miércoles, 20 de junio de 2018

Locos por los musicales - Segunda semana: películas de los años ‘40.-

El segundo módulo del curso “Locos por los musicales” abarca la década del ‘40. El material de consulta para esta semana analiza la forma en la que la II Guerra Mundial influyó profundamente sobre esta década antes, durante y después de la participación de EEUU en la misma. Con este hecho en mente vemos que la descripción de los hombres y las mujeres en los musicales es diferente a la década anterior y que se incorporan a las tramas elementos “nuevos” vinculados con la integración racial, la unidad y el patriotismo. Las películas sugeridas para esta semana fueron Cabin in the Sky (Una cabaña en el cielo), Yankee Doodle Dandy (Yanqui Dandy), Meet me in St. Louis (La rueda de la fortuna) y Holiday Inn. Al igual que en la entrada anterior, las comentaré en el orden recomendado sin atender al año de producción y agregaré una quinta película que considero esencial: On the town (Un día en Nueva York).-


Cabin in the Sky (Una cabaña en el cielo) - Vincente Minnelli, 1943.-


Cabin in the Sky es una película interesantísima por varios motivos. En primer lugar, fue el primer largometraje dirigido por Vincente Minnelli y si bien el “toque Minnelli” se aprecia en todo su esplendor en Technicolor, y esta película se rodó en blanco y negro, ya podemos ver en este primer intento una bella puesta de cámaras y una fotografía delicada y romántica que acompaña el entorno rural de la película y que resulta resignificada hacia el final (no diré nada más para no arruinar el visionado de quienes no la hayan visto).-
Tan importante en términos históricos como este debut es la particularidad de que el elenco está integrado exclusivamente por actores afroamericanos. Si bien ya se habían filmado antes otras películas con elencos ciento por cien afroamericanos, esto seguía siendo una rareza. Los actores afroamericanos (como así también los asiáticos y los de otras minorías) estaban relegados a pequeños papeles, muchas veces sin diálogo y casi siempre bajo estereotipos (una maravillosa excepción es el rol de Theresa Harris en Baby Face). En los musicales, los cantantes y músicos afroamericanos tenían una ventana un poco más amplia para demostrar su talento, aunque por lo general aparecían en números especiales que en los estados del sur de EEUU podían eliminarse fácilmente sin que la trama sufriera. Un número interracial en el que artistas blancos y negros aparecieran como pares, tal como Be a Clown en The Pirate (también dirigida por Vincente Minnelli) era una verdadera declaración de principios. Pero de repente, con EEUU ya participando en la II Guerra, surgió la necesidad de fomentar la integración de los afroamericanos (al menos por un ratito) y de mostrar su cultura en términos positivos.-
En cuanto al elenco, encabezado por una luminosa Ethel Waters, por Eddie “Rochester” Anderson y por Lena Horne, también se aprecia la mano de Minnelli: su gran trabajo en la dirección de actores reduce en mucho las interpretaciones estereotipadas y si bien aparecen aquí y allá algunos detalles (vamos, Cabin in the Sky sigue siendo una película de los años ‘40), se siente un tratamiento de los personajes más respetuoso que en la generalidad de los casos.-


