domingo, 30 de diciembre de 2018

Balance de 2018 y anticipación de 2019.-

Hace exactamente un año les escribí contándoles acerca de mis descubrimientos de 2017 y mis expectativas cinematográficas para 2018. Me resultó muy interesante comprobar cuáles de esas expectativas se cumplieron y cuáles no.-


No hubo mucho cine silente para mí este año, empecé en su momento a ver tanto City Lights como Sunrise pero nunca las terminé, no encontré aún el momento justo para ellas, y The Crowd no me impactó tanto como esperaba (sin embargo, planeo volver a intentarlo, quiero que me guste). Incorporé algunas pelis faltantes de Lon Chaney con una colección que encontré en una tienda de usados y que creí que nunca podría conseguir porque nueva costaba una pequeña fortuna (Ace of Hearts, Laugh, Clown, Laugh y The Unknown están allí y les debo un artículo); descubrí algo (pero muy poco) de Clara Bow (sí devoré una biografía sobre ella, de David Stenn), una de mis pendientes para 2018 aunque nada de Louise Brooks y me perdí por los mares con Greta Garbo y Nils Asther en The Single Standard.-


Me abrí a otros formatos distintos del DVD que me permitieron acceder a muchas nuevas películas, sobre todo del período pre-code y así pude descubrir al maravilloso Warren William (uno de mis enamorados de este año) y a reinas de ese período como Barbara Stanwyck y Carole Lombard (continué acercándome a ella y ahora la adoro); me reconcilié con Loretta Young, que me pareció más bien sosa en The Bishop Wife pero brilla en Employee’s Entrance y en Midnight Mary (esta película también me sirvió para ver con mejores ojos a Ricardo Cortez); y continué disfrutando de Richard Barthelmess y de James Cagney, aunque todavía no pude ver Angels with Dirty Faces como quería.-


En cuanto a directores, creo que Frank Capra se lleva el premio a los mayores descubrimientos. Me encantó descubrir algunas de sus obras del pre-code (¿mencioné ya que fue el período al que más me dediqué este año?) como Lady for a Day, It Happened one Night y The Bitter Tea of General Yen y curiosamente las dos películas que anticipaba a fines del año pasado, Meet John Doe y Mr. Deeds Goes to Town quedaron en el tintero. Y también me reconcilié con el DAvid Lean de los años ‘70 con la maravillosa Ryan’s Daughter.-


Indudablemente, los musicales llevaron una buena parte de mi año, no sólo como parte del curso sobre musicales organizado por el canal TCM (no puedo esperar a ver sobre qué tratará el próximo) sino también por otros que incorporé por mi cuenta, como Footlight Parade y Bolero (más pre-code por aquí). Como también algo que no es estrictamente cinematográfico pero me ha aportado muchas horas de información y entretenimiento: los podcasts sobre cine, en especial You Must Remember This, que recomiendo a todos aquellos que puedan entender inglés (dicho sea de paso, es hora de decir que todo el inglés que sé lo aprendí mirando películas de Hollywood en su idioma original, he ahí otra cosa que debo a mis queridos films).-


Mencioné que Warren William fue uno de mis enamorados de este año, pues el otro es John Garfield. Fue este año que logré ver varias de sus películas (todavía me faltan unas cuantas) y si se me permite el sentimentalismo, lo quiero cada día más. Actualmente estoy leyendo una biografía suya escrita por Larry Swindell y tengo la ambición de completar su filmografía, o al menos avanzar con ella.-


Por lo demás, no tengo expectativas definidas para el próximo año… Sí tengo en vista varios libros sobre cine: una biografía de Theda Bara escrita por Eve Golden (su biografía de John Gilbert me encanta y la he escuchado cientos de veces en formato audiolibro), otra de Warren William (la única publicada, creo) por John Stangeland, una de Jean Harlow escrita por David Stenn, un libro sobre los comienzos de Warner Bros. de David Thomson y An Empire of Their Own de Neal Gabler.-

domingo, 23 de diciembre de 2018

The Man who Knew Too Much (El hombre que sabía demasiado) - Alfred Hitchcock, 1956.-

Sucede algo curioso cuando uno escribe un blog de cine (o lo intenta) y es que rara vez hay oportunidad de volver a ver las películas que ya comentó. Hoy dejé de lado mi pila de películas pendientes y volví a una vieja conocida: la versión de 1956 de The Man Who Knew Too Much, de Alfred Hitchcock y la disfruté tanto como en los primeros tiempos. En honor a este reencuentro, reproduzco aquí la entrada que publiqué en su momento en Mi Blog sobre Mr. Hitchcock.-

Argumento: La vida de los McKenna (James Stewart, Doris Day y Christopher Olsen) se altera dramáticamente cuando, durante sus vacaciones en Marruecos, presencian el asesinato de Louis Bernard (Daniel Gélin), un hombre al que habían conocido poco tiempo antes. Antes de morir Bernard susurra un secreto de espionaje al Dr. McKenna. Para asegurar su silencio, los malvados Sr. y Sra. Drayton (Bernard Miles y Brenda de Banzie) secuestran al hijo de los McKenna y lo llevan a Londres. Ahora el matrimonio debe rescatar a su hijo e intentar, en el transcurso, salvar la vida de un político extranjero.-
The man who knew too much (TMWKTM en lo sucesivo) es una remake de la película del mismo título que Mr. Hitchcock filmó en 1934 y, en este caso, el experimento dio como resultado una obra infinitamente mejor a la anterior. Ambas películas tienen una trama similar pero la locación inicial es diferente (Suiza en la primera y Marruecos en la segunda), como también lo es la psicología de los personajes, la estructura y la calidad general del film.-


personajes están mucho mejor delineados. Ben McKenna se nos presenta en un comienzo como un hombre con todas las respuestas y un poco altanero frente a propios y extraños. Jo, por su parte, abandonó su carrera de cantante profesional en pos de su familia (no logra conciliar con Ben que se establezcan en una ciudad en la que pueda continuar trabajando) pero ello no le significó sentirse realizada como madre y esposa; por el momento su vida se encuentra relegada. En la escena inicial, mientras la familia viaja en autobús hacia Marrakech, el pequeño Harry se interpone entre Ben y Jo y la relación entre éstos aparece como distante. Más tarde aprendemos que el matrimonio atraviesa una crisis e incluso Jo abusaba de drogas recetadas (¿antidepresivos?). El secuestro del hijo produce un cambio fundamental en la situación de Ben y de Jo considerados individualmente y como pareja. Individualmente, Ben aprenderá una lección de humildad y Jo demostrará su valía (de hecho, es ella quien salva la vida del político extranjero y quien encuentra al niño, todo ello gracias a su voz - la misma que utilizaba para trabajar); como pareja, la experiencia los une y en la escena final, cuando todos se reúnen luego de rescatar a Harry, el niño vuelve a estar en medio de sus padres pero la postura corporal de los adultos es muy diferente a aquella del comienzo.-

