sábado, 30 de septiembre de 2017

The Temptress (La tierra de todos) - Fred Niblo, 1926.-

Hildy Johnson, primero, y una integrante de uno de los grupos de Facebook sobre cine mudo que sigo, luego, me incitaron a volver sobre esta película que sólo había visto hasta la mitad hace un tiempo, y había abandonado sin interesarme por ella. Aprovechando el día de mi cumpleaños, que comparto con Antonio Moreno, decidí darle una segunda oportunidad (unos días antes ya había visto It, de Clarence G. Badger, también gracias a Hildy y me había entusiasmado mucho con este olvidado galán español). Esta vez me encontré sentada al borde de mi asiento, sin poder desviar la mirada de la pantalla.-


The Temptress comienza con el encuentro fortuito de Manuel Robledo (Antonio Moreno), un ingeniero que está dirigiendo la construcción de una represa en Argentina, con Elena (Greta Garbo), una misteriosa dama que le asegura que es libre para amarlo. Al día siguiente, en una coincidencia que me molesta un poco, Robledo descubre que Elena es la esposa de su antiguo amigo el Marqués de Torre Bianca (Armand Kaliz). Luego de un banquete que termina en desastre cuando el anfitrión, un banquero llamado Fontenoy (Matt McDermott), se suicida por haber sido rechazado por Elena, Robledo vuelve a Argentina para continuar su obra. Allí se reúne con sus asistentes (uno de los cuales es interpretado por Lionel Barrymore) y con una hermosa joven que está enamorada de él (Virginia Brown Faire). La vida parece retomar su curso para Robledo: duras jornadas de trabajo y enfrentamientos con “Manos Duras” (el insuperable villano Roy D’Arcy), un ladrón de caballos desafiante y peligroso. Todo se sale de control en la vida de Robledo cuando, para su sorpresa, llega el Marqués… acompañado de Elena. Tras unas cuantas muertes y la impresionante destrucción de la represa (que provoca una inundación), Robledo se da por vencido ante el poder destructor del amor de Elena, aunque finalmente ella se sacrifica para que él pueda cumplir con su trabajo, y se aleja.-


La película tiene unos cuantos momentos absolutamente memorables desde lo visual. El primero de ellos es, precisamente, la primera secuencia de la película: en un carnaval decadente Fontenoy exige la promesa de amor de Elena. Ambos aparecen de espaldas a la cámara, casi en siluetas recortadas contra la orgía que se desarrolla el fondo. Luego de negarse a las demandas de Fontenoy (Niblo logra establecer con unos pocos gestos la dominación que el banquero ejerce sobre Elena), ella se escabulle entre el gentío. Un misterioso hombre de capa y antifaz, que resultará ser Robledo, la rescata y queda fascinado por su belleza. Toda esta secuencia tiene un aire de ensueño y lirismo (acentuada por la presencia de un arlequín en su comienzo y en su final) que contrasta con el clima de pesadilla del banquete que reúne a Robledo, a Elena y al Marqués en la mesa de Fontenoy. Ante sus invitados ignorantes del drama que se avecina (esta mesa es tanto o más decadente que el carnaval de la noche anterior), el banquero declara que Elena lo ha llevado a la perdición y luego se desploma por el efecto del veneno que acaba de ingerir. En ambas escenas y en varias otras a lo largo de la película, Niblo utiliza travellings hacia atrás y fundidos que aportan gran belleza a esta película.-
Otra de las escenas memorables es la de la destrucción de la represa. Despechado por haber sido derrotado por Robledo en un duelo a latigazos (ya me referiré a ello, merece un párrafo aparte) y por no haber logrado el favor de Elena, “Manos Duras” hace volar la represa. Los efectos especiales en esta escena y en la inundación que sobreviene están muy bien logrados y terminan ofreciendo una secuencia emocionante para el final del segundo acto de la película.-