Yankee Doodle Dandy (Yanqui Dandy) - Michael Curtiz, 1942.-


Esta es la primera película de este cuarteto que no había visto antes. Se trata de una biografía bastante libre de George M. Cohan, el multifacético artista considerado el padre del teatro musical de EEUU, protagonizada por James Cagney (quien ganó un Oscar al mejor actor por este papel, el único de su carrera y el primer galardón de esta categoría entregado a un actor en una película musical).-
La producción de Yankee Doodle Dandy comenzó pocos días antes del bombardeo en Pearl Harbor que determinó la intervención de EEUU en la Guerra, marcando profundamente el tono de la película. Aquí se trata de mostrar a un “verdadero americano”, un patriota, y - nuevamente - de integrar a una de las culturas más fuertes del país, la irlandesa (Cohan era de esa ascendencia, al igual que Cagney).-
Y sin embargo, Yankee Doodle es una película que sigue disfrutándose hoy en día. El principal motivo se resume en dos palabras: JAMES CAGNEY. No hay demasiadas oportunidades para comprobar su talento musical (Footlight Parade, de 1933, es el otro musical que pude ver y también es una delicia), de modo que cada una de ellas se convierte en una perla. ¡Cómo se mueve ese hombre! Cagney siempre es interesante de ver pero cuando se pone sus zapatos de baile la cosa alcanza niveles extraordinarios. En este caso, bajo la dirección de Seymour Felix y Leroy Prinz y la coreografía de Jack Boyle, Cagney recrea el estilo de Cohan y al mismo tiempo es esencialmente él mismo. Su persona escénica se funde con el personaje y le da impulso a la película, pero sin llegar nunca a eclipsar a los demás actores; Cagney lidera pero no domina al resto del elenco encabezado por Walter Huston como el padre de Cohan, Rosemary DeCamp como su madre, Jeanne Cagney (hermana de James) como su hermana y Joan Leslie como su esposa.-


Meet me in St. Louis (La rueda de la fortuna) - Vincente Minnelli, 1944.-


En otra oportunidad comenté cinco momentos de esta película y ahora me toca volver sobre ella. En este nuevo visionado me fijé especialmente en los aspectos oscuros de Meet me in St. Louis, que no había resaltado en mi entrada anterior.-
Los musicales de Minnelli siempre parecen tener una nota de gravedad por allí escondida, su universo nunca es tan brillante como aparenta, pero en Meet me in St. Louis este elemento resalta particularmente. Las hijas menores de la familia Smith, “Tootie” (Margaret O’Brien) y Agnes (Joan Carroll, qué pena que esta niña no tuviera un rol más destacado en la película, es encantadora) están obsesionadas con la muerte y encuentran en la noche de brujas, con sus tradiciones macabras, el espacio ideal para dar rienda suelta a sus fantasías. En el curso de la noche las niñas pasan de “matar” a los vecinos menos simpáticos tirándoles harina al rostro a ocasionar el descarrilamiento del tranvía (tratándose de un musical no hay consecuencias fatales, claro). Peor aún, para encubrir su travesura “Tootie” inventa un ataque violento de parte del enamorado de su hermana Eshter (Judy Garland). Material inusual para este género, ¿verdad? En el contexto histórico en el que esta película fue producida, con la II Guerra aún en curso y con final incierto, las niñas parecen ser las más realistas del conjunto. El resto necesitará una amenaza más concreta (la mudanza a Nueva York) para comprobar que el mundo puede cambiar de un momento a otro y que los lazos que tendemos son lo único duradero. Setenta y cuatro años después, Meet me in St. Louis sigue hablándonos de la fragilidad del equilibrio cotidiano y de las cosas que en verdad importan.-


