jueves, 29 de septiembre de 2016

September affair (Idilio en septiembre) - William Dieterle, 1950.-


Recientemente descubrí esta película cuya existencia ignoraba completamente y quedé sorprendida por varios motivos.-
Idilio en septiembre cuenta la historia de David Lawrence (Joseph Cotten) y Marianne “Manina” Stuart (Joan Fontaine), dos norteamericanos que se conocen en el avión que debe llevarlos a Estados Unidos desde Roma. Un desperfecto mecánico obliga al avión a hacer escala en Milán y ambos aprovechan el tiempo paseando en taxi por la ciudad. La prolongación del almuerzo y un error de cálculos provocan que pierdan el avión y entonces David y Manina resuelven abandonar sus planes iniciales y visitar la Isla de Capri. Eventualmente, su acuerdo de pasar el tiempo como amigos queda en la nada cuando se enamoran (aunque viendo la expresión de David es de sospechar que su voluntad nunca fue muy firme que digamos) pero hay un obstáculo: David está casado y su esposa, de la cual está sentimentalmente alejado hace años, acaba de escribirle que no piensa concederle el divorcio. Sabiendo esto Manina intenta frenar la relación antes de que sea demasiado tarde hasta que sucede lo inesperado, el avión que perdieron se estrella y ambos figuran entre la lista de víctimas fatales. Sin pensarlo demasiado, la pareja decide no comunicar a nadie la verdad y alquilar una villa en Florencia para pasar allí el resto de sus vidas, aunque pronto la realidad les enseñará que tirar todo por la borda no es tan fácil como suena, como permanentemente les advierte la mentora de Manina, María Salvatini (Françoise Rosay).-
El primer motivo de sorpresa que encontré en esta película es la gran interpretación de Joan Fontaine. Quienes hayan leído mis entradas sobre Rebecca y Suspicion, las dos películas que Fontaine hizo con Alfred Hitchcock, sabrán que no está precisamente entre mis actrices favoritas. Aquí, sin embargo, se presenta como una actriz madura (quedó atrás la mujer-niña que encarna en sus películas de los años ‘40), con sus gestos y tono de voz más en control que en aquellas primeras apariciones y claro que aún conserva sus manierismos pero entre la determinación de su personaje y su estética favorecedora (vestuario de la gran Edith Head incluido) debo decir que el cambio es muy positivo. Y también está Joseph Cotten, que como co-estrella debió ayudar mucho con la naturalidad que derrocha en este personaje. El encanto de Cotten hace que olvidemos que David es básicamente un tipo que se hace pasar por muerto para empezar una nueva vida, dejando atrás a su hijo David Jr. (Robert Arthur) que apenas puede considerarse como un adulto y una mega empresa de la cual dependen - se supone - cientos de trabajadores, eso sin contar a su esposa Catherine (Jessica Tandy) que no es tan egoísta como se la pinta a través de los ojos de David.-
Otro aspecto interesantísimo de la película es la gran cantidad de referencias tanto pasadas como futuras que confluyen en ella. He leído varios comentarios que la vinculan con Brief encounter, pero a mí me hizo pensar más en la sección media de Now, voyager (Irving Rapper, 1942) y muy ligeramente - aunque sea en espíritu, dado que la historia y las motivaciones son totalmente diferentes - en Love affair o en An affair to remember (Leo McCarey, 1939 y 1957 respectivamente), en Dodsworth (William Wyler, 1936), que todavía no vi, en Avanti! (Billy Wilder, 1972) o en Roman Holiday (William Wyler, 1953) por el uso cautivante de los paisajes naturales para contar la historia (hay también una anticipación a aquella famosísima escena de From here to eternity - Fred Zinnemann, 1953). Estas resonancias confirman una vez más que podemos volver a ver la misma historia, si está bien contada…
Como siempre, el punto más delicado en estas películas está en su resolución. En cada uno de los ejemplos que mencioné anteriormente (excepto en Dodsworth que, reitero, no vi y ¡por favor no me cuenten el final si lo conocen!), la trama está brillantemente resuelta en una forma coherente con el resto de la historia. Es aquí en donde Idilio en septiembre falla, en mi opinión. El final se produce en una forma precipitada, poco desarrollada y contraria al curso que la historia traza hasta ese momento, convirtiendo todo en una experiencia inútil y a David Jr. y a Catherine en los únicos personajes valiosos, puesto que son los únicos que se han transformado.-

