domingo, 14 de abril de 2019

Bingo de películas (quinta parte).-

En medio de mi resfríado, siguen rodando las bolillas de mi bingo de cine. En esta oportunidad han salido “película no haya ganado ningún Oscar”, “película basada en un libro” y “documental”.-

11 de abril - Película que no haya ganado ningún Oscar: The Color Purple (El color púrpura) - Steven Spielberg, 1985.-


Una de las mayores controversias de las nominaciones al Oscar en 1986 fue que The Color Purple fuera nominada en once categorías importantes, incluyendo mejor película, sin que su director fuera nominado también. Para aumentar el agravio, en la noche de la premiación la película no ganó ninguna estatuilla, pasando a la historia como una de las películas que, habiendo recibido gran cantidad de nominaciones, se fue con las manos vacías. También en su momento fue criticada duramente: que presentaba una versión discriminatoria contra los hombres, que “lavó” las escenas de lesbianismo de la historia, que un director blanco judío conocido principalmente por sus historias de fantasía y aventuras no tenía nada que hacer al frente de esta película, etc. Por suerte, con el paso del tiempo todo esto se transforma en mera anécdota y lo que queda son las películas para que hablen por sí mismas…
¡Y esta vaya que habla! Ya los títulos iniciales me dejaron intrigada: los nombres de los actores y de los realizadores se suceden en letras color púrpura en el más absoluto silencio y cuando se abre la pantalla vemos a dos niñas corriendo y jugando felices en medio de un campo cubierto de flores violetas. Pero cuando de pronto las niñas llegan a terreno abierto descubrimos que una de ellas tiene un enorme vientre de embarazada. No necesitamos de ninguna línea de diálogo ni de ningún detalle (aunque luego los tendremos) para descubrir una historia de abuso sexual y de violencia y esos son tan sólo los primeros minutos de película. Enseguida descubrimos que la niña embarazada es Celie (Desreta Jackson y más adelante Whoopi Goldberg) y que su abusador es su propio padre (Leonard Jackson), quien ya la había dejado embarazada antes. Ambos niños le son arrancados a Celie y pronto es separada de su único amor, su hermana menor Nettie (Akosua Busia) para ser dada en matrimonio a un viudo padre de tres hijos, llamado Albert pero conocido simplemente como “Señor” (Danny Glover). El Señor es un marido cruel que somete a Celie durante décadas, humillándola en público y en privado, volviendo a separarla de Nettie e imponiéndole la presencia de su amante, una cantante de cabaret llamada Sugh Avery (Margaret Avery). Pronto se teje entre Celie y Sugh una relación de amor en toda la extensión de la palabra, comenzando por la noche en la cual Sugh logra que Celie sonría a pleno sin taparse la boca con las manos y luego hace el amor con ella.-
Como una subtrama, tenemos la historia de Sofía (Oprah Winfrey) la tenaz nuera de Celie (esposa de Harpo - Williard E. Pugh - el hijo varón del “Señor”) quien termina en la cárcel injustamente y eso quiebra su espíritu hasta que una acción de Celie le devuelve el fuego a su mirada, así como Sugh a insuflado confianza y fuerza en Celie.-
Lo único que me resultó difícil de procesar en la forma en la que se cuenta la historia son las notas de humor o liviandad que aparecen aquí y allá, que por momentos me parecieron disonantes hasta que entendí que, primero en muy pocos casos se puede mantener la solemnidad eternamente sin que la película empiece a sentirse más importante que el tema que cuenta o sin que al menos al espectador se le reviente una venita por la amargura; y segundo, que esta historia está contada desde el punto de vista de Celie, una mujer niña que nunca tuvo la oportunidad de madurar debidamente a causa de una infancia cortada de la peor manera y de una vida adulta llena de humillaciones y privaciones.-
Por otro lado, uno de los aspectos que más me han gustado de esta película, además de la calidez con que retrata las relaciones entre estas mujeres y su manera de contar mediante imágenes a veces muy crudas pero generalmente muy bellas es la forma en la Spielberg redime a sus “villanos”. Cada padre en esta película tiene pecados de distinta gravedad que expiar y hacia el final, todos lo logran.-
En definitiva, más allá de las críticas y de los desplantes, siempre quedan las películas, como dije anteriormente. En este caso, he evitado expresamente mencionar que esta película (como los nombres de sus actores reveló) cuenta la historia de una mujer negra, inmersa en una comunidad negra, a lo largo de alrededor de cuarenta años a partir de 1909. Y es que la historia que cuenta es universal y podría ocurrir en muchos lugares y momentos de la historia y en ese sentido es un acierto que haya sido filmada por el director menos pensado.-

12 de abril - Película basada en un libro: To Kill a Mockingbird (Matar a un ruiseñor) - Robert Mulligan, 1962.-


