jueves, 18 de agosto de 2016

Momentos de delirio en la pantalla.-

En estos últimos meses estuve adentrándome en el universo de una pariente lejana del cine, la ópera, a través de las ediciones disponibles en DVD. Así me encontré no sólo con historias y melodías maravillosas sino también con puestas en escena e interpretaciones más o menos tradicionales pero siempre interesantes. La más innovadora que vi hasta ahora es la puesta de Willy Decker de La Traviata, una versión moderna y minimalista que se apropia del mundo interno de los protagonistas y lo expone sobre el escenario. El segmento más impresionante es aquel que transforma el colorido cuadro final del segundo acto, en el cual aparece el torero Piquillo, en un viaje angustiante al subconsciente torturado de Alfredo en donde éste se convierte en el toro abatido por la representación de Violetta.-
Esta decisión singular del régisseur me hizo pensar en la forma en la que los directores de cine han representado los delirios de los personajes, un estado afiebrado diferente de los sueños, las pesadillas, las alucinaciones causadas por la intoxicación o las ensoñaciones y también de aquellas situaciones en las que es el mundo que rodea al personaje el que se ha trastornado. Aquí les presento una pequeña selección extraída de mi biblioteca.-


Das Kabinett des Dr. Caligari (El gabinete del Dr. Caligari) - Robert Wiene, 1920.-
Hacia el final del segundo acto, Francis (Friedrich Feher), el joven empeñado en resolver la serie de crímenes que se cobró la vida de su amigo y ¿casi? acaba con su amada, descubre la verdadera identidad del llamado “Dr. Caligari” (Werner Krauss). En un flashback dentro de otro vemos el momento en el cual el misterioso hombre del título decide asumir la identidad del Dr. Caligari y valerse del sonámbulo Cesare (Conrad Veidt, el Mayor Strasse de Casablanca) para cometer sus crímenes. En su estado afiebrado “Caligari” deambula por las calles perseguido por una frase que se reproduce en la pantalla: “debes convertirte en Caligari” y que él intenta asir sin éxito hasta que finalmente huye despavorido. Incluso dentro del contexto trastornado y angustiante de esta película, esta escena se destaca por su gran dramatismo.-


The pirate (El pirata) - Vincente Minnelli, 1948.-
El pirata cuenta la historia de Serafín (Gene Kelly), un actor itinerante que simula ser un pirata para conquistar a la joven Manuela (Judy Garland). Lo que podría parecer un musical alegre y ligero se convierte muy pronto en una obra extraña y por momentos oscura en la que se plasman los deseos más profundos de la protagonista. El momento más claro de ello tiene lugar con el ballet introducido poco después de que Manuela conoce la “verdadera” identidad de Serafín: consciente de que la joven lo espía desde su balcón, Serafín se muestra desafiante y feroz ante los guardias del pueblo, los cuales caen ante él uno a uno. Debido a su imaginación delirante, Manuela ve a Serafín como un pirata despiadado y codicioso que la subyuga en medio de una tormenta de fuego. Lo más notable de este ballet es que, a través de un maravilloso uso del color y la iluminación, Minnelli y Kelly logran representar visualmente los deseos reprimidos de Manuela en los cuales se mezclan la aventura y la lujuria en una atmósfera de pesadilla que repele y atrae a la vez (brillante, Garland pone el broche final con su reacción segundos antes de cerrar la persiana de su balcón, como si eso fuera suficiente para dejar afuera todo lo que no puede expresar…).-


Sunset boulevard (El ocaso de una vida) - Billy Wilder, 1950.-
Atención, este momento contiene un spoiler. Sunset boulevard empieza con el cuerpo inerte de Joe Gillis (William Holden) flotando en la piscina de una mansión. Hacia el final de la película descubrimos quién dio muerte a Joe: se trata de Norma Desmond (Gloria Swanson), una antigua gloria del cine mudo que vive prácticamente confinada en su mansión escribiendo un guión imposible con el que piensa volver a la gran pantalla, dirigida por Cecil B. De Mille. Norma vive en su propio mundo manteniendo un contacto distorsionado con la realidad pero en la última escena se pierde de verdad. Totalmente ausente, imagina que las cámaras de los noticieros que cubren su detención son las de cine y que su fiel mayordomo (Erich von Stroheim) es De Mille en persona. En este caso, la ilusión del delirio que se apoderó de Norma está construida a partir de la música trastornada y de una puesta en escena maravillosa en la cual los personajes que rodean a la diva permanecen inmóviles hasta que ella los revive a su paso. Y en el centro de la escena, una Swanson inmensa (¡cuánto coraje!) con manos como garras que nos abraza envolviendonos en su delirio.-


