martes, 30 de mayo de 2017

Fast Workers (Perdone, señorita) - Tod Browning, 1933.-


A simple vista, Fast Workers podría parecer una pieza exótica en la filmografía de Tod Browning. Las aventuras amorosas de dos obreros de la construcción resultaría un material inusual para el maestro de lo grotesco, y sin embargo no lo es tanto...   
Los dos amigos protagonistas son Gunner Smith (John Gilbert) y Bucker Reilly (Robert Armstrong) y tienen un sistema infalible para evitar los desengaños amorosos: cada vez que Bucker se enamora de una dama y pretende proponerle matrimonio (algo que sucede bastante a menudo), Gunner intenta seducirla. Si tiene éxito (lo cual también sucede bastante a menudo), significa que la dama en cuestión es indigna del amor de Bucker, así que éste puede abandonarla sin remordimientos y seguir su camino hasta que encuentre a la próxima afortunada. Todo funciona bien para los dos hasta que Bucker se cruza con Mary (Mae Clarke, que es mucho más que simplemente la chica en cuyo rostro James Cagney estampó medio pomelo), la única mujer más o menos estable en la vida de Gunner (la única a la que puede llamar cuando se encuentra en apuros, al menos) y que en asuntos del corazón recurre a estrategias tan dudosas como las de los protagonistas. A partir de allí se forma un clásico triańgulo amoroso en la medida en que Gunner advierte que está enamorado de Mary justo cuando está a punto de perderla.-
Fast Workers es ante todo una película típicamente pre-code. Estrenada en el último año de la Ley Seca, la película dedica bastante tiempo a mostrar a los protagonistas visitando speakeasies o introduciendo alcohol de contrabando en restaurantes "respetables”. Con la misma franqueza explica los métodos de seducción tanto de hombres como de mujeres en lo que parece ser una selva de asfalto en la cual nadie puede darse el lujo de ser confiado, pero nunca demoniza a los personajes, Browning es especialmente benévolo con Mary a quien presenta como una sobreviviente. Y aquí es donde Fast Workers empieza a asemejarse a otras películas de Browning: el entorno puede parecer “normal” en comparación con el de, por ejemplo, The Unknown, Freaks (que aún no he podido ver), West of Zanzibar o The Show, pero estos personajes son tan espeluznantes y a la vez tan humanos como aquéllos. Y, también como aquéllos, deben valerse por sí mismos y protegerse entre sí, porque cuando son alcanzados por las autoridades, éstas (en la forma típica en este período) les dan la espalda; así, cuando Gunner es llevado ante el Juez por causar un disturbio en un restaurante, es testigo y víctima de la displicencia del magistrado. -
Otro aspecto interesante de esta película es la forma en la que se combinan la estética (con un buen uso de las proyecciones traseras en las escenas que se desarrollan a gran altura en el edificio en construcción, una de las cuales prefigura la célebre caída de Norman Lloyd desde la Estatua de la Libertad en Saboteurs, de Hitchcock), el tono de la historia y las interpretaciones de los protagonistas. Gilbert, Armstrong y Clarke, de la mano de Browning, logran que Fast Workers llegue a un puerto más que satisfactorio transformando, gracias a su buen oficio, un guión poco trabajado y un diseño de producción lúgubre en una película entretenida y digna representante de su época.-

sábado, 20 de mayo de 2017

Variaciones sobre un mismo tema: Ninotchka - Ernst Lubitsch, 1939; Silk Stockings (La bella de Moscú) - Rouben Mamoulian, 1957.-

Ambas películas cuentan la historia de Ninotchka, una enviada extraordinaria del gobierno soviético que llega a París para informar sobre las actividades de tres comisarios que han logrado pésimos resultados en su misión (en 1939 consiste en vender joyas confiscadas a una Gran Duquesa, en 1957 es repatriar al más célebre compositor ruso) pero avanzaron mucho en el plano de los placeres mundanos. En cada caso el responsable de la desviación de los comisarios es un caballero que, en plan de proteger sus intereses, termina enamorándose de Ninotchka y provocando que ella se descubra a sí misma.-


