sábado, 11 de agosto de 2018

Weary River (El príncipe de la melodía) - Frank Lloyd, 1929.-


Por casualidad dí con otra película de Frank Lloyd, director de Children of Divorce, la película de mi última entrada. En este caso, se trata de una película parcialmente sonora - la primera que veo - una variante de lo más curiosa que en este caso funciona bien por la mayor parte del tiempo (sólo en algunas escenas el ritmo se arrastra como suele suceder en las talkies tempranas, pero en líneas generales Weary River se beneficia del dominio de la técnica del cine mudo de su director y sus actores aún en las partes sonoras).-
Weary River cuenta la historia de Jerry Larrabee (Richard Barthelmess), un gángster de mediana importancia que es condenado por haber herido a un transeúnte inocente en medio de un tiroteo entre bandas. Jerry es llevado a prisión, en donde es recibido por un alcaide paternal (William Holden… no, no ese William Holden) que intenta reformarlo (una parte importante de ello es alejarlo de su novia Alice - Betty Compson - en una jugada que parece un poco fuera de lugar). Jerry se convierte en el director de la orquesta de la prisión y comienza a participar en emisiones radiales. Cuando Jerry canta su canción Weary River el público enloquece e inclusive sus antiguos compañeros aplauden con orgullo al escucharlo desde un salón de fiestas. Al salir en libertad, Jerry intenta iniciarse en el circuito del vodevil, pero tanto sus colegas como los miembros de la audiencia le hacen pesar su pasado criminal. Aparentemente, el público adora escuchar transmisiones radiales desde la prisión pero no tolera a un ex convicto de pie en el escenario… Acorralado, Jerry regresa al único mundo que conoce y en donde es aceptado y pronto se ve mezclado en otra pelea entre bandas.-
La primera característica de esta película que llamó mi atención es su gran economía. En los primeros seis o siete minutos (silentes) se nos presenta inequívocamente al protagonista, a su rival Spadoni (Louis Natheaux) y el conflicto que signará la vida del héroe (la caída de un inocente durante el tiroteo). Un poco más adelante, con idéntica economía se nos deja ver el vínculo que une a Jerry con Alice, su complicidad, su genuino amor. Es este vínculo el que hace que creamos en la bondad intrínseca de Jerry: nadie que tenga esa conexión con otro puede ser verdaderamente malvado o quedar sin redención en el final de la historia. Y sin embargo, Weary River no es una película que contenga elementos típicamente románticos o sea sentimental. Es extremadamente simple en su forma de contar (con momentos de gran belleza, como la ejecución de un prisionero que sólo vemos en siluetas) y aún así, muy efectiva.-
Pero lo más interesante de Weary River no está en su forma sino en su contenido. Estrenada en febrero de 1929 - es decir ocho meses antes de la caída de la Bolsa de ese mismo año - esta película ya le habla a lo que será el público de la Gran Depresión. Al mismo tiempo que responde a un esquema anterior al típico del período pre-code en lo que respecta al cine de gángsters (no estamos todavía aquí en el terreno de Little Caesar o The Public Enemy) en el sentido en que los criminales siguen siendo los villanos, Weary River plantea dos situaciones completamente novedosas para su tiempo: la primera, que los ex convictos no reciben la segunda oportunidad que merecen una vez que intentan incorporarse a la sociedad en un plano de legalidad; la segunda, que cuando se encuentra expulsado de la vida a la que aspira, el héroe sólo puede volverse hacia sus amigos criminales en busca de apoyo. Jerry no pertenece en ningún otro sitio que no sea su pandilla o la orquesta de la prisión.-
En el final, la película mira hacia el pasado en su forma de resolver el conflicto (un par de años después, los héroes del cine de gángsters tendrán finales muy diferentes al de Jerry) pero aún así Weary River se presenta como una pieza digna de ser rescatada en la transición entre los temas y formas de los años ‘20 y el mundo del cine pre-code.-