Holiday Inn - Mark Sandrich, 1942.-


Esta es la segunda película del cuarteto de esta semana que estoy descubriendo. Compré el DVD hace mucho tiempo pero nunca había encontrado el momento para verla.-
La trama recorre los enredos amorosos de Jim Hardy (Bing Crosby) y Ted Hanover (Fred Astaire), un dúo artístico que rivaliza en el amor disputándose el corazón de sus sucesivas compañeras de escena: primero la volátil Lila Dixon (Virginia Dale) y luego la adorable Linda Mason (Marjorie Reynolds). Tal vez esta no sea una gran película (tiene todo el aspecto de una más del montón), pero es encantadora y tiene más de un aspecto interesante.-
En primer lugar, es una de las pocas películas (si no la única) en la que Fred Astaire interpreta un personaje ligeramente antipático. Sin llegar a ser un villano, su Ted básicamente lanza el zarpazo sobre cada mujer de la cual Jim se enamora (¿es que acaso no puede conocer mujeres de otra forma?). No termina de resultar claro si las ama o si quiere asegurarse su lealtad profesional, lo único seguro es que aquí - como en otras películas musicales - el amor y los negocios son la misma cosa. Al mismo tiempo, el carisma de Astaire saca a flote a su personaje en base a muchas escenas cómicas ejecutadas a veces con Crosby, otras con Walter Abel en el rol de su represante.-
Otro aspecto interesante que se relaciona con mi comentario sobre Cabin in the Sky es el tratamiento que Holiday Inn hace de las cuestiones raciales. Por un lado, el número que Bing Crosby y Marjorie Reynolds hacen con maquillaje negro es eliminado en las emisiones televisivas de esta película en Estados Unidos, por considerarse ofensivo. El estilo black face fue muy popular en el cine durante décadas y son muchos los artistas que filmaron números musicales así maquillados. Es muy interesante el análisis que se hace en el material brindado por el curso respecto a qué significaban estos números en el contexto en que fueron filmados: lejos de pretender ridiculizar o invisibilizar a los artistas negros, estos números buscaban - de acuerdo a los estándares de aquella época - celebrar la cultura afroamericana. Y aún cuando nuestra sensibilidad no considere aceptable este tipo de expresiones, pretender que nunca existieron hace un pésimo servicio a la Historia. Por otro lado, es interesante considerar que el personaje de Mamie (Louise Beavers), la criada negra de Jim, es una madre soltera fuerte, determinada y sabia que termina salvando el día para su empleador.-
Un último aspecto de Holiday Inn que encontré fascinante es la ruptura de la ilusión cinematográfica que ocurre hacia el final de la película, cuando todos los personajes se trasladan a Hollywood (Ted y Linda para filmar una película ambientada en la posada de Jim y éste para recuperar a su amada). De pronto, la posada del título se convierte en un set de filmación y aquello que percibíamos como “real” se reafirma como ficticio: la posada misma, el cochero que lleva a Linda, la propia Linda transformada en actriz y personaje a la vez. Es un efecto curiosísimo en donde los personajes se desdoblan y son a la vez el reflejo y lo reflejado.-


On the Town (Un día en Nueva York) - Gene Kelly y Stanley Donen, 1949.-


Nunca me ha gustado demasiado esta película, me resulta una extraña combinación entre lo sublime (el ballet “Un día en Nueva York”), lo adorable (la canción Main Street) y lo bizarro (Prehistoric Man o Gene Kelly, Frank Sinatra y Jules Munshin bailando disfrazados como odaliscas); y aún aquello rescatable se volvió a hacer con mejores resultados, de modo que no necesitamos verlo aquí en una versión borrador.-
Sin embargo, al escuchar el podcast correspondiente a la segunda semana del curso, en el cual se describen las características distintivas de los años ‘40 en cuanto a los musicales, descubrí que On the Town las contiene todas, cerrando la década con una dosis concentrada de los cambios que se introdujeron en los años anteriores.-
En primer lugar, el trío protagonista (Kelly, Sinatra y Munshin) nos muestra la hermandad de tres amigos que responden al ideal norteamericano de los años de la Guerra: son jóvenes, seguros de sí mismos, viriles y despreocupados. Estamos muy lejos de los hombres de los años ‘30, que estaban agobiados por la Depresión y llenos de incertidumbres. Estos hombres, en cambio, proyectan al mundo la impresión de triunfo que Estados Unidos quería dar a propios y a extraños durante el conflicto.-
En segundo lugar, las mujeres de la película (Vera-Ellen, Ann Miller y Betty Garrett) también son muy diferentes de aquellas que poblaban las pantallas en la década anterior. No son meramente sobrevivientes o damiselas en peligro sino que aparecen como personajes fuertes con objetivos bien definidos. Y son profesionales, en el caso de Miller y Garrett, en ámbitos tradicionalmente reservados para los hombres. Con este tipo de personajes Hollywood logró reflejar la realidad de las mujeres en los años de la Guerra, aún cuando para los años ‘50 se haya intentado regresarlas al hogar.-
Esta película tiene además un elemento muy interesante que se convertirá en un sello personal de Gene Kelly en la década siguiente: la incorporación de un ballet. Se sabe que Kelly quedó muy impresionado con The Red Shoes (estrenada en 1948) y con las posibilidades del cine para llevar las danzas clásicas a una audiencia masiva. A partir de On the Town, todas sus películas importantes contendrán un ballet, culminando con la producción de Invitation to the Dance (filmada en 1952 pero estrenada recién en 1956, con poca repercusión), una película sin diálogo compuesta por tres ballets.-
Por último, On the Town hace un uso explosivo del color. Hasta los años ‘40 todavía se produjeron musicales en blanco y negro, pero en los años ‘50 el género se volcó de lleno hacia el Technicolor y otros sistemas para contrarrestar el avance de la televisión. On the Town, estrenada en el último año de la década, mira abiertamente hacia el futuro.-  

