jueves, 29 de marzo de 2018

The Bitter Tea of General Yen (La amargura del General Yen) - Frank Capra, 1932.-


Momento Nº 1: una boda cristiana.-
The Bitter Tea of General Yen nos coloca de entrada en plena guerra civil en China. El caos y la destrucción se extienden por doquier excepto en una sola casa en la cual Mrs. Jackson (Clara Blandick) oficia de anfitriona para la boda de dos jóvenes misioneros: el Dr. Robert Strife (Gavin Gordon) y Megan Davis (Barbara Stanwyck). Los novios no se han visto en tres años y su casamiento representa un gran acontecimiento para los otros misioneros que se han dado cita. Paralelamente, Megan es testigo de un accidente fatal en su camino hacia la casa de Mrs. Jackson cuando un vehículo atropella al hombre que tiraba de su rickshaw. Megan protesta contra la indiferencia del pasajero del vehículo y es advertida por uno de sus acompañantes de que “la vida es barata en China”. Este comienzo puede inclinar - en apariencia - la balanza hacia el mundo occidental, al presentar a los orientales como seres indiferentes hacia la desgracia humana y sin embargo Capra aprovecha estas primeras escenas para matizar las cosas. En casa de Mrs. Jackson todos parecen ser piadosos pero aquí y allá aparecen indicios de crueldad. Mrs. Jackson y su esposo (Lucien Littlefield) se dirigen hacia la mujer china que toca la marcha nupcial en el órgano con sonidos animales (Mrs. Jackson incluso menciona a Megan que para ella “todos los chinos son iguales”) y hasta el Obispo Harkness termina una anécdota acerca de la violencia de una tribu de mongoles generalizando “Eso, mis amigos, es China”. En cada caso, Capra remata la situación contraponiendo la falta de tacto y de comprensión de los occidentales a la dulzura y sumisión de los orientales. A lo largo de toda la película el director desarrollará este punto de vista sobre ambos mundos, invitándonos a dudar del cristal con el que vemos las cosas. Ese mensaje - y la sutileza con la que se ofrece - es inusual aún hoy pero es mucho más sorprendente de encontrar en una película filmada en un período de la historia del cine en el cual la representación de las etnias era generalmente estereotipada y los roles importantes estaban reservados a actores blancos (como sucede en esta misma película, sin ir más lejos) y en donde en menos de dos años la implementación del Código Hays haría imposible que esta película siquiera se filmara (el amor interracial era una de las prohibiciones del Código).-


Momento Nº 2: viaje nocturno en tren.-
La boda de Megan y Robert se suspende súbitamente cuando el novio llega con la noticia de que un grupo de huérfanos ha quedado en medio de los bombardeos y necesita ser rescatado. Para ello, Robert debe obtener un salvoconducto de parte del General Yen, uno de los jefes militares en lucha definido como un gangster por Mrs. Jackson. Megan no duda en acompañar a su prometido pese al peligro que implica la misión. La pareja logra rescatar a los niños pero a poco de hacerlo quedan en medio de un enfrentamiento y ambos son golpeados y pierden el conocimiento. Cuando Megan se despierta, está a bordo de un tren acompañada de aquel mismo caballero que había atropellado con su auto al muchacho del rickshaw (Megan no lo descubrirá enseguida, pero se trata del mismísimo General Yen, interpretado por Nils Asther) y de Mah-Li (Toshia Mori), la amante del General. Esta breve y simple escena (prácticamente no hay movimiento en ella) es una hermosa cápsula de cine puro en donde se revela la capacidad de Capra para contar sin decir. Sólo con el intercambio de miradas entre los tres personajes se cuenta la historia completa de la atracción del General por Megan, de la decepción de Mah-Li al comprender que ha perdido el favor del General y de la fascinación de Megan por la relación del General y su amante (fascinación que ya había sentido al encontrarlos por primera vez en la calle) y por este hombre de mirada intensa.-