Momento Nº 1: encuentro en territorio enemigo.-
En Ninotchka, la protagonista (Greta Garbo) conoce al Conde León d’Algout (Melvyn Douglas) fortuitamente y acaba en su departamento antes de que cada uno averigüe a quién representa el otro. Este aspecto causa que la escena tenga una dinámica totalmente distinta a aquella presentada en la escena equivalente de Silk Stockings, en la cual Ninotchka (Cyd Charisse) y Steve Canfield (Fred Astaire) conocen sus respectivas identidades desde el primer momento. En parte, esta escena en la película de Lubitsch parece confirmar la teoría de Ninotchka: la atracción entre un hombre y una mujer es una cuestión puramente química, el cortejo no tiene nada que ver con ello. A causa de la atracción que Ninotchka reconoce sentir, se muestra bien dispuesta a explayarse sobre los temas que le interesan (básicamente, su récord de guerra y su herida de combate, la cual muestra orgullosa) y a seguir sus impulsos. Y León parece encontrarse bajo la misma influencia química, cae bajo el hechizo de una Ninotchka de acero aún cuando claramente es un galán experimentado. Su intención en cierto modo es más sincera que la de Steve en Silk Stockings - aunque sea un tanto superficial - porque él sólo ve en Ninotchka una mujer que le interesa. Cuando Ninotchka finalmente accede a un beso (y a otro y a otro), Lubitsch hace algo genial: eleva el ángulo de la cámara para dar la impresión de que los personajes están acostados lado a lado (cuando en realidad están sentados), burlando así el Código Hays. La escena en Ninotchka termina con una nota amarga: el clima romántico se rompe cuando una llamada de Buljanoff (¿podría Felix Bressart ser más maravilloso?), uno de los comisarios soviéticos, revela la identidad de los amantes. Ninotchka está dispuesta a obedecer a la química, pero una relación con el enemigo está fuera de discusión.-
En Silk Stockings la situación tiene más matices, porque Ninotchka y Steve no sólo conocen sus respectivas identidades sino que además han compartido todo un día juntos, cada uno meneando la cabeza ante aquello que despierta el interés y el entusiasmo del otro. Steve, a diferencia de León, tiene una intención encubierta en sus atenciones hacia Ninotchka: busca descubrir cómo influenciarla para que no entorpezca sus proyectos, pero poco a poco comienza a sentirse genuinamente intrigado por esta mujer incapaz de apreciar la belleza de las cosas. En este caso, Ninotchka se divierte - a su manera, claro - ridiculizando los intentos románticos de Steve pero cuando él incorpora un objeto cotidiano y útil (una silla) en su coreografía el clima cambia, Ninotchka reacciona inclinando su cuerpo hacia adelante en un gesto que no pasa inadvertido para Steve. A partir de esta reacción Steve conduce un extraño experimento que busca demostrar a Ninotchka que puede encontrar placer en algo que sea bello y no sólamente útil. En ambas escenas, la influencia de León/Steve despierta en Ninotchka el eco de algo antiguo: en el caso de Garbo, se trata del dolor que deja traslucir en su recuerdo del beso que dio a un lancero polaco a quien dio muerte; en el caso de Charisse, es una ilusión, aunque nunca termina de contar la historia y nos queda a nosotros completar su recuerdo…