jueves, 14 de junio de 2018

Locos por los musicales - Primera semana: películas de 1929 a 1939.-

Como les comenté en la entrada anterior, comencé el curso en línea sobre cine musical ofrecido por el canal TCM y encontré que para cada módulo semanal se sugieren películas consideradas esenciales en el período en cuestión. Las películas para esta semana fueron (en este orden) The Broadway Melody (La melodía de Broadway), The Wizard of Oz (El mago de Oz), Born to dance (Nacida para la danza) y Top Hat (Sombrero de copa) a las cuales yo agregué Gold Diggers of 1933 (Vampiresas 1933) porque no concibo la década del ‘30 sin Busby Berkeley y los musicales de la Depresión.-


The Broadway Melody (La melodía de Broadway) - Harry Beaumont, 1929.-
De todas las películas sugeridas, esta es la única que no había visto antes y representó una agradable sorpresa, es mucho mejor de lo que esperaba. Desde la primera escena nos encontramos con un uso inteligente de la banda de sonido (hay que tener presente que esta película fue la primera cien por ciento sonora que MGM produjo, con lo cual la “incomodidad” ante el sonido que percibimos en muchas películas de este período era un obstáculo importante a superar): la película comienza en una tienda de música en la que se alternan y se mezclan distintas melodías y en donde el compositor y cantante Eddie Kearns (Charles King) prueba su más reciente composición. El plan de Eddie es utilizar su canción para lanzar la carrera en Broadway de su enamorada Hank Mahoney (Bessie Love) y de la hermana de ésta, Queenie (Anita Page). Pronto resulta evidente que Queenie es la estrella del dúo y aquella a quien Eddie ama en verdad… es decir, evidente para todos excepto para Hank. En su intento de alejarse de Eddie en pos de la felicidad de su hermana, Queenie acepta las atenciones de Jock Warriner (Kenneth Thompson), un productor de mala reputación.-
La película se estanca un poco en las reiteradas protestas de Hank y Eddie en contra del rumbo adoptado por Queenie y los números musicales no son demasiado emocionantes, pero aún The Broadway Melody así logra ser entretenida (Bessie Love y en especial Anita Page logran momentos de muy buena actuación) y valer por sí misma y no solamente como curiosidad histórica.-


The Wizard of Oz (El mago de Oz) - Victor Fleming, 1939.-
Pasar de The Broadway Melody a El mago de Oz es casi como llegar a la tierra de los Munchkins proviniendo de Kansas. Aquí estamos plenamente en la tierra de la fantasía, en la fábrica de sueños de MGM en todo su esplendor. Por supuesto que la película tiene un mensaje conservador (“No hay lugar como el hogar”) y todo eso, pero ¿quién quiere sentarse a ver un musical con los pies remojados en cinismo?
Además de los extraordinarios méritos estéticos de esta película, en el universo específico del género se destaca por ser uno de los mejores musicales “integrados” (es decir aquellos en los que los números musicales hacen avanzar la trama y constituyen formas de expresión de los personajes, por oposición a las películas que incorporan los números como alguna clase de espectáculo dentro de la historia). En efecto, con la única excepción de Over the Rainbow, las canciones carecen de autonomía, sólo tienen sentido en el contexto de la historia. Los musicales integrados suponen el punto más alto en la evolución del género, porque pulverizan la pregunta “¿por qué diablos este personaje se pondría a cantar?”. Allí donde los musicales más clásicos dan un rodeo para crear una situación de espectáculo (por mínima que sea: en Meet Me in St. Louis, por ejemplo, se trata de un encuentro de amigos o de una familia reunida alrededor del piano), los integrados ponen en duda la relevancia de la pregunta, expandiendo sus horizontes.-
Es interesante además ver estas dos películas en seguidilla y maravillarse ante el largo camino de experimentación técnica y estética recorrido por el género desde su mismísimo nacimiento hasta la explosión de música, color y fantasía representada por El mago de Oz.-