En cuanto a la estructura de la película, la versión de 1934 sufre mucho por la larga escena del tiroteo que culmina con el rescate de la hija de los Lawrence (Nova Pilbeam). Esta versión tiene una estructura mucho más equilibrada y desde las primeras escenas el director construye el suspenso para lo que vendrá en la sección media. La sucesión de encuentros pretendidamente casuales entre los personajes que se da durante la primera parte nos pone en alerta. Sabemos que algo está por pasar y durante ese tiempo el director juega con nosotros aliviando y aumentando la tensión. Luego, cuando Louis Bernard muere en el mercado pensamos “ya sucedió lo que esperábamos” pero no… esa muerte es solo un McGuffin y lo peor para los McKenna todavía está por venir. Durante el segundo acto, Mr. Hitchcock vuelve a utilizar la estructura basada en episodios para contar las peripecias de Ben y Jo a través de pequeñas historias con comienzo, desarrollo y desenlace: una secuencia en la que Ben llega a un taller de taxidermia en busca del misterioso Ambrose Chappell; otra, en la cual el matrimonio descubre a los Drayton en su rol de líderes de una comunidad religiosa; y la tercera, magistral y sin diálogos, en la cual Jo se debate entre salvar al diplomático arriesgando la vida de su hijo o bien dejar que lo maten, aunque eso no le da certezas de que su hijo le será restituido. Durante esta última secuencia, de casi diez minutos, Mr. Hitchcock utiliza la misma cantata que en la versión anterior esta vez arreglada y dirigida (delante y detrás de la pantalla) por Bernard Herrmann y el montaje realizado me hace pensar en la escena del tranvía en Sabotage: allí, la sucesión de planos breves que muestran la bomba que el niño lleva escondida en latas de película imitaba el tic-tac del reloj. Aquí, los planos muestran alternadamente a la orquesta, al asesino, a la víctima y a Jo en un montaje cada vez más acelerado hasta llegar al choque final de los platillos que disimularán el sonido del disparo fatal. Todo ello opera como un estallido de bomba metafórico y aumenta la tensión y la angustia del espectador, que sufre en la misma medida que Ben y Jo.-

Otro elemento que vuelve de películas anteriores es aquella vieja premisa según la cual Mr. Hitchcock utiliza todo lo que el entorno o las profesiones de sus personajes puede ofrecerle. En cuanto al entorno, el director aprovecha al máximo las posibilidades que brinda Marrakech como locación: las diferencias culturales, los mercados, la emoción y las aventuras que esta familia norteamericana parece buscar y también el peligro que asimilamos a lo desconocido. Y sus profesiones también son utilizadas dramáticamente: Ben, como médico, no solamente está perfectamente capacitado para anticipar y evitar la crisis nerviosa que su esposa sufrirá cuando sepa del secuestro de su hijo sino que también, y más importante aún, se comporta como un hombre acostumbrado a encontrar una causa para cada efecto y a combatir cada signo de caos, restableciendo el orden. En este sentido, las peripecias que vive a lo largo de la película ponen a prueba esta cualidad, representando factores que no puede prever ni remediar. Jo, como mencioné anteriormente, solía ser una cantante profesional y es precisamente su voz lo que permite la salvación de las dos víctimas de la película, el diplomático y su hijo. La condición de cantante de la propia Doris Day es, además, muy bien utilizada por el director con fines dramáticos: cuando Jo prepara a su hijo para dormir mientras cantan juntos "Que será, será", Mr. Hitchcock no sólo nos está complaciendo como espectadores sino que, fundamentalmente, está sentando las bases para la resolución del conflicto. Cuando más tarde la misma canción sirva para encontrar a Hank, el director logra cerrar el círculo y demostrarnos su respeto: atar todos los cabos es su manera de honrar la relación que establece con su público. Y lo hace a través de una canción que habla sobre el destino y la inevitabilidad de aquello que debe ser...

No suelo referirme a menudo a aquellos que acompañaban a Mr. Hitchcock en sus películas, pero en este caso creo que vale mencionar que TMHKTM es la primera de una serie de obras que el director realizó con un equipo consolidado de colaboradores que incluían a Robert Burks (dirección de fotografía), George Tomasini (edición), Henry Bumstead (diseño de producción), Edith Head (vestuario), Bernard Herrmann (música) y Herbert Coleman (producción). Mr. Hitchcock prefería trabajar con personas a las que ya conociera, en cuyas habilidades pudiera confiar y que ya supieran lo que él deseaba y esperaba de ellas y si prestamos atención a los nombres que anteceden al director en los títulos veremos que no es casual que se repitan en las películas más logradas desde lo técnico y más reconocidas y queridas por el público general.-
El mismo principio se aplica para el protagonista masculino de esta película. James Stewart aparece aquí en su tercera colaboración con Mr. Hitchcock, aportando (como el director bien sabía) mucha emoción al personaje de Ben. Aquí Stewart demuestra qué bien puede manejar toda esa emoción, ya sea conteniéndola (la escena en la que habla por teléfono con el secuestrador de su hijo es genial y Stewart la compone con todo el cuerpo, desde sus ojos increíblemente celestes hasta sus manos nerviosas) o bien liberándola durante varias escenas del segundo acto. Doris Day interpreta un raro papel dramático, muy muy diferente de aquello que recordamos cuando pensamos en ella, y se pone tan a la altura de las circunstancias que resulta una pena que no haya hecho muchos más intentos en este sentido. Su interpretación de Jo McKenna logra una de las madres más queribles de la obra de Mr. Hitchcock (es una de las pocas madres “buenas” de su filmografía). Su alter ego, la madre “mala” está encarnada por Brenda de Banzie, y aunque hacia el final casi salva el día, en esos primeros planos en los que mira directamente hacia la cámara (en ello me recuerda a Judith Anderson en Rebecca y a Anthony Perkins en su última escena en Psycho) resulta temible. Y tanto ella como Bernard Miles y Reggie Nalder (el desafortunado asesino) tienen en el fondo la misma vulnerabilidad que los mejores villanos hitchcockianos.-

El cameo de Mr. Hitchcock puede verse antes del asesinato de Louis Bernard, en la escena que transcurre en el mercado de Marrakech. Mientras Jo y Ben miran a los trapecistas, el director aparece de espaldas a la izquierda del cuadro.-

