martes, 28 de noviembre de 2017

Recorrido por las películas sonoras de John Gilbert (última parte).-

Novena parada: Queen Christina (La Reina Cristina) - Rouben Mamoulian, 1933.-


Queen Christina significó el regreso de John Gilbert a MGM a partir de la insistencia de Greta Garbo, quien reclamó personalmente su participación en esta película. Gilbert agradeció pública y efusivamente el gesto, pero es de lamentar que su regreso al estudio no llegara a ningún puerto y el nuevo contrato quedara rescindido algún tiempo después sin que se filmara una segunda película.-
La película cuenta un episodio ficcionalizado de la vida de la reina del siglo XVII Cristina de Suecia, quien abdicó al trono. La Reina es encarnada por supuesto por Greta Garbo y aquí se explica la abdicación en sus ansias de libertad, la cual espera encontrar lejos de la Corte y junto a su amado, el embajador español Don Antonio de Pimentel (Gilbert).-
En mi consideración, esta es una película despareja. Por un lado, es una película de Garbo y eso siempre me deja fría. Me confieso indiferente al misterioso encanto de la actriz y no me interesan los primeros planos amorosos que suelen dedicarle los directores que sucumben ante ella, muchas veces en perjucio de las películas que los tienen al mando. En el mismo sentido, Queen Christina languidece penosamente durante sus primeros veinticinco minutos hasta que aparece Gilbert para animar las cosas (sí, ya sé que sueno imparcial pero juro que estoy esforzándome para ser objetiva); y sus minutos finales vuelve a pecar del mismo defecto. Pero afortunadamente, la película también tiene un lado fascinante: hay en ella momentos de gran belleza (Mamoulian utiliza su cámara para enfatizar la soledad de Cristina o el lirismo de algunas situaciones) y además es deliciosamente pre-code en la exposición de la compleja sexualidad de Cristina.-
Sin dudas las escenas más encantadoras de la película son las que tienen lugar en la hostería en la que se encuentran Cristina (vestida de hombre y acompañada solamente por su valet Aage, interpretado por el siempre impecable C. Aubrey Smith) y Antonio. Una vez que nos sobreponemos al sinsentido de que nadie advierta que el joven muchacho cargado de maquillaje es en realidad Garbo vestida de hombre, la situación es impagable. Antonio y su nuevo amigo discuten sobre el amor y la pasión y es muy tentador (como siempre que Gilbert y Garbo se reúnen en la pantalla) trasladar la situación cinematográfica a la real, con un Antonio/Gilbert enamorado del amor y una Cristina/Garbo poniendo en duda que el gran amor siquiera exista. De todos modos, ya sea actuación o un trozo de realidad, la escena es de una sinceridad cautivante. Como también lo es la escena siguiente, en la que Antonio y Cristina se encuentran en la habitación que deben compartir durante la noche, el primero incómodo sin saber porqué y la segunda rendida ante su feminidad inocultable. La penúltima escena en esta secuencia maravillosa es aquella muy conocida en la que Cristina recorre la habitación en la cual pasó tres días de pasión con Antonio, una escena casi coreografiada y cargada de simbolismo y de sensualidad.-
Una última nota dolorosa acerca de Queen Christina: mi edición en DVD incluye el avance de la película. Es muy revelador ver los avances originales de las películas cuando están disponibles, porque cuentan la historia de aquello que los estudios quisieron destacar en su momento. O como en este caso, soslayar. Por increíble que parezca, el avance de Queen Christina no menciona ni muestra a Gilbert, pese a que su personaje es el que hace avanzar la historia.-

Décima parada: The Captain Hates the Sea (El capitán odia el mar) - Lewis Milestone, 1934.-