Momento Nº 3: soñando bajo la luna llena.-
El viaje en tren aleja a Megan de Shanghái y la lleva al palacio de verano del General, lugar en el que - según dice el General - estará más segura por el momento. Megan se siente prisionera y se rehúsa a incorporarse a la vida social del palacio, motivo por el cual rechaza una y otra vez las invitaciones de Yen a cenar (ahora Megan conoce la identidad de su benefactor y siente que debe protegerse; hay un pequeño momento en el cual Megan insulta al General e inmediatamente interrumpe su discurso, sorprendida por su propia violencia y por la reacción silenciosa pero dolida de Yen). Habiendo rechazado una nueva invitación, Megan sale al balcón-terraza de su cuarto y se sienta bajo la luna llena justo a tiempo para ver la llegada de un camión de carga repleto de prostitutas, que son bienvenidas por los hombres del General. La noche de verano, el ambiente de ensueño y la visión de las parejas de amantes adormecen a Megan y la conducen a su propio sueño de amor. Lo que comienza como un sueño violento, en donde un General Yen con aspecto de Nosferatu irrumpe en el dormitorio de Megan tirando la puerta abajo y la acaricia con lascivia se transforma con la llegada de un misterioso enmascarado que vence al General-vampiro, haciéndolo desaparecer. Cuando el enmascarado descubre su rostro, no es otro que el General Yen de nuevo… y Megan lo atrae entre sus brazos para un beso apasionado. Nuevamente, Capra cuenta sin decir. En este caso nos revela los anhelos que Megan no se atreve a confesar siquiera ante sí misma, en una escena silente cargada de un erotismo que no solemos asociar con la obra de Capra y explota aquí en toda su potencia.-


Momento Nº 4: un pacto en penumbras.-
No todo es seducción en el universo del General Yen, con una guerra civil en desarrollo debe asegurarse recursos económicos suficientes y para ello cuenta con un asesor norteamericano, el Sr. Jones, interpretado por Walter Connolly (interpretaciones aparte sobre la intervención de Estados Unidos en guerras civiles de otros países). Jones es astuto y expone la traición de Mah-Li, quien actúa como espía revelando secretos militares al Capitán Li (Richard Loo), un doble agente del ejército del General. Yen, en su doble rol de militar traicionado y de amante despechado, impone un castigo fatal a Mah-Li. Megan se entera de ello por boca de la propia Mah-Li y se horroriza ante la idea de que la joven sea ejecutada. Mah-Li no ruega por su vida (conoce demasiado bien el funcionamiento de las cosas como para ello) pero le encarga a Megan que envíe sus joyas a sus padres, que son muy pobres. La resignación de Mah-Li toca profundamente a Megan y la lleva a prometerle protección. Esta escena es uno de los ejemplos de la hermosa fotografía de esta película, una fotografía oscura que en este caso sirve no sólo a un fin estético sino también dramático: la penumbra facilita las confidencias entre Megan y Mah-Li pero también impide que la protagonista vea a la joven china, quien eventualmente terminará por traicionar su confianza.-


Momento Nº 5: el amargo té del General Yen.-
Atención aquellos que no hayan visto la película, voy a arruinar por completo el final.
El plan para robar la fortuna del General, del cual formaban parte Mah-Li y el Capitán Li, se concreta con éxito y ello conduce a un éxodo masivo entre los colaboradores de Yen (el momento en el cual el General llama por un sirviente y nadie responde, es desolador). Jones aconseja a Megan que se retire con él, ya no hay nada que puedan hacer allí, pero ella se niega y acude a una última invitación del General. La confrontación entre ambos brinda una escena maravillosa: el General está seguro de haber conquistado a Megan, pero quiere que ella se entregue voluntariamente; cuando ella no lo hace, la envía de regreso con su Doctor Strife. Megan se dirige corriendo hacia su dormitorio, pero no para escapar sino para ponerse el vestido, joyas y maquillaje que el General le había ofrecido en su momento y que ella había despreciado, decepcionada por su propia fascinación (Stanwyck - ¡cuánto me está gustando esta actriz! - hace que la repetición de aquellos gestos esté cargada de sentido). Paralelamente, el General se prepara para acabar con su vida envenenando su té, “reunirse con sus ancestros”, como dice, es lo único honorable que queda por hacer. Cuando está a punto de beber el té, entra Megan con mil destellos brillantes en su vestido y repite los gestos de amor que había visto en Mah-Li en aquel viaje en tren. La sorpresa de Yen es evidente, pero el General es un hombre sabio y esta última conquista, por dulce que sea, no lo desvía de su propósito. Me viene aquí a la mente una frase del gran director argentino Juan José Campanella, que dice que el final de una película tiene que ser imprevisible pero inevitable. Esto es lo que sucede con The Bitter Tea…, uno espera que el General renuncie a su suicidio para vivir por siempre con Megan y sin embargo, es inevitable que complete su sacrificio. Lo más conmovedor de todo ello es que el General y Megan no han tenido un sólo gesto de amor físico, apenas existió una caricia en las manos y sin embargo el General muere sabiendo que ganó esta batalla por el corazón de Megan, y muere a causa de este triunfo. Su muerte también libera a Megan de un futuro incierto y de un pasado lleno de palabras que no significan nada si se dirigen a quien no quiere aceptarlas voluntariamente.-