Born to dance (Nacida para la danza) - Roy Del Ruth, 1936.-
Sinceramente, no veo porqué esta película está incluida en la lista de esenciales de la década. Eleanor Powell es una auténtica maravilla, no hay dudas de eso, pero Born to dance es una de esas películas en las que el todo vale menos que la suma de las partes.-
Veamos: por un lado tenemos una protagonista que se come la pantalla cada vez que tiene la oportunidad de ponerse en movimiento; un galán inesperado (una de las verdaderas delicias de esta película es ver a ¡James Stewart en un musical!); y una secundaria de lujo como Una Merkel, una de las figuras infaltables del período pre-code. Y hablando del pre-code, aquí se insinúa un aspecto interesante de los musicales posteriores a la aplicación del Código: aún dentro del ajustado corsé del Código, los musicales (y las comedias ciertamente también) siempre se las ingeniaron para incorporar situaciones o pequeños diálogos un poco más arriesgados de lo permitido. Una referencia a la frondosa imaginación de los marineros o la idea de que una mujer pueda decidir (en 1936) si desea continuar con su matrimonio luego de “probar” los besos de su esposo no son moneda corriente en películas de otros géneros.-
El aspecto negativo de Born to dance es que estas virtudes están esparcidas en medio de una trama débil, plagada de números “especiales” de variada calidad (el número de baile del dúo Georges y Jalna - no puedo decir que conozca su trayectoria - es agradable mientras que el estilo de Buddy Ebsen no ha envejecido bien). En definitiva, conviene tener el control remoto a mano pero también recordar que estas películas fueron concebidas en un mundo en el que no existían el video hogareño ni la televisión, con lo cual el cine era un medio esencialmente efímero. Claro que existían reposiciones, pero básicamente, nadie debe haber imaginado que ochenta y dos años después esta película seguiría con vida. Eso no la exime de culpas pero ayuda a entender el motivo por el cual la historia parece una mera excusa para insertar los números musicales.-


Top Hat (Sombrero de copa) - Mark Sandrich, 1935.-
En otra oportunidad comenté dos números de esta película (No strings y Cheek to cheek) y me referí, aunque brevemente, a la maravillosa integración entre diálogo y canción y a la capacidad de expresar la seducción a través de la coreografía que ambos reflejan, así que no volveré sobre ello.-
En este nuevo visionado (no había vuelto sobre esta película desde aquellas entradas) quedé fascinada con un aspecto que tal vez escapa del tema de mi curso sobre musicales, y es precisamente la parte no musical de la película, es decir su valor como comedia. A diferencia de lo que me sucedió con Born to dance, siento que uno podría ver Top Hat sin los números musicales y aún así disfrutar en grande. La forma en la que los guionistas Dwight Taylor y Allan Scott proponen y resuelven los enredos de la trama es perfecta y el aporte de los secundarios de lujo (Edward Everett Horton, Helen Broderick, Eric Blore y Erik Rhodes) en la construcción de la ilusión no puede ser soslayado. Hay aquí también un gran número de elementos “prohibidos” que se deslizan de puntillas en la trama: la idea de que Edward Everett Horton ha cometido más de un desliz en su matrimonio o las insinuaciones acerca de un romance apasionado en el pasado de Astaire y Rogers están suavizadas… pero están.-
Otro aspecto interesante de Top Hat es el de la influencia de otros estilos en esta que todavía no es una película de Astaire y Rogers “pura”. Más adelante irá definiéndose el estilo “Astaire-Rogers” y sus películas se centrarán más en la pareja, pero aquí como en otras películas tempranas del dúo todavía puede verse la intención de los realizadores de incluir números corales con alguna referencia a lo que Busby Berkeley estaba haciendo para Warner Bros. (en Top Hat es The Piccolino, en The Gay Divorcee había sido The Continental) o el interminable desfile de modas que tenemos en Roberta (de nuevo, en un mundo sin televisión ¿dónde podría el público ver un desfile si no era en el cine?).-