The man who knew too much se consigue en Argentina con el título “En manos del destino” en una triple presentación que se completa con Suspicion (La sospecha) y The lady vanishes (La dama desaparece). La calidad de la edición es bastante buena pero no contiene ninguna característica especial. Además existe en el mercado otra edición que incluye The birds (Los pájaros), aunque no puedo decir nada sobre ella porque no la ví; y una que recomiendo a ciegas, editada como parte de la Colección Alfred Hitchcock (algunos otros títulos de la colección son Vertigo, Shadow of a doubt, Rope, Marnie) que lamentablemente está agotada pero estoy segura de que debe ser impecable como el resto de la serie.-

martes, 4 de diciembre de 2018

Roots (Raíces) - Producida por David L. Wolper Productions, 1977.-


Vuelvo a tomar mi parasol blanco después de un mes de ausencia y en la otra mano traigo no una película sino una miniserie: Raíces. Originalmente emitida en ocho capítulos, fue concentrada en seis de entre 90 y 120 minutos cada uno para su lanzamiento en DVD y relata la historia de Kunta Kinte, un guerrero africano que es capturado por esclavistas apenas completado su pasaje de la infancia a la adultez y vendido como esclavo en Estados Unidos; y de su descendencia hasta la cuarta generación.-
En términos histórico-culturales, resulta interesante descubrir que esta miniserie fue un fenómeno masivo en un contexto en donde la segregación racial había sido legal en algunos estados de Estados Unidos hasta hacía muy poco tiempo atrás y en donde la cuestión estaba lejos de encontrar una solución armoniosa (aún se está en eso, de hecho). Y más allá de la disputa legal que se inició sobre la autoría del libro en el cual está basada la miniserie (el autor Alex Haley fue demandado por plagio, poniéndose en duda así la veracidad de su historia familiar), lo cierto es que sea un relato verídico o no, nadie puede soslayar que la historia de la esclavitud en Estados Unidos constituye una página oscura plagada de crueldades de todo tipo (con lo cual Raíces es, si no verídica, al menos verosímil). Y que gran parte del país se pusiera frente al televisor en horario central para ver esta historia es digno de reconocimiento.-
Dentro de la dureza de los hechos mostrados, Raíces hace gala de una delicadeza encomiable a la hora de contar. Durante la primera parte, desarrollada en África, los realizadores se involucran con el joven Kunta Kinte y su familia y no ahorran detalles a la hora de establecer el fuerte sistema de valores que rige en esta comunidad. Incluso cuando Kunta termina su pasaje a la adultez y rechaza las recomendaciones y el abrazo de su madre, lo hace sin crueldad y demuestra respeto y afecto por su familia al disponerse a tallar un tambor para su hermanito como halago para su madre (esta acción terminará siendo nefasta, pues es así como será capturado). Al mismo tiempo, en un montaje paralelo, vemos al nuevo capitán del buque de esclavos preparándose para su primer viaje. La mera preparación de la travesía comienza a corromper el espíritu del capitán (el resto de su tripulación perdió el suyo hace largo tiempo) y sin embargo los realizadores no intentan demonizarlos. Este patrón se repetirá en todos los capítulos: los realizadores dejan que los hechos cuenten la historia, no utilizan su cámara para hacer juicios de valor.-


Otro patrón presente hasta el episodio cuarto es el de la pérdida de algún lazo que Kunta Kinte haya forjado en el episodio anterior y aún cuando este patrón comienza a hacerse notorio, la serie mantiene el interés y no se vuelve previsible. Existe una gran dignidad frente a la pérdida en estos personajes habituados a la fragilidad de la vida y a las ventas de esclavos que frecuentemente separan a amigos y familiares. Desde este punto de vista, la pérdida más significativa y dolorosa en la vida de Kunta es la de su propia fe en las tradiciones que trajo consigo desde África. Esta fe y la vivencia de una realidad diferente era lo único que diferenciaba a Kunta Kinte de los otros esclavos, nacidos en América. A partir del quinto capítulo serán las generaciones siguientes las encargadas de recuperar estas tradiciones a través del lenguaje y de la historia de Kunta. Así irán encontrando su identidad, tarea nada fácil en un contexto de una ligerísima humanización del sistema esclavista y de los lazos familiares que empiezan a tejerse entre blancos y negros a través de las violaciones de los amos sobre las esclavas.-
Otros lazos de afecto también se tejen cuando los bisnietos de Kunta descubren - durante la época de la Guerra de Secesión - una clase diferente de hombres blancos: los pobres del Norte que buscan empleo en los establecimientos del Sur. Esta interacción producirá un choque interesante cuando los negros sean liberados y descubran una comunidad blanca hostil que - no pudiendo ya azotarlos amparados por Ley - se encapucha para incendiar sus casas como una forma de evitar rebeliones imaginarias. No todos los blancos coinciden con estas prácticas, pero los únicos que hubieran podido proteger a la descendencia de Kunta Kinte se ven forzados a vender sus tierras y emigrar a destinos más auspiciosos. Y es que entre las realidades que Raíces muestra sin juzgar está la crisis económica que trajo aparejada la liberación de los esclavos. La despedida entre los esclavos liberados y sus antiguos amos es un momento significativo en la serie: ahora que ya no existe una relación de propiedad, los negros sienten reconocimiento hacia quienes no fueron crueles con ellos. Un sentimiento bastante cercano al aprecio y al respeto.-
La serie termina con una nota optimista que insinúa un camino posible para los conflictos raciales de los ‘70 y de hoy en día. Por un lado, los negros logran liberarse de sus opresores (ya no sus amos, sino los miembros de un incipiente Ku Klux Klan) mediante la unidad, la no violencia y una astucia cuasi militar. Por el otro, su prosperidad no se basa en una nueva segregación sino que incluye a los blancos en un pie de igualdad y de convivencia. Asistimos en estos tiempos a muchas corrientes segregacionistas que buscan convertirnos en separados pero iguales de acuerdo a nuestro género, raza o credo. Tal vez sea tiempo de revisar de nuevo ese concepto y aprender algunas lecciones del pasado. En ese sentido, Raíces todavía tiene algo para enseñarnos.-

