jueves, 31 de enero de 2019

Comienzos (última parte): Gene Kelly en For Me and My Gal.-


Termino esta serie sobre comienzos con otro de mis favoritos: Gene Kelly (no lo había mencionado antes pero obviamente los cuatro caballeros que nos acompañaron este mes son algunos de mis adorados).-
Tras lograr un éxito resonante en Broadway (luego de una infancia en la pobreza, unos comienzos en las noches de aficionados y la fundación de una escuela de baile en su  Pennsylvania natal) Gene Kelly llegó a Hollywood contratado por David O. Selznik para aterrizar nada menos que en preśtamo a MGM para un rol coprotagónico con una de las estrellas más importantes del momento: Judy Garland. For Me and My Gal, producida en la época del ataque a Pearl Harbor que determinó la incorporación de Estados Unidos a la Segunda Guerra Mundial, se cuenta entre los musicales que ayudaron a mantener en pie la moral y el espíritu patrótico del país durante la guerra, como comenté en mi entrada sobre musicales de los años ‘40 a mediados del año pasado.-
En este caso, Jo Hayden (Garland) forma parte del acto de vodevil de Jimmy Metcalf (George Murphy) - quien está secretamente enamorado de ella - y destina cada centavo a pagar la educación universitaria de su hermano Danny (el futuro director Richard Quine). Pero todo cambia cuando su camino se cruza con el de Harry Palmer (Kelly), un actor arrogante y egoista que le propone formar pareja artística, consciente de que el talento de la joven aportará a su éxito profesional. Jo por supuesto se enamora de Harry y éste de alguna forma aprende a corresponderle. Todo se viene abajo cuando Harry es reclutado para combatir en la Primera Guerra Mundial y a fin de no arruinar su debut en el mítico Teatro Palace de Nueva York (el sueño de los protagonistas desde que empieza la película), se causa a sí mismo una lesión irreparable en la mano derecha. Jo se da cuenta de todo, abandona a Harry y éste, desesperado y arrepentido de su egoismo, se enlista en el cuerpo de artistas que recorría los campos de batalla entreteniendo a los soldados. En la secuencia final, Harry salva (literalmente con una sola mano) a un grupo de soldados heridos de terminar convertidos en picadillo y recupera el corazón de su chica precisamente en el Palace al que soñaron con conquistar.-
Este es una de esas películas que, vistas a la distancia, reposa completamente en el carisma de sus protagonistas. En sí la trama no es novedosa, los números musicales se mantienen con los pies muy sobre la tierra y muy a tono con lo que tranquilamente hubiera podido montarse en el circuto de vodevil de principios de siglo XX (y eso que detrás de cámaras se encuentra nada menos que Busby Berkeley) y no existe ni por un minuto la duda respecto a con quién terminará Judy Garland (Murphy no llega ni hacerle sombra a Gene Kelly y qué mal gusto la broma pesada que su personaje le juega a un taxista en París hacia el final del segundo acto). Pero cada vez que Garland y/o Kelly aparecen en la pantalla, arrasan con todo.-
Y no es que la historia no haya carecido de interés en su momento o no lo tenga hoy: el personaje de Jo está basado en parte en Elsie Janis, una cantante norteamericana que fue una de las primeras artistas en recorrer el frente de batalla durante la I Guerra Mundial tal como lo hace Jo en la película. Además, las canciones que se escuchan en la película (excepto un número presentado por la compañía de Jimmy Metcalf) son de la época de la Guerra o bien anterior. Es decir que existe un gran cuidado en la producción (a cargo de Arthur Freed) en retratar la época y en honrar a los protagonistas verídicos de la historia que se cuenta.-
Y a diferencia de lo que veíamos respecto de Astaire en Dancing Lady, Gene Kelly toma la pantalla por asalto en esta su primera película para insinuar todo aquello que desarrollará a lo largo de su carrera en los musicales: la habilidad de interpretar personajes llenos de ambigüedades, su energía, la capacidad de bailar en personaje pero siendo inconfundiblemente él al mismo tiempo. Pero también hay algo aquí que me resulta muy especial y que no creo que se dé en ninguna otra de sus películas. Esa calidad etérea y espontánea que vemos en Astaire no está presente en las coreografías de Kelly, quien siempre se preocupa porque veamos su esfuerzo. Y no digo esto en un sentido peyorativo, creo que ese elemento no le quita nada a su arte sino que por el contrario le agrega y lo eleva como artista: por supuesto que tenía una cuota de talento natural, pero también tenía mucha preparación y dedicación y horas y horas de ensayos. Y sin embargo, en el primer dueto de la película, For Me and My Gal que Jo y Harry inventan una coreografía al tiempo que la ensayan luce tan fresco y natural, con una espontaneidad que no volverá a verse en Gene Kelly y por ello ocupa un lugar especial en mi corazón cinéfilo.-  