Gold Diggers of 1933 (Vampiresas 1933) - Mervyn LeRoy, 1933.-
¿Cómo terminar la década del ‘30 sin visitar esta película? Gold Diggers es tan interesante y por tantos motivos, que no pude resistir la tentación de agregarla a un listado de “esenciales”.-
En primer lugar, es una película típicamente pre-code con Joan Blondell, Ruby Keeler, Aline MacMahon y Ginger Rogers como aspirantes a estrellas de musical desempleadas y en quiebra y Dick Powell, Warren William (suspiros y corazoncitos para él) y Guy Kibbee como los millonarios que no se han enterado demasiado de que hay una Depresión en curso. Mientras que Blondell y Keeler tienen buenos sentimientos, MacMahon se las ingenia para sacarle hasta la camisa a Guy Kibbee en una jugada que siempre termina resultándome antipática, pero que en la película no recibe ningún castigo sino todo lo contrario (y, en rigor de verdad, Kibbee se lo merece).-
Casi como en una película separada, encontramos los increíbles números musicales de Busby Berkeley, con sus caleidoscopios de coristas, sus puestas en escena imposibles, sus fantasías cargadas de erotismo y de belleza. Recordemos que sólo han pasado cuatro años desde The Broadway Melody y aquí tenemos en plena forma a un director/coreógrafo que entendió que el cine musical es un medio diferente del teatro musical y se dispuso a crear números especialmente para la pantalla.-
Y de repente, cuando menos lo esperamos, a modo de epilogo Berkeley nos golpea con el número My Forgotten Man, un recuerdo furioso y brutal a los caídos en la I Guerra Mundial, a aquellos que volvieron para hundirse en el olvido y en la miseria de la Depresión y a las mujeres que los lloran.-

lunes, 4 de junio de 2018

Locos por los musicales


TCM lanzó una nueva edición de sus cursos gratuitos por Internet, en este caso sobre cine musical. La edición anterior fue sobre Alfred Hitchcock y no pude seguirla por tener otros compromisos, pero este año - con mi agenda un poco más despejada - decidí zambullirme en este curso y compartirlo con todos ustedes. Su duración es de cuatro semanas (comenzó ayer 03 de junio) y la propuesta consiste en abordar una década de historia de los musicales por semana: la primera será acerca de musicales desde 1929 a 1939, la segunda sobre los años '40, la tercera sobre los '50 y la última sobre los años '60 hasta la actualidad. Además de los contenidos teóricos y de juegos y evaluaciones, el curso propone una lista de películas para visitar acompañando una programación del canal TCM (que lamentablemente no se ve en América Latina, pero por suerte siempre nos quedan los DVD...), y con una sugerencia de cuatro películas fundamentales para cada década, para aquellos alumnos que no puedan verlas todas.-
Los invito entonces a acompañarme en mi recorrido por estas películas sugeridas (tal vez eventualmente agregue alguna de mi cosecha, porque ya estoy viendo que para la primera década hay una omisión fundamental). ¿Listos? Comenzamos.-

lunes, 14 de mayo de 2018

Singin’ in the rain (Cantando bajo la lluvia) - Gene Kelly y Stanley Donen, 1952.-

Cada vez que veo “Cantando bajo la lluvia” me conmueve su precisión, la perfección de mecanismo de relojería de la que hace gala. Y siempre vuelvo a pensar que esta película es la respuesta ideal para todos aquellos que cuestionan los musicales, porque demuestra que cada una de las objeciones que suelen expresarse son - al menos por esta vez - absolutamente incorrectas. Lo sé porque fue la película que hizo que yo cayera por la madriguera de los musicales, género que había despreciado hasta ese momento.-