Momento Nº 2: entregándose a la moda parisina.-
En ambas versiones hay una escena en la cual Ninotchka refleja su transformación a través de una prenda de vestir, en 1939 es un sombrero y en 1957, lencería, en especial las medias de seda del título. En Ninotchka, esta escena es inmediatamente posterior al encuentro de los protagonistas en el restaurante en donde León provoca la carcajada de Ninotchka. Al día siguiente ella aún se ríe cuando recuerda el episodio (o tal vez se ríe porque sí, porque ha descubierto la risa), finaliza apresuradamente su reunión con los comisarios soviéticos y cierra todas las puertas para probarse el sombrero que esconde bajo llave. Pero el momento no se produce como una consecuencia directa del deseo de Ninotchka de volverse más atractiva ni es gozoso como en Silk Stockings, sino de una gran introspección: Ninotchka no se mira al espejo extasiada por su propia imagen, sino tratando de descubrir quién es.-
En Silk Stockings, entre la escena de la reunión con los camaradas y aquella en la que Ninotchka se transforma existe otra escena en la que Ninotchka se encuentra en un salón de modas con el compositor ruso Boroff (Wim Sonneveld), a quien los comisarios debían llevar de regreso a la URSS. La visión de la lencería hace que Ninotchka reconsidere su opinión sobre la moda femenina y entonces vuelve a su suite. Allí tiene lugar un momento de exploración de su femineidad tan íntimo que antes de entregarse a él, Ninotchka da vuelta el retrato de Lenin. Tratándose de una versión musical, esta escena es destinada a un número de baile, el más bello de la película (y me atrevería a decir uno de los más bellos de la historia de los musicales, equiparable en mi Olimpo personal, al número “Cantando bajo la lluvia” en la película del mismo título). Es un momento perfecto de baile en el cine, de esos que no necesitan más que de un concepto simple y del talento inmenso del artista que los protagoniza.-


Momento Nº 3: una reunión de amigos.-
La reunión de Ninotchka con los tres comisarios tras su regreso a Moscú también tiene un tono y un contenido muy diferentes en ambas versiones, pese a que las dos comparten determinados elementos. En Ninotchka la escena comienza con un tono optimista: la protagonista parece determinada a contentarse con lo que Moscú tiene para ofrecerle y a imaginar el resto, e incentiva a sus amigos a hacer lo mismo. Sin embargo, cada vez que levantan su espíritu aparece algún recordatorio de la opresión: el paso del vecino delator, la carta de León censurada. A medida que la escena avanza, el tono se vuelve más melancólico y cuando Ninotchka finalmente se queda sola, la situación no podría ser más triste. Ninotchka quiere creer que lo que ha aprendido en París permanecerá con ella dondequiera que esté, pero hay cosas que simplemente son demasiado duras de aceptar.-
En Silk Stockings en cambio Ninotchka no se engaña, sabe que lo único que podría hacerla feliz ha quedado irremediablemente fuera de su vida, y lo sabe aún antes de la llegada de la carta de Steve. Y sin embargo, cuando el paso del vecino delator interrumpe la fiesta de sus amigos, tiene un arranque de rebeldía que la Ninotchka de Lubitsch no siente fuerzas para tener. Ninotchka explota en un baile que no sólo es de liberación individual sino, esencialmente, de alegría compartida, de camaradería. Esta Ninotchka parece lista para iniciar una pequeña revolución, aunque más no sea en los confines de un sector de su departamento compartido.-

Finalmente, quiero agregar unas pocas palabras más sobre cada una de las versiones. En Ninotchka, Lubitsch tuvo el gran mérito de no permitir que su obra se transformara en una “película de Garbo”. Ninotchka es, ante todo, una “película de Lubitsch”. No vamos a encontrar aquí primeros planos grandilocuentes de la diva, especialmente iluminados o captados a través de filtros, sino una dirección impecable y un guión que es a la vez cómico, crítico y un poquito melancólico (hasta un parlamento trivial como el “Camaradas, quedo fuera del omelet” pronunciado por Bressart se transforma en el momento más digno y triste bajo la dirección de Lubitsch), con muchos de los elementos que podemos encontrar en otras películas del director: las elipsis, las puertas cerradas detrás de las que se desarrollan situaciones tentadoras, los relojes… Respecto de Silk Stockings, todavía me queda demasiado sin conocer de la filmografía de Mamoulian como para identificar su estilo en esta película, pero sí puedo decir que esta fue la última película que Astaire filmó para MGM antes de que expirara su contrato y no deja de desconcertarme que sus números musicales con Charisse sean tan buenos mientras que los restantes están tan por debajo de lo que uno esperaría de él. En particular, entiendo su intención con el último número de la película, que termina con Astaire aplastando su sombrero de copa contra el suelo. Evidentemente, toda una época estaba terminando con este número, pero ¿debía terminar así, con un número tan descuidado en su ejecución? Silk Stockings deja una sensación agridulce, por un lado es el gran testimonio del talento de Cyd Charisse, por el otro, para encontrar el testimonio del talento de Fred Astaire… habrá que buscar en otra parte.-
Después de mucho tiempo, regreso a mis recetas con un borsht sugerido por la parte trasera de mi DVD de Silk Stockings, que afirma que por las venas de Ninotchka parece correr borsht frío. ¡Los invito a probarlo entre una versión y otra! 