jueves, 24 de enero de 2019

Comienzos (tercera parte): James Cagney en Sinners’ Holiday.-


En tan solo sesenta minutos el director John G. Adolfi redondea esta pequeña historia acerca de una familia que intenta salir adelante en una feria de diversiones en plena Depresión. Ma Delano (Lucille La Verne) administra el puesto de máquinas tragamonedas junto a sus hijos Joe (Ray Gallagher) y Jennie (Evalyn Knapp) y el novio de Jennie, Angel (Grant Withers). El tercer hijo de Ma, Harry (nuestro Jimmy Cagney), en cambio se gana la vida trabajando para el contrabandista de bebidas alcohólicas (estamos en plena era de la Prohibición) Mitch McKane (Warren Hymer). Cuando McKane termina muerto en un forcejeo con armas de fuego, la policía sospecha de Angel pero Jennie vio el incidente desde su ventana y sabe la verdad: Harry es el verdadero culpable. La novia de Harry, Myrtle (Joan Blondell también debutando aquí) amenaza con arruinar su coartada, lo cual lleva a Ma a descubrir la verdad. Finalmente Jennie revela lo que sabe para evitar que su novio pague por un crimen que no cometió y la familia reanuda sus actividades habituales mientras Harry es llevado a prisión.-
Sinners’ Holiday no recibe mayores menciones en las memorias de Cagney (Cagney by Cagney, Editorial Doubleday) y sin embargo a mí me ha parecido una película muy interesante. En primer lugar, para ser una película sonora tan antigua (1930) logra un ritmo significativo, con movimientos de cámara fluidos y variados y mucho “aire” en los primeros minutos, en los que se nos muestran los distintos puestos de la feria de diversiones al aire libre. Los diálogos también son rápidos y naturales, muy a tono con las películas de gangsters que cimentarán el éxito de Warner Bros. al año siguiente.-
La forma de contar también está a tono: Harry y Mitch se trenzan en un forcejeo con armas pero el verdadera villano aquí parece ser el Detective Sikes (Purnell Pratt). Después de todo, Mitch confronta a Harry porque cree que fue traicionado por él pero Sikes utiliza todo tipo de manipulaciones para resolver el crimen, presiona a Jennie aprovechando su inocencia y hostiga a toda la familia Delano. En este sentido Sinners’ Holiday se inserta en las temáticas pre-code con elementos que forman parte del guión tanto como de la intención dada por los actores en colaboración con el director.-
¿Y qué nos revela esta película sobre James Cagney? La semana pasada les contaba que MGM no supo qué hacer con Fred Astaire en su primera aparición en la pantalla. Pues aquí (al igual que con John Garfield en Four Daughters) Warner Bros. da en el clavo con este joven Cagney a quien se le permite mostrar en su breve tiempo en pantalla (gran parte de la película discurre en el romance entre Evalyn Knapp y Grant Withers) su dinamismo, su frescura y sus estallidos en una escena emocional con Lucille La Verne. Sinners’ Holiday se convierte así en una pequeña cápsula de talento que estallará apenas un año más tarde cuando Cagney se convierta en El Enemigo Público.-