Además de su calidad estética, otro de los aspectos fascinantes de esta película es el tratamiento de los personajes. Aquí ningún personaje es un modelo de virtud. Incluso Robledo, el más digno de todos, pierde el control y dispara a sangre fría contra un trabajador que se rebela durante las tareas de contención de las aguas; también está dispuesto a acabar con Elena estrangulándola (y qué amenazador que se ve Moreno en esa escena, fotografiado con luces y sombras agudas).  Y sin embargo, Niblo quiere a sus personajes, los comprende. Para Elena, por ejemplo, Niblo reserva un pequeño momento “Dorian Grey” cuando la dama llega a Argentina y se mira en el espejo del tocador reservado para ella. Su reflejo deformado la horroriza, pero luego se reconforta mirando embelesada su imagen en otro espejo. Así, el director nos cuenta acerca de su superficialidad, aunque con una nota de humanidad: Elena no disfruta descubriendo que existe una parte oscura en su ser, pero por el momento no debe enfrentarla.-
Niblo utiliza en The Temptress un interesante juego de espejos a través de elementos que aparecen en la película y luego vuelven con un significado diferente. Cuando Elena besa a Robledo por primera vez, le cubre los ojos en un gesto que luego, con más información, entendemos como un símbolo de su engaño. Más adelante, cuando ella cura las heridas de Robledo, vuelve a cubrirle los ojos pero en este caso, la engañada es ella al pensar que puede reavivar una pasión que él sofoca con éxito. De la misma forma con el regreso de Robledo, Pirovani (Robert Anderson), uno de sus colaboradores, recibe una fotografía de su hija. Cuando volvemos a ver esa fotografía, la ocasión será mucho menos feliz. Y Robledo se despide de “Manos Duras” tras su primer encuentro, le anuncia que el Diablo estará a su lado la próxima vez que se vean… claro que es Elena quien lo acompaña en esa nueva oportunidad.-


A pesar de algunos momentos de comicidad no intencional (Roy D’Arcy, por ejemplo, me hace reir cada vez que lo veo dentro de su interpretación magistral - ningún otro villano puede esbozar una sonrisa tan helada y llena de dientes - en especial en la escena en la que llega a caballo y tocando la guitarra para enfrentar a Robledo, parece una marioneta caminando sobre la cuerda floja) The Temptress ha envejecido muy bien. Su ritmo es excelente y la construcción del ambiente local es bastante buena, pese a que dudo que en aquella época la gente tomara del mismo mate sin volver a cebar… yo tiendo a creer que la mecánica del mate era la misma que la actual… De la misma forma, sin haber investigado demasiado al respecto, intuyo que un duelo criollo se habría cumplido con facones (y con la camisa puesta) y no con látigos, pero sin dudas la escena pensada por Niblo es mucho más poderosa que aquello que hubiera sido culturalmente correcto. Y es que esa escena, tal como aparece en la pantalla, es de una potencia insuperable. Sin lugar a dudas, Elena no está asustada por la situación sino que la encuentra excitante (vamos… no la culpamos) y la escena que sigue a continuación es una de las de mayor erotismo que he visto en el cine mudo.-
La edición que tengo en DVD concluye con el final original de la película, mucho más efectivo que el “final feliz” (que también viene en el DVD) filmado varios meses después del estreno de The Temptress en las grandes ciudades. En este final la Seductora completa el sacrificio de amor que hizo seis años atrás cuando se alejó de Robledo, al mismo tiempo que se libera a sí misma del poder destructivo que los hombres ejercen sobre ella. En definitiva, tal como la propia Elena afirma, si los hombres han perdido el honor y la vida a causa de ella, ha sido por buscar su propia felicidad, no la de ella...  

