodio ficcionalizado de la vida de la reina del siglo XVII Cristina de Suecia, quien abdicó al trono. La Reina es encarnada por supuesto por Greta Garbo y aquí se explica la abdicación en sus ansias de libertad, la cual espera encontrar lejos de la Corte y junto a su amado, el embajador español Don Antonio de Pimentel (Gilbert).-
En mi consideración, esta es una película despareja. Por un lado, es una película de Garbo y eso siempre me deja fría. Me confieso indiferente al misterioso encanto de la actriz y no me interesan los primeros planos amorosos que suelen dedicarle los directores que sucumben ante ella, muchas veces en perjucio de las películas que los tienen al mando. En el mismo sentido, Queen Christina languidece penosamente durante sus primeros veinticinco minutos hasta que aparece Gilbert para animar las cosas (sí, ya sé que sueno imparcial pero juro que estoy esforzándome para ser objetiva); y sus minutos finales vuelve a pecar del mismo defecto. Pero afortunadamente, la película también tiene un lado fascinante: hay en ella momentos de gran belleza (Mamoulian utiliza su cámara para enfatizar la soledad de Cristina o el lirismo de algunas situaciones) y además es deliciosamente pre-code en la exposición de la compleja sexualidad de Cristina.-
Sin dudas las escenas más encantadoras de la película son las que tienen lugar en la hostería en la que se encuentran Cristina (vestida de hombre y acompañada solamente por su valet Aage, interpretado por el siempre impecable C. Aubrey Smith) y Antonio. Una vez que nos sobreponemos al sinsentido de que nadie advierta que el joven muchacho cargado de maquillaje es en realidad Garbo vestida de hombre, la situación es impagable. Antonio y su nuevo amigo discuten sobre el amor y la pasión y es muy tentador (como siempre que Gilbert y Garbo se reúnen en la pantalla) trasladar la situación cinematográfica a la real, con un Antonio/Gilbert enamorado del amor y una Cristina/Garbo poniendo en duda que el gran amor siquiera exista. De todos modos, ya sea actuación o un trozo de realidad, la escena es de una sinceridad cautivante. Como también lo es la escena siguiente, en la que Antonio y Cristina se encuentran en la habitación que deben compartir durante la noche, el primero incómodo sin saber porqué y la segunda rendida ante su feminidad inocultable. La penúltima escena en esta secuencia maravillosa es aquella muy conocida en la que Cristina recorre la habitación en la cual pasó tres días de pasión con Antonio, una escena casi coreografiada y cargada de simbolismo y de sensualidad.-
Una última nota dolorosa acerca de Queen Christina: mi edición en DVD incluye el avance de la película. Es muy revelador ver los avances originales de las películas cuando están disponibles, porque cuentan la historia de aquello que los estudios quisieron destacar en su momento. O como en este caso, soslayar. Por increíble que parezca, el avance de Queen Christina no menciona ni muestra a Gilbert, pese a que su personaje es el que hace avanzar la historia.-

Décima parada: The Captain Hates the Sea (El capitán odia el mar) - Lewis Milestone, 1934.-


Pese a su título, esta película no hace énfasis en el Capitán que odia el mar sino que es una película coral que transcurre a bordo de un crucero. La historia reúne a un Capitán obsesionado con el recuerdo de su padre (Walter Connolly), a un detective privado en busca de bonos robados (Victor McLaglen), a sus dos presas (Helen Vinson y Fred Keating), a un escritor alcohólico (John Gilbert), a una ex-prostituta (Wynne Gibson) atormentada por su esposo “respetable” (John Wray) y a un ex-general latinoamericano (Akim Tamiroff) entre otros personajes bastante interesantes.-
El balance de la película está realmente bien logrado. Entre tantas historias, el director logra que cada personaje tenga su momento, su identidad definida, y sobre todo mucha humanidad. The Captain Hates the Sea sorprende, además, porque sin ser pre-code tiene muchos elementos de ese período: alcoholismo, violencia contra la mujer, un intento de suicidio, relaciones pre-maritales, prostitución, más alcoholismo… Y sin embargo, con tantos temas crudos, Milestone logra momentos de gran belleza en particular en aquellas escenas en las que Steve, el personaje encarnado por Gilbert, escucha la voz de su prometida (Tala Birell) grabada en un disco.-
En lo que respecta específicamente a Gilbert, The Captain… deja un sabor amargo porque su personaje es más un espectador que un partícipe en las situaciones, no hay demasiado para hacer para el personaje o para el actor que lo interpreta. Steve, además, está borracho de principio a fin y aquí empiezan a correr las suposiciones respecto a si los titubeos del personaje son actuados por el actor o si en realidad estamos viendo a Gilbert asomándose desde el fondo de la botella (aparentemente, el rodaje se tornó complicado por el excesivo consumo de alcohol de varios miembros del elenco). Y en el final, cuando Steve se reúne con su prometida, no logró dejar de beber ni comenzar su novela (los dos objetivos a lograr durante el viaje), es decir que no tiene perspectivas de superación (Gilbert mismo no las tenía para 1934, pese a la gloriosa intervención de Marlene Dietrich en el final de su vida). Así y todo, Steve es perdonado (ya que no salvado) por su prometida y su historia tiene, como las demás de la película, un final casi feliz...