miércoles, 16 de enero de 2019

Comienzos (segunda parte): Fred Astaire en Dancing Lady.-


Cualquiera creería que una película musical producida por MGM y en la que aparezca Fred Astaire tiene todos los elementos para ser entretenida y especial… pero no.-
A comienzos de los años ‘30 los musicales estaban en decadencia y fueron rescatados por la fantástica 42nd Street (Lloyd Bacon, 1933), producida por Warner Bros. Ese mismo año le siguieron - bajo el mismo sello - Gold Diggers of 1933 y Footlight Parade, ambas deliciosas, rápidas y sobre todo, muy bien hechas, con alma. Hago esta brevísima referencia porque es indudable que  Dancing Lady (Alma de bailarina), dirigida por Robert Z. Leonard en 1933 busca subirse a ese mismo tren pero no lo logra.-
La historia es bastante típica de los musicales de la Depresión: una bailarina pobre (Joan Crawford) ingresa al elenco de una producción de Broadway a cargo de un director de esos rudos pero llenos de talento (Clark Gable), en este caso gracias a la influencia de un millonario que espera conquistarla luego de que se haya desquitado con las candilejas (Franchot Tone). La bailarina logra un protagónico en el espectáculo, el director y ella empiezan a enamorarse y el millonario retira su apoyo económico para forzar la cancelación del show y su casamiento con la heroína. Pero finalmente el amor y el espectáculo triunfan, la bailarina y el director terminan juntos y con un éxito entre manos y el millonario se hace a un lado cordialmente.-
Empezando por lo bueno en esta película, Clark Gable llena de manera impecable los zapatos del director que pone todo en juego por su espectáculo, a la manera de Warner Baxter en 42nd Street; y es de agradecer que Fred Astaire haya encontrado ese mismo año su hogar en RKO, en donde sería reunido con Ginger Rogers para hacer historia. Hasta ahí el balance positivo de Dancing Lady. Por lo demás, la película se arrastra penosamente durante una hora y media y nadie demuestra en la pantalla ni una gota de lo que pudiera haber sido su mejor faceta. Joan Crawford y Franchot Tone tienen una pobre química (sí, ya sé que fueron esposos en la vida real, pero nada de la atracción que deben haber sentido se trasluce aquí), lo cual termina haciendo daño al personaje de Crawford (da la impresión de que estuviera con él solo por su dinero) y la propia Crawford se toma demasiado en serio a sí misma como para que su estilo rudimentario de baile resulte adorable, ya que no admirable. En ello recuerda bastante a Ruby Keeler pero sin su vulnerabilidad termina siendo fastidiosa. El resto del elenco está allí arrojado a su buena suerte, sin demasiada cohesión: May Robson, a quien adoro, resulta fuera de lugar como la abuela sorda de Franchot Tone, Robert Benchley es... Robert Benchley, es decir que aparece para agregar unas notas más patéticas que humorísticas, los Tres Chiflados - de la mano de Ted Healy en su única aparición en cine como conjunto - están “agregados” sin que exista un verdadero motivo para que estén en la película y el pobre Nelson Eddy aparece para cantar una sola canción. Ni siquiera en el final tenemos la recompensa de que el número en el que tanto trabajaron Crawford y Gable sea maravilloso: si alguna vez hubo un número aburrido, es este y es evidente que los realizadores no sabían qué hacer con Astaire, quien sin embargo ya tenía un nombre propio como artista de escenario con su hermana Adele.-
Es muy tentador imaginar cómo hubiera resultado esta película si hubiera sido producida por Warner Bros. Imagino a Ruby Keeler en el rol de Crawford, a Guy Kibbee como el viejo productor en lugar de Grant Mitchell, a Ned Sparks en lugar de Healy, quizás a Douglas Fairbanks Jr en vez de Franchot Tone. Y sobre todo, es muy tentador imaginar a Arthur Freed al timón de este barco que así las cosas no llega a ninguna parte. Pero eso no sucedería sino hasta finales de la década del ‘30...

martes, 8 de enero de 2019

Comienzos (primera parte): John Garfield en Four Daughters.-

Con el comienzo del nuevo año me puse a pensar en una de mis colecciones favoritas: la de primeras películas; debuts cinematográficos de actores que luego alcanzarían mayor o menor gloria según el caso. Para empezar, elegí a uno de mis amores de 2018: John Garfield y su debut en Four Daughters, dirigida por Michael Curtiz en 1938.-


Four Daughters es una película extraña: comienza como una suerte de Mujercitas en tono de comedia intrascendente de los años ‘30 o ‘40. Las cuatro hermanas Thea, Kay, Ann y Emma Lemp (Lola, Rosemary y Priscilla Lane y Gale Page respectivamente) viven con su padre viudo (Claude Rains) y una tía solterona (¡maravillosa May Robson!) en una típica casa americana con verja blanca, llena de música, en la que parecen no existir los problemas. Thea y Emma tienen sus pretendientes aburridos en Frank McHugh y Dick Foran pero pierden la cabeza al igual que sus otras hermanas cuando el compositor Felix Deitz (Jeffrey Lynn) irrumpe en sus vidas. Felix está enamorado de Ann pero no escatima atenciones hacia todas las mujeres de la familia, incluída la tía Etta. Todo transcurre plácidamente hasta que entra en escena Mickey Borden (John Garfield), cambiando el tono de la película y robándose todas las escenas, dicho sea de paso.-
Mickey ingresa en la película como un murciélago negro entre tantos cisnes: desarreglado, cínico, con un cigarrillo siempre colgando entre los dientes y echando humo como una chimenea; pero también irresistible y conmovedor en su secreto anhelo de ser amado, de pertenecer. Y cuyo sacrificio ayuda a restablecer el orden. Es que la sola presencia de Mickey en la película representa un riesgo para la burbuja dorada en la que viven los demás personajes: Mickey tiene más talento que el resto, pero no ha sido favorecido por el destino, como él mismo dice. Ello demuestra implícitamente que no hay nada que los Lemp y sus amigos estén haciendo para tener mejor fortuna que él, simplemente han nacido del lado correcto de las vías.-
Mickey parece haberse colado por error en la casa de los Lemp y Garfield casi parece haber hecho lo mismo en la película. O acaso los Lemp parecen haberse escapado de MGM y aterrizado por error en Warner Bros. Alguien parece haber cometido un error, pero sea como fuere Mickey Borden en esta pequeña película planta aquí la semilla de lo que sería la persona de John Garfield en el cine: el outsider, el eterno perdedor imperfecto, querible, con muchísimo talento pero poquísima suerte que se atreve a rasguñar el sueño americano esperando - la mayoría de las veces en vano - hacerse de una partecita de él. Nada muy alejado de lo que fuera Garfield en la vida real...