sábado, 24 de marzo de 2018

Employee’s Entrance - Roy Del Ruth (1933).-


En Dangerous Men, su libro acerca de los hombres del período pre-code, Mick LaSalle reflexiona acerca de un aspecto interesante. Dice que la más profunda ironía del Código Hays es que antes de que llegara para imponer la moral en las películas, éstas estuvieron como nunca preocupadas por temas morales. Continúa diciendo que después de la aplicación del Código la cuestión fue si ganaría el bueno o el malo; mientras que antes, las películas exploraban la moralidad en los negocios, en la Ley, en el romance, preguntándose quién es el bueno y quién es el malo, y por qué y de quién depende determinarlo.-
Creo que estos dilemas morales se expresan con mayor claridad en las películas de Warren William (mi nuevo favorito por estos días) y posiblemente Employee’s Entrance sea una de las que mejor pone en jaque al espectador. Todo lo que hace William en esta película es despreciable (no me refiero a despreciable/encantador, sino a niveles increíbles, verdaderamente despreciable) y sin embargo es el héroe de la historia porque, como ya mencioné en una entrada anterior, sus antagonistas son aún más odiosos.-
En Employee’s Entrance, William encarna a Kurt Anderson, el gerente general de una mega-tienda que en los últimos años incrementó las ventas gracias a sus métodos de administración despiadados. Si un empleado no rinde, lo despide sin importar cuántos años haya trabajado para la tienda; si un proveedor no cumple con un plazo de entrega, rescinde el contrato aunque ello lleve a la ruina a la otra parte. Anderson es igualmente implacable con la junta de directores de la tienda: cuando éstos - banqueros en su mayoría - le comunican que lo pondrán bajo la vigilancia del Sr. Ross (Albert Gran), el primo del presidente de la compañía, Anderson explota echándoles en cara su incompetencia y amenaza con renunciar y firmar contrato con una tienda rival si no duplican su salario y lo dejan en paz. Por supuesto que se sale con la suya.-


Lo más cautivante de la película es claramente el personaje de Anderson y la forma en la que William lo interpreta. Anderson tiene un complejo sistema de valores: vive para la tienda, sin establecer lazos duraderos con nadie. Cuando su ex asistente, el Sr. Higgins (Charles Sellon) a quien despidió porque éste no atinaba a sugerir estrategias comerciales para paliar los efectos de la Depresión, se suicida tirándose desde el noveno piso de la tienda, Anderson no se toma ni un minuto para reflexionar sobre su muerte. Cuando conoce a Madeline (una encantadora Loretta Young), una joven sin hogar que busca trabajo, Anderson la contrata pero no sin acostarse con ella antes; y más adelante aprovecha un momento de vulnerabilidad de la joven para emborracharla y volver a tener relaciones con ella… mientras Madeline está prácticamente inconsciente. Al día siguiente Anderson se entera de que Madeline está casada en secreto con Martin West (Wallace Ford), el joven al cual él ha elegido como mano derecha y protegido, y lejos de enmendar la situación empuja a Madeline a un intento de suicidio. Y sin embargo (sí, en este universo pre-code hay un “sin embargo” para Anderson) respalda a los empleados que le son leales, es justo al aplicar castigos (Sweeney - Allen Jenkins - el detective de la tienda acusa erróneamente a una clienta y en compensación Anderson debe aceptar que la dama se lleve a casa un piano de cola; pese a ello, el gerente no despide a su empleado, se contenta con descontar el precio del piano de su sueldo, en cuotas de a diez dólares; la tienda no se vio perjudicada, por lo que Anderson no necesita aplicar un castigo mayor), baja los sueldos de los ejecutivos (incluído él mismo) para compensar la pérdida de ganancias y así no tener que despedir a cientos de empleados. Y otro detalle importante: en materia de negocios, siempre dice la verdad y se preocupa por lo que realmente importa. Eso lo distingue de Martin y Madeline (por muy dulces que sean en su amor puro) y de Ross y los demás inversionistas y lo convierte en algo así como un ser superior.-
Estéticamente la película tiene ese aire rápido e impersonal de otras películas producidas por Warner Bros. en este período, pero las breves viñetas que aparecen aquí y allá a modo de separadores y que muestran la vida cotidiana en la tienda (el ascensorista que anuncia qué hay en cada piso, los distintos clientes, etc) son una delicia y aportan mucha vida.-
También son imperdibles los secundarios que rodean a William. Además de los que ya mencioné, se destacan Alice White como Polly, una empleada dedicada a ganarse las atenciones de Anderson pese a que éste la rechaza una y otra vez, Ruth Donnelly como Miss Hall, la fiel asistente de Anderson, y en apariciones más breves pero memorables encontramos a Frank Reicher como aquel empresario que queda en quiebra cuando Anderson cancela su contrato pero encuentra una oportunidad como empleado de la tienda (otro personaje que dice la verdad, lo cual le gana el respeto del gerente y un aumento de sueldo) y a Hale Hamilton como el Sr. Monroe, el presidente de la compañía, quien abandona la tienda en plena Depresión para pasear por el Mediterrráneo en su yate.-