Vertigo (Vértigo) - Alfred Hitchcock, 1958.-
La transformación de Judy en Madeleine es uno de los momentos más hermosos y conocidos de Vértigo y probablemente de toda la filmografía de Hitchcock. En el final del segundo acto, el detective retirado Scottie (James Stewart) logra reconstruir en Judy (Kim Novak) a su adorada Madeleine (también interpretada por Kim Novak), fallecida trágicamente y ante sus ojos poco tiempo antes. Cuando Judy emerge del cuarto de baño arreglada de pies a cabeza a la manera de Madeleine, Scottie experimenta una suerte de desorientación delirante confundiendo a ambas mujeres en su mente y reviviendo el beso que los unió minutos antes de la muerte de su amada. Nuevamente, aquí la música, la puesta en escena y las actuaciones construyen para nosotros una escena en la cual los límites entre lo real y lo irreal se borran. Este momento tiene, en mi opinión, una nota particular que lo diferencia de los restantes y es la enorme tristeza que subyace en él: es imposible ver la escena sin sentir la desesperación irremediable de ambos personajes gracias a la entrega total de Stewart y Novak.-


Atonement (Expiación, deseo y pecado) - Joe Wright, 2007.-
Esta película tiene tres segmentos claramente diferenciados, más un epílogo. El protagonista absoluto de la segunda parte es Robbie (James McAvoy), el joven enamorado condenado por un crimen que no cometió que purga su condena uniéndose al ejército. En el clímax de esta parte Robbie y sus dos compañeros llegan a la costa francesa y se encuentran con un cuadro dramático: las fuerzas británicas se preparan para la retirada ya sea destruyendo todo lo que no pueden llevar consigo o bien dando rienda suelta a las emociones contenidas, cada uno a su manera particular. Todo ello es mostrado en un largo y muy bien realizado plano secuencia (Wright es muy amigo de este tipo de planos y se supera en su ejecución con cada nueva película) que culmina cuando Robbie entra en la antesala de un cine que hace las veces de bar. A medida que se adentra en el lugar en busca de algo para beber, Robbie se sumerge más y más en un estado delirante hasta el punto en que, para cuando llega a la parte posterior de la pantalla que exhibe El muelle de las brumas, ha perdido todo contacto con la realidad.-
Hasta aquí llega mi pequeña colección de momentos de delirio. ¿Cuáles son los de ustedes?

martes, 9 de agosto de 2016

Variaciones sobre un mismo tema: The shop around the corner (El bazar de las sorpresas) - Ernst Lubitsch, 1940; In the good old summertime (En aquel viejo verano) - Robert Z. Leonard, 1949; You’ve got mail (Tienes un e-mail), Nora Ephron, 1998.-

Hoy vuelvo con una serie de películas basadas en una misma historia, en este caso la de dos personas que se detestan en su vida cotidiana sin saber que cada uno es el enamorado epistolar del otro.-
En “El bazar de las sorpresas” la historia tiene lugar en la tienda del Sr. Matuschek (Frank Morgan), una marroquinería de Budapest en la que trabajan los protagonistas: Alfred Kralik (James Stewart) y Klara Novak (Margaret Sullavan). Un coro de empleados y la ausente pero demandante Sra. Matuschek completan el paisaje de la película. De todas las versiones, esta es la que tiene los pies más afirmados en la tierra, los protagonistas son dos jóvenes trabajadores que buscan un oasis de romanticismo en un mundo en el cual los empleos son escasos e implican condiciones laborales difíciles y en donde vender una cigarrera horrible puede hacer una gran diferencia. Esta versión es, además, la que tiene más emoción sobre todo a través del personaje de Matuschek.-
“En aquel viejo verano” nos lleva al Chicago de principios del siglo XX, en donde Andrew Larkin (Van Johnson) y Verónica Fisher (Judy Garland) son empleados de la tienda de música del Sr. Oberkugen (S. Z. Sakall). Aquí el argumento se simplifica bastante en relación al pequeño universo de la tienda, se eliminan muchas de las tramas secundarias que existían en “El bazar de las sorpresas” y se aligeran los incidentes que subsisten, pero como contrapartida se arroja una pequeña sombra sobre la historia de amor con la incorporación de un personaje inexistente en la versión original: la joven aspirante a violinista Louise Parkson (Marcia Van Dyke), enamorada de Andrew.-
Con “Tienes un e-mail” desembarcamos en Nueva York en 1998 y en una trama completamente diferente: Kathleen Kelly (Meg Ryan) y Joe Fox (Tom Hanks) son dueños de librerías competidoras que intercambian correos electrónicos en lugar de cartas y cuya confrontación terminará con la quiebra comercial de Kathleen. Las historias de los personajes secundarios son reducidas al máximo y se suman las parejas de los protagonistas para aportar un condimento extra. Esta versión es la más “abierta” de las tres en cuanto al espacio, siendo la única en la cual la ciudad cobra presencia por encima de los entornos laborales de los personajes. Es además la que más desarrolla los personajes, Joe y Kathleen son un poco más complejos y tienen mayores matices que Kralik y Klara o Andrew y Verónica.-
Pese a sus diferencias, todas las versiones coinciden en tres momentos encantadores, centrales para la historia.-