Pese a su título, esta película no hace énfasis en el Capitán que odia el mar sino que es una película coral que transcurre a bordo de un crucero. La historia reúne a un Capitán obsesionado con el recuerdo de su padre (Walter Connolly), a un detective privado en busca de bonos robados (Victor McLaglen), a sus dos presas (Helen Vinson y Fred Keating), a un escritor alcohólico (John Gilbert), a una ex-prostituta (Wynne Gibson) atormentada por su esposo “respetable” (John Wray) y a un ex-general latinoamericano (Akim Tamiroff) entre otros personajes bastante interesantes.-
El balance de la película está realmente bien logrado. Entre tantas historias, el director logra que cada personaje tenga su momento, su identidad definida, y sobre todo mucha humanidad. The Captain Hates the Sea sorprende, además, porque sin ser pre-code tiene muchos elementos de ese período: alcoholismo, violencia contra la mujer, un intento de suicidio, relaciones pre-maritales, prostitución, más alcoholismo… Y sin embargo, con tantos temas crudos, Milestone logra momentos de gran belleza en particular en aquellas escenas en las que Steve, el personaje encarnado por Gilbert, escucha la voz de su prometida (Tala Birell) grabada en un disco.-
En lo que respecta específicamente a Gilbert, The Captain… deja un sabor amargo porque su personaje es más un espectador que un partícipe en las situaciones, no hay demasiado para hacer para el personaje o para el actor que lo interpreta. Steve, además, está borracho de principio a fin y aquí empiezan a correr las suposiciones respecto a si los titubeos del personaje son actuados por el actor o si en realidad estamos viendo a Gilbert asomándose desde el fondo de la botella (aparentemente, el rodaje se tornó complicado por el excesivo consumo de alcohol de varios miembros del elenco). Y en el final, cuando Steve se reúne con su prometida, no logró dejar de beber ni comenzar su novela (los dos objetivos a lograr durante el viaje), es decir que no tiene perspectivas de superación (Gilbert mismo no las tenía para 1934, pese a la gloriosa intervención de Marlene Dietrich en el final de su vida). Así y todo, Steve es perdonado (ya que no salvado) por su prometida y su historia tiene, como las demás de la película, un final casi feliz...

viernes, 17 de noviembre de 2017

Recorrido por las películas sonoras de John Gilbert (tercera parte).-

Séptima parada: Downstairs - Monta Bell, 1932.-


Downstairs es el testamento cinematográfico de John Gilbert. Él mismo escribió la historia en la que está basada, allá por 1927 o 1928, y la presentó sin éxito ante los ejecutivos de MGM. Sólo  se le permitió filmarla cuando su contrato con el estudio estaba a punto de expirar y ya no quedaba carrera por salvar. El resultado fue una maravillosa película pre-code, con un personaje protagónico como el que Gilbert siempre soñó encarnar: un verdadero atorrante que se vale de su encanto para mentir, seducir y robar a manos llenas. Un poco en la línea de su rol en The Show (Tod Browning, 1927), pero sin esa salvación final que Gilbert lamentó en sus declaraciones públicas.-
En Downstairs, Karl Schneider (Gilbert) es el nuevo chofer del Barón von Burgen (Reginald Owen) y llega a la mansión durante la fiesta de casamiento del mayordomo Albert (Paul Lukas) con la joven mucama Anna (Virginia Bruce). En poco tiempo Karl logra tener a todos en su puño: chantajea a la Baronesa (Olga Baclanova), logra que la cocinera Sophie (Bodil Rosing) se enamore de él y le entregue los ahorros de su vida y seduce a Anna. Finalmente Albert se encarga de él pero Karl, lejos de arrepentirse de sus actos, cae bien parado al servicio de una nueva y atractiva empleadora.-
Uno de los aspectos más interesantes de la película es el de la verdad y la mentira. Es fascinante ver la relación de los diferentes personajes con estos dos elementos. De hecho, Karl es el más auténtico de los personajes (pese a todas sus artimañas, valga el contrasentido), porque pone en evidencia que nadie a su alrededor tolera la verdad. Un recurso al que echa mano a menudo es ofrecer a sus víctimas contar la verdad frente a algún tercero, logrando así que aquéllas mientan para salvarlo (por ejemplo, cuando besa a Anna y ésta amenaza con contarlo a su marido, Karl mismo empieza a confesar su falta ante Albert, pero es interrumpido con una mentira por la propia joven). Cuando finalmente alguien estalla, es Anna (atención a Virginia Bruce en esta escena, está increíble) y deja a Albert con una verdad demasiado dura para ser digerida por el acartonado mayordomo.-


