martes, 31 de mayo de 2016

To catch a thief (Para atrapar al ladrón) - Alfred Hitchcock, 1955.-

Hoy comparto con ustedes cinco momentos de Para atrapar al ladrón. Para otros aspectos de esta película pueden consultar mi comentario publicado en "Mi blog sobre Mr. Hitchcock" haciendo click aquí.-
 

 
Momento N°1: la rubia hitchcockiana entra en acción.-

Es bien conocida la predilección de Alfred Hitchcock por las protagonistas rubias y el motivo nunca fue mejor explicitado que en mi momento número 1: el beso de Francie (Grace Kelly) a John (Cary Grant). Hitchcock creía que las mujeres rubias proyectan una sensualidad menos evidente y más explosiva que las morochas y ello queda claro en este momento. En las escenas previas Francie es presentada como una joven presumida y distante y aparece mayormente de perfil, lo cual en Hitchcock siempre indica que alguna faceta de la personalidad del personaje en cuestión está aún por revelarse. Sólo se nos regala un plano medio y frontal de Grace Kelly cuando el hielo de Francie empieza a agrietarse frente al desinterés de John y finalmente tenemos el tan esperado primer plano (reencuadrado por el hombro de Grant) cuando ella lo sorprenda con un beso de despedida. El desenfado del gesto es subrayado por la banda sonora y por la reacción divertida de John. El tema central de la película - el camino de Francie dirigido a “atrapar” al ladrón - está en marcha…
 
 
Momento N°2: Francie y John salen de excursión.-
La visita de los protagonistas a una villa de las afueras de Cannes es una de las escenas más complejas de la película en cuanto a la gran cantidad de líneas argumentales (todas las variantes de la persecución del ladrón) que se cruzan en ella. Al mismo tiempo tenemos a John inspeccionando la villa para descubrir las vías de acceso, a Francie intentando confirmar su sospecha de que John es un ladrón de joyas, a John resistiendo los embates detectivescos de Francie, a Francie intentando seducir a John, a John exponiendo a Francie la superficialidad de sus sentimientos, todo ello mientras la policía persigue a John y John persigue al verdadero ladrón. El momento continúa, luego de una persecución en auto interminable, cuando los protagonistas llegan a un mirador para almorzar y resulta un festín ver a Cary Grant y a Grace Kelly decir sus parlamentos cargados de dobles sentidos y derramar química.-
 
 
Momento N° 3: los fuegos artificiales.-
Uno de los momentos más recordados y más arriesgados de la película - debemos tener en cuenta que estamos en plena vigencia del Código Hayes - es la escena en la cual Francie recibe a John en su suite para ver el espectáculo de fuegos artificiales. Cada elemento de ella es impagable: la luz verde que inunda la habitación (la misma que caracteriza las “noches americanas” en las cuales se producen los robos) nos recuerda que el peligro está cerca; el montaje marca el ritmo y sugiere aquello que el director no podía mostrar; Grant y Kelly se sacan chispas y mientras tanto, la trama avanza.-
 
 
Momento N° 4: la confesión de Francie.-
Uno de los momentos más conmovedores de To catch a thief tiene lugar cuando Francie busca a John para disculparse luego de convencerse de su inocencia. La última vez que se vieron fue la noche de los fuegos artificiales y las cosas no terminaron bien entre ellos. Ahora Francie se muestra vulnerable por primera vez, confiesa a John que está enamorada de él y éste, todavía ofendido, no se lo deja nada fácil. La sinceridad con la que los protagonistas interpretan la escena hace que este sea uno de mis momentos favoritos.-
 
 
Momento N° 5: la escena final.-
Cualquier persona familiarizada con la obra de Hitchcock sabe que el maestro del suspense no era muy amigo de los finales felices. La mayoría de las veces en las que los protagonistas terminen abrazados encontraremos una nota amarga y To catch a thief no es la excepción. Después de que la inocencia de John queda establecida y el verdadero ladrón desenmascarado, el héroe regresa a su villa y es seguido de cerca por Francie. El tono entre ellos sigue estando cargado de dolor por el juego del gato y el ratón que han desplegado y, nuevamente, la sinceridad con la que Grant y Kelly interpretan la escena es maravillosa. Sin embargo, el final no es color de rosa y guarda una sorpresa: John logró ganarse a la chica, pero deberá convivir también con su suegra y peor aún: ¿él de veras ansiaba todo esto? La ambigüedad del personaje deja lugar para la duda y Cary Grant nos regala una última mirada que dice más de lo que calla.-
Para acompañar este comentario elegí la receta de la Quiche Lorraine, el plato que John ofrece a Hughson (John Williams), el agente de seguros que lo ayuda a seguir los pasos del verdadero ladrón de joyas, aunque - aclaro - carezco de la habilidad de Germaine, la cocinera que en los tiempos de la resistencia francesa asesinó a un general alemán sin emitir sonidos. La receta está publicada en este vínculo.-