martes, 27 de septiembre de 2016

Brief encounter (Breve encuentro) - David Lean, 1945.-


Momento N° 1: una despedida fragmentada.-
Brief encounter está contada en un largo flashback durante el cual Laura Jesson (Celia Johnson) recuerda su fallido romance clandestino con Alec Harvey (Trevor Howard). En el comienzo de la película presenciamos una escena de despedida contada desde un punto de vista objetivo: en una mesa apartada de la cafetería de la estación de trenes, la pareja es interrumpida por una indiscreta conocida de Laura que domina la escena en esta primera presentación. Hacia el final de la película, la misma situación es presentada desde el punto de vista de Laura, en una forma intimista a lo cual se suma que ahora sí conocemos a los personajes y sufrimos por ellos. En esta segunda ocasión Lean vuelve a utilizar un recurso del cual ya se había valido antes en la película y que consiste en manipular el tiempo a través de la puesta de luces y de un uso magnífico de la voz en off (¡maravillosa Celia Johnson, que mantiene esos largos primeros planos sin decaer nunca!), así logra condensar en pocos segundos eventos que sabemos de mayor duración. A través de este recurso nos evita reiteraciones pero también nos pone en el lugar de los desdichados amantes que ven escurrirse sus últimos instantes juntos.-


Momento N° 2: los sueños de Alec.-
En mi segundo momento Laura y Alec aguardan la llegada de sus respectivos trenes en la cafetería luego de haber pasado la tarde juntos por primera vez. Con tono casual Laura le pregunta a Alec por qué decidió convertirse en médico y a medida que él contesta, la escena adquiere gran significación. En escenas como esta uno agradece de verdad la elección del reparto: Celia Johnson y Trevor Howard no son bellos ni tan jóvenes y por eso resulta doblemente convincente y conmovedor que se enamoren sobre una taza de té con bollos mientras hablan sobre las variantes de la neumoconiosis y es que de eso se trata Brief encounter, de dos personas comunes que se encuentran en los lugares más corrientes y que viven un romance de película. Para este momento el director deja hacer a sus actores, pero no significa que esté ausente, cada plano es producto de una decisión y me gusta particularmente que se prive de mostrar a Alec en el momento en el cual Laura señala que parece más joven cuando habla de sus sueños. Al hacerlo, Lean permite que adivinemos la expresión de Alec en la reacción de Laura y así experimentamos una porción de las emociones de él: nos enamoramos de ella a través de la forma en que lo ve cuando lo mira, como en una suerte de espejos enfrentados que multiplican una imagen hasta el infinito.-


Momento N° 3: encuentro en el cobertizo.-
Contra todas las señales de alerta, Laura vuelve a encontrarse con Alec para ir al cine (el cine y las películas tienen un lugar especial en Brief encounter). Como la película no es buena, salen a hurtadillas y deciden dar un paseo en bote que termina con Alec con el agua hasta las rodillas y ambos muertos de risa. El encargado del cobertizo les brinda refugio y les ofrece té para que se recuperen mientras se seca el calzado de Alec. Nuevamente, una escena trivial se convierte en un momento especial, delicado, sin estridencias, profundamente sincero y con apenas unas notas de angustia de parte de Laura y es que ella sabe lo que Alec pretende soslayar: que su amor, por genuino que sea, no puede realizarse sin dañar a las familias de cada uno, a la esposa e hijos de él (invisibles pero presentes en la película) y al marido e hijos de ella. Al mismo tiempo Alec es consciente de aquello que Laura intenta desconocer, y es que ya es tarde para evitar enamorarse...