Es evidente que Gilbert debió divertirse mucho interpretando a Karl, un hombre que es capaz de todo tipo de bajezas pero que sabe elegir muy bien la cara que muestra a cada uno. El espectador es el único al que Karl - en la piel de Gilbert - no engaña, Gilbert permite que veamos a Karl mentir, comparte con nosotros sus secretos (muchos de ellos chocantes, confieso que yo hubiera podido vivir sin escuchar a Gilbert eructando) que son indudablemente también los secretos del actor. Hay aquí un juego de espejos sumamente interesante porque en alguna medida, es el propio Gilbert quien se desnuda en la pantalla, advirtiéndonos de que su encanto es fabricado, de que no debemos confiar en él, pero lo que deja ver es aún más fascinante que la fachada detrás de la que se esconde.-
Octava parada: Fast Workers (Disculpe, señorita) - Tod Browning, 1933.-
Como comenté en su oportunidad, Fast Workers es una pequeña película, pero tan, tan disfrutable. Siendo la última película que Gilbert filmó como parte de su contrato millonario con MGM (renovado en 1928 tras la incorporación del actor al recientemente fundado estudio en 1924, contemplaba la realización de seis películas en el lapso de tres años, por US$ 250.000 por film) esta parada resulta una buena oportunidad para mencionar un aspeco interesante de estas películas sonoras. Durante toda su carrera silente Gilbert anheló interpretar personajes oscuros, con matices, y resintió su encasillamiento como “gran amante de la pantalla”. Sin embargo, no fue sino hasta la llegada del sonoro que Gilbert logró por fin interpretar personajes controvertidos, moralmente ambiguos y bien alejados del estereotipo de galán. En efecto, si no se me ha escapado algún detalle, Gilbert ya no volvió a decir “te amo” en plan romántico en la pantalla después del desastroso resultado de His Glorious Night. Éste debió haber sido el período de mayor riqueza creativa en la carrera de Gilbert y no lo fue y aunque no sea más que por ello estas películas merecen ser rescatadas del olvido.-

