sábado, 29 de octubre de 2016

Les Misérables (Los miserables) - Richard Boleslawski, 1935.-

Hace un mes que no publico entradas, pero todo este tiempo no fue en vano, hablando desde un punto de vista cinematográfico. En estas semanas me perdí entre las páginas de un libro interesantísimo sobre los hombres del cine pre-code, descubrí un puñado de películas que nunca había visto antes y devoré una biografía de Fredric March, una de cuyas películas hoy traigo para ustedes.-
He visto varias adaptaciones de Los Miserables, incluyendo la versión francesa dirigida por Robert Hossein en 1982 de la cual solo recuerdo una escena muy fuerte en la que se muestra en un montaje cómo Fantine se degrada más y más a medida que vende su cabello, sus dientes y su cuerpo; y me atrevería a decir que esta de 1935 tiene que ser una de las mejores.-


Uno de los principales puntos de interés está dado por las poderosas interpretaciones de los dos protagonistas. Charles Laughton compone un Inspector Javert implacable pero a la vez vulnerable y para establecer esta característica el guionista W. P. Lipscomb toma una decisión inteligente en su adaptación de la novela original. Lipscomb incluye una breve escena en el comienzo de la película en la que se nos muestra que el Inspector Javert genera dudas en sus superiores a causa de sus orígenes (su padre era un convicto y su madre, prostituta) y logra una designación exclusivamente gracias al discurso que pronuncia al borde del llanto y en el cual expone que el cumplimento de la ley es la única razón de su existencia. Luego de esta escena no puede quedarnos ninguna duda: este hombre hará hasta lo imposible para cumplir su misión y esta característica da sentido a su comportamiento a lo largo de la película y sobre todo a su final.-
Pese al gran trabajo de Laughton, es Fredric March en el doble papel de Jean Valjean y el reo Champmathieu quien se lleva todos mis aplausos. Cuanto más veo del trabajo de este actor camaleónico, más me gusta (¡el hombre llora en cámara! ¿de cuántos actores de esa época - o de esta - podemos decir lo mismo?) y Les Misérables no hace más que aumentar esta impresión. March tiende a sobreactuar un poquitito pero aquí sorprende con su autolimitación. Valjean es un hombre de emociones contenidas, que busca redención a través del amor y la fe (así como Javert hace lo propio a través de la ley), que está obligado a vivir alerta durante los veinticinco años que abarca la película y es así como March lo interpreta. Incluso como Champmathieu (el pobre vagabundo idéntico a Valjean que está a punto de ser condenado por las faltas de éste) inspira compasión por el doloroso ridículo de este personaje.-
March y Laughton están acompañados de numerosos secundarios de mayor o menor mérito. Entre los primeros se encuentra, en mi opinión, Florence Eldridge (esposa de March en la vida real) en el papel de Fantine, la mujer que es despedida injustamente de la fábrica que Valjean explota bajo una falsa identidad y que recurre a la prostitución para mantener a su pequeña hija Cosette. Eldridge cubre muy bien el rango de emociones de este personaje, sobre todo en la escena en la cual confronta a Valjean: en la película no existe ninguna mención a la situación actual de Fantine, pero cuando la vemos atacar a Valjean con una mezcla imposible de ferocidad y resignación sabemos que algo muy malo ha sucedido con ella. Su vestuario sugerente y vulgar completa el efecto (así y todo, me parece una pena que esta película no se haya estrenado un año antes, cuando todavía no estaba vigente el Código Hays, hubiera sido maravilloso ver esta misma película pero en versión pre-code).-
Un correcto Cedric Hardwicke en el papel del obispo que da una segunda oportunidad a Valjean y Frances Drake, de interpretación despareja como la desdichada Eponine (presentada aquí sin su conexión con Cosette y solamente como la tercera en discordia entre los jóvenes amantes del tercer acto) completan la galería de secundarios por los que todavía podemos interesarnos un poco. Dejo fuera a John Beal (Marius) y a Rochelle Hudson (Cosette), que no inspiran ninguna simpatía y el poco desarrollo que tienen sus personajes (en especial el de Cosette) tampoco ayuda…


Pero esta película no es valiosa exclusivamente en el trabajo de los actores. Los escenarios son notables (en especial el barco de guerra en el que Valjean cumple su condena y los desagües de París) y la cinematografía está en manos de Gregg Toland. Hay otro aspecto que me pareció muy interesante y es la forma en la que el director logró incluir los elementos de crítica hacia la administración de justicia y la Iglesia que la historia contiene. En la primera escena, cuando Valjean es condenado, el Juez nunca levanta la mirada de su libro de leyes, ninguno de los asistentes presta atención al desarrollo del juicio (excepto la hermana y sobrinos de Valjean) y hasta el Cristo gigantesco que domina la sala mira hacia otro lado. Más adelante, el juicio seguido contra Champmathieu es presentado como una farsa sin ningún rigor jurídico. Incluso cuando Valjean es liberado y descubre que los guardias lo estafaron, el sacerdote presente le sugiere calmarse y aceptar la menor cantidad de dinero que pretenden pagarle por sus años de trabajo pesado en las galeras. Por el contrario, los íconos religiosos son reducidos al mínimo en la casa del obispo y en el convento al cual Valjean recurre para esconderse con la pequeña Cosette tras la muerte de Fantine. De igual manera, en sus momentos de mayor angustia Valjean recurre al altar improvisado que forman el manto de la chimenea y los candelabros de plata obsequiados por el obispo, no a figuras religiosas. Así, Boleslawski de la mano de Victor Hugo, construye un universo en el cual el apego ciego a un dogma vacío (ya fuera religioso, social, ideológico o legal) destruye a los “miserables”, quienes sólo pueden ser salvados a través del amor al prójimo y la generosidad.-