Momento N° 4: el comienzo del fin.-
Una de las mejores secuencias de la película muestra el paseo que la pareja hace en auto y que termina en el departamento de un amigo de Alec, Stephen Lynn (Valentine Dyall), al cual Laura se niega a subir pero al que vuelve después de haberse bajado de su tren en el último minuto. La llegada imprevista de Stephen hace que Laura huya por la puerta trasera y una amarga escena tiene lugar entre los dos amigos, Stephen simplemente encuentra indigna y decepcionante toda la situación. Luego de vagar bajo la lluvia durante horas, Laura llega a la cafetería de la estación unos minutos antes de la salida del último tren. Allí es sorprendida por Alec y es entonces cuando tiene lugar mi momento número cuatro. Con la calma que lo caracteriza Alec intenta explicar que Stephen no alcanzó a verla y que Laura no tiene nada de qué preocuparse, pero eso ya no es suficiente. La relación está condenada a terminar y ambos lo saben, de modo que hacen una última promesa: encontrarse una vez más para despedirse. A riesgo de repetirme debo decir que, nuevamente, el motivo por el cual me gusta este momento es el buen criterio del director evidenciado en las largas tomas que utiliza para darle espacio a sus actores y permitirles construir las emociones.-


Momento N° 5: el regreso a casa.-
Tal como se nos cuenta desde el comienzo, el encuentro en la cafetería que fue interrumpido por la conocida de Laura es la despedida. Laura y Alec no volverán a verse, al menos no por muchos años. En el final del flashback a medida que Laura se pierde en recuerdos más oscuros, su rostro lo refleja y su esposo Fred (Cyril Raymond) de alguna forma adivina sus pensamientos. Su reacción completa la posición del director: no conocemos a Madeleine, la frágil esposa de Alec, pero al menos Fred es un buen esposo, tal vez no demasiado involucrado en los asuntos familiares pero sí atento y querible, de modo que no podemos disculpar a los amantes pensando que están casados con malas personas. Y sin embargo Lean nunca juzga a sus protagonistas (de hecho el único personaje verdaderamente desagradable de la película, Stephen, es aquel que sí juzga) y nos invita con cada fotograma a que hagamos lo mismo.-
En esta oportunidad preparé unos bollos ingleses similares a los que apasionan a Alec (no bollos de Bath, pero ingleses al fin…) ¡y debo decir que quedan deliciosos!

domingo, 18 de septiembre de 2016

Left luggage (Por amor) - Jeroen Krabbé, 1997.-

“Por amor” cuenta la historia de Chaja Silberschmidt (Laura Fraser), una joven estudiante de Filosofía en el Amberes de los años ‘70 y su relación con sus padres (Maximilian Schell y Marianne Sägebrecht) - ambos sobrevivientes de los campos de exterminio nazis - y con una familia jasídica (encabezada por el propio director y por Isabella Rossellini) para la cual trabaja como niñera. El nexo entre ambos mundos es el Sr. Apfelschnitt (Chaim Topol), un vecino de los padres de Chaja con el cual la joven mantiene una amistad.-


Momento N° 1: el “meetcute”.-
En el comienzo de la película Chaja parece no encajar demasiado en ninguna parte: su espíritu independiente y apasionado la diferencia de sus compañeros de Universidad que pasan su tiempo en interminables discusiones políticas, de sus padres que se debaten entre la persistencia del pasado y un presente amnésico y de sus orígenes religiosos y culturales. Sin embargo, sus aprietos económicos la llevan a dejar de lado este último aspecto y aceptar un trabajo como niñera de los cinco hijos de la familia Kalman. El hijo del medio es un pequeño pelirrojo de cinco años, Simcha (Adam Monty) quien no ha dicho una sola palabra en toda su vida. La idea de adaptarse a las reglas de la familia Kalman no entusiasma a Chaja pero algo sucede cuando conoce a Simcha: ambos se conectan. Esta escena de verdadero amor a primera vista es un hermoso momento de cine silente en el cual Krabbé deja correr un poco la cámara para dar tiempo a sus actores a que construyan la emoción y al espectador a que se involucre en la historia que se le cuenta.-