domingo, 4 de noviembre de 2018

Ryan’s Daughter (La hija de Ryan) - David Lean, 1970.-


Me acerqué a esta película por recomendación de Hildy Johnson que sabe anticipar qué me gustará y qué no, y aún así dudaba. Hasta ahora no había encontrado completamente de mi gusto las grandes superproducciones a todo color de Lean a la vez que me enamoran sus películas intimistas de los años ‘40, particularmente la especial Brief Encounter. En Ryan’s Daughter me encontré con lo mejor de ambos mundos. Por un lado, una película con muchos valores de producción, con un trasfondo histórico con posibilidades cinematográficas (los umbrales del alzamiento de Pascuas en Irlanda en 1916) imponente y larga (206 minutos en la versión que conocemos, mientras que el primer corte de Lean duraba alrededor de 220) pero bien equilibrada y al mismo tiempo, un triángulo amoroso cercano, de esos en los que sentimos que conocemos y entendemos a todos los lados, y una galería de personajes secundarios delineados, muy humanos.-
Desde el comienzo sentimos que el entorno jugará un papel esencial en la historia. Lean evidentemente ama el paisaje en el que se desarrolla la trama, esa costa irlandesa (interpretada en algunas escenas por la costa sudafricana, pero quién presta atención a eso) que es todo distancias: distancias a recorrer entre un punto y otro, distancias que revelan secretos escritos en la arena como huellas, distancias desnudas que no dejan que te escondas de miradas indiscretas. Y ese paisaje será a veces testigo y a veces protagonista con su clima caprichoso de muchos de los momentos más emocionantes de la película, por lo general presentados en espejo: el encuentro entre Rose, la hija de Ryan del título (Sarah Miles) y el maestro de escuela del que está enamorada en secreto (Robert Mitchum) será replicado más adelante en una secuencia en la que éste imagina a Rose con su amante (Christopher Jones); el primer paseo por la playa de Michael (John Mills), el idiota del pueblo que todo lo ve con sus ojos de niño y una ternura que desarma (Mills ganó un premio Oscar por su increíble transformación en este personaje inolvidable), orgulloso por haber capturado una langosta volverá varias veces en la medida en que Mike encuentre nuevos tesoros; la muchedumbre aliada en las calles bajo un mismo objetivo será triunfal en una primera oportunidad y repugnante en una segunda. Y todos estos momentos ocurren en esa costa maravillosa o en el pequeño pueblo de una calle en la que todo sucede y todo se sabe.-
Lean también ama a sus personajes. Ama sus rostros (la película está llena de primeros planos gloriosos) y ama sus individualidades, todos sus defectos y virtudes. La trama guarda muchas similitudes con Madame Bovary de Gustave Flaubert (inicialmente, se le propuso a Lean hacer una adaptación lisa y llana, que él consideró poco interesante), pero Rose es mucho más compleja y humana que la frívola Emma (aclaro que hablo solamente en base a las adaptaciones cinematográficas de la novela, la cual no leí). Si bien Rose tiene una ligera debilidad por el lujo (la película abre con su parasol con encaje flotando hacia el mar y a medida que avanza la historia se advierten sus pequeñas vanidades, las cuales terminará perdiendo de la manera más cruel), lo que la impulsa a alejarse de su marido no es la ambición de progreso social sino un deseo inconfesado incluso ante ella misma, la insatisfacción por lo único que su marido no puede darle porque - dolorosamente para él, pues se da cuenta de ello - no está a su alcance. La dinámica en esta pareja es interpretada maravillosamente por Miles y por Mitchum. No tengo palabras para describir los matices en la actuación de estos dos, y en menor medida (pero no tan, tan tosco como se dice) de Jones. Y entre ellos, como un padre atento, el Padre Collins (querido Trevor Howard) que todo lo ve y todo lo comprende. Y cuando uno empieza a pensar que es fácil querer a personajes tan sensibles como estos, se descubre sintiendo algo parecido a la compasión también por el grupo de imbéciles crueles y cobardes que los rodean, los habitantes del pueblo (incluido el Sr. Ryan, padre de Rose, interpretado por Leo McKern). Lean los quiere también a ellos, y sin llegar a justificarlos, se esfuerza por entenderlos: ociosos, sumidos en la miseria y la opresión por los británicos, fanáticos de una causa que apenas les da oportunidad de intervenir activamente y aplastados por una ignorancia que los lleva a mostrar su lado más salvaje en cuanto se resquebraja el barniz de la civilización.-

sábado, 27 de octubre de 2018

The Narrow Margin (Testigo accidental) - Richard Fleischer, 1952.-


Hablando de películas claustrofóbicas… En The Narrow Margin la cámara está literalmente encima de los actores, sufriendo junto con los personajes del limitado espacio que existe en el tren en el que transcurre la acción. Y no por ello deja de moverse, de encontrar nuevas e interesantes maneras de contar con imágenes.-
La historia es clásica del cine policial negro: un policía sentimental de dura corteza (Charles McGraw) debe escoltar a una “viuda de la Mafia” (Marie Windsor) hasta la costa oeste en donde la espera el fiscal ante el cual debe atestiguar. Desde el comienzo la misión se presenta como peligrosa y de hecho a los pocos minutos de comenzada la película matan al compañero del protagonista (Don Beddoe), transformando la misión en una tarea de uno solo contra un puñado de villanos muy malos que también se suben al tren. En el medio, el héroe conoce a una rubia de aspecto inocente que viaja junto a su hijo (Jacqueline White) y que podría estar en peligro por su asociación con el policía.-
Lo que vuelve interesante esta trama es una serie de giros y sorpresas que guarda, la ambigüedad de los personajes que nunca son exactamente lo que parecen (hay un juego muy atractivo en relación a la estética asociada con la "chica buena" y con la femme fatale en términos de colores de vestuario y cabello) y aunque nuestro ojo está acostumbrado a desconfiar de los personajes que aparecen como inocentes en este tipo de historia, The Narrow Margin se las ingenia para esconder un par de aces bajo la manga.-
Pero sin dudas lo mejor de la película está en la forma en la que las cosas se ven en la pantalla y no tanto en la historia que se cuenta. No conozco demasiado de la filmografía de Fleischer, sólo he visto Compulsion (comentada en este blog) y The Boston Strangler, ambas películas muy interesantes desde lo visual y desde la tensión que construyen - exactamente como The Narrow Margin. Y sin embargo, leyendo la lista de títulos dirigidos por Fleischer encuentro un montón de nombres conocidos que no he visto pero que suenan mucho; y otros que no conocía pero que me tientan como Violent Saturday. Aquí, Fleischer coloca su cámara en lugares imposibles como los pasillos estrechísimos del tren, los compartimentos o los baños compartidos y ¡se mueve todo el tiempo! Creo que eso fue lo que más me impresionó, la cuidadosa coreografía de la cámara que nos transforma en partícipes de las escenas en lugar de meros espectadores: como audiencia estamos allí, siendo sacudidos por los vaivenes del tren. Fleischer maneja también - como lo hace también en las otras películas que he visto de él - el uso de los espejos o reflejos, en este caso para construir tensión y economizar recursos (mostrando al mismo tiempo, por ejemplo, el auto que avanza paralelamente al tren y la reacción del héroe frente a ello) o como punto de vista en una escena crucial del final.-