 

viernes, 20 de mayo de 2016

Serie de Fred Astaire y Ginger Rogers (última parte).-


Momento N° 11: romance en cámara lenta.-
Carefree (Mark Sandrich, 1938) es una de esas películas en las que el todo es mucho menos que la suma de las partes: mezclados en medio de secuencias enteras que no conducen a nada y de actores/personajes insufribles, podemos encontrar muchos momentos mágicos (si tenemos suficiente paciencia como para esperar por ellos). Uno de esos momentos es un número llamado I used to be color blind que tiene lugar en el subconsciente de Ginger Rogers. Amanda (Rogers) consulta al Dr. Tony Flagg (Astaire), un psiquiatra, a instancias de su prometido (Ralph Bellamy) para tratar su aversión a fijar una fecha para el casamiento. Tony induce a Amanda a dormir para analizar sus sueños y Amanda sueña… con Tony. La nota distintiva de este número es que está filmado en cámara lenta (otro de los experimentos cinematográficos de Astaire), un recurso más que apropiado para reforzar su naturaleza onírica. Y si acaso uno llegara a pensar que ahora sí podrá descubrir los secretos del dúo, visualizar la preparación para los saltos o el cambio del peso de una pierna a la otra para una inclinación hacia atrás, pues no: todo parece aún más mágico que en los números reproducidos a velocidad normal. La mayor sorpresa: el largo beso del final, una rareza en la serie y es que Astaire, incómodo en su rol de galán de cine, prefería seducir a sus damas al compás de la música (otras fuentes aseguran que la Sra. Astaire era bastante celosa. Yo prefiero la primera explicación).-


Momento N° 12: Fred y Ginger sí que saben cómo animar una fiesta.-
The yam es sin dudas lo mejor de Carefree. Es un número que tiene lugar en una cena en el club de campo del prometido de Amanda. Decidida a conquistar a Tony, Amanda lo persuade de bailar con ella y pronto se arma la fiesta. Este momento tiene muchas particularidades que lo transforman en uno de mis favoritos: por un lado, durante la primera parte del baile (y yo diría por única vez) Rogers guía, lo cual presenta una variante agradable; por otro lado, el dúo se caracteriza por la impresión de espontaneidad que dejan aún en los bailes más elaborados, pero aquí, cuando invitan a que los demás invitados se les unan conformando un coro de diversas formas, tamaños y edades, realmente parece que estuvieran improvisando y pasándolo de maravillas; en tercer lugar, mientras todos bailan en la galería que rodea al salón (una buena oportunidad para ver al dúo haciendo pasos inusuales en ellos, tales como los “rebotes” de Ginger sobre los sillones) el trabajo de cámaras es fantástico, no exactamente un plano secuencia (eso hubiera sido perfecto, pero supongo que demasiado complicado) sino una serie de travellings hacia atrás que atraen a nuestros protagonistas y en donde la cámara se va posicionando en distintos cuadrantes del escenario para crear la ilusión de un plano secuencia; y finalmente, una seguidilla de ocho saltos de Rogers por encima de la pierna elevada de Astaire que dejan sin aliento (busquen este número en Youtube, ¡estoy segura de que lo van a disfrutar!).-