domingo, 5 de agosto de 2018

Children of Divorce (Los hijos del divorcio) - Frank Lloyd, 1927.-


Me acerqué a Children of Divorce buscando ver algo más de Clara Bow (actriz con la que tengo un vacío importante) y me encontré con una película bastante interesante - más allá de su protagonista - tanto en términos argumentales como estéticos. En cuanto a lo primero, ofrece una historia rica que admite más de una interpretación; y respecto de lo segundo, se presenta como una pequeña muestra, nada grandilocuente pero igualmente efectiva, del alto grado de sofisticación que había alcanzado el cine para finales del período mudo.-
La historia nos presenta a tres “hijos del divorcio”: las niñas Kitty y Jean, quienes traban una amistad inseparable al estilo de Jane Eyre y Helen Burns en el convento parisino en el que se encuentran pupilas tras el divorcio de sus respectivos padres; y Ted, el vecino de la infancia de Kitty que se reúne con ella en París, mientras acompaña a su padre divorciado y sus amistades (incluída una mujer mayor que insiste en besar - ¿seducir? - al muchacho).-
Años más tarde, Kitty cuenta con el rostro de Clara Bow, Jean se transformó en Esther Ralston (una actriz con una impresionante lista de más de cien títulos en su haber, casi todos ellos filmados antes de 1940 y especialmente antes de 1929, pero hoy completamente olvidada) y Ted es un jovencísimo Gary Cooper en su primer rol importante. El trío protagonista se reencuentra en Estados Unidos y suma un lado más a su polígono amoroso: el Príncipe Vico (Einar Hanson). Tanto Kitty como el Príncipe tienen el mandato de casarse por dinero (ambos tienen sólo la apariencia de la riqueza), por lo que su amor se presenta como irrealizable. Al mismo tiempo, Jean y Ted renuevan su antigua promesa de casamiento pero Kitty, decidida a no quedar desplazada por el mutuo amor de sus amigos, embauca a Ted para casarse con él. Unos pocos años después, el Príncipe es instado por su familia a casarse con Jean; todos son irremediablemente miserables, están atrapados en la red tejida por Kitty y no quieren perpetuar su historia de divorcios y desamor en la siguiente generación, representada por la hija de Kitty y Ted.-
En 1927 se estrenaron nada menos que seis películas de Clara Bow, incluídas dos de sus más recordadas: It y Wings. Viendo en la pantalla su enorme talento y su encanto, da pena pensar que en dos años más - con la consagración del cine sonoro - su carrera quedaría reducida a un sólo título importante más, Call her Savage (1932) que todavía no pude ver completa y luego al mito (Bow corrió con una suerte un poco mejor que muchos de sus contemporáneos porque gracias a su mote de “It Girl” no cayó completamente en el olvido). En Children of Divorce Bow traza la trayectoria de su personaje de chica despreocupada de los años ‘20 a mujer torturada por las consecuencias de su egoísmo, pasando por un giro de la trama bastante desagradable en su engaño a Ted, todo ello con precisión en la comunicación de las emociones y sobre todo con mucha humanidad. Aún en sus momentos más bajos, sentimos simpatía por Kitty porque… bueno, porque tiene el carisma de Clara Bow.-
En términos visuales, la segunda parte de la película está llena de alusiones y juegos de espejos con situaciones de la primera parte y especialmente hacia el final hay dos momentos muy interesantes que aumentan el dramatismo de la historia: en uno de ellos, la toma subjetiva de un personaje mirándose en el espejo nos cuenta cómo éste se siente; en el otro, la ubicación de la cámara nos oculta un objeto prohibido.-
En cuanto a la historia, una primera interpretación haría pensar que existe aquí una demonización del divorcio y un llamado a la preservación del matrimonio. Ted, Kitty y Jean después de todo, sufrieron infancias de abandono y desamor para que sus padres pudieran saltar irresponsablemente de un matrimonio por conveniencia a otro, mientras que hubieran gozado de estabilidad (aunque tal vez no de felicidad) si no hubieran mediado los respectivos divorcios. Pero existe otra interpretación posible: Children of Divorce también nos habla de cómo las convenciones sociales rígidas (en este caso, la del matrimonio por conveniencia y también las religiosas, que impedirían la unión de Kitty y Vico si la primera se divorciara de Ted) cercenan la libertad individual al mismo tiempo que hacen cargo a los demás de sus platos rotos.-

lunes, 23 de julio de 2018

Locos por los musicales - Última semana: películas de los años ‘60 y ‘70.-

Ya está llegando el final de mi curso sobre musicales (en rigor de verdad, el curso ya terminó, pero me retrasé con el visionado de las películas). Estas décadas, marcadas por todo tipo de cataclismos políticos y sociales (marchas y manifestaciones, asesinatos políticos, desencanto social, escándalos de corrupción y la Guerra de Vietnam), además de la crisis del studio system y el reemplazo del vetusto Código Hays por el sistema de calificación, impactaron fuertemente en la industria cinematográfica abriendo la puerta a un nuevo tipo de cine, más independiente y de bordes ásperos. Pero antes de que todo esto sucediera, los estudios dieron batalla con películas cada vez más grandes, de mayor duración, con producciones más espectaculares y a través del fenómeno de los roadshow se transformó la experiencia de ir al cine en un acontecimiento especial, como ir al teatro o a la ópera. Las películas sugeridas para esta semana pivotan entre el pasado y el futuro como si hubieran sido producidas en universos diferentes: My Fair Lady (Mi bella dama), Fiddler on the Roof (El violinista en el tejado), Cabaret y Funny Girl. Entre ellas, My Fair Lady y Funnu Girl proponen una estética clásica (y en el caso de la primera, un contenido clásico también mientras que la segunda nos presenta una mujer moderna e independiente aunque limitada en sus opciones: al optar por su carrera pierde la felicidad personal); y las restantes irrumpen de pronto con una forma y una sustancia que aún hoy parecen modernas.-