viernes, 17 de noviembre de 2017

Recorrido por las películas sonoras de John Gilbert (tercera parte).-

Séptima parada: Downstairs - Monta Bell, 1932.-


Downstairs es el testamento cinematográfico de John Gilbert. Él mismo escribió la historia en la que está basada, allá por 1927 o 1928, y la presentó sin éxito ante los ejecutivos de MGM. Sólo  se le permitió filmarla cuando su contrato con el estudio estaba a punto de expirar y ya no quedaba carrera por salvar. El resultado fue una maravillosa película pre-code, con un personaje protagónico como el que Gilbert siempre soñó encarnar: un verdadero atorrante que se vale de su encanto para mentir, seducir y robar a manos llenas. Un poco en la línea de su rol en The Show (Tod Browning, 1927), pero sin esa salvación final que Gilbert lamentó en sus declaraciones públicas.-
En Downstairs, Karl Schneider (Gilbert) es el nuevo chofer del Barón von Burgen (Reginald Owen) y llega a la mansión durante la fiesta de casamiento del mayordomo Albert (Paul Lukas) con la joven mucama Anna (Virginia Bruce). En poco tiempo Karl logra tener a todos en su puño: chantajea a la Baronesa (Olga Baclanova), logra que la cocinera Sophie (Bodil Rosing) se enamore de él y le entregue los ahorros de su vida y seduce a Anna. Finalmente Albert se encarga de él pero Karl, lejos de arrepentirse de sus actos, cae bien parado al servicio de una nueva y atractiva empleadora.-
Uno de los aspectos más interesantes de la película es el de la verdad y la mentira. Es fascinante ver la relación de los diferentes personajes con estos dos elementos. De hecho, Karl es el más auténtico de los personajes (pese a todas sus artimañas, valga el contrasentido), porque pone en evidencia que nadie a su alrededor tolera la verdad. Un recurso al que echa mano a menudo es ofrecer a sus víctimas contar la verdad frente a algún tercero, logrando así que aquéllas mientan para salvarlo (por ejemplo, cuando besa a Anna y ésta amenaza con contarlo a su marido, Karl mismo empieza a confesar su falta ante Albert, pero es interrumpido con una mentira por la propia joven). Cuando finalmente alguien estalla, es Anna (atención a Virginia Bruce en esta escena, está increíble) y deja a Albert con una verdad demasiado dura para ser digerida por el acartonado mayordomo.-


Es evidente que Gilbert debió divertirse mucho interpretando a Karl, un hombre que es capaz de todo tipo de bajezas pero que sabe elegir muy bien la cara que muestra a cada uno. El espectador es el único al que Karl - en la piel de Gilbert - no engaña, Gilbert permite que veamos a Karl mentir, comparte con nosotros sus secretos (muchos de ellos chocantes, confieso que yo hubiera podido vivir sin escuchar a Gilbert eructando) que son indudablemente también los secretos del actor. Hay aquí un juego de espejos sumamente interesante porque en alguna medida, es el propio Gilbert quien se desnuda en la pantalla, advirtiéndonos de que su encanto es fabricado, de que no debemos confiar en él, pero lo que deja ver es aún más fascinante que la fachada detrás de la que se esconde.-
Octava parada: Fast Workers (Disculpe, señorita) - Tod Browning, 1933.-
Como comenté en su oportunidad, Fast Workers es una pequeña película, pero tan, tan disfrutable. Siendo la última película que Gilbert filmó como parte de su contrato millonario con MGM (renovado en 1928 tras la incorporación del actor al recientemente fundado estudio en 1924, contemplaba la realización de seis películas en el lapso de tres años, por US$ 250.000 por film) esta parada resulta una buena oportunidad para mencionar un aspeco interesante de estas películas sonoras. Durante toda su carrera silente Gilbert anheló interpretar personajes oscuros, con matices, y resintió su encasillamiento como “gran amante de la pantalla”. Sin embargo, no fue sino hasta la llegada del sonoro que Gilbert logró por fin interpretar personajes controvertidos, moralmente ambiguos y bien alejados del estereotipo de galán. En efecto, si no se me ha escapado algún detalle, Gilbert ya no volvió a decir “te amo” en plan romántico en la pantalla después del desastroso resultado de His Glorious Night. Éste debió haber sido el período de mayor riqueza creativa en la carrera de Gilbert y no lo fue y aunque no sea más que por ello estas películas merecen ser rescatadas del olvido.-