El otro aspecto que me atrajo de The Narrow Margin es la enorme galería de rostros desconocidos (o apenas familiares en menor - Jacqueline White - o mayor - Paul Maxer - medida). Esta es sin duda una película clase B, de esas que en lo personal suelo olvidar porque tiendo a elegir películas protagonizadas por mis estrellas favoritas o dirigidas por mis directores-estrella favoritos, quienes a su vez solían elegir estrellas como protagonistas. Es un circuito sin fin. Y aunque de inmediato imaginé a un Dana Andrews perfecto en el rol protagónico, debo decir que disfruté mucho del trabajo de McGraw al igual que del resto del elenco. A veces vale la pena alejarse de las estrellas para descubrir una buena gema olvidada.-

sábado, 29 de septiembre de 2018

Smarty (Caprichos) - Robert Florey, 1934.-


Mi recorrido por las películas de Warren William me llevó hacia esta película que genera no poca controversia. El argumento podría resumirse así: Vicki (Joan Blondell) tiene inclinaciones masoquistas. Como no está obteniendo lo que desea de su esposo Tony (Warren William), comienza un juego del gato y el ratón a partir de divorciarse de él, casarse con Vernon (Edward Everett Horton) su abogado, intentar recuperar a Tony y obtener por fin la golpiza que ansía desde el comienzo. Sí… ese es el argumento de la película…
Creo que lo más importante para acercarse a esta película es no tomarse la trama en serio. Nadie en la película lo hace, de hecho, y sería un error que uno lo hiciera. Smarty no es un tratado sobre derechos de la mujer ni sobre violencia doméstica. Es una comedia y además pre-code: todo tiene el tono de un episodio del Coyote y el Correcaminos, pero con vestidos de noche y trajes de smoking; casi como una película de Lubitsch alla Warner Bros, con sus bordes sin pulir.-
Una vez adoptado este estado mental, encuentro que existen al menos dos interpretaciones posibles para Smarty. La primera, más literal, es que Vicki goza siendo golpeada por Tony y que busca el primer bofetón (el que Tony le da frente a sus amigos George - Frank McHugh - y Anita - Claire Dodd) como una forma de provocar una cadena de acontecimientos que pongan más acción (sin dobles sentidos) en su matrimonio. Y este es un aspecto que a menudo se pierde de vista entre los detractores de esta película: Vicki desea ser golpeada por su marido. No lo sufre, no siente miedo de su esposo ni - como parte del proceso de naturalización de la violencia - siente que merezca una golpiza por una supuesta falta.-
Pero una segunda interpretación se me presenta como más atractiva: que Smarty utilice el tema de la violencia como una metáfora del deseo sexual insatisfecho de Vicki. De hecho, el primer bofetón que Tony da a su esposa es una reacción ante la referencia íntima que ella hace cuando él menciona que se siente impotente para ganar una partida de bridge. Esta referencia se relaciona con las zanahorias cortadas en cubos. Las zanahorias no son el único símbolo fálico de la película: tanto Tony como Vernon tienen dificultades para hacer pasar los gemelos por el ojal de sus puños y Vicki tiene la costumbre de pellizcar la punta de la nariz de sus esposos, un gesto que Tony da a entender que encuentra excitante. El lenguaje de la película también está lleno de dobles sentidos y de alusiones hacia la virilidad (o falta de ella) de los hombres de la película: Vicki, por ejemplo, se refiere a Vernon como “su niño" y se llama a sí misma “su mamá". Es en este segundo sentido que Anita afirma que todas las esposas deberían ser “golpeadas” al menos una vez en su vida.-
Y en esta misma línea se entiende el personaje de Bonnie (Joan Wheeler), la novia de Tony que a su vez está casada con un tipo de lo más aburrido a quien nunca vemos. Bonnie es otra mujer que no está obteniendo lo que desea dentro de su matrimonio.-
Desde este punto de vista, Smarty me parece una película mucho más valiente que lo que aparenta: una película sobre una mujer defendiendo su interés por una determinada práctica sexual puede ser interesante y atractiva como curiosidad, como fue en su momento La Secretaria; pero una película sobre una mujer reclamando su derecho a tener una vida sexual plena es mucho más universal y, aunque nos parezca que estamos avanzados en el tema, aún se encuentra en el cine contemporáneo. Sólo que Smarty fue filmada hace ochenta y cuatro años atrás en los momentos finales de uno de los períodos más ricos del cine hollywoodense: el pre-code.-

miércoles, 26 de septiembre de 2018

Dos fotografías.-

Hoy les ofrezco una entrada diferente a las que publico siempre. Estoy nuevamente estancada en uno de esos períodos en los que no logro terminar ningún texto, trabajo un poco en ello pero no avanzo y eso si es que logro comenzarlo; estoy con bastante trabajo y cuando llego a sentarme frente a mi televisor no doy con nada que me inspire lo suficiente como para escribir.-
Hoy es mi cumpleaños y decidí celebrarlo - como el año pasado - con uno de mis compañeros de cumpleaños, Antonio Moreno (otros de mis compañeros son George Raft y George Gershwin y me encanta compartir mi cumpleaños con ellos) viendo IT. Seguramente para el fin de semana publicaré algo sobre ella... o tal vez no...
De todos modos, el motivo de mi entrada de hoy es compartir una fotografía con la que tropecé en Internet. Está marcada como una fotografía de Willis H. O'Brien, el creador de King Kong, y la verdad es que ignoro si es auténtica o una recreación pero de cualquier manera, esta imagen me conmovió mucho. Siento que transmite el amor del artista por su creación casi como si fuera una versión moderna de Pigmalión y Galatea de Jean-Léon Gérôme. Es muy hermosa ¿verdad?


E inmediatamente recordé otra fotografía que vi hace tiempo, también en Internet; que también me conmovió por su belleza y que en cierto modo transmite el mismo amor entre el artista y su creación. En este caso se trata de Bob Fosse y Liza Minnelli en el set de Cabaret:


De alguna forma estas fotografías me recordaron el día de hoy cuánto amor y pasión hay detrás de cada una de esas películas que nos emocionan, nos conmueven y nos inspiran y - con un poco de suerte - lograré llenarme de esos sentimientos para volver a asir mi parasol blanco y continuar este viaje de cine. ¡Hasta la próxima!