“Los argumentos son triviales y están destinados a olvidarse en cuanto se apaga la pantalla”
Sin lugar a dudas, la industria cinematográfica dominó el mundo cultural y del entretenimiento durante todo un siglo. Adorado, discutido, despreciado y amenazado por el advenimiento de nuevas formas de entretenimiento, el cine no deja indiferente a nadie. Una de las páginas más interesantes de su historia comenzó a escribirse con el estreno de las primeras formas de cine sonoro, los cortometrajes producidos por Warner Bros. en 1926 gracias a la implementación del sistema Vitaphone. A partir de allí ocurrieron dos fenómenos que impactarían enormemente en la industria: la consagración del cine sonoro y el surgimiento de un nuevo género musical, imposible durante la era del cine mudo, los musicales. Aquí abreva “Cantando bajo la lluvia” y ya por ello vale la pena visitarla una y otra vez. Si bien cuenta la historia a su manera (después de todo, no es ni pretende ser una película documental), recoge muchas de las anécdotas y detalles de la época en la que transcurre la trama. Pero además, presenta un argumento bien construido con tres actos balanceados, los personajes están bien delineados y si quitamos los números musicales, la película sobreviviría perfectamente como una comedia que todavía sería entretenida.-



“Los números musicales están mal integrados, de pronto la película se detiene para dar paso a un número meramente decorativo e intercambiable por cualquier otro”
Muchas veces sucede que vemos un extracto de un número musical y no podemos recordar exactamente a qué película corresponde, o que viendo una película sentimos que en un determinado punto cualquier otro número hubiera encajado igual de bien que aquel que estamos viendo. En “Cantando bajo la lluvia”, cada número se ajusta a la situación en la cual está insertado y sirve ya sea para hacer avanzar la trama o bien para completar la caracterización del personaje que lo protagoniza. Si los tres protagonistas descubren la forma de salvar la carrera del héroe o si éste logra por fin conquistar a su amada, ¿qué podría ser más natural, entonces, que festejarlo con un baile enérgico por toda la casa o en medio de la calle, aunque llueva? Inclusive una canción como Would You, que no constituye un verdadero número musical, es utilizada para mostrar el desarrollo de la relación entre la estrella Don Lockwood (Gene Kelly) y la principiante Kathy Selden (Debbie Reynolds), el ascenso profesional de ésta y el creciente aislamiento de la antigua gloria del cine Lina Lamont (Jean Hagen).-


“Las situaciones dramáticas (en especial el enamoramiento) se resuelven de forma inverosímil”
Uno de los aspectos de mayor delicadeza de esta película es la forma en la que se aborda la relación entre Don y Kathy. En un comienzo las cosas no marchan bien entre ellos (Don pretende comportarse como la estrella de cine que es y Kathy toma venganza humillándolo por su supuesta ineptitud como actor), lo cual recuerda la fórmula utilizada en tantos otros musicales, en especial los de Fred Astaire y Ginger Rogers. La diferencia está en que aquí Kathy tiene un motivo para sentir desagrado por Don (él se comporta un poquito como un idiota cuando se conocen por accidente) y también en que el primer baile no es suficiente para que Don conquiste a la chica. Luego del bellísimo número You Were Meant For Me apenas se han removido los obstáculos entre ambos: Kathy es joven y alberga muchas dudas acerca de involucrarse con una super estrella de cine y Don está dispuesto a esperar. Todo ello está expresado a la perfección en la coreografía diseñada por Kelly y Donen; me viene a la mente, a modo de comparación, un número con una dinámica muy diferente al comienzo de Living in a Big Way (Gregory LaCava, 1947), en el cual Kelly y Marie McDonald recrean un amor que nace con mucha más contundencia al ritmo de It had to be You y es que McDonald representa un personaje muy diferente a Kathy Selden.-


“Las actuaciones dejan mucho que desear”
Solamente el nombre de Jean Hagen debería bastar para derribar este argumento. Aún no he podido ver otra de sus películas pero con sólo pensar que es su voz la que se escucha en la escena en la cual Kathy hace el doblaje de Lina, ya me convenzo de su valor como actriz. Pero Hagen no está sola, Kelly y Donald O’Connor en el papel de su fiel amigo Cosmo Brown alternan sus números musicales con buenas escenas de actuación y Reynolds logra mantener la frescura pese a la presión de encarnar un rol protagónico siendo tan joven y aún inexperta. Los acompañan varios secundarios de lujo en roles más pequeños, en especial Douglas Fowley en el papel del temperamental director de cine Roscoe y (la menciono pese a que no tiene escenas con texto hablado) Cyd Charisse, que aparece en un número musical especial para robarse todas las miradas en el rol de una femme fatale diferente a los que había interpretado en la pantalla hasta ese momento.-