Momento N° 13: (casi) el más triste de los bailes.-
The story of Vernon and Irene Castle (H. C. Potter, 1939) es la última película que el dúo filmó para RKO y la única en toda su asociación en la cual representan a personas reales, en este caso un exitoso matrimonio de bailarines de principios del siglo XX. Las características propias de la historia nos permiten ver un poco más de las facetas actorales de Astaire y Rogers, quienes tienen a su cargo mayor cantidad de escenas dramáticas y personajes más profundos que en sus películas anteriores. Uno de los momentos más hermosos de la película tiene lugar cuando la pareja está en París a la espera del comienzo siempre postergado de los ensayos de su primer espectáculo juntos. Por fin llegan noticias de los productores, y no son las mejores: sólo quieren a Vernon y es para cumplir con la denigrante rutina cómica que protagonizaba antes de conocer a Irene. Desalentado y acorralado por las deudas, Vernon vuelve al cuarto que ocupa con su esposa para ponerla al tanto de las novedades. Y en este punto en el que todos sus sueños se derrumban, Vernon le pide a Irene que baile con él aunque hay un problema: ya antes los vecinos del piso inferior se habían quejado por el bullicio de los ensayos. Pero Vernon, más experimentado que su esposa en esto de las desilusiones profesionales, tiene una solución para cada problema. Si bailan como si estuvieran caminando sobre el aire no harán ningún ruido. Entonces la pareja inicia una rutina silenciosa, con el único acompañamiento de una canción que habían bailado en tiempos más felices y que Vernon silba a media voz. Es un momento muy triste, pero antes de que la escena termine (les dejo la intriga del final) uno sabe que sin importar lo que suceda todo estará bien porque estos dos (Vernon e Irene, Astaire y Rogers, nuevamente es difícil separar al personaje del actor) se tienen el uno al otro para sostenerse mutuamente ya fuera en lo personal o en lo profesional.-


Momento N° 14: el más triste de los bailes.-
No quiero arruinarle el final de The story of Vernon and Irene Castle a nadie pero debo decir que el último baile de la película es de lo más triste (tratándose de una historia inspirada en las vidas de dos personas cuya vida adulta transcurrió hace cien años atrás, podrán imaginar por qué: eventualmente alguien muere y eso es todo lo que voy a decir). La imagen de la pareja alejándose del espectador al ritmo de Only when you’re in my arms, la canción que Vernon cantó al proponerle matrimonio a Irene, debió haber sido desoladora para el público de 1939 que asistía al fin de una era. Aún hoy, que podemos ver este y otros números de Astaire y Rogers cuantas veces queramos, sigue siendo un momento cargado de emoción.-


Momento N° 15: segundas oportunidades.-
The Barkleys of Broadway (Charles Walters, 1949) es un musical extraño, en la medida en que las escenas “actuadas” son mejores que los números musicales. Uno de los pocos números que está a la altura del nivel emotivo de la trama es They can’t take that away from me, que vuelve desde Shall we dance transformada en un baile. En este momento de la historia Josh (Astaire) y Dinah Barkley (Rogers), una exitosa pareja de comedia musical que es a la vez una ruina de matrimonio, están separados. Un amigo en común interpretado por Oscar Levant les tendió una trampa invitándolos por separado a una gala benéfica, con la esperanza de ayudarlos a reconciliarse. Josh ha descubierto la trampa y, con la misma espectativa que su amigo, se esmera ante su esposa. Este número no es deslumbrante si lo comparamos con otros del dúo (falta aquí algo de la magia y mucho de la vaporosidad de antaño), pero a mí me gusta mucho porque refleja el dolor y las dificultades que atraviesa esta pareja en la ficción (sobre todo en un segmento en el cual la música se torna esforzada) y cuenta la historia de su ruptura pero también de los anhelos inconfesados de reconciliación que ambos abrigan.-
Esta última entrega de Astaire y Rogers está acompañada por una nueva receta de soufflé, esta vez de chocolate.  Pueden consultarla siguiendo este vínculo: http://lacocinadeceluloide.blogspot.com.ar/2016/05/souffle-de-chocolate-con-alma-de.html