My Fair Lady (Mi bella dama) - George Cukor, 1964.-


Tuve este DVD sentado en mi biblioteca durante varios años sin decidirme a verlo. En su momento cuando recién lo compré vi un par de minutos y no logré avanzar. Con motivo de este curso no tuve alternativas: debí enfrentarme por fin con esta película… Su visionado no me fue fácil y en varios momentos recurrí al botón “avanzar” de mi control remoto, lo confieso. ¿Cuál es mi mayor objeción? Pues que esta película no tiene alma, no es original (lo siento Cukor, pero Minnelli ya había llevado a la pantalla en Gigi muchas de las mismas ideas y mejor ejecutadas) y, en suma, se me escapan los motivos de su popularidad.-
En cierto modo, My Fair Lady recupera el tema de Gigi (ambas obras de teatro musical y películas con letra y música de Alan Jay Lerner y Frederick Loewe): la transformación de una joven rústica en una mujer refinada destinada a alternar con la alta sociedad. Allí donde Gigi estaba destinada a convertirse en una cortesana, Eliza Doolittle (Audrey Hepburn) es una humilde vendedora de flores que accede a someterse a las lecciones del profesor de dicción Henry Higgins (Rex Harrison) con la esperanza de prosperar social y económicamente. Pero aunque el objetivo es más loable, el proceso en My Fair Lady termina siendo cruel y vacío. Eliza aprende a hablar correctamente (un poco por milagro, después de semanas sin ningún avance) pero no a mantener una conversación aceptable en el círculo social en el cual el Profesor pretende que se inserte. Su única alternativa es limitarse al estado del tiempo y a la salud de la gente. Así, el Profesor sólo cambia el molde, pero no se preocupa por mejorar el contenido exponiendo a Eliza al ridículo.-
Peor aún, cuando es cortejada por un joven que la quiere y la acepta tal cual es (conversaciones inapropiadas y todo), Eliza elige al Profesor sin que yo llegue a entender el porqué… Después de dos horas cincuenta minutos de duración sin ningún gesto de ternura (lo más parecido es el Profesor cantando que “se acostumbró a la cara” de Eliza… sí...), el Profesor Higgins se queda con la chica y francamente, si eso significa que la película llegó a su fin, para mí es un alivio. Que vivan felices y salgan de mi televisor.-


Fiddler on the Roof (El violinista en el tejado) - Norman Jewison, 1971.-



Después de My Fair Lady, ver Fiddler on the Roof fue una caricia para el alma. En primer lugar, hay una diferencia abismal en la estética de esta película en relación a las películas de la década anterior incluídas en este cuarteto. No sólo por el uso de locaciones (¡cómo respira esta película!) sino también por la representación de los personajes en una forma no estilizada. No existe aquí ningún esfuerzo por “embellecer” nada y eso permite que personas y cosas se destaquen por sí mismas.-
Pero fundamentalmente, en términos dramáticos nos encontramos yo diría que por primera vez desde los años ‘30 (con la excepción de la maravillosa West Side Story que para 1961 debe haber parecido una visitante del futuro) con un argumento que nos mira directamente a los ojos y nos cuenta una historia con la que todos podemos identificarnos, que no es una metáfora de otra cosa y que no busca exaltar ningún sentimiento de época. Y además es una historia que no esperaríamos encontrar en un musical, género habitualmente asociado con todo lo brillante y ligero.-
En Fiddler on the Roof Jewison nos lleva de la mano por la pequeña aldea Anatevka en la Rusia zarista y en especial por la historia de Tevye (Topol), su esposa Golde (Norma Crane) y sus tres hijas en edad de casarse: Yente (Molly Picon), Tzeitel (Rosalind Harris) y Chava (Neva Small). Aquí, la irrupción de los tiempos modernos en un contexto determinado - expresada en la película por la rebelión romántica de las hijas - es un tema con el que todos podemos identificarnos. Y cuando estos cambios coinciden con la destrucción de la Sociedad tal como los personajes la conocen, no resulta claro si esa destrucción llega por la resistencia de los mayores a adaptarse a los tiempos que corren o si, por el contrario, se debe a la pérdida de los valores tradicionales.-


Cabaret - Bob Fosse, 1972.-



Fiddler on the Roof termina con una nota optimista. No sabemos si lo lograrán, pero Tevye y su familia emprenden el camino hacia América, en donde esperan encontarse con sus parientes. Un año después llega Cabaret, sobre la que ya he escrito antes, y recoge el guante. De nuevo contamos con un argumento inesperado para un musical, una estética puesta al servicio de la historia y no divorciada de ella (ya hablaré sobre esto) y un director que nos interpela permanentemente. Pero a diferencia de Jewison, Fosse nos golpea con uno de esos finales que nos dejan perplejos y desorientados y que tan bien sabía crear el director (¿alguien que haya visto All that Jazz pudo olvidar el final?).-


Funny Girl - William Wyler, 1968.-



Esta fue la última película que vi como parte de este curso y también la última que descubrí. Este visionado tampoco fue del todo fácil (aunque no usé el botón “avanzar”).-
Funny Girl cuenta (con enormes libertades) la historia sobre el ascenso al estrellato de la comediante Fanny Brice (Barbra Streisand) y su relación sentimental con Nick Arnstein (Julius Arndstein en la vida real, interpretado por Omar Sharif). Aquí comienzan los problemas: en primer lugar, no podría explicar el porqué pero los biopics que el género musical ha dedicado a sus propias figuras (probablemente con las únicas excepciones de Yankee Doodle Dandy que cuenta con la fuerza impulsora de James Cagney y de Three Little Words que es encantadora en su falta de pretensiones) son unos mamuts insoportables que - si tenemos suerte - solo cobran vida una o dos veces en el transcurso de la película. En segundo lugar (y sí, me doy cuenta de que estoy siendo completamente parcial) Barbra Streisand me resulta extenuante. Nunca llego a sentir que componga un personaje (el poco apego a las caracterizaciones de época de los años '60 no ayuda, es verdad), siempre me parece ella haciendo de ella o al menos de la persona que quiere que creamos que es y no en buen sentido, no de la forma en que Cary Grant por ejemplo era esencialmente él (aunque seguramente no Archie Leach) todo el tiempo.-
Por suerte, Funny Girl tiene otros aspectos que compensan y que hicieron que su visionado no fuera una experiencia completamente miserable. Por un lado, la dirección de Wyler es impecable, solo las entradas de los personajes ya hacen que el visionado valga la pena. Por el otro, la historia está en avance continuo y las dos horas y media de duración (me he puesto quisquillosa con la duración de las películas, lo sé) no se hacen tan pesadas; tal vez no interese demasiado adónde estamos yendo, pero no caben dudas de que estamos yendo hacia algún lado. Y finalmente, a Funny Girl también le llega su momento de cobrar vida y esto sucede en el último minuto de película con el número My Man. Leí un par de historias acerca de este número (que fue grabado con sonido directo en lugar de utilizarse las pista pre-grabadas que Streisand odiaba; que Wyler hizo que Sharif - con quien Streisand había tenido un romance ya terminado para este punto de la filmación - estuviera detrás de cámaras para afectar la interpretación de la diva) pero al final de cuentas nada de eso importa cuando tenemos una intérprete a pleno en la pantalla, un director con la sabiduría suficiente como para dejar hacer y una buena canción.-