sábado, 15 de septiembre de 2018

Sesión doble: Gentleman’s Agreement y Crossfire.-

Gentleman’s Agreement (La barrera invisible) - Elia Kazan, 1947.-

En una entrada reciente mencioné la breve ventana de tiempo que se abrió a fines de la década del ‘40 en el cine hollywoodense, ventana por la cual se colaron películas muy interesantes en cuanto a la crítica social que contienen. Gentleman’s Agreement es una de ellas, poniendo en relevancia el antisemitismo anidado en el corazón de las clases medias y acomodadas de Estados Unidos, en personas que nunca apoyarían abiertamente causas antisemitas porque las consideran repulsivas pero que en su fuero más íntimo comparten los mismos prejuicios.-
El periodista Phil Green (Gregory Peck) se muda con su familia desde California a Nueva York y recibe de su nuevo editor la tarea de escribir un artículo sobre antisemitismo. Phil se debate durante días enteros entre distintos enfoques hasta que da con la solución: decide presentarse ante sus nuevos colegas y conocidos como judío y escrutar sus reacciones. Esta estrategia, simple en apariencia, comienza a traer complicaciones en su vida privada en especial con su prometida Kathy (Dorothy McGuire) a quien Phil descubre como al menos tibia en cuanto a la cuestión se refiere, y con su pequeño hijo Tom (Dean Stockwell), víctima de la discriminación de sus nuevos compañeros de escuela.-
Ví por primera vez esta película hace... ¿dos años? Sí; y en su momento me impactó mucho creo que porque no me esperaba tal tratamiento de parte de una peli del Hollywood clásico. En ese tiempo noté un cierto clima claustrofóbico (excepto por unas cuantas escenas, la mayor parte de la película transcurre en ambientes cerrados y en tensión) que contribuye a la trama. Ahora que he vuelto a ella tuve sensaciones encontradas. Por un lado, apartándome del tema de la película, disfruté mucho de las interpretaciones de sus actores. Peck y McGuire (aún cuando su personaje es el último en mi orden de mérito, la pobre) me han encantado en su descripción de los distintos estados de su relación, expresan mucho y muy bien con sus miradas y sus pequeños gestos. Están acompañados en el primer estrato del elenco por Celeste Holm en el rol de una de las colegas de Phil, auténtica y liberal ella (y mil veces más valiosa que Kathy aunque Phil no lo vea así) y por mi adorado (ya puedo llamarlo así) John Garfield, en un papel pequeño pero fundamental: el único amigo judío de Phil, su compinche desde la infancia y el único en su entorno que entiende que uno debe elegir sus batallas contra el antisemitismo. Acompañándolos de cerca están Anne Revere como la madre de Phil y el pequeño Stockwell y luego una serie de caras más o menos conocidas (por allí aparece incluso Sam Jaffe, el mismísimo Gunga Din). Y además de su reparto, sigo valorando la mera existencia de esta película, sobre todo considerando los tiempos que vendrían en Hollywood.-
Pero al mismo tiempo, me encontré en este nuevo visionado con algo que me molestó y que tardé en identificar. En un principio pensé que me fastidiaba la superioridad del personaje de Peck: dos minutos antes de que se le asignara el trabajo, Phil vivía su vida tranquilo, sin enterarse de que el antisemitismo fuera un problema. Ahora, de pronto se erige en el juzgador de todos los que lo rodean, midiendo con su vara particular la rectitud de sus semejantes. Y entonces me di cuenta de que no era el personaje el que estaba haciendo eso sino la película entera. Gentleman’s Agreement se cree mejor que nosotros en una forma que no sabría explicar, y eso opaca un poco el mensaje que pretende dar.-


Crossfire (Encrucijada de odios) - Edward Dmytryk, 1947.-



Más interesante (y sin ese tono aleccionador) es Crossfire, que se presenta como un whodunit con alcances siniestros: todo comienza con una golpiza fatal que un hombre está sufriendo por parte de otro que usa uniforme militar. La identidad del agresor y el motivo es lo que el Detective Finlay (Robert Young) debe descubrir. En cuanto a la víctima, se trata de un hombre de apellido Samuels (Sam Levene) que no parece tener vínculo alguno con el grupo de hombres del Ejército con el que se lo vio en público por última vez.-
Si Gentleman’s Agreement se mete con el antisemitismo alojado en las clases medias y altas, Crossfire avanza hasta lugares mucho más incómodos, mostrando que ni siquiera el Ejército de los Estados Unidos (recién llegado de Europa y todo) está libre de pecado. Y lo más interesante es que la película no hace ningún esfuerzo por demostrar que se trate de un problema aislado que recaiga sobre unos pocos hombres individualmente considerados: si hay algo que resulta claro es que tal vez no haya muchos oficiales capaces de matar a golpes a una persona que acaban de conocer sólo por su religión (o por su orientación sexual en la novela original), pero que todos los que rodean a estos sujetos y callan - ya sea por miedo o por desidia o por estar abatidos por sus propios problemas - terminan siendo cómplices. Hay dos muertes en la película que podrían haberse evitado si alguien hubiera intervenido y Dmytryk no se priva de señalarlo. La intervención tardía en la película de un oficial de alto rango que da un discurso insípido acerca del rechazo del Ejército por individuos como el asesino no desvirtúa por un segundo este mensaje.-
En el centro del problema, Crossfire ubica la forma en la que la sociedad necesita encolumnarse detrás de un propósito (no necesariamente un ideal): hasta 1945 fue ganar la guerra, explica Samuels al joven Mitchell (George Cooper); una vez consumido ese propósito, los americanos quedaron desorientados, mirándose los unos a los otros por primera vez en cuatro años y demasiado acostumbrados a pelear, a odiar, a contar con un enemigo (y yo agregaría, aunque Samuels no lo dice, sin saber qué hacer con los hombres que regresaron, excepto darles medallas por matar a otros hombres). Sabiendo lo que sabemos ahora, es inevitable vincular este parlamento de Samuels con todo lo que sucedió en Hollywood y en el mundo en general durante la Guerra Fría (y después también)...
Crossfire ofrece una galería de personajes interesantes, más allá del tema central de la película. Destaco especialmente a Finlay, este detective cansado de todo que - aunque más no sea por defecto - todavía se ajusta a la rutina de trabajar noche y día para resolver el crimen que tenga delante; y a Ginny, una prostituta sobreviviente con el rostro de Gloria Grahame.-
Y actores interesantes también. Robert Ryan se mueve como un equilibrista entre dos facetas del oficial Montgomery al que encarna y Robert Mitchum no encuentra mucho que hacer como el Sargento Keeley, que emprende una investigación paralela para proteger a Mitchell, pero siempre es interesante de ver.-

domingo, 9 de septiembre de 2018

Dos de médicos falsos: Alias the Doctor y Bedside.-

Alias the Doctor (Su gran sacrificio) - Michael Curtiz, 1932.-


A veces sucede que de la nada te cae sobre la falda una película sobre la que jamás habías oído hablar y que te sorprende a cada momento. Alias the Doctor es una de ellas. Bajo una dirección impecable de Michael Curtiz, cuenta la historia de dos hermanos adoptivos, Karl (Richard Barthelmess) y Stephan Brenner (Norman Foster) que fueron criados como iguales por la madre biológica del segundo (Lucille La Verne) en un pequeño pueblo rural de Austria. La Sra. Brenner es viuda y sueña con que sus hijos cumplan el anhelo de su marido de convertirse en médico. Ambos jóvenes parten el mismo día hacia Munich para estudiar en la Universidad, dejando atrás a su madre y a la hermana biológica de Stephan, Lotti (Marian Marsh) quien a su vez está comprometida con Karl (nadie en la película hace ninguna observación sobre el hecho de que ambos se criaron como hermanos y de que su romance debería resultar al menos incómodo). Karl se convierte en un alumno brillante mientras que Stephan resulta ser un tarambana que bebe en exceso y vive irresponsablemente. La misma noche de su graduación, Karl se ve empujado a declararse culpable de un crimen cometido por Stephan y es enviado por tres años a la cárcel, perdiéndose para siempre la oportunidad de recibirse de médico. Cuando sale en libertad, descubre que su hermano acaba de fallecer y que cuenta con la posibilidad de usurpar su identidad para cumplir con la obra de su vida, aún cuando eso lo aleje de Lotti.-
Lo más destacable acerca de esta película (además de las interpretaciones brillantes del cuarteto principal: Barthelmess, Foster, Marsh y La Verne) es la dirección de Curtiz. Alias the Doctor tiene una belleza casi de cine mudo; se apoya en gran medida en una simbología que construye para sí misma y en el plano de lo que no se verbaliza pero se muestra, sacando una cantidad increíble de provecho a una película que dura tan solo 61 minutos. Así, aquella calavera sobre la que Stephan arroja su gorra durante una noche de juerga compartida por los hermanos pasa a convertirse en un separador terrible que - junto con un siniestro médico forense - anuncia que la Muerte está cerca. Y los actos médicos que Karl realiza bajo su falsa identidad se cumplen siempre detrás de mamparas o son mostrados a través de sombras; siendo actos prohibidos, son mantenidos en secreto por Curtiz. Hacia el final, ambos símbolos se combinan en una secuencia que deja sin aliento mientras Karl da una última batalla contra la muerte.-
No quiero terminar este breve comentario sin mencionar que esta película está llena de elementos típicos del período pre-code. Desde este romance entre hermanos adoptivos (que en un punto se transforma en una vida de amantes clandestinos cuando Karl se hace pasar por el hermano biológico de Lotti), hasta la inmoralidad de la comisión directiva de la clínica en la que Karl ejerce, pasando por la ambigüedad moral de la Sra. Brenner y por el propio hecho de que el héroe de esta película es un hombre brillante, sí, pero que básicamente es un criminal sin ninguna excusa válida para sus acciones.-