sábado, 4 de noviembre de 2017

Recorrido por las películas sonoras de John Gilbert (segunda parte).-

Tercera parada: Way for a sailor - Sam Wood, 1930.-


Way for a sailor debió haber sido la película que reestableciera la reputación de John Gilbert como actor, demostrando su adaptación al cine sonoro. En ella luce joven y animado, su interpretación es sutil y su voz y entonación son más que agradables (a mil años luz de Redemption, estrenada el mismo año). Sin embargo, la producción de la película es terriblemente desprolija y la historia no tiene demasiada sustancia, todo lo cual sin dudas es una mala tarjeta de presentación para cualquier película y en especial para el ídolo caído en desgracia que la protagonice.-
La película sigue las aventuras de tres marinos mercantes: Jack (Gilbert); Ginger (Jim Tully, el archienemigo de Gilbert en la vida real, otro indicio de conspiración), quien cree tener un hijo en cada puerto; y “Trípode” (Wallace Beery), cuyo apodo me exime de mayor presentación… La primera parte de la película sigue a estos tres marinos en su incursión por Singapur, en donde visitan un prostíbulo local intentando burlar al proxeneta pero resultan ser ellos los burlados. Cuando su barco toca puerto en Londres, Jack se reencuentra con Joan (Leila Hyams), una empleada de la oficina de envíos que resiste firmemente sus invitaciones y las de otros marinos. Nuestro héroe persevera y poco a poco logra vencer la voluntad de Joan, pero cada vez que avanza un paso, retrocede dos. Su idea de amor rápido y libre no es suficiente para Joan y Jack no termina de entenderlo. Sin embargo, su relación comienza a evolucionar en una forma agradable y Gilbert y Hyams tienen algunas escenas muy dulces y sinceras, como la del paseo por la playa en la que Jack explica su amor al mar; o aquella que sucede al casamiento de ambos (paso que Jack logró dar en base a engaños y con una intención dudosa), en la cual Joan le muestra a su novio sus primeros zapatos, contándole que su madre los guardó para que aquel que se convirtiera en su esposo tuviera en cuenta que alguna vez fue así de pequeña y que no debía ser herida. Estas dos escenas generan una pausa necesaria en el frenesí que caracteriza la película y - yendo a mi punto de interés en esta serie de entradas - dan buenas oportunidades de interpretación a Gilbert, quien las aprovecha al máximo.-
Pese a sus deficiencias técnicas (la edición de la película deja mucho que desear, con planos que evidentemente fueron insertados en posproducción; el guión tiene algunos giros que se dan sin explicación alguna; y en especial las tomas trucadas en las escenas de mayor acción son de lo peor que se haya visto), Way for a sailor logra ser una interesante película pre-code, con algunas líneas de diálogo increíbles (cuando Jack y Ginger cruzan una dama de caminar sinuoso en Singapur, Ginger se da vuelta para mirarla y exclama “Eso es lo que yo llamo una mariscada”) y una mirada sin tapujos respecto a la vida en los puertos: la camaradería, las borracheras, las mujeres ajadas que rondan a la espera de los marinos.-

Cuarta parada: Gentleman’s Fate - Mervyn LeRoy, 1931.-
Déjenme contarles que rara vez releo mis entradas pasadas, sólo lo hago cuando debo referirme a alguna de ellas y entonces suelo encontrarlas intrascedentes y llenas de errores. Y sin embargo, me resulta interesante mirar hacia atrás y comprobar si sigo pensando lo mismo o no acerca de una película en particular. En este caso, puedo decir que Gentleman’s Fate me ha gustado mucho más en este nuevo visionado que lo que dejé traslucir en el texto que le dediqué y que pueden consultar aquí. En mi experiencia, es una de esas películas que crecen con el tiempo pese a sus defectos y si tuviera que elegir una entre todas las películas sonoras de Gilbert, creo que esta sería mi favorita.-