Con esto concluye mi serie de entradas sobre el curso “Locos por los musicales” auspiciado por el canal TCM. Esta fue la tercera edición (las dos anteriores fueron sobre cine negro y sobre Alfred Hitchcock) y espero que el año siguiente vuelvan a dictarlo, con un nuevo tema. Mientras tanto, los espero pronto (espero que la semana próxima, pero mi pluma nunca es tan rápida como yo quisiera) con una nueva entrada sobre alguna de las películas no-musicales que han ido apilándose al lado de mi televisor.-
PD: Aprobé el curso :)

viernes, 6 de julio de 2018

Locos por los musicales - Tercera semana: películas de los años ‘50.-

El tercer módulo del curso “Locos por los musicales” está dedicado a la década del ‘50, marcada por diversos acontecimientos políticos, económicos y culturales. Por un lado, el final de la Segunda Guerra y la expansión económica que le sucedió dejaron en el pueblo norteamericano un ánimo triunfalista y la convicción de que la unión hace la fuerza. Paralelamente, comenzó a consolidarse el terror ante un eventual avance comunista, con lo cual pasada la corriente pro-soviética que inspiró muchas películas de los años ‘40, la industria cinematográfica se ocupó en reflejar el conservadurismo que caracterizaba a la sociedad en general (aunque también en esta década encontramos maravillosas excepciones en películas que levantan la voz contra esa estandarización de la sociedad). Por otro lado en esta década se produjo la multiplicación de los televisores en los hogares y el traslado de grandes grupos de las ciudades a los suburbios (en donde no había cines), con lo cual la industria comenzó a buscar nuevas tecnologías (pantalla ancha, sonido estereofónico, 3D, etc.) que tentaran a las audiencias a regresar a las salas de cine. Al mismo tiempo, la desinversión de los estudios forzada por la Corte Suprema de Estados Unidos - que falló considerando monopólica la propiedad de los cines por parte de los grandes estudios - hizo que comenzara la caída de los grandes estudios y el surgimiento de productoras independientes. Y finalmente, en esta década aparece una nueva clase público, más joven y liberal que irrumpirá por completo en la escena social y cultural en la década siguiente. Las películas sugeridas para esta semana fueron Singin’ in the Rain (Cantando bajo la lluvia), A Star is Born (Ha nacido una estrella), Guys and Dolls (Ellos y ellas) y Gigi. En este caso dudé mucho antes de incorporar una quinta película porque hay tantos musicales absolutamente geniales en esta década, además de los que ya integran el cuarteto sugerido, que se hizo difícil escoger sólo uno. Finalmente, me decidí por uno que tal vez no sea el mejor entre todos los posibles (han quedado afuera An American in Paris y The Band Wagon) pero que creo que refleja muy bien el panorama general de la década: Brigadoon.-

Singin’ in the Rain (Cantando bajo la lluvia) - Gene Kelly y Stanley Donen, 1952.-


Hace muy poco tiempo atrás publiqué una entrada sobre esta película así que no reiteraré aquí mi gran cariño y respeto por esta película. Lo que me resultó muy interesante en este nuevo visionado, habiendo descubierto recientemente The Broadway Melody, es encontrar todas las citas que esta película hace en relación a su predecesora. El número Broadway Melody, por ejemplo, contiene varias referencias como la cartelería de Broadway envolviendo al protagonista, la audición ante los productores (agentes de artistas en este caso) y la presencia de una mujer embelesada por los regalos de un millonario (aquí es Cyd Charisse, antes era Anita Page).-
Hay también un perfume que llega del pasado en la historia de una aspirante que es “descubierta” por una estrella o un actor de mayor experiencia (la trama ya era vieja para 1929 pero a partir de The Broadway Melody se convertirá en un patrón para el género musical). En esto y en decenas de pequeños detalles Singin’ in the Rain rinde homenaje al pasado al mismo tiempo que abre la puerta para los temas dominantes en la década de 1950: allí donde en su película anterior Gene Kelly levantaba las banderas de la individualidad (si bien en An American in Paris su Jerry Mulligan es un sujeto de lo más sociable, en su peor hora se encuentra solo en un rincón oscuro), en Singin’ in the Rain se suma al discurso que la industria cinematográfica viene a imponer en esta década, es decir que la clave está en la colaboración. Si volvemos sobre las películas visitadas en la entrada anterior vemos que tanto en Cabin in the Sky como en Yankee Doodle Dandy o Holiday Inn e incluso en On the Town (pienso también en Easter Parade con otro tipo de héroe y en For me and my gal, como ejemplo extremo) es el o la protagonista - a lo sumo con ayuda de su amante - quien logra sacar adelante las situaciones. En Singin’ in the Rain en cambio, es el esfuerzo conjunto de los tres principales lo que salva la carrera del héroe y notablemente, la idea salvadora ni siquiera es suya sino del personaje de Donald O’Connor.-
Al mismo tiempo, siento que de alguna manera esta película cierra un ciclo. Si bien parte de la industria seguirá apostando al espíritu triunfalista de la posguerra, muchos de los musicales importantes que podemos mencionar (pienso en The Band Wagon, It’s Always Fair Weather, Les Girls, Silk Stockings, Brigadoon, A Star is Born, Gigi) tienen una nota oscura y melancólica. A partir de Singin’ in the Rain se hará cada vez más difícil encontrar musicales de esos que iluminan el día del espectador.-