sábado, 4 de noviembre de 2017

Recorrido por las películas sonoras de John Gilbert (segunda parte).-

Tercera parada: Way for a sailor - Sam Wood, 1930.-


Way for a sailor debió haber sido la película que reestableciera la reputación de John Gilbert como actor, demostrando su adaptación al cine sonoro. En ella luce joven y animado, su interpretación es sutil y su voz y entonación son más que agradables (a mil años luz de Redemption, estrenada el mismo año). Sin embargo, la producción de la película es terriblemente desprolija y la historia no tiene demasiada sustancia, todo lo cual sin dudas es una mala tarjeta de presentación para cualquier película y en especial para el ídolo caído en desgracia que la protagonice.-
La película sigue las aventuras de tres marinos mercantes: Jack (Gilbert); Ginger (Jim Tully, el archienemigo de Gilbert en la vida real, otro indicio de conspiración), quien cree tener un hijo en cada puerto; y “Trípode” (Wallace Beery), cuyo apodo me exime de mayor presentación… La primera parte de la película sigue a estos tres marinos en su incursión por Singapur, en donde visitan un prostíbulo local intentando burlar al proxeneta pero resultan ser ellos los burlados. Cuando su barco toca puerto en Londres, Jack se reencuentra con Joan (Leila Hyams), una empleada de la oficina de envíos que resiste firmemente sus invitaciones y las de otros marinos. Nuestro héroe persevera y poco a poco logra vencer la voluntad de Joan, pero cada vez que avanza un paso, retrocede dos. Su idea de amor rápido y libre no es suficiente para Joan y Jack no termina de entenderlo. Sin embargo, su relación comienza a evolucionar en una forma agradable y Gilbert y Hyams tienen algunas escenas muy dulces y sinceras, como la del paseo por la playa en la que Jack explica su amor al mar; o aquella que sucede al casamiento de ambos (paso que Jack logró dar en base a engaños y con una intención dudosa), en la cual Joan le muestra a su novio sus primeros zapatos, contándole que su madre los guardó para que aquel que se convirtiera en su esposo tuviera en cuenta que alguna vez fue así de pequeña y que no debía ser herida. Estas dos escenas generan una pausa necesaria en el frenesí que caracteriza la película y - yendo a mi punto de interés en esta serie de entradas - dan buenas oportunidades de interpretación a Gilbert, quien las aprovecha al máximo.-
Pese a sus deficiencias técnicas (la edición de la película deja mucho que desear, con planos que evidentemente fueron insertados en posproducción; el guión tiene algunos giros que se dan sin explicación alguna; y en especial las tomas trucadas en las escenas de mayor acción son de lo peor que se haya visto), Way for a sailor logra ser una interesante película pre-code, con algunas líneas de diálogo increíbles (cuando Jack y Ginger cruzan una dama de caminar sinuoso en Singapur, Ginger se da vuelta para mirarla y exclama “Eso es lo que yo llamo una mariscada”) y una mirada sin tapujos respecto a la vida en los puertos: la camaradería, las borracheras, las mujeres ajadas que rondan a la espera de los marinos.-

Cuarta parada: Gentleman’s Fate - Mervyn LeRoy, 1931.-
Déjenme contarles que rara vez releo mis entradas pasadas, sólo lo hago cuando debo referirme a alguna de ellas y entonces suelo encontrarlas intrascedentes y llenas de errores. Y sin embargo, me resulta interesante mirar hacia atrás y comprobar si sigo pensando lo mismo o no acerca de una película en particular. En este caso, puedo decir que Gentleman’s Fate me ha gustado mucho más en este nuevo visionado que lo que dejé traslucir en el texto que le dediqué y que pueden consultar aquí. En mi experiencia, es una de esas películas que crecen con el tiempo pese a sus defectos y si tuviera que elegir una entre todas las películas sonoras de Gilbert, creo que esta sería mi favorita.-