Momento N° 2: el cumpleaños de Selma.-
La sombra del pasado de la familia (que es también la del pueblo judío en su conjunto) y las diferentes formas de asumirlo sobrevuela toda la película. El padre de Chaja no puede dejar de pensar en las dos valijas que enterró durante la II Guerra y que contenían los tesoros de la familia mientras que su esposa prefiere mirar hacia adelante y mantenerse ocupada para evitar rememorar (o casi) todo lo sucedido. El rito anual de celebrar el cumpleaños de la hermana del Sr. Silberschmidt, Selma, quien se suicidó luego de haber sobrevivido a un campo de concentración reaviva esta dicotomía y hace estallar una discusión entre los esposos. Chaja se refugia entonces en la cocina y el director la sigue, captando las elevadas voces en off mientras se concentra en las acciones de preparar la vajilla para servir el plato principal. En cada parte de esta secuencia la cámara está donde debe, captando las reacciones de los personajes y cuando Chaja se retira a la cocina el ritmo se establece de una forma brillante, prolongando la violenta discusión que se desarrolla en el comedor por medio de la pasividad de los movimientos de la joven.-


Momento N° 3: las primeras palabras.-
Los hijos mayores de la familia Kalman ya van a la escuela, por lo cual Chaja dedica gran parte de su tiempo a Simcha y las bebés mellizas del matrimonio a quienes lleva al parque para alimentar a los patos del estanque. En estos paseos coinciden frecuentemente con el Sr. Apfelschnitt y tanto él como Chaja hacen caso omiso del mutismo de Simcha, lo tratan con naturalidad y con el tiempo van venciendo su timidez (Krabbé inserta un significativo plano detalle de la pequeña mano del niño, que se afloja cuando conoce al amable Sr. Apfelschnitt). Al término de uno de estos paseos, se produce el cambio más importante en Simcha: pronuncia su primera palabra. Bajo la mirada atónita de Chaja, el niño nombra los objetos que los rodean y luego se señala a sí mismo y se identifica como Simcha. Un poco más tarde ambos sorprenden a la Sra Kalman con la novedad y es imposible no contagiarse con la emoción que proyectan Fraser y Rossellini (muy diferente, por cierto, de la que expresa el Sr. Kalman) en esta secuencia maravillosa en la que se combinan el don de la palabra con la asunción de la propia identidad.-


Momento N° 4: la cena de Pascuas.-
Ahora que puede hablar, Simcha debe cumplir con el rito de formular cinco preguntas a su padre en la cena de Pascuas, según indica la tradición judía. Chaja las aprende del Sr. Apfelschnitt y a su vez se las enseña al niño. Deseosa de ayudar a la desbordada Sra. Kalman, Chaja ofrece acompañar a la familia en la cena y es testigo del emotivo momento en el cual Simcha logra pronunciar sus preguntas con un hilo de voz. Sin embargo, todo termina en desastre debido al antagonismo existente entre la joven y el Sr. Kalman. Cuando éste reprende al niño por haber cometido errores en las preguntas, Chaja confronta con él y viola una de las reglas más importantes de la casa: irrumpe en el dormitorio privado del Sr. Kalman para seguir con la discusión. Una vez allí descubre un aspecto inesperado de la vida de su empleador, que le hace tomar conciencia de que nada es lo que parece y de que las personas guardan muchas capas debajo de la superficie. Los matices en la interpretación de Krabbé a lo largo de este momento lo convierten en uno de mis favoritos de esta película.-