A Star is Born (Ha nacido una estrella) - George Cukor, 1954.-


Resulta curiosa la forma en que las películas dialogan entre sí, lo advierta uno o no. Mirando Singin’ in the Rain y A Star is Born en días consecutivos (cosa que nunca había hecho) pensé que en un punto ambas cuentan la misma historia (la de la aspirante que es ayudada profesionalmente por una estrella que enfrenta dificultades en su propia carrera), ambas en clave musical pero con tonos completamente diferentes. Casi es como si A Star is Born viniera en el lado B de Singin’ in the Rain. Se advierte aquí con total claridad la diferencia entre los estudios responsables por una y otra: allí donde MGM lo pinta todo de espectacularidad y brillo, Warner da a luz a una historia cruda que habrá hecho sentir incómodo a más de uno en la industria.-
A Star is Born es una película interesante en el sentido en que plantea una transición entre los musicales clásicos y los musicales oscuros de las décadas venideras. Hay también una suerte de estética de la fealdad, algo que volverá en las películas por venir. Hasta aquí, las películas que venimos viendo (especialmente las producidas por MGM, pero también las de otros estudios) buscaban la belleza por encima de todas las cosas. A Star is Born juega con la penumbra, con la fealdad de algunos sets y con piezas de vestuario poco sentadoras (la mitad del tiempo parecería que Judy Garland no tuviera cuello) pero lo hace con una amabilidad que termina resultando encantadora.-
Idéntico criterio aplica a sus personajes, en especial a Norman Maine (maravilloso James Mason), el héroe presuntamente inspirado en el trágico final de John Bowers (el rival romántico de Lon Chaney en The Ace of Hearts). Cukor evidentemente ama a sus personajes y con ello logra que los amemos también.-

Guys and Dolls (Ellos y ellas) - Joseph L. Mankiewicz, 1955.-


Esta es la única película de esta semana que no había visto nunca y debo decir que me costó una enormidad entrar en ella. Sinceramente creo que le sobra al menos media hora y que lo mismo podría haberse contado con mayor economía.-
Dicho esto, terminó resultándome una película interesante por varios factores. En primer lugar, existe un hilo invisible que conecta esta película con It’s Always Fair Weather (estrenada unos meses antes que Guys and Dolls) y con otras de esta década y de la siguiente, en especial con West Side Story, y es esta idea de llevar el ballet moderno a las calles y en los cuerpos de bailarines, ya sean profesionales o improvisados, con características individuales que los distinguen. Allí donde el ballet clásico busca la uniformidad en sus cuerpos de baile, estos ballets urbanos (pienso en los boxeadores de It’s Always… y en los Jets y Sharks de West Side Story) vienen en todas formas y tamaños, tienen habilidades diferentes pero juntos logran un resultado armónico.-
Otro de los aspectos interesantes de esta película es casi pre-code en su planteo de las relaciones entre hombres y mujeres (Frank Sinatra y Vivian Blaine están comprometidos hace ¡catorce años! sin fecha de boda a la vista, mientras que Marlon Brando lleva a Jean Simmons a una cita en La Habana, deja que se emborrache y la regresa a su oficina a la mañana siguiente luego de una elipsis en el montaje que podemos llenar como mejor queramos). Por otro lado, es igualmente contraria al Código Hays la presentación de héroes y villanos: aquí los apostadores y pequeños delincuentes de diversa calaña son presentados como personajes positivos mientras que la policía y los miembros de congregaciones religiosas tienen características negativas o ridículas. Ello confirma lo que ya veíamos en décadas anteriores y es que los musicales permitían una pequeña corriente de aire puro dentro del ambiente controlado por el Código. Y sin embargo, Guys and Dolls termina con una nota conservadora, con estas parejas uniéndose en matrimonio en una doble boda celebrada en la misma calle que sirve de telón de fondo para sus aventuras.-