lunes, 15 de mayo de 2017

Massacre (Masacre) - Alan Crosland, 1934.-

El mes pasado compré el volumen 6 de la colección Forbidden Hollywood editada por Warner Archive en busca de Downstairs, considerada por muchos como la mejor película sonora de John Gilbert (ya les contaré mi opinión). Como suele ocurrir con las colecciones, uno las compra por una película en particular y termina por descubrir pequeños tesoros inesperados. Masacre es uno de estos tesoros.-


“Chief” Joe Thunder Horse (Richard Barthelmess) es un sioux que dejó la Reserva aborigen siendo niño y fue criado como un hombre blanco en Chicago. Cuando comienza la película lo encontramos como la estrella principal de un espectáculo del Lejano Oeste y disfrutando de un romance con una mujer de alta sociedad (Claire Dodd). Joe es decidido y no acepta un “no” como respuesta, pero ello no le ha abierto tantas puertas como podría esperarse. Pronto descubrimos que Joe no encaja en ninguno de los dos mundos: los blancos lo tratan como a una curiosidad de feria y los años alejado de la Reserva lo han transformado en un extraño para su cultura.-
Al recibir el llamado de su padre moribundo, Joe vuelve a la Reserva y descubre que sus habitantes viven a merced de Quissenbery, un agente federal corrupto (Dudley Digges) y de sus secuaces: el Dr. Turner, un médico incompetente que parece sufrir alguna clase de síndrome de abstinencia (Arthur Hohl); Shanks, un enterrador (Sidney Toler); y Grandy, un abogado igual de inescrupuloso que los demás (William V. Mong). La muerte de su padre y determinados eventos que suceden durante los ritos funerarios provocan un vuelco en la vida de Joe y lo llevan hasta Washington para levantar la voz en defensa de su pueblo.-
Aculturación, desesperanza, pobreza, corrupción estatal, relaciones casuales, secuestros y torturas, un asesinato, evasiones de la cárcel y una violación se dan cita en esta película que se mueve rápido e intenta mantener los pies sobre la tierra. Crosland no intenta disimular las condiciones miserables en las que viven los sioux en la Reserva y la impotencia que sienten incluso los miembros más instruidos de la comunidad (Joe encuentra una aliada en Lydia - Ann Dvorak - una joven que también recibió educación formal, pero aún ella se mantiene como espectadora hasta su llegada) y logra gran autenticidad - para el ojo del público, al menos - en la escena que muestra los ritos funerarios tradicionales que Joe insiste en brindar a su padre, aún cuando las normas de la Reserva prohíben a los aborígenes practicar su religión.-
Hay también un fuerte sentido de rebelión contra la autoridad, lo cual marca todo el período pre - code como una de sus características principales. En un entorno en donde el representante del Gobierno Federal despoja a las familias de los fallecidos de sus propiedades, niños y ancianos mueren sin atención médica, se montan parodias de juicios para condenar los ataques contra los hombres blancos pero nadie responde por los crímenes cometidos contra los aborígenes, no parecen existir demasiados estímulos para obedecer a las figuras de autoridad. O para no intentar establecer nuevos sistemas. En este contexto, las fuerzas a las que se opone Joe son tan oscuras que no dudamos por un instante en ponernos de su lado, aún cuando comete un asesinato por venganza, tortura a un hombre para arrancarle su confesión por el secuestro de su hermana Jennie (Agnes Narcha) y queda impune por ello. Y sin embargo, Masacre se ocupa por marcar las diferencias (o tal vez no se anima a llegar tan lejos) y nos muestra que en Washington DC quedan algunos políticos responsables y honrados. De hecho, el final edulcorado en este sentido es lo único que desluce un poco esta película. Por lo demás, es bastante honesta y si bien no se destaca particularmente por sus aspectos estéticos, existen motivos suficientes para descubrirla como un buen ejemplo del cine pre - code.