Bedside - Robert Florey, 1934.-


En un tono diferente, Bedside tiene por héroe a Bob Brown (Warren William), un técnico radiólogo de una ciudad pequeña que - decidido a aprovechar sus buenos modales en el tratamiento de las damas - acepta dinero de su novia enfermera Caroline (Jean Muir) y se dirige a la gran ciudad para terminar la carrera de medicina. Antes de llegar, Bob pierde todo el dinero en una mesa de póquer improvisada en el tren y se emplea como asistente en una clínica mientras escribe cartas a su novia llenas de mentiras acerca de sus avances académicos. Por un hecho fortuito Bob conoce al Dr. J. Herbert Martel, alias “Smith” (David Landau), un médico que arruinó su carrera debido a su adicción a la morfina y una solución mágica aparece ante sus ojos: Bob compra el diploma de Martel y le ofrece una asistencia económica periódica a cambio de su silencio. Bajo su nueva identidad e instalado en Nueva York Bob comienza a ganar notoriedad como médico de celebridades y lleva a Caroline a trabajar con él y con su socio, el auténtico médico Dr. Wiley (el secundario de lujo Donald Meek). Cuando una cantante lírica, Madame Maritza (Kathryn Sergava), se empeña en que Bob le opere la garganta y Caroline comienza a sospechar la verdad, todo amenaza con salirse de control.-
Estéticamente esta película es menos atractiva que Alias the Doctor, pero aún así comparte algunos de los elementos visuales que comenté en la primera parte de este texto: las prácticas médicas de Bob (que en realidad no son tales, porque él se limita a sostener la mano de sus pacientes mientras repite los diagnósticos del Dr. Wiley) son mostradas con claridad; Bob no tiene los conflictos morales que podría tener Karl Brenner, pero cuando la trama cobra mayor dramatismo a partir de la intervención quirúrgica sobre Madame Maritza aparecen las sombras y los cuartos en penumbras.-
Bedside también es una película pre-code y tratándose además de una peli de Warren William se duplican las posibilidades de que este calavera incorregible salga bien parado sin que se pueda decir que Bob haya aprendido una lección (en realidad, el héroe termina casi como empezó porque en honor a la verdad hay que decir en su favor que él nunca tuvo la ambición de convertirse en médico). Y contiene dos elementos interesantes que ya estaban presentes en Alias the Doctor: por un lado, la presencia de una mujer que empuja al protagonista más allá de sus ambiciones (en este caso es Caroline, en aquél era la Sra. Brenner) y por otro lado, la existencia de una corporación que prefiere conservar su buen nombre aún a riesgo de la vida de los pacientes de estos falsos médicos.-

domingo, 19 de agosto de 2018

Body and Soul (Cuerpo y alma) - Robert Rossen, 1947.-

Momento Nº 1: Charley regresa a casa.-


Los primeros minutos de Body and Soul son de una economía increíble. Con las primeras tres escenas (que consumen tan solo siete u ocho minutos de película) aprendemos que este boxeador llamado Charley Davis (John Garfield) está atormentado por la muerte de un tal Ben (más tarde descubriremos de quién se trata); que ha recorrido un largo camino desde que era apenas un muchacho en un barrio pobre de Nueva York; que algo ocurrió para que su madre (Anne Revere) y su amada Peg (Lilli Palmer) se distanciasen de él y que ese distanciamiento les duele y todavía los sorprende a todos, no se acostumbran aún a que las cosas estén así entre ellos. Parte del mérito de estas escenas proviene del guión de Abraham Polonsky claro, pero una inmensa parte emana de los intérpretes. Voy a mencionar mucho este punto a lo largo de mi texto porque estoy fascinada con el trabajo de estos actores: la química que existe entre ellos es fantástica y los tres representan con mucha naturalidad y autenticidad los caminos que recorren sus personajes a lo largo de la historia. Para cuando termina esta secuencia, ya fuimos completamente atrapados por este comienzo y queremos ver el resto.-

Momento Nº 2: el meetcute.-


La secuencia inicial nos conduce a un largo flashback que nos mostrará el ascenso de Charley en el mundo del boxeo profesional, comenzando la noche en la que conoce a Peg en un mitin político en el que ambos representan promesas de futuro: él como campeón amateur y ella como reina de belleza. Charley está acompañado de su mejor amigo, el fiel “Shorty” (Joseph Pevney) y cuando ambos muchachos acompañan a Peg a su casa en un taxi, Charley ve la oportunidad para hacer un avance sobre la joven. De nuevo, la química de este grupo (“Shorty” reemplaza aquí a la Sra. Davis, pero ya vendrán escenas entre los cuatro que también son una delicia) es maravillosa. En especial la interacción entre Garfield y Palmer: ambos lucen exactamente como ellos mismos en 1947 - la película no se destaca particularmente por su recreación de época o por enfatizar demasiado el paso del tiempo en los personajes, sólo se agregan unos cuantos cabellos grises aquí y allá y muchas cicatrices en el rostro de Charley - pero su forma de comportarse hace perfectamente creíble la situación que interpretan. Lo cual vuelve mucho más loable su trabajo como actores; de veras uno cree que está viendo a dos jóvenes que acaban de conocerse y que comienzan a enamorarse a medida que descubren sus diferencias, sin el apoyo de maquillaje o vestuario. En especial me resultó sorprendente el trabajo de John Garfield. Haré aquí una breve disgreción para contar que esta no es la primera película que ví de él, pero sí fue la primera con la que su trabajo comenzó a parecerme interesante. Ahora bien, no me entusiasmé por completo sino hasta que ví Force of Evil, filmada al año siguiente de Body and Soul y me encontré con un hombre completamente diferente bajo la misma piel. Los gestos, la forma de moverse y de hablar, todo era distinto. Entonces volví a Body and Soul y comencé a advertir todos los pequeños detalles en la composición del personaje (la postura de los brazos relajados en el frente del cuerpo, el gesto de limpiarse constantemente la nariz, el movimiento de los hombros y esa perpetua expresión de asombro infantil ante un mundo que de pronto abre todas sus puertas), todo lo que da vida al boxeador Charley Davis en el cuerpo del actor John Garfield. Qué puedo decir, me enamoré.-
Volviendo a la película, la relación entre Charley y Peg se fortalecerá con el tiempo, después de que el padre de Charley muera en medio de un ataque entre bandas de contrabandistas de alcohol (su tienda de dulces está ubicada al lado de un garito) y Peg se sume a “Shorty” en su apoyo a la carrera de boxeador profesional de Charley, contra los deseos de la Sra. Davis. Este segmento de la película está signado por la crítica a una sociedad que no deja mucho margen para que un joven ambiocioso de los barrios de trabajadores como Charley prospere. Sin nadie que pueda respaldarlo económicamente y con demasiado orgullo como para humillarse ante los dadores de préstamos, Charley no tiene más opción que abrirse camino con sus puños si quiere hacer fortuna y rápido.-