Gigi - Vincente Minnelli, 1958.-


Hace bastante tiempo atrás publiqué una entrada acerca de Gigi y si mal no recuerdo, no volví a ver la película desde entonces. En este nuevo visionado, con las enseñanzas del curso en mente, me quedé con una idea que me llevará a la próxima película: en apariencia, en el final Gastón (Louis Jourdan) y Gigi (Leslie Caron) han adoptado un estilo de vida conservador y ajustado a la moral y las buenas costumbres. En esto, parecen encajar a la perfección con esta noción de uniformidad que los ‘50 intentaron imprimir en la cultura norteamericana pero… ¿son realmente así las cosas? Después de todo, desde el comienzo de la película se nos pintó una sociedad en la que los solteros empedernidos como Honoré (Maurice Chevallier) y las cortesanas retiradas en el lujo proporcionado por su larga “carrera” como Alicia (Isabel Jeans) constituyen el ideal a alcanzar. En ese contexto, al elegir casarse (y por amor) Gastón y Gigi son más subversivos de lo que parece. Este doble juego de valores, presente ya en la versión francesa original de Gigi dirigida por Jacqueline Audry es verdad, es un aspecto muy interesante de esta película filmada en este contexto histórico y está muy presente también en Brigadoon.-

Brigadoon - Vincente Minnelli, 1954.-


Elegí Brigadoon para cerrar esta década porque creo que concentra varias de las características que enuncié en el encabezado.-
Por un lado, refleja las tendencias estéticas de su época. Aquí encontramos la pantalla ancha, necesariamente llena con una multitud de extras o con grandes cuerpos de baile; y el tono “lavado” del sistema Ansco Color (más económico que Technicolor) y los decorados por oposición a la filmación en locación, todo ello utilizado con miras a reducir los costos de producción.-
Por el otro, ideológicamente la película parece enrolarse en el conservadurismo de la época. Cuando Tommy Albright (Gene Kelly) y Jeff Douglas (Van Johnson) se pierden en los montes escoceses y dan con el pueblo llamado Brigadoon, encuentran una sociedad organizada en torno al objetivo supremo de preservar la existencia del pueblo, la cual se vería amenazada si alguno de sus habitantes se atreviera a soñar con una vida en otra parte. Naturalmente desconfiados y temerosos de los forasteros, los brigadoonenses viven felices en la ignorancia del resto del mundo, sometidos a un extraño encantamiento que los lleva a dormir durante cien años cada noche. Cuando el estado de cosas se ve amenazado, todos cooperan en el restablecimiento del orden y cuando Tommy se enamora de una lugareña (Cyd Charisse) debe elegir entre irse solo o quedarse con su amada, nunca se plantea la posibilidad de que ella lo acompañe porque el bien común es prioritario. En este sentido Brigadoon parece decirnos que la sociedad ideal es homogénea, sin discordancias incómodas. Sin embargo, en la breve escena del tercer acto en la que los protagonistas están de regreso en Nueva York vemos que Tommy es el elemento discordante en su Brigadoon particular, una sociedad urbana, ruidosa y desconectada en la que todos menos el héroe parecen estar a gusto. Lejos de enseñarnos que cada cual debe amalgamarse con su entorno, Brigadoon intenta decirnos que tenemos que buscar el entorno que se ajuste a nosotros y en eso es menos conservadora de lo que parece.-
Finalmente, esta película marca la última colaboración entre Vincente Minnelli y Gene Kelly, amos indiscutibles de los musicales de los años ‘40 y 50’ y uno de esos dúos creativos capaces de producir milagros. Si bien en comparación con The Pirate y An American in Paris, Brigadoon aparece en desventaja, también es cierto que es la más poética de las tres, es un sueño dentro de un sueño de esos que en las décadas siguientes tanto Minnelli como Kelly ya no volverán a producir.-

miércoles, 20 de junio de 2018

Locos por los musicales - Segunda semana: películas de los años ‘40.-

El segundo módulo del curso “Locos por los musicales” abarca la década del ‘40. El material de consulta para esta semana analiza la forma en la que la II Guerra Mundial influyó profundamente sobre esta década antes, durante y después de la participación de EEUU en la misma. Con este hecho en mente vemos que la descripción de los hombres y las mujeres en los musicales es diferente a la década anterior y que se incorporan a las tramas elementos “nuevos” vinculados con la integración racial, la unidad y el patriotismo. Las películas sugeridas para esta semana fueron Cabin in the Sky (Una cabaña en el cielo), Yankee Doodle Dandy (Yanqui Dandy), Meet me in St. Louis (La rueda de la fortuna) y Holiday Inn. Al igual que en la entrada anterior, las comentaré en el orden recomendado sin atender al año de producción y agregaré una quinta película que considero esencial: On the town (Un día en Nueva York).-