Quinta parada: The Phantom of Paris - John S. Robertson, 1931.-


The Phantom of Paris suele ser mencionada como la mejor película sonora de Gilbert y aparentemente el público la recibió bastante bien, pese a lo cual MGM perdió dinero y Gilbert no logró restablecer su popularidad. Y en verdad es una película bastante buena aunque la trama contiene algunos problemillas que mencionaré a continuación.-
En este caso Gilbert interpreta a Chéri-Bibi, un escapista enamorado de Cecile Bourrelier (Leila Hyams), una joven de la alta sociedad a quien su padre (C. Aubrey Smith) pretende casar con el Marqués Du Touchais (Ian Keith). El Sr. Bourrelier resulta asesinado la misma noche que Chéri-Bibi discute con él por la mano de Cecile y el héroe termina injustamente condenado por el crimen, pero como buen escapista que es, se fuga de la prisión (en una secuencia apasionante) y se refugia durante cuatro años en la tienda de magia de su amigo Herman (Jean Hersholt). Paralelamente, Cecile se ha casado con el Marqués y tienen un hijo, el pequeño Jacques que visita a menuda a Herman para deleite de Chéri-Bibi. Con la amenaza de ser descubierto por el Detective Costaud (Lewis Stone), Chéri-Bibi sale de su escondite, confronta al Marqués (quien confiesa el crimen), causa su muerte accidentalmente y, robando su cadáver, logra que un médico amigo le practique una cirugía estética que le permita tomar su lugar (aquí la trama empieza a tambalear, cuando prácticamente nadie advierte la sustitución). Bajo su nueva identidad, Chér-Bibi logra la confesión de Vera (Natalie Moorhead), la cómplice y amante del Marqués y secretaria de los Bourrelier y con la súbita colaboración de Costaud logra limpiar su nombre. Bastantes acontecimientos para 74 minutos de duración, ¿verdad?
Básicamente mis objeciones tienen que ver con dos aspectos. En primer lugar, este tipo de tramas siempre tropieza con la dificultad de que es poco verosímil que la sustitución de identidad pase inadvertida a amigos, esposas y amantes por igual, tanto más cuando ambos personajes son interpretados por diferentes actores; en este caso sólo el mayordomo del Marqués se muestra desconfiado, aunque Chéri-Bibi descubre pronto cómo asegurar su silencio. En segundo lugar, hay existen varios baches en la historia (fuera quedan la historia pasada de Chéri-Bibi y Costaud, quienes ya se conocen cuando empieza la película, una  explicación para los cuatro años que Chéri-Bibi se toma para ponerse en acción - sin dudas ese tiempo era necesario para permitir que el hijo de Cecile creciera, pero parece demasiado para planificar un retorno - y la pequeña historia acerca del “regreso” del Marqués tras la sustitución), pero hay uno de ellos que es particularmente impedonable: Costaud detesta a Chéri-Bibi desde el comienzo de la película, pero de pronto en los últimos dos minutos se posiciona a su favor, reconoce su inocencia y lo ayuda a desenmascarar a Vera. ¿Por qué? es la gran pregunta que queda sin respuesta.-