sábado, 23 de septiembre de 2017

The Roaring Twenties (Los violentos años veinte) - Raoul Walsh, 1939.-


Esta película bien podría formar una interesante sesión doble con The Public Enemy. Ambas son protagonizadas por James Cagney (con ocho años de distancia entre una y la otra) pero además ambas presentan dos modelos diferentes de películas de gangsters: el anterior y el posterior a la aplicación del Código Hays.-
Durante el período pre - code, en el cual el género floreció, los realizadores pudieron colocar en el rol del héroe a criminales atractivos pero muchas veces despiadados, mientras que el lugar del villano quedaba reservado para otros delincuentes (con una fuerza de policía ausente), cuando no para la propia policía y otras figuras de autoridad. Esta inversión en los roles tradicionales, característica de este período, debió ajustarse con la aplicación del Código, surgiendo así una nueva figura: el gangster con el “corazón de oro”, es decir el delincuente simpático, que pese a sus acciones criminales de mayor o menor violencia, se sacrifica hacia el final por un ideal superior y en pos de la reinstauración del orden.-
En este caso, el choque entre el bien y el mal está representado a través de los tres personajes principales: Lloyd Hart (Jeffrey Lynn), un joven abogado que da su asesoramiento a regañadientes; el duro George Hally (Humphrey Bogart), dueño de un bar y volcado hacia el contrabando tras la promulgación de la Ley Seca; y en el medio de ellos, el protagonista, Eddie Bartlett (James Cagney), un joven empleado en un taller mecánico que a su pesar se ve envuelto en el contrabando de alcohol y descubre que le gusta… Los tres se conocen fortuitamente mientras combaten en la Primera Guerra Mundial, y en unas pocas escenas Walsh logra que nosotros los conozcamos también, en especial a George, a quien no volveremos a encontrar hasta bien avanzada la trama y por ello más necesitamos una imagen fuerte de él.-
Cuando termina la guerra, seguimos a Eddie hasta su antigua habitación en un barrio pobre de Nueva York, en la que se reencuentra con su amigo Danny (Frank McHugh). Este segmento de la película es muy rico en comentarios acerca del regreso sin pena ni gloria de los últimos combatientes, de la recesión económica y el desempleo y de la percepción de aquellos que se quedaron (cuando Eddie intenta recuperar su antiguo empleo, se encuentra con dos trabajadores que lo desprecian, comentando que ellos se quedaron en el país trabajando para mantener a los soldados). Sin embargo la mayoría de estos temas son apenas tocados, dado que el principal punto de esta secuencia es la dificultad de Eddie para encontrar trabajo y la desilusión amorosa que sufre al descubrir que la joven cuyas cartas atesoró durante la guerra, Jean (Priscilla Lane), no es más que una colegiala. Y la sensación general que deja la película - y aquí es central considerar el momento histórico en el cual fue producida - es que la vida después de la guerra se reanuda donde había quedado y que las personas no cambian debido a ella; sólo Eddie ve su mundo modificado, pero ello obedece más a fines dramáticos que argumentales: sin dudas una película acerca de un joven mecánico que al volver de la guerra recupera su empleo y lo cumple a diario sería menos emocionante que The Roaring Twenties.-
Otro aspecto importante que revela la influencia del Código Hays es que, a diferencia de lo que ocurre con The Public Enemy, en The Roaring Twenties se presenta el imperio de la violencia y la criminalidad como una cosa del pasado, existe casi una mirada nostálgica al respecto y tanto Eddie como su fiel amiga Panama Smith (la siempre maravillosa Gladys George) afirman en el final de la película que el tiempo de los gangsters ha terminado y que se avecina un nuevo orden. En relación con este punto, la naturaleza de Eddie es bien diferente a la de Tom Powers, el personaje encarnado por el propio Cagney en aquella película: allí donde Tom era básicamente perverso, Eddie es un producto de las circunstancias y por lo tanto, tiene esperanzas de cambio y de hecho en el tercer acto de la película, ha dejado el mundo criminal. Ello de alguna forma armoniza la película con el Código Hays y le permite a Walsh salirse con la suya y contar una historia que tiene muchos elementos de violencia, de desviaciones y de criminalidad expuestos en la pantalla. El tono documental de la película se encuentra al servicio de esta ambivalencia, presentando los hechos descriptos como algo lejano pero al mismo tiempo, muy vívido y auténtico.-