viernes, 13 de mayo de 2016

Serie de Fred Astaire y Ginger Rogers (segunda parte).-


Momento N° 6: Fred y Ginger nos llevan al cielo.-
Seguramente el número más emblemático de la pareja es Cheek to cheek, momento central de Top hat (Mark Sandrich, 1935). En este punto de la película Dale (Rogers) está convencida de que Jerry (Astaire) es el marido de su amiga Madge (Helen Broderick) cuando en realidad es un amigo de la familia (Jerry por supuesto ignora el error y no logra entender porqué Dale se muestra esquiva). Totalmente confundida por la actitud favorable de Madge, Dale acepta bailar con Jerry. Astaire comienza a cantar nuevamente en medio de una oración como ya había hecho en No strings, número que comenté en el momento N° 5 de esta serie, mientras lleva a Rogers hacia una terraza (¡esas escenografías maravillosas de este período!). Aquí la pareja perfecciona la técnica que había esbozado en sus duetos románticos anteriores (sobre todo Night and day de The gay divorcée) produciendo un verdadero milagro: la seducción, la “cita” al baile anterior compartido (un “duelo” de tap al estilo de I’ll be hard to handle de Roberta), una suerte de trance en la que cae Dale/Rogers bajo la atenta mirada de Jerry/Astaire (y es que la persona pública de estos dos es tan fuerte que a veces es difícil separar al actor del personaje), los saltos, las pausas maravillosas, el vestuario que prolonga los movimientos (aquí aparece el famoso vestido de plumas que causó la ira de Astaire y si desviamos la atención de la pareja - difícil pero posible - podemos ver las plumas que se desprenden y caen al suelo); todo está allí y cuando termina el número la reacción de una Dale enamorada ya por completo pero dolorosamente consciente de que el suyo es un amor imposible es la única posible. ¿Cómo podría sentirse diferente después de un baile como ese?


Momento N° 7: Ginger toma el centro de la escena.-
Follow the fleet (Mark Sandrich, 1936) contiene una verdadera rareza dentro de la serie: un solo de baile de Ginger Rogers (el otro solo que protagoniza, The yama yama man en The story of Vernon and Irene Castle no es en realidad un número de baile). El número tiene lugar cuando Sherry, su personaje, audiciona para un importante productor de San Francisco al ritmo de Let yourself go, una canción que Rogers había cantado maravillosamente en el primer acto de la película. Dejando de lado su talento - que evidentemente lo tenía - lo que más me gusta de Rogers en este número es la gran confianza en sí misma que demuestra, lo cual no va en desmedro de su simpatía desbordante.-


Momento N° 8: el surgimiento del lado técnico de Astaire.-
Mi película favorita del dúo es Swing time (George Stevens, 1936) por varias razones, una de ellas es que muchos de mis números musicales preferidos están en ella. Bojangles of Harlem es uno de ellos y lo elegí como uno de los “momentos” porque es el primero en el cual Astaire explora las posibilidades técnicas que el cine ofrece para potenciar el efecto de un número de baile, algo que con los años se convertirá en una de sus notas características. Luego de encabezar un coro de veinticuatro bailarinas (doce vestidas de negro y doce de blanco) que lo acompañan en varias figuras, Astaire se queda solo o, mejor dicho, escoltado por su sombra multiplicada por tres. Luego de imitar sus movimientos, como toda sombra que se precie de tal debe hacer, de pronto las tres escoltas se salen de sincronización y terminan por abandonar el escenario cuando no logran retomar el ritmo. Dejando de lado una ligera transparencia en la figura de Astaire que quita un poco de encanto al efecto, el número es brillante y está lleno de energía.-


Momento N° 9: el resúmen perfecto.-
Never gonna dance, también de Swing time es un número único dentro de la serie. Si acaso cabe alguna crítica a los números diseñados por Astaire y su eterno colaborador Hermes Pan en este período podría ser que los números musicales en general son brillantes pero están poco integrados a la trama y son, sin sentido peyorativo, intercambiables. Ahora bien, Never gonna dance sólo funciona en el contexto de Swing time. En la película “Lucky” Garnett  (Astaire), un apostador empedernido, llega a Nueva York para ganar los $25.000 que le permitirán casarse con su novia Margaret (Betty Furness). Pronto conoce a Penny (Rogers), una instructora de baile, y ambos consiguen una audición en un importante club nocturno. A medida que avanzan en su carrera Lucky y Penny se enamoran pero, súbitamente, todo se desmorona cuando Lucky pierde en una apuesta el contrato de la orquesta que tocaba para ellos y Penny se entera de la existencia de Margaret, lo cual la empuja a aceptar la proposición matrimonial del director de la misma orquesta (Georges Metaxa). En este punto de la historia Lucky se acerca a Penny para despedirse y afirma, primero mediante el diálogo y luego a través de una canción, que nunca volverá a bailar si no es con ella. El final de la canción, lejos de propiciar la partida de Penny la hace bajar a la pista de baile y juntos, Lucky y ella, inician una dolorosa repetición de los números anteriores de la pareja. Y aquí Astaire (más que Rogers, aunque ambos están actuando, ¿quién puede decir lo contrario?) hace algo maravilloso con su interpretación: Lucky tiene tanto para decirle a Penny que no encuentra palabras y decide expresarse a través del baile. Cuando parece que ya no queda nada más por expresar Penny intenta retirarse pero Lucky no está listo para dejarla partir y, luego de rogarle silenciosamente que se quede un poco más, inicia la parte más vigorosa de la coreografía. Finalmente Penny sale del salón con el impulso de una serie de giros, dejando a Lucky solo y casi “desarmado”. Este número dura tan solo tres minutos y está filmado en dos planos (lamentablemente, luego de un movimiento de cámara emocionante encontramos un corte, habría sido maravilloso que todo se hubiera filmado en un único plano).-