Más allá de ello, The Phantom of Paris es muy entretenida y tiene algunos momentos de gran belleza (no, no me refiero a la imagen de Gilbert mirando el cielo a través de una claraboya en el sótano… *suspiro*). Robertson se vale de una fotografía con sombras pronunciadas para reflejar el estado mental y la ambigüedad de Chéri-Bibi (además de proveer a su héroe de muchas áreas de penumbra para ocultar su rostro) y recurre a algunos recursos ingeniosos en la puesta en escena. Por ejemplo, cuando Chéri-Bibi se oculta en el sótano de Herman, Robertson lo muestra espiando a Costaud a través de una estufa con fondo falso, y las llamas delante de su rostro logran comunicar el infierno en el que vive el protagonista pero también el lado casi demoníaco que lo impulsa a cumplir su plan. En efecto, a lo largo de la película se repiten las escenas en las que se acentúa este “lado oscuro” a través de la fotografía y una de las características más interesantes de Chéri-Bibi es que, lejos de ser el típico héroe que lucha contra la adversidad, él conduce su venganza de manera intransigente casi como un Conde de Monte Cristo (personaje que Gilbert también encarnó en la versión de 1922, muy buena por cierto) sin importar a quien deba aplastar en el camino, como un verdadero héroe del período pre-code.-
Esta película se inscribe, además, en la tradición del cine pre-code en su forma de mostrar a las figuras de autoridad y de poder como personajes corruptos y desvíados. El Sr. Bourrelier no es más que un snob que quiere unir su fortuna al título del Marqués. Costaud se presta para las estratagemas de Bourrelier, quien le ordena presentarse en el show de Chéri-Bibi para desprestigiarlo (para lo cual el Detective lo esposa durante un acto particularmente peligroso; me pregunto qué hubiera sucedido si Chéri-Bibi no fuera tan buen escapista… ¿hubiera muerto esposado para satisfacer la ambición de Bourrelier?) y luego lo persigue durante años impulsado no por el afán de justicia sino en venganza por haber quedado en ridículo. El Marqués Du Touchais oculta un pasado cuestionable y es un asesino despiadado a quien no le perturba el hacer miserables a su esposa y a su pequeño hijo. En este contexto, resulta fascinente ver a Chéri-Bibi enfrentándolos.-
Pero The Phantom of Paris no trata solamente sobre la venganza, sino que Gilbert se encarga de aportar mucha humanidad a su personaje. Su Chéri-Bibi está lleno de cualidades que justifican que más tarde pueda desplegar su plan (por una vez Gilbert cuenta con un personaje parlante bien desarrollado en el guión), tales como su confianza y su habilidad como escapista y como ilusionista pero en un punto, luego de cuatro años encerrado en un sótano, está a punto de perder la cabeza y ese atisbo de locura ya nunca lo abandona del todo. Chéri-Bibi no vuelve a ser el mismo luego del asesinato de Bourrelier, la cárcel y el encierro lo han transformado pero no tanto como para matar su alma: su escena con el pequeño Jacques es adorable y, más tarde, cuando se sabe perdido pues Vera ha descubierto su identidad (en una de las mejores escenas de la película) y decide descubrirse ante Cecile, apenas puede contener su emoción y el amor que todavía siente ella. Y una de las mayores delicias de The Phantom of Paris es ver a Chéri-Bibi pensando en la pantalla: el héroe no tiene compinches, está completamente solo en su tarea de adentrarse en un mundo que desconoce y por ello no tiene con quién comentar sus hallazgos y sus planes. Pero los comparte con los espectadores: cada idea de Chéri-Bibi se refleja indubitablemente en la mirada de Gilbert.-

Sexta parada: West of Broadway (Lejos de Broadway) - Harry Beaumont, 1931.-


En West of Broadway Jerry Seevers (Gilbert) regresa gravemente herido de combatir en la I Guerra Mundial y descubre que su prometida Anne (Madge Evans) ha roto su compromiso y planea casarse con otro hombre. Resentido y completamente borracho, Jerry se casa con Dot (Lois Moran), una prostituta a la que acaba de conocer. A la mañana siguiente intenta zafarse del matrimonio, pero no puede: resulta que Dot se enamoró de él y pretende rescatarlo del alcoholismo. Jerry no cree en las buenas intenciones de Dot, piensa que ella sólo está detrás de su dinero, así que huye a Arizona con su fiel compinche “Swede” (El Brendel), únicamente para encontrar que Dot se le ha adelantado y se encuentra cómodamente instalada en su rancho y ganándose el tímido afecto de Mac (Ralph Bellamy), uno de los empleados de Jerry. Luego de muchas idas y vueltas y una separación de por medio, Jerry finalmente se convence de la sinceridad de Dot y la pareja se reconcilia.-
West of Broadway podría haber sido una precursora de las screwball comedies si no fuera por su tono pesado (alguna de las cosas que Jerry dice y hace son bastante despreciables y no precisamente en el estilo de, por ejemplo, Cary Grant en His Girl Friday). Al mismo tiempo, Beaumont deja pasar una oportunidad espléndida de reflexionar acerca de por lo menos uno de los temas que abarca su película, ya sea el retorno de los combatientes, el alcoholismo, la prostitución o incluso la inequidad de la Justicia. West of Broadway simplemente va con la corriente hacia su descenlace, en un área gris que no pertenece al mundo de la comedia ni del drama y la verdad es que implica un retroceso en términos de calidad respecto de The Phantom of Paris.-
No obstante ello, es una película sumamente disfrutable, en especial por la química de Gilbert y Moran (se sacan chispas, de veras) y por la intervención de algunos secundarios muy sólidos (Frank Conroy me gusta mucho en el papel del abogado de Jerry y Gwen Lee como la amiga de Dot es imperdible). Y si bien Gilbert no tiene mucho con qué trabajar (el Jerry del guión es un imbécil a decir verdad) logra redimirse con su carisma, como suele suceder con las estrellas. En su piel, Jerry sigue siendo un imbécil, pero adorable.-