La última diferencia notable entre ambas películas, indicadora de los distintos períodos, es la presentación de la muerte del héroe. En The Public Enemy, la muerte de Tom Powers es brutal y se muestra con honestidad, el valor más asociado con el pre-code; mientras que en The Roaring Twenties Eddie muere honorablemente en una toma bella que recuerda a La Pietá y es que, como decía al principio, el héroe se sacrifica para reinstaurar el orden. En pos de esta idea, Walsh nos muestra la cruzada final de Eddie, quien - al igual que Tom Powers - se adentra en la guarida de su rival completamente solo, aunque Eddie está desarmado por partida doble (no porta armas pero ya tampoco tiene su confianza o su dignidad), pero su motivación es completamente distinta. Eddie no busca venganza sino redención. Su último acto lo ofrece para salvar a su amigo y a la mujer que ama y para salvar, también, aquel ideal de vida que abrigaba en su juventud antes de que todo se saliera de cauce.-
Más allá de la comparación, The Roaring Twenties es una joya por derecho propio. La fotografía de Ernest Haller es de una definición increíble y el ritmo es excelente: Walsh logra construir una historia compleja que no descansa nunca, con varios personajes importantes cada uno de los cuales recibe la debida atención para desarrollarse, y todo en poco más de 100 minutos.-
Finalmente, no puedo dejar de contarles el inmenso entusiasmo que siento por James Cagney en estos días. La verdad es que hasta este año no había visto ninguna de sus películas y ahora, unas pocas películas después, lo tengo ya entre mis favoritos. En The Roaring Twenties muestra una personalidad más contenida, no tan exuberante como en The Public Enemy, y es que Eddie es esencialmente menos volátil que Tom Powers (Eddie sólo se exalta cuando siente que alguien está intentando tomarlo por idiota, pero por lo demás es seguro de sí mismo y mantiene el control). El arco que traza su personaje en esta película es un testimonio de su talento y de lo divertido que siempre resulta verlo en la pantalla.- 

domingo, 10 de septiembre de 2017

The Public Enemy (El enemigo público) - William A. Wellman, 1931.-

Hace un tiempo descubrí esta película en mi paseo por el período pre-code y cuando volví a verla por estos días, quedé nuevamente cautivada. Película sobre gangsters, película sobre la Prohibición, película sobre el abanico infinito de relaciones humanas (allí están la amistad, la familia, los modelos a seguir, las figuras de autoridad a honrar o a desafiar, las relaciones insatisfactorias, el amor), película sobre la violencia, película sobre el ascenso y la decadencia de un tipo que termina desplomándose bajo la lluvia balbuceando “No soy tan duro”, película sobre James Cagney transformándose en una estrella con una sonrisa perversa estampada en el rostro, película que sienta las bases para todo un género y que en especial anticipa muchos momentos de El Padrino. Todo eso (y seguramente mucho más) es The Public Enemy.-


Momento Nº 1: construyendo a Tom Powers.-
La primera parte de la película tiene un aire casi documental y nos muestra un barrio pobre de una gran ciudad, en 1909. Podemos ver los bares, los caminos de tierra, los niños jugando en la calle o tomando cerveza a la vista de todos, y comenzamos a sentir la autenticidad de la historia y de sus personajes y también su espíritu épico. En esta forma conocemos, en su niñez, a los protagonistas de la película: los dos amigos Tom Powers y Matt Doyle, que ya comienzan a adentrarse en el mundo de crimen de la mano de su mentor Putty Nose (Murray Kinnell); Molly, la hermana mayor de Matt, y Mike, el hermano mayor de Tom. Esta primera secuencia funciona a la perfección en cuanto define a los personajes a través de actitudes y gestos que veremos repetirse más adelante. La rectitud de Mike, la obediencia de Molly, la bondad escondida de Matt y la rudeza y liderazgo de Tom, todo está aquí. Y en el caso de Tom, es particularmente interesante, porque es el personaje más complejo de la película. En esta secuencia aparece, en especial, la relación de Tom con la autoridad: por un lado resiente el poder que Mike y su padre (que es policía) pretenden ejercer, pero al mismo tiempo no da pelea ni rehuye los castigos. Ya sea que su padre lo azote o que su hermano lo derribe de una trompada, como sucederá más adelante, Tom siempre acepta el golpe.-