viernes, 16 de marzo de 2018

Hitchcock/Truffaut - Kent Jones (2015).-



“El cine según Hitchcock” (título que recibió en español y en francés el libro llamado “Hitchcock/Truffaut” en inglés) es fundamental para cualquiera que quiera aprender sobre cine en general y sobre Hitchcock en particular. Y es que no se trata de un libro sobre Hitchcock escrito por un biógrafo o un estudioso del cine; es la palabra viva del maestro del suspense orientada por las preguntas de otro realizador que conoce y entiende profundamente la obra de su entrevistado. Por otro lado, Hitchcock era un gran divulgador y en sus respuestas no se guarda ningún secreto, comparte sus técnicas con franqueza y generosidad, consciente seguramente de que se encuentra a salvo: el “toque Hitchcock” (así como el “toque Lubitsch” o el de cualquier otro Maestro) no reside en la teoría.-
Durante mucho tiempo este libro fue una verdadera Biblia para mí; siempre lo tenía al alcance de la mano y lo consultaba permanentemente como guía en la construcción de mi colección de DVD, eligiendo cuáles películas comprar primero y cuáles después según lo que el Maestro comentara sobre ellas. La mayor satisfacción para mí era marcar en el listado del final aquellas películas que iba consiguiendo en DVD y soñaba con marcarlas todas (algo que nunca logré, pero nunca es tarde para retomar la cuestión). Tiempo después conseguí un ejemplar usado de la edición original, aquella que venía con tantas preciosas fotografías que no estaban incorporadas a mi edición de bolsillo y por cuyas páginas bucea el documental.-


Kent Jones orienta su documental no sólo hacia la obra cinematográfica y la vida de Alfred Hitchcock y de François Truffaut sino, principalmente, hacia el libro que crearon juntos. A partir de allí alterna tomas de las páginas del libro y extractos de los audios de la mismísima entrevista con testimonios de realizadores contemporáneos y con una selección de momentos de películas de Hitchcock, cubriendo tanto su etapa muda como la sonora desde Blackmail (Chantaje) hasta Family Plot (Trama Macabra) (claro que hay algunas omisiones dolorosas, como 39 steps - Treinta y nueve escalones - pero supongo que no se puede contentar a todo el mundo).-
Estos montajes me hicieron reparar en un aspecto que no creo haber advertido antes (en todo caso, me pareció una idea nueva, como si recién la descubriera) y es el del sacrificio que se esconde en muchas de las películas de Hitchcock, derivado seguramente del sentido religioso-católico que insufla el cine de Hitchcock, según analizan tanto el libro de Truffaut como el documental de Jones. A partir del visionado de determinadas escenas aisladas de su contexto, noté que tanto Verloc (Oskar Homolka) en Sabotage, como Alicia (Ingrid Bergman) en Notorious o Judy (Kim Novak) en Vertigo brindan verdaderos sacrificios expiatorios. En otros casos como el de Lina (Joan Fontaine) en Suspicion o el de Lady Henrietta (Bergman otra vez) en Under Capricorn, el sacrificio es ofrecido a un amor fou que como opera como un dios destructor.-
Reencontrarme después de tanto tiempo con el recuerdo de este libro y con esos extractos de películas tan queridas y siempre nuevas fue una hermosa experiencia para mí y estimo que lo será para todos aquellos que conozcan bien el libro y la filmografía de Hitchcock. Imagino que también puede servir como puerta de entrada para aquellos espectadores que recién se acerquen al universo propuesto por Hitchcock; los imagino corriendo apresurados a hundirse en ello y lo bien que harían 😉