Momento N° 1: el encuentro en el café.-
En cada una de las versiones llega el momento en el cual los protagonistas acuerdan encontrarse para conocerse personalmente. La estructura de esta escena es idéntica en las tres películas: el protagonista llega al café en el cual lo espera su amada acompañado de un amigo que le anticipa la identidad de la mujer. Decepcionado simula retirarse (en “En aquel viejo verano” Andrew simula tan bien que, de hecho, termina apareciendo brevemente en otro restaurante) pero luego ingresa en el café con intenciones inciertas, sin dudas busca atormentar un poquito a su enamorada pero creo que el héroe también siente curiosidad por reconocerse y reconocer a la autora de las cartas en aquella mujer que lo irrita. El encuentro termina en desastre cuando la protagonista es llevada suavemente al punto de insultar a su enemigo.-
Encontrar las diferencias entre las tres versiones es tan fascinante como apreciar las similitudes. Así vemos que el encuentro entre Andrew y Verónica está menos cargado de emoción y más volcado hacia la comedia que los otros dos. Aquel protagonizado por Kralik y Klara, por su parte, es sobrevolado por la sombra de un incidente dramático ocurrido en la escena anterior: él, que ha decidido proponerle matrimonio a su amada, acaba de ser despedido por el Sr. Matuschek y se encuentra con que ya no puede ofrecer un porvenir, al menos no en lo inmediato. Además, la acusación que lanza Klara (“Usted no es más que un  insignificante dependiente”) es tanto más dolorosa cuando sabemos que Kralik es mucho más que eso, como así también sabemos que Joe no es “sólo un traje” como dispara Kathleen. Este encuentro, por último, es importante en términos argumentales no solo por la función dramática que esta escena cumple en todas las versiones sino por un aspecto específico de “Tienes un e-mail”: a diferencia de las restantes heroínas, Kathleen, que tiene por oficio la difusión de las voces de los demás, todavía debe encontrar la propia, debe superar su inhabilidad para defenderse por sí misma y da un gran paso en su confrontación con Joe.-


Momento N° 2: una visita para hacer las paces.-
Invariablemente, luego del amargo encuentro en el café la protagonista cae enferma y recibe la visita de su enamorado secreto. Las causas de la enfermedad y las características de la visita, no obstante son diferentes. En las dos primeras versiones, Klara y Verónica enferman por la desilusión (en el caso de la primera se suma la sorpresa de descubrir que Kralik es ahora gerente de Matuschek y Cía.), en consonancia con el modelo de la “damisela en peligro”; Kathleen es una heroína más moderna (en términos actuales sonaría inverosímil que enfermara por el “plantón”). Otra diferencia interesante es que a medida que avanzamos por las diferentes películas podemos ver que la escena trata menos sobre el “querido amigo” y más sobre los personajes tal como ellos se conocen personalmente. Andrew y Joe, en especial, hacen sus mejores esfuerzos para que sus amadas vean una faceta más amable de sus personalidades y en el caso de Joe, la mención del antiguo empleado de Kathleen que ahora trabaja para él nos indica que gracias a la influencia de ella está transformando su negocio de un supermercado de libros en una verdadera librería.-


Momento N° 3: se devela el misterio.-
En el final cada protagonista masculino le revela a la heroína su identidad. En el caso de “Tienes un e-mail” la escena en sí es bastante breve porque Ephron anticipa en escenas anteriores la broma que Kralik y Andrew juegan a sus amadas en las dos versiones anteriores según la cual el “querido amigo” sería un personaje poco recomendable y porque fragmenta la situación en dos partes, la del encuentro propiamente dicho y una anterior en la cual Joe intenta por última vez descubrir los sentimientos de Kathleen. Yo tengo mi favorita, por supuesto, pero debo decir que de todas maneras, ya sea extensa o breve, la escena es encantadora en las tres versiones.-


La receta que preparé en esta oportunidad se vincula más con un recuerdo personal que con algunas de las películas en sí: hace un par de años fui a conocer “Café Lalo” en Nueva York, el lugar en el que se filmó la escena del encuentro en “Tienes un e-mail”. Es un lugar encantador, con pocas mesas y una variedad increíble en pastelería.-


Una de las delicias que preparan es la torta de queso y yo hice mi propia versión. Es muy fácil y queda deliciosa, ¡no dejen de probarla!