sábado, 6 de mayo de 2017

Gentleman’s Fate - Mervyn LeRoy, 1931.-

Gentleman’s Fate es una suerte de hermana menor y desafortunada de Little Caesar, la película dirigida también por LeRoy y estrenada el mismo año, que lanzó al estrellato a Edward G. Robinson. Ambas películas comparten elementos estéticos y argumentales, sólo que en este caso la historia se centra en el tipo de personaje interpretado por Douglas Fairbanks Jr. en aquel clásico, es decir, en el joven distinto del resto, más refinado y con mejores recursos para integrarse a la “buena” sociedad, que se atreve a imaginar una vida diferente. Pese a este parentesco, una es un clásico y la otra ha caído en el olvido aunque en mi opinión, si Gentleman’s Fate se hubiera visto beneficiada con un guión un poco más trabajado y una producción más cuidada, podría haber gozado de la misma suerte que Little Caesar.-


En Gentleman’s Fate seguimos el camino de Jack Thomas (John Gilbert), un playboy que el mismo día que le pide matrimonio a su novia Marjorie (Leila Hyams) descubre que no es un huérfano como siempre creyó sino que tiene un padre que agoniza luego de haber sido baleado (Frank Reicher), un hermano mayor, Frank (Louis Wolheim) y que su verdadero nombre es Giacomo Tomasulo. A partir de este descubrimiento, Jack se involucra casi a su pesar en el mundo criminal en el que se desenvuelve su familia (en estos años de Prohibición, los Tomasulo se han abierto paso en el mundillo del contrabando de licor) y termina por averiguar, al igual que Fairbanks Jr., que la pandilla es algo que no puede abandonarse…
La película comienza con una escena en la cual Jack se despierta en su lujoso y moderno departamento a una hora inhabitual para él (las 07.30 de la mañana en lugar del mediodía) y se dedica, junto a su desorientado mayordomo, a eliminar toda evidencia de su pasado amoroso tumultuoso. Hay dos aspectos distintivos en esta escena inicial, contradictorios con todo lo que veremos a continuación. El primero es la luminosidad de la fotografía: en Gentleman’s Fate la mayoría de las escenas transcurren de noche y/o en lugares cerrados, con una fotografía oscura que reafirma desde el punto de vista estético el carácter claustrofóbico de la historia. Esta idea que sobrevuela la película, según la cual el destino es ineludible y el mundo criminal no admite deserciones no sólo es expresada a través de las situaciones y los diálogos sino que además nos es mostrada en la pantalla. Sólo hacia el final se nos permite tomar un poco de aire, cuando ya es demasiado tarde… Como contrapartida, el departamento de soltero de Jack es espacioso y muy luminoso, tiene grandes ventanas que permiten admirar la ciudad y sin embargo en la primerísima toma (en la cual Jack todavía duerme) aprendemos que también puede oscurecerse por completo. Hay algo en este juego de luces y sombras que establece LeRoy que me gusta mucho y que puede interpretarse, cuando vemos la película por segunda vez, como un leve indicio de que la vida de Jack está acechada por la oscuridad desde el comienzo.-
El segundo aspecto característico de esta primera escena es su tono ligero, casi de comedia de enredos, que es abandonado luego de transcurridos pocos minutos de película. Este cambio de tono no alcanza a molestar pero en los sucesivos visionados uno llega a preguntarse si fue una decisión correcta, tanto más cuando estas primeras escenas debieron haber sido utilizadas para dar un poco más de relieve al personaje de Jack y explicar algunas cuestiones que servirían para dar sentido a la historia. En efecto, una de las principales fallas del guión es que reiteradamente Jack tiene la opción de volver a su vida anterior, su familia de origen no intenta forzarlo a quedarse en la pandilla, y sin embargo una y otra vez decide quedarse. El motivo, el sentido de pertenencia que ha encontrado este joven que creció creyéndose solo en el mundo, es algo que podemos intuir mediante un primer plano (bastante mal insertado, debo decir) que nos muestra a Jack decidiendo asumir la responsabilidad por el robo de un collar de esmeraldas para salvar de la cárcel a su padre moribundo. Tratándose de John Gilbert, la idea es perfectamente comunicada en forma silente, pero no hubiera hecho daño que en algún momento se nos explicitara que la vida anterior de Jack no era tan satisfactoria como parece en aquella primera escena. Así como son las cosas, sus elecciones parecen algo injustificadas, lo cual hace que al terminar la película el espectador pueda preguntarse qué sentido tuvo la última hora y media, sobre todo si ese espectador está poco predispuesto hacia el material que se le presenta (y nunca es bueno contar con que el público quiera que la película le guste…).-