Quinta parada: The Phantom of Paris - John S. Robertson, 1931.-


The Phantom of Paris suele ser mencionada como la mejor película sonora de Gilbert y aparentemente el público la recibió bastante bien, pese a lo cual MGM perdió dinero y Gilbert no logró restablecer su popularidad. Y en verdad es una película bastante buena aunque la trama contiene algunos problemillas que mencionaré a continuación.-
En este caso Gilbert interpreta a Chéri-Bibi, un escapista enamorado de Cecile Bourrelier (Leila Hyams), una joven de la alta sociedad a quien su padre (C. Aubrey Smith) pretende casar con el Marqués Du Touchais (Ian Keith). El Sr. Bourrelier resulta asesinado la misma noche que Chéri-Bibi discute con él por la mano de Cecile y el héroe termina injustamente condenado por el crimen, pero como buen escapista que es, se fuga de la prisión (en una secuencia apasionante) y se refugia durante cuatro años en la tienda de magia de su amigo Herman (Jean Hersholt). Paralelamente, Cecile se ha casado con el Marqués y tienen un hijo, el pequeño Jacques que visita a menuda a Herman para deleite de Chéri-Bibi. Con la amenaza de ser descubierto por el Detective Costaud (Lewis Stone), Chéri-Bibi sale de su escondite, confronta al Marqués (quien confiesa el crimen), causa su muerte accidentalmente y, robando su cadáver, logra que un médico amigo le practique una cirugía estética que le permita tomar su lugar (aquí la trama empieza a tambalear, cuando prácticamente nadie advierte la sustitución). Bajo su nueva identidad, Chér-Bibi logra la confesión de Vera (Natalie Moorhead), la cómplice y amante del Marqués y secretaria de los Bourrelier y con la súbita colaboración de Costaud logra limpiar su nombre. Bastantes acontecimientos para 74 minutos de duración, ¿verdad?
Básicamente mis objeciones tienen que ver con dos aspectos. En primer lugar, este tipo de tramas siempre tropieza con la dificultad de que es poco verosímil que la sustitución de identidad pase inadvertida a amigos, esposas y amantes por igual, tanto más cuando ambos personajes son interpretados por diferentes actores; en este caso sólo el mayordomo del Marqués se muestra desconfiado, aunque Chéri-Bibi descubre pronto cómo asegurar su silencio. En segundo lugar, hay existen varios baches en la historia (fuera quedan la historia pasada de Chéri-Bibi y Costaud, quienes ya se conocen cuando empieza la película, una  explicación para los cuatro años que Chéri-Bibi se toma para ponerse en acción - sin dudas ese tiempo era necesario para permitir que el hijo de Cecile creciera, pero parece demasiado para planificar un retorno - y la pequeña historia acerca del “regreso” del Marqués tras la sustitución), pero hay uno de ellos que es particularmente impedonable: Costaud detesta a Chéri-Bibi desde el comienzo de la película, pero de pronto en los últimos dos minutos se posiciona a su favor, reconoce su inocencia y lo ayuda a desenmascarar a Vera. ¿Por qué? es la gran pregunta que queda sin respuesta.-


Más allá de ello, The Phantom of Paris es muy entretenida y tiene algunos momentos de gran belleza (no, no me refiero a la imagen de Gilbert mirando el cielo a través de una claraboya en el sótano… *suspiro*). Robertson se vale de una fotografía con sombras pronunciadas para reflejar el estado mental y la ambigüedad de Chéri-Bibi (además de proveer a su héroe de muchas áreas de penumbra para ocultar su rostro) y recurre a algunos recursos ingeniosos en la puesta en escena. Por ejemplo, cuando Chéri-Bibi se oculta en el sótano de Herman, Robertson lo muestra espiando a Costaud a través de una estufa con fondo falso, y las llamas delante de su rostro logran comunicar el infierno en el que vive el protagonista pero también el lado casi demoníaco que lo impulsa a cumplir su plan. En efecto, a lo largo de la película se repiten las escenas en las que se acentúa este “lado oscuro” a través de la fotografía y una de las características más interesantes de Chéri-Bibi es que, lejos de ser el típico héroe que lucha contra la adversidad, él conduce su venganza de manera intransigente casi como un Conde de Monte Cristo (personaje que Gilbert también encarnó en la versión de 1922, muy buena por cierto) sin importar a quien deba aplastar en el camino, como un verdadero héroe del período pre-code.-
Esta película se inscribe, además, en la tradición del cine pre-code en su forma de mostrar a las figuras de autoridad y de poder como personajes corruptos y desvíados. El Sr. Bourrelier no es más que un snob que quiere unir su fortuna al título del Marqués. Costaud se presta para las estratagemas de Bourrelier, quien le ordena presentarse en el show de Chéri-Bibi para desprestigiarlo (para lo cual el Detective lo esposa durante un acto particularmente peligroso; me pregunto qué hubiera sucedido si Chéri-Bibi no fuera tan buen escapista… ¿hubiera muerto esposado para satisfacer la ambición de Bourrelier?) y luego lo persigue durante años impulsado no por el afán de justicia sino en venganza por haber quedado en ridículo. El Marqués Du Touchais oculta un pasado cuestionable y es un asesino despiadado a quien no le perturba el hacer miserables a su esposa y a su pequeño hijo. En este contexto, resulta fascinente ver a Chéri-Bibi enfrentándolos.-
Pero The Phantom of Paris no trata solamente sobre la venganza, sino que Gilbert se encarga de aportar mucha humanidad a su personaje. Su Chéri-Bibi está lleno de cualidades que justifican que más tarde pueda desplegar su plan (por una vez Gilbert cuenta con un personaje parlante bien desarrollado en el guión), tales como su confianza y su habilidad como escapista y como ilusionista pero en un punto, luego de cuatro años encerrado en un sótano, está a punto de perder la cabeza y ese atisbo de locura ya nunca lo abandona del todo. Chéri-Bibi no vuelve a ser el mismo luego del asesinato de Bourrelier, la cárcel y el encierro lo han transformado pero no tanto como para matar su alma: su escena con el pequeño Jacques es adorable y, más tarde, cuando se sabe perdido pues Vera ha descubierto su identidad (en una de las mejores escenas de la película) y decide descubrirse ante Cecile, apenas puede contener su emoción y el amor que todavía siente ella. Y una de las mayores delicias de The Phantom of Paris es ver a Chéri-Bibi pensando en la pantalla: el héroe no tiene compinches, está completamente solo en su tarea de adentrarse en un mundo que desconoce y por ello no tiene con quién comentar sus hallazgos y sus planes. Pero los comparte con los espectadores: cada idea de Chéri-Bibi se refleja indubitablemente en la mirada de Gilbert.-