viernes, 27 de octubre de 2017

Recorrido por las películas sonoras de John Gilbert (primera parte).-

Ya he comentado en entradas anteriores que uno de mis mayores descubrimientos de este año fue la figura de John Gilbert. Es una pena que muchas de sus películas mudas sean films perdidos, pero por suerte todas sus películas sonoras existen y con excepción de la trístemente célebre His Glorious Night (la primera en estrenarse comercialmente), todas ellas están disponibles en DVD. El recorrido por estas películas puede llegar a provocar un poco de tristeza por su escasa calidad y por el resultado final que conocemos, pero por encima de todo, es una experiencia muy interesante. Estas películas cuentan parte de la historia de los primeros años del cine sonoro, parte de la historia del cine pre - code y mucho de la historia del propio Gilbert.-


Primera parada: The Hollywood Revue of 1929 (La revista de Hollywood de 1929) - Charles Reisner, 1929.-
En verdad, el primer encuentro de Gilbert con el micrófono no se produjo en el set de His Glorious Night sino en el de The Hollywood Revue of 1929. En el proceso de lanzarse de lleno al mundo del sonoro, los estudios más importantes produjeron “revistas”, es decir, una sucesión de episodios cómicos o románticos, muchos de ellos musicales, agrupados en un largometraje, a través de las cuales esperaban presentar las voces de sus estrellas al gran público. The Hollywood Revue of 1929 es la revista producida por MGM y reúne, bajo la conducción de los maestros de ceremonias Jack Benny y Conrad Nagel, a algunas figuras recordadas hasta el día de hoy y a muchas ya olvidadas, ninguna de ellas mostrando lo mejor de sí. Todo tiene un cierto aire improvisado y el ritmo aletargado de muchas de las primeras talkies, con una cámara estática e intérpretes incómodos durante dos larguísimas horas (viene bien tener a mano el control remoto y confieso que lo he usado para adelantar algunos segmentos).-
Entre un número de acróbatas y otro que presenta la canción Singin’ in the rain, viene el turno de Gilbert, quien representa la escena del balcón de Romeo y Julieta junto a Norma Shearer en un bello Technicolor de dos colores. Gilbert y Shearer completan la escena con el espíritu de dos colegiales y luego ocurre algo maravilloso: los actores dejan el decorado y se reúnen con el “director” Lionel Barrymore quien les informa que los ejecutivos de Nueva York quieren reemplazar el diálogo original por uno moderno. Este instante en el cual Gilbert y Shearer (amigos cercanos en la vida real) se muestran como ellos mismos, relajados y evidentemente cómodos el uno con el otro, es una delicia y justifican el (sacrificado) visionado de esta revista.-


Segunda parada: Redemption - Fred Niblo, 1930.-
Redemption fue el primer largometraje protagonizado por Gilbert, aunque fue estrenado después que His Glorious Night. Cuenta la historia de Fedya (Gilbert), un rico joven ruso que sólo quiere vivir libre y sin embargo no puede evitar enamorarse y cortejar a Lisa (Eleanor Boardman), la prometida de su antiguo amigo Víctor (Conrad Nagel). Fedya y Lisa se casan y tienen un hijo, pero eso no aplaca el espíritu del protagonista. Habiendo perdido gran parte de su fortuna y asqueado de sí mismo, Fedya abandona a Lisa y se une a Masha (Renée Adorée), una joven gitana que lo ama contra el mejor juicio de sus padres. Cada vez más hundido en la desesperación, Fedya planea suicidarse para permitir que Lisa y Víctor se casen, aunque no tiene suficiente coraje y termina fingiendo su muerte. Cuando se descubre la simulación, Lisa es acusada de bigamia y Fedya “retorna de la muerte” para enmendar las cosas.-
Si bien el crédito final por la dirección de Redemption le correspondió a Niblo, algunas secuencias fueron dirigidas por Lionel Barrymore, una dudosa elección para el primer film sonoro de la mayor estrella de MGM (lo cual abona la teoría de la conspiración en contra de nuestro héroe, y debo decir que me inclino por ella). Esta multiplicación de manos es notoria en la película, que se arrastra penosamente durante la sucesión de viñetas que constituye la primera mitad. Es verdad que alguna que otra de estas viñetas está bien lograda (en especial aquella silente que muestra a Fedya y a Lisa compartiendo un paseo en bote, hermana menor de aquella maravillosa escena protagonizada también por Gilbert y Boardman en Bardelys the Magnificent), pero la mayoría es estática y aburrida, por qué no decirlo. Gilbert, además, carga con algunos parlamentos ¡escritos en verso! Decirlos con cara seria debió haber sido todo un reto.-
Afortunadamente, la segunda mitad de la película gana en ritmo y cohesión y el público que aún quede frente a la pantalla podrá ver un Gilbert más relajado, que declama un poco menos, sobre todo en sus escenas con la encantadora Renée Adorée.-
Hacia el final, Gilbert tiene una gran escena dramática cuando Fedya se presenta ante el juez que juzga a Lisa y pese a que está mal editada (Fedya aparece súbitamente enfermo de un plano a otro y además la escena hubiera ganado efectividad al concentrarse en el protagonista, acompañando su emoción creciente, en lugar de interrumpir con planos de reacción del juez y de Lisa), es una buena muestra de las posibilidades de Gilbert en el sonoro y de los pequeños excesos gestuales (en términos de cine sonoro) que hubiera podido evitar con un director mejor orientado. Esta es una cuestión que me asalta una y otra vez cuando vuelvo a esta primera talkie, porque lo que se ve en la pantalla es un gran actor (no hay dudas de eso, basta con ver el lenguaje corporal de Gilbert a medida que su personaje se desmorona) metido en grandes problemas. En su siguiente película, Way for a sailor, Gilbert encontrará el Norte pero ya no quedará casi nadie para verlo...