Un elemento muy interesante que se introduce en esta película y que no siempre está presente en las películas de gangsters, dominadas por los personajes masculinos, es una femme fatale (de nuevo, no del todo delineada, pero allí está) en Ruth (Anita Page), la antigua amante de Dante (Ralph Ince), el hombre de la pandilla rival al que Jack mata para salvar la vida de su hermano. Ruth fue enviada al cuartel de los Tomasulo como infiltrada, pero termina por cambiar de bando. Como toda femme fatale Ruth se ve envuelta en una situación que implica la destrucción de los hombres que se le acerquen, pero a la vez es vulnerable y carga con heridas mal cerradas. Page resulta conmovedora en sus escenas con Gilbert, en las que Ruth baja la guardia una vez que se siente tratada como una dama por primera vez en su vida. En esto Ruth marca un contraste agradable con la otra chica de la pandilla, Mabel (Marie Prevost) que está resignada a ejercer de segunda para su amante casado, Mike (George Cooper), el secuaz de Frank Tomasulo.-


El reparto de esta película es una de sus delicias. Está poblado por actores que para 1931 eran o estaban en vías de ser has beens, pero todos cumplen en la interpretación de sus personajes y sobre todo demuestran muy buena química, actuando casi como un ensemble. Me gusta particularmente la dinámica que logran John Gilbert y Louis Wolheim como estos hermanos diferentes como el día y la noche que aprenden a convivir y a quererse.-
En definitiva, Gentleman’s Fate puede no ser una gran obra pero está bien realizada, tiene buen ritmo, muy buenas interpretaciones y varias buenas escenas (entre las que se destaca la del “banquete de la paz” que los Tomasulo ofrecen para su rival Florio, interpretado por John Miljan). Merece ser rescatada del olvido y no solamente por la curiosidad que generan las películas sonoras de Gilbert.-