Momento Nº 2: el primer gran atraco.-
Luego de la secuencia inicial, la historia avanza hasta 1915. Tom y Matt se han convertido en dos muchachos con los rostros de James Cagney y Edward Woods, respectivamente. Han avanzado en la organización de Putty Nose y reciben con alegría infantil sus primeros revólveres para participar en el robo a un almacén de pieles. Esta secuencia me gusta mucho por dos motivos. En primer lugar porque los protagonistas aparecen como dos muchachos que apenas han dejado de ser niños y el contraste entre esta primera imagen de Cagney (con sus pantalones demasiado cortos y su mirada un poco asustada) con todo lo que vendrá después, demuestra qué gran actor que era ya desde el comienzo.-


En segundo lugar, estas escenas muestran a Wellman en pleno control de todo lo que muestra y no muestra en la pantalla. Uno de los detalles más interesantes de The Public Enemy es la forma en la que, siendo un film de la primera época del cine sonoro, aprovecha al máximo los recursos que ofrece la nueva técnica. Cada elemento que vemos está allí para servir a la historia, como en el cine mudo, pero Wellman también hace un excelente uso del “fuera de campo”, completando con efectos de sonido la parte de la historia que no nos permite ver. Así, cuando el robo sale mal debido a la impulsividad de Tom (que dispara sin ningún motivo contra un animal embalsamado, alertando a los guardias), los dos protagonistas desaparecen tras una pared seguidos por un oficial de seguridad. Durante algunos segundos, no vemos nada significativo, sólo escuchamos unos cuantos disparos y a continuación Tom y Matt huyen corriendo. La escena termina con la mano inerte del guardia que aún sostiene un arma humeante. Más adelante, las escenas más violentas, que corresponden a tres venganzas de Tom, también serán contadas a través del sonido, maximizando así su poder: lo que nos imaginemos siempre será peor que cualquier cosa que podamos realmente ver en la pantalla. En estos primeros tiempos en los que los realizadores todavía estaban tratando de adaptarse a las limitaciones técnicas y creativas que supuso la llegada del sonoro, es curioso encontrar escenas de tanto dinamismo y economía, como también lo es el buen uso de la banda de sonido que utiliza como hilo conductor la canción I'm Forever Blowing Bubbles. Su cuyo estribillo, que dice “Siempre estoy soplando burbujas / Hermosas burbujas en el aire / Vuelan tan alto / Casi alcanzan el cielo / Luego, como mis sueños / Se desvanecen y mueren / La fortuna siempre se esconde / La he buscado por todas partes / Siempre estoy soplando burbujas / Hermosas burbujas en el aire”, es algo que Tom Powers podría canturrear todos los días de su vida.-


Momento Nº 3: la Prohibición.-
Uno de los hitos históricos en los que se basa The Public Enemy es la implementación de la llamada Ley Seca en Estados Unidos, que rigió entre 1920 y 1933 (el otro evento que tiene especial relevancia es la participación del país en la I Guerra Mundial, para la cual se enlista Mike Powers - Donald Cook). La escena en la que se muestra a una muchedumbre de “ciudadanos respetables” aprovisionándose de bebidas alcohólicas mientras aún es legal, no tiene desperdicio y demuestra la habilidad del director para contarnos una historia en términos visuales sin necesidad de hacer referencias concretas a lo que estamos viendo. Los caballeros de frac y sombrero de copa cargando abultados paquetes, una dama con vestido de noche agachada sobre los desagües para recoger una botella caída, una familia feliz que empuja un cochecito de bebé lleno de botellas, una sociedad - en definitiva - puesta al desnudo.-