Sexta parada: West of Broadway (Lejos de Broadway) - Harry Beaumont, 1931.-


En West of Broadway Jerry Seevers (Gilbert) regresa gravemente herido de combatir en la I Guerra Mundial y descubre que su prometida Anne (Madge Evans) ha roto su compromiso y planea casarse con otro hombre. Resentido y completamente borracho, Jerry se casa con Dot (Lois Moran), una prostituta a la que acaba de conocer. A la mañana siguiente intenta zafarse del matrimonio, pero no puede: resulta que Dot se enamoró de él y pretende rescatarlo del alcoholismo. Jerry no cree en las buenas intenciones de Dot, piensa que ella sólo está detrás de su dinero, así que huye a Arizona con su fiel compinche “Swede” (El Brendel), únicamente para encontrar que Dot se le ha adelantado y se encuentra cómodamente instalada en su rancho y ganándose el tímido afecto de Mac (Ralph Bellamy), uno de los empleados de Jerry. Luego de muchas idas y vueltas y una separación de por medio, Jerry finalmente se convence de la sinceridad de Dot y la pareja se reconcilia.-
West of Broadway podría haber sido una precursora de las screwball comedies si no fuera por su tono pesado (alguna de las cosas que Jerry dice y hace son bastante despreciables y no precisamente en el estilo de, por ejemplo, Cary Grant en His Girl Friday). Al mismo tiempo, Beaumont deja pasar una oportunidad espléndida de reflexionar acerca de por lo menos uno de los temas que abarca su película, ya sea el retorno de los combatientes, el alcoholismo, la prostitución o incluso la inequidad de la Justicia. West of Broadway simplemente va con la corriente hacia su descenlace, en un área gris que no pertenece al mundo de la comedia ni del drama y la verdad es que implica un retroceso en términos de calidad respecto de The Phantom of Paris.-
No obstante ello, es una película sumamente disfrutable, en especial por la química de Gilbert y Moran (se sacan chispas, de veras) y por la intervención de algunos secundarios muy sólidos (Frank Conroy me gusta mucho en el papel del abogado de Jerry y Gwen Lee como la amiga de Dot es imperdible). Y si bien Gilbert no tiene mucho con qué trabajar (el Jerry del guión es un imbécil a decir verdad) logra redimirse con su carisma, como suele suceder con las estrellas. En su piel, Jerry sigue siendo un imbécil, pero adorable.-