Momento N° 10: una nueva despedida.-
Este momento, al igual que el anterior, se refiere a una despedida y en esta oportunidad no involucra un baile. En Shall we dance (Mark Sandrich, 1937) Pete (Astaire) y Linda (Rogers) son dos bailarines (él de ballet y ella de comedia musical) que, por una serie de malos entendidos, son tomados por marido y mujer. La única forma de salir del embrollo es casarse y divorciarse: así ambos podrán continuar con sus vidas lejos del escándalo. En pos de ello van de Nueva York a Nueva Jersey (en donde no son tan conocidos) y de vuelta en el ferry caen en la cuenta de que el comienzo de su romance es también el final. Entonces Pete comienza la bella They can’t take that away from me. El número no es demasiado notable en sí mismo y la elección de la canción no tiene demasiado sentido en el contexto de la trama (la vida en común de la pareja no duró tanto como para que Pete tenga tantos recuerdos de Linda para conservar) pero sí es un hermoso momento gracias a la delicada interpretación de Ginger, inusual dentro de una película inclinada hacia la comedia mucho más que sus antecesoras (particularmente las primeras escenas en las que Pete - su nombre artístico es Petrov - simula ser ruso son graciosícimas). Lo único que me disgusta de esta escena es un primer plano de Rogers insertado en medio de la canción, de esos que se agregan por si acaso el espectador no se hubiera dado cuenta de lo que está sucediendo, pero ello no llega a arruinar este momento.-
Esta segunda colección de momentos viene acompañada de una nueva receta de un soufflé, esta vez de frutas, que pueden encontrar en http://lacocinadeceluloide.blogspot.com.ar/2016/05/souffle-de-frutas-con-alma-de-astaire-y.html

sábado, 7 de mayo de 2016

Serie de Fred Astaire y Ginger Rogers (primera parte).-

Recientemente completé mi colección de Astaire y Rogers y me dispuse a verlas en orden. Entre 1933 y 1939 el dúo filmó nueve películas para RKO, la mayoría de las veces como figuras principales (rodeados en general de secundarios de lujo) y otras como actores de reparto. Diez años después, volvieron a reunirse frente a las cámaras para una última película (la única que filmaron en Technicolor) producida por MGM: “The Barkleys of Broadway”. Viéndolas por primeras vez en el orden en que fueron producidas descubrí una suerte de universo paralelo en el cual las leyes de la lógica cotidiana no se aplican y pensé en comentarlas en conjunto, que es la forma en que - en mi opinión - deben ser apreciadas.  A continuación les presento la primera entrega de momentos inolvidables.-


Momento N°1: el comienzo de todo.-
Flying down to Rio (Thornton Freeland, 1933) es la primera película en la cual Astaire y Rogers aparecen juntos, en roles menores. La película cuenta el triángulo amoroso entre Belinha, una heredera brasileña (Dolores del Rio), un compositor de canciones (Gene Raymond) y el millonario pretendiente de Belinha (Raoul Roulien), con Fred y Ginger como miembros de la banda de Gene Raymond. Después de 43 minutos de arrastrarse penosamente (con la excepción de algunos números alla Busby Berkeley) la película cobra vida durante el brevísimo baile de Astaire y Rogers al ritmo de la “Carioca” y luego vuelve a languidecer. Aunque más no sea por lo histórico de la situación, escogí este como uno de los “momentos” de la serie.-