Momento Nº 4: “mi muchacho tímido”.-
Una de las características más fascinantes de Tom Powers es su complicada relación con las mujeres y con la sexualidad. Probablemente la escena más famosa de la película sea la del pomelo en la cara de Mae Clarke pero ese no es más que el final de una situación sobre la que, de nuevo, no se hace ninguna mención específica, pero que va a tener importantes ecos más adelante. Apenas comienzan a ganar dinero y poder, Tom y Matt cambian sus ropas de trabajo por trajes hechos a medida (la escena que transcurre en el taller del sastre homosexual es imperdible y por suerte puede verse en DVD en todo su esplendor pre-code luego de haber sido mutilada para el reestreno de 1941) y concurren a clubs nocturnos. En uno de ellos conocen a Mamie (Joan Blondell), que inmediatamente se entiende con Matt, y a Kitty (Mae Clarke), quien primero se espanta con lo que Tom susurra en oído (cada espectador puede imaginarse lo que desee), pero luego escucha fascinada. Tiempo después, aprendemos que cada protagonista ha pasado la noche con su chica, pero sus amaneceres son bien diferentes. Mientras Mamie le sirve el desayuno en la cama a Matt y sus risas se escuchan desde el cuarto contiguo, el clima entre Tom y Kitty es tirante y él parece divertirse más conversando por teléfono con “Nails” Nathan (Leslie Fenton), un gangster más encumbrado a quien Tom admira, que compartiendo tiempo con Kitty. Cuando ella sugiere que tal vez él encontró alguien “que le gusta más” (¿se refiere a otra mujer o a “Nails”?), termina con medio pomelo estampado en su rostro (antes Tom había escupido cerveza en la cara de un barman). Inmediatamente, Tom consigue una nueva acompañante, la seductora Gwen (Jean Harlow) a quien conoce en la calle, pero una escena muy reveladora nos cuenta que las cosas entre ellos no son como parecen. Tom parece no lograr intimidad física con ninguna mujer y su conversación con Gwen es franca al respecto. La escena en la que ella lo acuna contra su pecho y lo llama su “muchacho tímido” es sorprendente; en cierto modo podría pensarse que desacelera la trama, porque no tiene relación con el ascenso al poder de Tom, pero hace mucho por darle dimensión humana a su personaje. Uno de los aspectos más interesantes de estas películas que ponen el acento sobre los criminales en lugar de hacerlo sobre los investigadores, es que resultan en personajes mucha complejidad. Aquí, los “malos” no son simplemente malos y ya sino que tienen capas y capas de matices. En el caso de Tom y Gwen, Matt los interrumpe con noticias desgraciadas (“Nails” Nathan ha muerto en un accidente de equitación) justo cuando Gwen había logrado seducirlo. Los problemas de alcoba de Tom deberán esperar un poco para ser resueltos, y cuando eso suceda (en otra escena que fue cortada en 1941), será de la peor manera. La otra figura femenina en la vida de Tom es su madre (Beryl Mercer), siempre complaciente con su niño Tom aunque, en un detalle interesante, ella también parece temerle un poco.-


Momento Nº 5: “no soy tan duro”.-
Luego de la muerte de “Nails” Nathan, todo se desbarata en una guerra de bandas por el control del contrabando de alcohol. Tom y Matt se refugian en la casa de Paddy Ryan (Robert Emmett O’Connor) y quedan bajo el cuidado de la novia de Paddy, Jane (Mia Marvin). Jane inmediatamente se siente atraída por Tom y lo embriaga para seducirlo. Otro detalle curioso de The Public Enemy es que si bien Tom consume alcohol eventualmente, nunca lo vemos embriagarse hasta este momento. A la mañana siguiente, cuando Jane le recuerda la noche anterior, Tom estalla de ira y decide salir a la calle, pese a que Paddy lo ha prohibido. Matt, siempre fiel, lo sigue y resulta herido de muerte en la emboscada que le tienden sus rivales. Habiendo quedado completamente solo en el mundo, Tom roba un par de revólveres de una armería (otra escena imperdible) y se enfrenta a sus enemigos en una noche lluviosa. El tiroteo ocurre fuera de la pantalla y por un segundo no sabemos qué sucedió hasta que Tom vuelve a aparecer, herido, y finalmente se desploma sobre el cordón de la vereda balbuceando “No soy tan duro”. Sin embargo, el verdadero mensaje de Wellman no parece ser que “el crimen no paga”: en el final, Tom no muere como “castigo” por su vida criminal, sino porque intentó desafiar a una banda más poderosa, la cual, habiendo terminado con sus rivales (“Nails” murió por accidente, Matt y Tom ya no están y si bien no sabemos qué pasó con Paddy, es fácil aventurar su final), no recibe ningún castigo en la película. El epílogo de la película no pretende resolver el problema de los “enemigos públicos”, sino que llama a la sociedad a atenderlo. Ochenta y seis años después, el llamado sigue vigente.-