Momento Nº 3: la fiesta de compromiso.-


Muy pronto Charley se convierte en boxeador profesional gracias a los contactos que “Shorty” logra con el manager Quinn (William Conrad) y comienza a ganar prestigio y fortuna. Tras un año de gira por el país, un mundo de abundancia se abre ante sus ojos extasiados como los de un niño. Sin embargo, hay un límite para su ascenso: si Charley quiere conseguir peleas verdaderamente importantes, debe asociarse con Roberts (Lloyd Gough), un promotor todopoderoso que consolida su imperio en base al arreglo de peleas, influencia en las apuestas y otras maquinaciones non sanctas. “Shorty” y Quinn saben que una asociación de tal carácter es un arma de doble filo, pero Charley confía en que un campeón puede controlarlo todo y que en definitiva no importa si debe entregarse a Roberts, después de todo, el dinero es dinero, sin memoria ni moral. La escena en la que Charley y Peg anuncian su compromiso ante su entorno - que ahora incluye a Roberts y a Quinn y su amante Alice (Hazel Brooks), una auténtica femme fatale - es otra pequeña joya de actuación. La dinámica de la relación entre los personajes queda expuesta a través de los gestos breves de cada uno en la medida en que lo que callan comienza a ser más que aquello que pueden decir con franqueza.-

Momento Nº 4: después de la gran pelea.-


A través de Roberts, Charley logra disputar el título de campeón contra Ben Chaplin (Canada Lee) y ganar. Lo que Charley no sabe (pero Quinn sí) es que el resultado fue arreglado y que el único motivo por el que Ben arriesgó su vida para pelear con él (tiene un coágulo en el cerebro) fue para pagar las deudas que su manejador tiene con Roberts. Cuando “Shorty” descubre la verdad y confronta a Charley, todo se sale de control. Charley pierde a un tiempo a su mejor amigo, a su amada y posiblemente a su madre (no volvemos a saber de la Sra. Davis por bastante tiempo luego de esta secuencia) y queda inmerso por completo en el universo de Roberts, con Alice como principal - pero no única - acreedora de todo cuanto pueda obtener. Body and Soul expone así su tesis principal: un sistema corrupto que sólo procura la generación de dinero devora el cuerpo y el alma de los hombres puros como Charley y destruye a quienes intentan combatirlo “desde adentro” como “Shorty” y Ben (él también pagará un alto precio por su honestidad). La única opción es salirse cuando aún se está a tiempo, como Charley descubrirá en el último minuto posible.-

Momento Nº 5: suben las apuestas.-


Pero antes de hacer este descubrimiento, Charley aún piensa que puede jugar el juego según sus reglas y al mismo tiempo recuperar su autoestima y a las mujeres de su vida. Luego de una noche larga en su departamento, solo y rodeado de gente en la que no puede confiar, Charley vuelve a buscar a Peg y - por una mañana gloriosa - todo parece haber vuelto a la normalidad. La Sra. Davis prepara el desayuno en la cocina mientras Charley y Peg comparten secretos en el pequeño dormitorio de al lado (no me canso de insistir en esto: las actuaciones de estos tres son un tesoro que me conmueve cada vez, y he visto esta película tantas veces en los últimos días como para creer que eso ya no me pasaría), hasta que algo sucede: Shimen (Shimen Ruskin), uno de los vecinos, llega para entregar el pedido del mercado y comenta al pasar que el barrio entero ha apostado por Charley pero no por codicia sino como un acto de justicia. En Europa, explica Shimen, están matando judíos como ellos solamente por su religión, pero aquí en América un niño judío de un barrio pobre puede llegar a convertirse en campeón. El único problema es que Charley “vendió” la pelea pero luego del comentario de Shimen ya no puede seguir engañando a Peg y a su madre. La confrontación que sigue es lo que causa el distanciamiento entre ellos que hemos visto al comienzo, y es aquí en donde la película retoma el hilo de la historia.-
Body and Soul no contiene muchas referencias explícitas a cuestiones raciales. Apenas un par de menciones acerca de la religión de los Davis y ninguna acerca del hecho de que Ben es afroamericano. De hecho la película bien podría haber obviado estos aspectos que no son centrales para la trama y aún así conservado su interés aunque perdido textura. Y aquí es donde el contexto histórico en el cual la película fue producida cobra gran relevancia. Body and Soul pertenece a un grupo de películas producidas durante una breve ventana de tiempo abierta entre el final de la II Guerra Mundial y el comienzo de las listas negras y grises en Hollywood tras las sesiones del Comité de Actividades Antiestadounidenses de 1947, entre las cuales se encuentran ejemplos valiosícimos tales como The Best Years of Our Lives (William Wyler, 1946), Crossfire (Edward Dmytryk), Gentleman’s Agreement (Elia Kazan, 1947) y Force of Evil (Abraham Polonsky, 1948) - estas últimas dos también con John Garfield - por mencionar solamente las que he visto, de seguro hay otras. Por apenas un par de años, Hollywood fue capaz de producir películas que criticaran el racismo, la crueldad y la corrupción económica en la sociedad norteamericana y que presentaran - como en Body and Soul - a un afroamericano y a un judío como los únicos hombres decentes en un medio salvaje. Aunque muy pronto, los creadores de estas películas aprendieron la misma lección que Charley en Body and Soul: uno no puede pertenecer a un sistema perverso sin esperar corromperse o acabar destruído y sólo quien rompe con ese sistema tiene alguna esperanza de sobrevida y, a partir de allí, de refundación.-