Cabin in the Sky (Una cabaña en el cielo) - Vincente Minnelli, 1943.-


Cabin in the Sky es una película interesantísima por varios motivos. En primer lugar, fue el primer largometraje dirigido por Vincente Minnelli y si bien el “toque Minnelli” se aprecia en todo su esplendor en Technicolor, y esta película se rodó en blanco y negro, ya podemos ver en este primer intento una bella puesta de cámaras y una fotografía delicada y romántica que acompaña el entorno rural de la película y que resulta resignificada hacia el final (no diré nada más para no arruinar el visionado de quienes no la hayan visto).-
Tan importante en términos históricos como este debut es la particularidad de que el elenco está integrado exclusivamente por actores afroamericanos. Si bien ya se habían filmado antes otras películas con elencos ciento por cien afroamericanos, esto seguía siendo una rareza. Los actores afroamericanos (como así también los asiáticos y los de otras minorías) estaban relegados a pequeños papeles, muchas veces sin diálogo y casi siempre bajo estereotipos (una maravillosa excepción es el rol de Theresa Harris en Baby Face). En los musicales, los cantantes y músicos afroamericanos tenían una ventana un poco más amplia para demostrar su talento, aunque por lo general aparecían en números especiales que en los estados del sur de EEUU podían eliminarse fácilmente sin que la trama sufriera. Un número interracial en el que artistas blancos y negros aparecieran como pares, tal como Be a Clown en The Pirate (también dirigida por Vincente Minnelli) era una verdadera declaración de principios. Pero de repente, con EEUU ya participando en la II Guerra, surgió la necesidad de fomentar la integración de los afroamericanos (al menos por un ratito) y de mostrar su cultura en términos positivos.-
En cuanto al elenco, encabezado por una luminosa Ethel Waters, por Eddie “Rochester” Anderson y por Lena Horne, también se aprecia la mano de Minnelli: su gran trabajo en la dirección de actores reduce en mucho las interpretaciones estereotipadas y si bien aparecen aquí y allá algunos detalles (vamos, Cabin in the Sky sigue siendo una película de los años ‘40), se siente un tratamiento de los personajes más respetuoso que en la generalidad de los casos.-


Yankee Doodle Dandy (Yanqui Dandy) - Michael Curtiz, 1942.-


Esta es la primera película de este cuarteto que no había visto antes. Se trata de una biografía bastante libre de George M. Cohan, el multifacético artista considerado el padre del teatro musical de EEUU, protagonizada por James Cagney (quien ganó un Oscar al mejor actor por este papel, el único de su carrera y el primer galardón de esta categoría entregado a un actor en una película musical).-
La producción de Yankee Doodle Dandy comenzó pocos días antes del bombardeo en Pearl Harbor que determinó la intervención de EEUU en la Guerra, marcando profundamente el tono de la película. Aquí se trata de mostrar a un “verdadero americano”, un patriota, y - nuevamente - de integrar a una de las culturas más fuertes del país, la irlandesa (Cohan era de esa ascendencia, al igual que Cagney).-
Y sin embargo, Yankee Doodle es una película que sigue disfrutándose hoy en día. El principal motivo se resume en dos palabras: JAMES CAGNEY. No hay demasiadas oportunidades para comprobar su talento musical (Footlight Parade, de 1933, es el otro musical que pude ver y también es una delicia), de modo que cada una de ellas se convierte en una perla. ¡Cómo se mueve ese hombre! Cagney siempre es interesante de ver pero cuando se pone sus zapatos de baile la cosa alcanza niveles extraordinarios. En este caso, bajo la dirección de Seymour Felix y Leroy Prinz y la coreografía de Jack Boyle, Cagney recrea el estilo de Cohan y al mismo tiempo es esencialmente él mismo. Su persona escénica se funde con el personaje y le da impulso a la película, pero sin llegar nunca a eclipsar a los demás actores; Cagney lidera pero no domina al resto del elenco encabezado por Walter Huston como el padre de Cohan, Rosemary DeCamp como su madre, Jeanne Cagney (hermana de James) como su hermana y Joan Leslie como su esposa.-


Meet me in St. Louis (La rueda de la fortuna) - Vincente Minnelli, 1944.-


En otra oportunidad comenté cinco momentos de esta película y ahora me toca volver sobre ella. En este nuevo visionado me fijé especialmente en los aspectos oscuros de Meet me in St. Louis, que no había resaltado en mi entrada anterior.-
Los musicales de Minnelli siempre parecen tener una nota de gravedad por allí escondida, su universo nunca es tan brillante como aparenta, pero en Meet me in St. Louis este elemento resalta particularmente. Las hijas menores de la familia Smith, “Tootie” (Margaret O’Brien) y Agnes (Joan Carroll, qué pena que esta niña no tuviera un rol más destacado en la película, es encantadora) están obsesionadas con la muerte y encuentran en la noche de brujas, con sus tradiciones macabras, el espacio ideal para dar rienda suelta a sus fantasías. En el curso de la noche las niñas pasan de “matar” a los vecinos menos simpáticos tirándoles harina al rostro a ocasionar el descarrilamiento del tranvía (tratándose de un musical no hay consecuencias fatales, claro). Peor aún, para encubrir su travesura “Tootie” inventa un ataque violento de parte del enamorado de su hermana Eshter (Judy Garland). Material inusual para este género, ¿verdad? En el contexto histórico en el que esta película fue producida, con la II Guerra aún en curso y con final incierto, las niñas parecen ser las más realistas del conjunto. El resto necesitará una amenaza más concreta (la mudanza a Nueva York) para comprobar que el mundo puede cambiar de un momento a otro y que los lazos que tendemos son lo único duradero. Setenta y cuatro años después, Meet me in St. Louis sigue hablándonos de la fragilidad del equilibrio cotidiano y de las cosas que en verdad importan.-