sábado, 30 de septiembre de 2017

The Temptress (La tierra de todos) - Fred Niblo, 1926.-

Hildy Johnson, primero, y una integrante de uno de los grupos de Facebook sobre cine mudo que sigo, luego, me incitaron a volver sobre esta película que sólo había visto hasta la mitad hace un tiempo, y había abandonado sin interesarme por ella. Aprovechando el día de mi cumpleaños, que comparto con Antonio Moreno, decidí darle una segunda oportunidad (unos días antes ya había visto It, de Clarence G. Badger, también gracias a Hildy y me había entusiasmado mucho con este olvidado galán español). Esta vez me encontré sentada al borde de mi asiento, sin poder desviar la mirada de la pantalla.-


The Temptress comienza con el encuentro fortuito de Manuel Robledo (Antonio Moreno), un ingeniero que está dirigiendo la construcción de una represa en Argentina, con Elena (Greta Garbo), una misteriosa dama que le asegura que es libre para amarlo. Al día siguiente, en una coincidencia que me molesta un poco, Robledo descubre que Elena es la esposa de su antiguo amigo el Marqués de Torre Bianca (Armand Kaliz). Luego de un banquete que termina en desastre cuando el anfitrión, un banquero llamado Fontenoy (Matt McDermott), se suicida por haber sido rechazado por Elena, Robledo vuelve a Argentina para continuar su obra. Allí se reúne con sus asistentes (uno de los cuales es interpretado por Lionel Barrymore) y con una hermosa joven que está enamorada de él (Virginia Brown Faire). La vida parece retomar su curso para Robledo: duras jornadas de trabajo y enfrentamientos con “Manos Duras” (el insuperable villano Roy D’Arcy), un ladrón de caballos desafiante y peligroso. Todo se sale de control en la vida de Robledo cuando, para su sorpresa, llega el Marqués… acompañado de Elena. Tras unas cuantas muertes y la impresionante destrucción de la represa (que provoca una inundación), Robledo se da por vencido ante el poder destructor del amor de Elena, aunque finalmente ella se sacrifica para que él pueda cumplir con su trabajo, y se aleja.-


La película tiene unos cuantos momentos absolutamente memorables desde lo visual. El primero de ellos es, precisamente, la primera secuencia de la película: en un carnaval decadente Fontenoy exige la promesa de amor de Elena. Ambos aparecen de espaldas a la cámara, casi en siluetas recortadas contra la orgía que se desarrolla el fondo. Luego de negarse a las demandas de Fontenoy (Niblo logra establecer con unos pocos gestos la dominación que el banquero ejerce sobre Elena), ella se escabulle entre el gentío. Un misterioso hombre de capa y antifaz, que resultará ser Robledo, la rescata y queda fascinado por su belleza. Toda esta secuencia tiene un aire de ensueño y lirismo (acentuada por la presencia de un arlequín en su comienzo y en su final) que contrasta con el clima de pesadilla del banquete que reúne a Robledo, a Elena y al Marqués en la mesa de Fontenoy. Ante sus invitados ignorantes del drama que se avecina (esta mesa es tanto o más decadente que el carnaval de la noche anterior), el banquero declara que Elena lo ha llevado a la perdición y luego se desploma por el efecto del veneno que acaba de ingerir. En ambas escenas y en varias otras a lo largo de la película, Niblo utiliza travellings hacia atrás y fundidos que aportan gran belleza a esta película.-
Otra de las escenas memorables es la de la destrucción de la represa. Despechado por haber sido derrotado por Robledo en un duelo a latigazos (ya me referiré a ello, merece un párrafo aparte) y por no haber logrado el favor de Elena, “Manos Duras” hace volar la represa. Los efectos especiales en esta escena y en la inundación que sobreviene están muy bien logrados y terminan ofreciendo una secuencia emocionante para el final del segundo acto de la película.-