To Kill a Mockingbird se ha transformado para mí en una de esas películas que crecen con los sucesivos visionados, que dicen cada vez más cosas y emocionan cada vez más.-
Adaptación de la novela homónima de Harper Lee (novela que leí casi entera hace un par de años atrás y que nunca terminé porque perdí el interés poco antes de llegar al final, pero que ahora quiero releer), cuenta desde el punto de vista de los hermanos Jem y Jean Louise “Scout” Finch (gloriosos Phillip Alford y Mary Badham), hijos del abogado viudo Atticus Finch (Gregory Peck), los sucesos ocurridos en su pequeña comunidad de Alabama entre 1932 y 1933. Años de Depresión, años de segregación racial al rojo vivo, años de juegos y descubrimientos y peligros que apenas se adivinan.-
El conflicto se desata a partir de que Atticus es designado abogado defensor de Tom Robinson (Brock Peters), un hombre negro acusado de violar a una mujer blanca. Aquellos cercanos a los Finch demuestran su apoyo, pero la comunidad en general - mayormente de estrato rural, con poca instrucción y muy golpeada por la crisis económica - rechaza y hostiga a la familia. Paralelamente, los niños y su nuevo amigo Dill (John Megna), un niño fantasioso y con un vacío familiar que es apenas insinuado y que está de visita por los veranos se obsesionan por el misterio que esconde una de las casas de su calle: la de la familia Radley. Se supone que el hijo de los Bradley, Boo, es un joven trastornado que intentó asesinar a su padre con una tijera pero que no fue institucionalizado por orgullo de la familia y ahora vive recluido en la casa, saliendo solamente de noche cuando nadie lo ve.-
Existen tantas aristas fascinantes en esta película. El universo infantil que se crea y se sostiene a lo largo de toda la película (ni por un momento nos apartamos del punto de vista de los niños), lleno de cosas que los jóvenes protagonistas ignoran sobre la comunidad que los rodea y sobre su propio padre; la elección magistral de los actores; la postura - decisiva para 1962 y para la actualidad también - respecto de los negros y los dementes. Y tantos momentos… pero me quedo con cuatro. El primero es aquel en el cual Atticus explica a su hija porqué aceptó la defensa de Robinson diciendo que si no lo hubiera hecho, no podría caminar por el pueblo con la cabeza en alto, no podría volver a decirles a sus hijos que no hicieran algo. He aquí plasmada la idea que inspira a Atticus, según la cual su autoridad frente a sus hijos (y vaya que la tiene) proviene de su conciencia tranquila, de su solvencia moral. El segundo momento es la escena en la que los niños siguen a Atticus hasta el pueblo una noche en la que presienten que algo está por suceder. Se encuentran con su padre montando guardia frente al calabozo de Robinson y justo cuando están por volver a casa, llega una horda de vecinos - en su mayoría granjeros al igual que el padre de la mujer agredida - para linchar al acusado. Los niños salen en defensa de Atticus y se niegan a retirarse cuando éste se los ordena. Entonces Scout reconoce a un hombre que en una escena anterior fue a casa de los Finch a pagar parte de una deuda por asesoramiento con una bolsa de nueces porque no tiene dinero, y cuyo hijo es compañero de curso de Scout y mereció su compasión por su pobreza. La niña saluda a este hombre y le envía saludos para su hijo con una inocencia que desarma y con este simple gesto de individualizar e interesarse por uno de los miembros de esta muchedumbre violenta, logra desactivar el ataque en ciernes. El tercer momento ocurre durante el juicio, cuando Atticus interroga a la víctima Mayella Ewell (Collin Wilcox), una mujer joven, muy pobre e ignorante, tal vez con algún retraso mental, tal vez abusada sexualmente, que fue forzada a mentir en su declaración y estalla acusando - a su manera - al verdadero culpable (“él se aprovechó de mí” grita entre llantos, sin atreverse a señalar con el dedo a su agresor); la contracara de este momento es el testimonio de Robinson, quien comete el pecado de decir lo indecible: que sintió pena por una mujer blanca. Mi último momento (y la verdad es que podría enumerar miles) tiene lugar en el mísmisimo final. Mientras que las aventuras de los niños y sus incursiones en el universo de Boo dominan la primera parte de la película, la segunda parte está consagrada al juicio seguido contra Robinson, que los niños presencian desde la galería superior de la Corte junto con el público de color. En el epílogo ambas líneas se entrecruzan y entonces llega el momento en el que Atticus debe aprender una lección: su propia hija le enseña que a veces la Verdad no acarrea automáticamente Justicia, porque la Justicia es mucho más compleja.-

13 de abril - Documental: A Conversation with Gregory Peck - Barbara Kopple, 1999.-


Y ya que estaba inmersa en el mundo de Atticus Finch volví a ver este documental maravilloso que, utilizando como punto de partida el ciclo de presentaciones en vivo realizadas por Gregory Peck pocos años antes de su fallecimiento, recorre parte de la vida y la obra del actor. Pero sobre todo, deja un testimonio vivo y en primer persona de las emociones que dirigían al hombre: su sentido del humor, su profunda emoción por el nacimiento de su nieto, su conexión indeleble con To Kill a Mockingbird, su dolor por el fallecimiento temprano de uno de sus hijos, su deseo de ser recordado como un buen padre y esposo y como un narrador de historias. Confieso que me he enamorado un poquito.-