miércoles, 3 de mayo de 2017

Pillow Talk (Confidencias de medianoche) - Michael Gordon, 1959.-


Durante años quise ver Pillow Talk y no lograba dar con ella. Cuando por fin pude tenerla entre mis manos, imaginé que iba a pasar un buen rato con una comedia rosa y ligera, protagonizada por la eterna “virgen de América” (Doris Day) y su galán por excelencia (Rock Hudson) y me encontré con una película mucho más compleja de lo que esperaba.-
Visualmente, la película es hermosa como una caja de bombones, con escenarios suntuosos que no dejan de parecer artificiales y un vestuario soñado. Más importante aún, Gordon se divierte utilizando el recurso de la pantalla dividida en varias configuraciones (lo cual es refrescante), a veces en forma similar a la que podemos ver en Indiscreta, de Stanley Donen, estrenada el año anterior (lo cual no es tan refrescante) y apuesta por una fotografía delicada para las escenas más románticas. La banda de sonido es eficiente, con efectos que subrayan las situaciones cómicas y algunas canciones bien integradas a la trama (la más destacada es Possess Me, que Doris Day canta en un soliloquio en voz en off anticipando su fin de semana en el campo con Rock Hudson). Hay además un excelente uso de la canción Inspiration, que Rock Hudson canta a todas sus mujeres cambiando solamente el nombre de la destinataria (y a veces el idioma), primero como running gag y luego como elemento esencial para el avance de la trama.-
Pero lo que más me cautivó de la película es la forma en la que están construidos los personajes y la franqueza con la que la trama aborda el tema principal, esto es, las relaciones entre hombres y mujeres. Debemos recordar que en 1959 todavía estaba vigente el Código Hays, aunque un repaso rápido por algunas de las películas más importantes estrenadas a fines de los ‘50 da cuenta de que Hollywood estaba tratando de ponerse al día con los cambios sociales que se avecinaban, al mismo tiempo que aún miraba hacia atrás con un pie afirmado en ciertas tradiciones. En Pillow Talk Doris Day encarna a Jan Morrow, una diseñadora de interiores soltera, en sus treinta años. Contra mis expectativas, Jan es una mujer terriblemente moderna: es profesional, tiene independencia económica y aunque espera conocer algún día al hombre ideal, su vida no gira en torno a ello. Disfruta siendo soltera. Su único problema de momento es que no tiene una línea telefónica privada y cada vez que levanta el tubo encuentra del otro lado a Brad Allen (Hudson), un compositor que disfruta igualmente de su soltería, aunque en una forma un poquito diferente a la de Jan: allí en donde ella sale con “hombres agradables” y va a los “mejores restaurantes”, Brad no parece ir más allá de su sala de estar con las mujeres que frecuenta (en un detalle revelador, su sofá se transforma en cama con sólo presionar un botón, ni siquiera tiene que molestarse en subir a su dormitorio con la dama de turno). Al compartir la línea telefónica, es inevitable que Jan esté al tanto de las conquistas de Brad, pero lo más interesante es que no logra encontrar - entre sus conocidos - a una sola persona que comparta su desprecio por el estilo de vida de su compañero de línea: todos los demás personajes están interesados en el sexo y en las relaciones tanto como Brad y parecería que no son capaces de hablar de otra cosa.-
El elenco de Pillow Talk es verdaderamente de lujo. Mi mayor sorpresa fue Rock Hudson, que estrenó su faceta cómica en esta película y cumple con holgura (me divierte mucho en particular la forma en la que pronuncia el nombre de su personaje cada vez que llama por teléfono a Day, como si fuera una sola palabra “bradallen”). Es uno de esos casos en los que el gran carisma de un actor salva a un personaje verdaderamente despreciable: Brad es un mujeriego que no tiene reparos en engañar abiertamente a su mejor amigo y a la mujer a la que pretende seducir y sólo se da cuenta de que ha puesto en juego sus sentimientos en la misma medida que los de Jan cuando su farsa se viene abajo. Y sin embargo, en todo momento estamos de su lado y le creemos. Ayuda en mucho también la gran química que tiene con Doris Day, es una delicia ver cómo se divierten estos dos. Los escoltan dos secundarios de lujo, Tony Randall en el papel de Jonathan, el amigo de Brad y eterno pretendiente de Jan y Thelma Ritter como Alma, la doméstica alcohólica de Jan (Ritter es genial como siempre, pero debo decir que lo único que no termina de cerrarme de Pillow Talk es el alcoholismo de este personaje… aunque da sus buenos dividendos en la escena en la cual Brad intenta sacarle información y lo único que obtiene es una resaca fantástica); hasta llegar a los actores que cumplen con pequeños papeles como Boyd Morgan y John Indrisano, los dos conductores de camiones que deciden hacer justicia por Jan cuando piensan que Jonathan la sedujo sin un compromiso matrimonial y, sobre todo, Alex Gerry en el rol del médico que está convencido de que Brad representa el milagro del hombre embarazado.-
Por último, no me hago falsas ilusiones respecto a la audacia de la película, pero no deja de resultarme intrigante su final. Luego del tercer acto vemos un breve epílogo en el cual Brad anuncia que tendrá un bebé. El hecho de que la escena inmediatamente anterior haya terminado con Jan encerrando a Brad en su departamento para una noche de bodas anticipada y que no veamos en la pantalla ninguna escena nupcial que clarifique expresamente la situación, es un indicio encantador de los tiempos que corrían en Hollywood y que derivaron en la abolición del Código Hays.-