Además de su calidad estética, otro de los aspectos fascinantes de esta película es el tratamiento de los personajes. Aquí ningún personaje es un modelo de virtud. Incluso Robledo, el más digno de todos, pierde el control y dispara a sangre fría contra un trabajador que se rebela durante las tareas de contención de las aguas; también está dispuesto a acabar con Elena estrangulándola (y qué amenazador que se ve Moreno en esa escena, fotografiado con luces y sombras agudas).  Y sin embargo, Niblo quiere a sus personajes, los comprende. Para Elena, por ejemplo, Niblo reserva un pequeño momento “Dorian Grey” cuando la dama llega a Argentina y se mira en el espejo del tocador reservado para ella. Su reflejo deformado la horroriza, pero luego se reconforta mirando embelesada su imagen en otro espejo. Así, el director nos cuenta acerca de su superficialidad, aunque con una nota de humanidad: Elena no disfruta descubriendo que existe una parte oscura en su ser, pero por el momento no debe enfrentarla.-
Niblo utiliza en The Temptress un interesante juego de espejos a través de elementos que aparecen en la película y luego vuelven con un significado diferente. Cuando Elena besa a Robledo por primera vez, le cubre los ojos en un gesto que luego, con más información, entendemos como un símbolo de su engaño. Más adelante, cuando ella cura las heridas de Robledo, vuelve a cubrirle los ojos pero en este caso, la engañada es ella al pensar que puede reavivar una pasión que él sofoca con éxito. De la misma forma con el regreso de Robledo, Pirovani (Robert Anderson), uno de sus colaboradores, recibe una fotografía de su hija. Cuando volvemos a ver esa fotografía, la ocasión será mucho menos feliz. Y Robledo se despide de “Manos Duras” tras su primer encuentro, le anuncia que el Diablo estará a su lado la próxima vez que se vean… claro que es Elena quien lo acompaña en esa nueva oportunidad.-


A pesar de algunos momentos de comicidad no intencional (Roy D’Arcy, por ejemplo, me hace reir cada vez que lo veo dentro de su interpretación magistral - ningún otro villano puede esbozar una sonrisa tan helada y llena de dientes - en especial en la escena en la que llega a caballo y tocando la guitarra para enfrentar a Robledo, parece una marioneta caminando sobre la cuerda floja) The Temptress ha envejecido muy bien. Su ritmo es excelente y la construcción del ambiente local es bastante buena, pese a que dudo que en aquella época la gente tomara del mismo mate sin volver a cebar… yo tiendo a creer que la mecánica del mate era la misma que la actual… De la misma forma, sin haber investigado demasiado al respecto, intuyo que un duelo criollo se habría cumplido con facones (y con la camisa puesta) y no con látigos, pero sin dudas la escena pensada por Niblo es mucho más poderosa que aquello que hubiera sido culturalmente correcto. Y es que esa escena, tal como aparece en la pantalla, es de una potencia insuperable. Sin lugar a dudas, Elena no está asustada por la situación sino que la encuentra excitante (vamos… no la culpamos) y la escena que sigue a continuación es una de las de mayor erotismo que he visto en el cine mudo.-
La edición que tengo en DVD concluye con el final original de la película, mucho más efectivo que el “final feliz” (que también viene en el DVD) filmado varios meses después del estreno de The Temptress en las grandes ciudades. En este final la Seductora completa el sacrificio de amor que hizo seis años atrás cuando se alejó de Robledo, al mismo tiempo que se libera a sí misma del poder destructivo que los hombres ejercen sobre ella. En definitiva, tal como la propia Elena afirma, si los hombres han perdido el honor y la vida a causa de ella, ha sido por buscar su propia felicidad, no la de ella...