Momento N° 5: la secuencia final.-
Debido a un conflicto con el portero del edificio en el cual vive la familia Kalman (David Bradley), Chaja es forzada a dejar de ir por allí durante un tiempo. Cuando llega el momento de regresar se entera a través del Sr. Apfelschnitt de que una tragedia afectó a la familia Kalman y al presentar sus respetos es repudiada por la comunidad jasídica. Sin embargo, la Sra. Kalman se pone de su lado, haciendo frente a sus allegados con la misma valentía que reconoce en Chaja. Luego de un tiempo indeterminado, volvemos a encontrarnos con una Chaja más madura que está ayudando a su padre a buscar las famosas valijas perdidas. Algo importante ha sucedido: Chaja parece haber calmado su desasosiego y logrado reconciliarse con el mundo al cual pertenece, aún cuando ello signifique abordar la tarea imposible de intentar recomponer lo que quedó después de una tragedia…
Para acompañar esta película (¡cuyo comentario terminé milagrosamente sin cometer ningún spoiler!) preparé un budín de mandarinas inspirada en aquellos que la Sra. Silberschmidt prepara en su afán incansable de sepultar el pasado.-

jueves, 8 de septiembre de 2016

Gigi - Vincente Minnelli, 1958.-


Momento N° 1: presentando a Gigi.-
El comienzo de Gigi hace lo que todo buen comienzo debería hacer: nos mete de lleno en la historia, nos ubica en tiempo y espacio, en el tono correcto y en una forma de contar. Si leemos el argumento de la película antes de verla, jamás pensaríamos que la historia de una adolescente educada para convertirse en la amante de un hombre rico puede ser un musical alegre, visualmente bello y de un gusto exquisito. Lo es y el primer indicio de ello está en esa primera escena en la cual Honoré Lachaille (Maurice Chevalier) se presenta y nos cuenta (sí, nos habla directamente a los espectadores como sólo Chevalier sabía hacer) cuáles son las reglas del universo particular del cual es el rey.-


Momento N° 2: cita en Maxim’s.-
Luego de que todos los personajes principales nos son presentados, Honoré se encuentra con su sobrino Gaston (Louis Jourdan) y la amante de éste, Liane (Eva Gabor) para una pequeña fiesta en Maxim’s. A lo largo de esta escena los personajes se expresan en dos niveles: uno objetivo y otro subjetivo que deja traslucir sus pensamientos. Chevalier incorpora además un tercer nivel que se desarrolla totalmente fuera de la acción, según el modo que estableció en mi momento número 1. Toda la escena fue filmada en el verdadero Maxim’s de París, lo cual debe haber sido un verdadero infierno revestido de espejos y telas suntuosas. Puede verse que el espacio es muy reducido, los movimientos de cámara de Minnelli son obligadamente simples y sin embargo la escena respira, está viva e incluso baila en tiempo de vals. Y lo que más me gusta de este momento es que no sólo es bello sino que también es importante en términos del desarrollo del personaje de Gaston: son muchas las sensaciones que lo atraviesan (su típico aburrimiento, su humor, un atisbo de celos y su anhelo de sentir, de entusiasmarse por algo) en una cancioncita que mezcla las dos formas de expresión de este personaje, una suerte de recitado del que se vale casi siempre y el canto que sólo utiliza para sus emociones más profundas (según leí, Jourdan no estaba conforme con su voz y se encontró esta manera para matizar lo que podía tomarse como una falencia - aunque no lo es - diseñando un mecanismo de expresión muy interesante que puede verse plenamente en la canción que lleva el título de la película y en el soliloquio que la antecede).-