Holiday Inn - Mark Sandrich, 1942.-


Esta es la segunda película del cuarteto de esta semana que estoy descubriendo. Compré el DVD hace mucho tiempo pero nunca había encontrado el momento para verla.-
La trama recorre los enredos amorosos de Jim Hardy (Bing Crosby) y Ted Hanover (Fred Astaire), un dúo artístico que rivaliza en el amor disputándose el corazón de sus sucesivas compañeras de escena: primero la volátil Lila Dixon (Virginia Dale) y luego la adorable Linda Mason (Marjorie Reynolds). Tal vez esta no sea una gran película (tiene todo el aspecto de una más del montón), pero es encantadora y tiene más de un aspecto interesante.-
En primer lugar, es una de las pocas películas (si no la única) en la que Fred Astaire interpreta un personaje ligeramente antipático. Sin llegar a ser un villano, su Ted básicamente lanza el zarpazo sobre cada mujer de la cual Jim se enamora (¿es que acaso no puede conocer mujeres de otra forma?). No termina de resultar claro si las ama o si quiere asegurarse su lealtad profesional, lo único seguro es que aquí - como en otras películas musicales - el amor y los negocios son la misma cosa. Al mismo tiempo, el carisma de Astaire saca a flote a su personaje en base a muchas escenas cómicas ejecutadas a veces con Crosby, otras con Walter Abel en el rol de su represante.-
Otro aspecto interesante que se relaciona con mi comentario sobre Cabin in the Sky es el tratamiento que Holiday Inn hace de las cuestiones raciales. Por un lado, el número que Bing Crosby y Marjorie Reynolds hacen con maquillaje negro es eliminado en las emisiones televisivas de esta película en Estados Unidos, por considerarse ofensivo. El estilo black face fue muy popular en el cine durante décadas y son muchos los artistas que filmaron números musicales así maquillados. Es muy interesante el análisis que se hace en el material brindado por el curso respecto a qué significaban estos números en el contexto en que fueron filmados: lejos de pretender ridiculizar o invisibilizar a los artistas negros, estos números buscaban - de acuerdo a los estándares de aquella época - celebrar la cultura afroamericana. Y aún cuando nuestra sensibilidad no considere aceptable este tipo de expresiones, pretender que nunca existieron hace un pésimo servicio a la Historia. Por otro lado, es interesante considerar que el personaje de Mamie (Louise Beavers), la criada negra de Jim, es una madre soltera fuerte, determinada y sabia que termina salvando el día para su empleador.-
Un último aspecto de Holiday Inn que encontré fascinante es la ruptura de la ilusión cinematográfica que ocurre hacia el final de la película, cuando todos los personajes se trasladan a Hollywood (Ted y Linda para filmar una película ambientada en la posada de Jim y éste para recuperar a su amada). De pronto, la posada del título se convierte en un set de filmación y aquello que percibíamos como “real” se reafirma como ficticio: la posada misma, el cochero que lleva a Linda, la propia Linda transformada en actriz y personaje a la vez. Es un efecto curiosísimo en donde los personajes se desdoblan y son a la vez el reflejo y lo reflejado.-


On the Town (Un día en Nueva York) - Gene Kelly y Stanley Donen, 1949.-


Nunca me ha gustado demasiado esta película, me resulta una extraña combinación entre lo sublime (el ballet “Un día en Nueva York”), lo adorable (la canción Main Street) y lo bizarro (Prehistoric Man o Gene Kelly, Frank Sinatra y Jules Munshin bailando disfrazados como odaliscas); y aún aquello rescatable se volvió a hacer con mejores resultados, de modo que no necesitamos verlo aquí en una versión borrador.-
Sin embargo, al escuchar el podcast correspondiente a la segunda semana del curso, en el cual se describen las características distintivas de los años ‘40 en cuanto a los musicales, descubrí que On the Town las contiene todas, cerrando la década con una dosis concentrada de los cambios que se introdujeron en los años anteriores.-
En primer lugar, el trío protagonista (Kelly, Sinatra y Munshin) nos muestra la hermandad de tres amigos que responden al ideal norteamericano de los años de la Guerra: son jóvenes, seguros de sí mismos, viriles y despreocupados. Estamos muy lejos de los hombres de los años ‘30, que estaban agobiados por la Depresión y llenos de incertidumbres. Estos hombres, en cambio, proyectan al mundo la impresión de triunfo que Estados Unidos quería dar a propios y a extraños durante el conflicto.-
En segundo lugar, las mujeres de la película (Vera-Ellen, Ann Miller y Betty Garrett) también son muy diferentes de aquellas que poblaban las pantallas en la década anterior. No son meramente sobrevivientes o damiselas en peligro sino que aparecen como personajes fuertes con objetivos bien definidos. Y son profesionales, en el caso de Miller y Garrett, en ámbitos tradicionalmente reservados para los hombres. Con este tipo de personajes Hollywood logró reflejar la realidad de las mujeres en los años de la Guerra, aún cuando para los años ‘50 se haya intentado regresarlas al hogar.-
Esta película tiene además un elemento muy interesante que se convertirá en un sello personal de Gene Kelly en la década siguiente: la incorporación de un ballet. Se sabe que Kelly quedó muy impresionado con The Red Shoes (estrenada en 1948) y con las posibilidades del cine para llevar las danzas clásicas a una audiencia masiva. A partir de On the Town, todas sus películas importantes contendrán un ballet, culminando con la producción de Invitation to the Dance (filmada en 1952 pero estrenada recién en 1956, con poca repercusión), una película sin diálogo compuesta por tres ballets.-
Por último, On the Town hace un uso explosivo del color. Hasta los años ‘40 todavía se produjeron musicales en blanco y negro, pero en los años ‘50 el género se volcó de lleno hacia el Technicolor y otros sistemas para contrarrestar el avance de la televisión. On the Town, estrenada en el último año de la década, mira abiertamente hacia el futuro.-