Momento N° 2: Fred busca a Ginger y mientras tanto encuentra…
… la forma perfecta de insertar un número musical en una situación cotidiana. Ese fue, históricamente, uno de los mayores problemas del género: ¿cómo superar la irrealidad de un personaje expresándose a través del canto y el baile? En The gay divorcée (Mark Sandrich, 1934), la primera verdadera película de Fred y Ginger, Astaire interpreta a Guy, un bailarín norteamericano que se enamora a primera vista de Mimi (Rogers), una mujer casada - Guy no lo sabe - que rehúsa decirle su nombre o cómo ubicarla (se establece así la plantilla para la mayoría de las películas del dúo). Luego de que su amigo (interpretado por el genial Edward Everett Horton) le plantea la dificultad de encontrar a una dama anónima entre los millones de mujeres de Londres, Guy comienza una canción llamada Looking for a needle in a haystack y con su naturalidad habitual se pone de pie y baila alrededor de la habitación mientras su valet lo ayuda a terminar de vestirse. Esta breve escena que parece no tener mayor trascendencia es un muy buen ejemplo, aunque todavía perfectible, de integración del número musical a la trama y fue diseñado por un Astaire recién llegado a Hollywood pero que ya dominaba su arte como un maestro.-



Momento N° 3: Fred no puede decir que Ginger no se lo advirtió.-
Roberta (William Seiter, 1935), repite de alguna forma la fórmula de Flying down to Rio y coloca a Fred y a Ginger como miembros de una banda en busca de un contrato mientras el centro de la historia queda para el triángulo amoroso entre el heredero de una famosa modista (Randolph Scott), su ex novia ambiciosa (Claire Dodd) y una princesa rusa devenida en diseñadora de modas (Irene Dunne). Uno de los momentos destacados es I’ll be hard to handle, un divertido dueto entre Astaire y Rogers que sentará las bases de sus “bailes de conocimiento”: aquellas rutinas que establecen su relación y en las cuales suelen medirse y enamorarse conforme el número avanza. En este caso, sus personajes se conocían desde mucho antes que la película comenzara, así que hay un ingrediente extra de confianza y complicidad que resulta absolutamente encantador.-



Momento N° 4: construyendo emociones de la nada.-
Hacia el tercer acto Roberta languidece durante un interminable desfile de modas (tal vez en un mundo sin televisión tuviera algún sentido incluir esa secuencia, pero debo decir que envejeció muy mal) y cuando uno está a punto de desfallecer aparece Ginger con un maravilloso vestido de satén negro y se une a Fred para bailar una versión instrumental de Smoke gets in your eyes, que minutos antes había cantado Irene Dunne. No puedo explicar porqué, pero este número, tan sencillo que podría perderse como un baile más, me conmueve profundamente (en particular me mata un momento en el cual Rogers apoya su cabeza en el hombro de Astaire y él la contiene con su mano, si buscan el video en Youtube pueden ver este momento a 01:42 minutos del comienzo, después de una inclinación hacia atrás de Ginger que la deja casi a ras del suelo).-



Momento N° 5: perfeccionando la integración.-
Top hat (Mark Sandrich, 1935) es señalada a menudo como la película de Astaire y Rogers por excelencia, el epítome de la elegancia y la inverosimilitud encarnada por el dúo. El primer número, No strings, está lejos de ser el mejor de Astaire o siquiera de la película pero lo elegí porque con él se perfecciona el mecanismo iniciado en The gay divorcée: Jerry (Astaire) resiste los intentos casamenteros de sus amigos (maravillosos Edward Everett Horton y Helen Broderick) mediante una canción que empieza a cantar literalmente en el medio de una oración. Es, para mí, la mejor transición entre diálogo y canción en un musical y debe mucho a la melodiosidad de la voz de Fred Astaire. Este número tiene además otra virtud y es que incorpora un elemento de la trama que ya había sido presentado con anterioridad (la tendencia de Jerry a ponerse a bailar sin poder evitarlo) y contiene uno de los meetcute mejor integrados a un número musical que yo recuerde: justo debajo de la habitación de hotel en la cual Jerry se hospeda con su amigo se encuentra Dale (Rogers), una joven modelo que intenta dormir. Cuando ella sube para quejarse, Jerry se enamora perdidamente. Todos estos elementos están integrados como un mecanismo de relojería y por eso me parece que No strings es un momento inolvidable.-
Buscando alguna comida que reflejara los atributos de Astaire y Rogers, no podía dejar de pensar en un soufflé, algo tan ligero e imposible como sus coreografías. Para esta primera entrega preparé uno de queso y pueden consultar la receta en http://lacocinadeceluloide.blogspot.com.ar/2016/05/souffle-de-queso-con-alma-de-astaire-y.html