Momento N° 3: un juego de cartas.-
Otro de los momentos que más me gustan de esta película es el juego de cartas entre Gigi (Leslie Caron) y Gaston. Desde las primeras escenas quedó establecido que Gaston, quien lo tiene todo, vive permanentemente aburrido del mundo que lo rodea y sólo se siente a gusto en la casa de Madame “Mamita” Álvarez (Hermione Gingold), la abuela de Gigi (queda en el misterio la forma en la cual ambos se conocieron, siendo que “Mamita” lleva una vida bastante discreta y hace años que cortó su relación con Honoré… tal vez fue por intermedio de Alicia - Isabel Jeans - la hermana de “Mamita”). Uno de los mayores atractivos de esas veladas son los juegos de cartas con Gigi, que ella siempre gana gracias a las trampas que Gaston le permite hacer. Esta escena sencilla, con sus movimientos de cámara discretos y bien utilizados, me gusta mucho en especial por las interpretaciones de Caron y Jourdan, que aquí se sacan chispas. Ambos recorrieron un largo camino desde su primera aparición en Hollywood (él en “El proceso Paradine” de Hitchcock y ella en “Un americano en París” de Minnelli) y es cautivante ver con qué naturalidad interpretan una situación en la cual se conjugan la camaradería y la sensualidad entre estos personajes que se conocen bien y sienten afecto uno por el otro. Resulta notable, además, que cada personaje se comporta exactamente en la forma en que sería esperable, sobre todo Gigi: en esta primera mitad de la película, Gigi no es más que una adolescente, ya no es una niña (si lo pareciera, sería incongruente verla tan madura hacia el final) pero tampoco es del todo una mujer. Está exactamente en el medio y ello provoca la oscilación de los personajes que la rodean quienes parecen no decidirse aún en cómo tratarla.-


Momento N° 4: “lo recuerdo bien”.-
La excursión a Trouville con la que Gaston agasaja a “Mamita” y a Gigi es otro de los momentos destacados de la película gracias a la delicada recreación de época de Minnelli. Dentro de esta secuencia, el momento más especial tiene lugar cuando Honoré y “Mamita” rememoran su antiguo romance al mismo tiempo que Gaston y Gigi inician, sin saberlo aún, el propio. Con un maravilloso cielo anaranjado de fondo, los dos recuerdan en una forma dulce y apacible la última noche que pasaron juntos hace mucho, mucho tiempo. Existen diferentes versiones sobre quién dirigió esta escena, si fue Minnelli o bien Charles Walters (quien volvió a filmar algunas escenas antes del montaje final de la película) pero lo cierto es que ella es un tributo a Chevalier y Gingold y a la labor precisa de montaje de Adrienne Fazan. Cada gesto está allí en su lugar, sobre todo un brevísimo destello de tristeza que cruza la mirada de Honoré/Chevalier cuando “Mamita” le recuerda cuán joven fue una vez y que me conmueve cada vez que veo la película.-


Momento N° 5: una propuesta incómoda.-
Luego del viaje a Trouville, Alicia diseña un plan para acelerar la “educación” que brinda a Gigi y prepararla para que se convierta en la amante de Gaston y pronto llega el momento de que Gaston y “Mamita” hablen “de negocios”. Todo está resuelto excepto por un pequeño detalle: Gigi no quiere. La escena en la cual Gaston llega, ramo de rosas en mano, para formalizar su propuesta a Gigi es tan simple y sincera… Minnelli se vale de unos planos prolongados y movimientos de cámara fluidos para permitir que sus actores construyan la emoción que necesitan y el resultado final es encantador y hace mucho por la historia. De hecho, si tenemos alguna seguridad de que esta pareja terminará bien es gracias a esta escena: Gaston y Gigi realmente son capaces de comunicarse, de decirse lo que quieren y lo que no y de imaginar que pueden tener una vida diferente a lo que se espera de ellos, incluso aún cuando en un principio Gaston no lo entienda y arrastre a Gigi al antiguo sistema que él mismo detesta. Todo lo que sucede a continuación tiene su encanto, Gaston desahogándose con Honoré, el breve discurso de aceptación de Gigi y su preparación para la gran noche mientras Alicia y “Mamita” rememoran su propio pasado, la cita desastrosa en Maxim’s y el paseo nocturno de Gaston por los mismos lugares que lo hicieron darse cuenta de su amor por Gigi, pero yo me quedo con ese pequeño momento en el cual se ponen todas las cartas sobre la mesa bajo la mirada danzante del director.-
En relación con esta película preparé unas galletitas de manzanilla, el mismo té que Gaston disfruta en casa de “Mamita”.-