“La dirección de cámaras es estándar”
En su segundo intento como directores Gene Kelly y Stanley Donen demuestran que controlan la cámara y la utilizan para contar. En los números musicales la cámara no sólo acompaña el movimiento de los bailarines sino que también se convierte en una herramienta expresiva: cuando Gene Kelly abandona la vereda en el número central para dar vueltas con su paraguas sobre la calle, el movimiento ascendente de la cámara es el único posible; la música es más grande, la coreografía es más grande, el movimiento de cámaras tiene que ser más grande también. Inversamente, en la escena del meetcute entre Don y Kathy, el plano se cierra sobre ellos en el momento de mayor intimidad para luego retirarse cuando Kathy rechaza los avances de Don. En todo momento, la cámara está donde debe estar aunque ello signifique recurrir a una puesta intrincada. Y si bien no se supone que notemos el trabajo de los directores, con los sucesivos visionados uno empieza a advertir y a agradecer tanto esfuerzo para traer - en palabras de Lina Lamont - un poco de alegría en nuestras monótonas vidas...

domingo, 6 de mayo de 2018

Chicago - Rob Marshall, 2002.-

Nota: demoré una eternidad en escribir este artículo porque estuve de mudanza. Ahora que mis películas y yo estamos instaladas en nuestra nueva casa, podemos reencontrarnos...

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Algunas películas transmiten una corriente de electricidad y luego quedan resonando en la cabeza, te persiguen durante días y las recuerdas durante años. Vi Chicago por primera vez hace catorce años y cuando, mucho tiempo después, me reencontré con ella sentí el mismo entusiasmo, el mismo asombro ante esta película que no descansa nunca, que de principio a fin mantiene el ritmo y el interés del espectador. Lo más conmovedor acerca de Chicago es que vino a decir - ya empezado el siglo XXI - que este tipo de películas todavía es posible (pese a que el género musical lleva varias décadas con el certificado de defunción firmado) y lo hace con una ferocidad y una convicción que contagian. Además, no sólo es un musical sobre la volatilidad de la fama y la farsa en la que puede convertirse el sistema judicial sino también sobre la forma en la que los musicales vienen en nuestro auxilio en tiempos difíciles.-



Momento Nº 1: All that Jazz…


El primer número de la película es una pequeña obra maestra dentro del universo propuesto por Marshall. Velma Kelly (Catherine Zeta-Jones), una artista de cabaret, llega sobre la hora a su espectáculo después de haber asesinado a su marido y a su hermana y co-estrella Veronica. Mientras su show es visto con admiración por la aspirante a estrella Roxie Hart (Renée Zellweger), la policía llega para detener a Velma. Algún tiempo después, la propia Roxie es apresada luego de asesinar a su amante (Dominic West). Esta simple historia es contada en términos puramente visuales a través de una intrincada secuencia que brinda más de un servicio a la película. Por un lado, nos coloca de lleno en el tono adecuado, es un número fuerte, de esos que normalmente serían el punto cúlmine de un musical clásico y aquí está ubicado justo en el comienzo (a partir de aquí, solo quedan dos caminos: decaer o doblar la apuesta y Marshall hace esto último con su Chicago). Por otro, nos indica que la realidad no será precisamente el Norte en esta película: por un segundo, Roxie se imagina en los zapatos de Velma y con ese breve plano Marshall nos explica que toda la historia se contará no desde el plano objetivo sino desde el punto de vista de la joven, y es un punto de vista teñido por sus aspiraciones más que por su interpretación de los hechos.-

Momento Nº 2: la manipulación de la prensa.-


Uno de los números más impactantes desde la puesta en escena es el de la conferencia de prensa ofrecida por Roxie bajo el estricto control de su abogado Billy Flynn (Richard Gere), el abogado penalista más famoso de Chicago, un hombre que sólo se sirve a sí mismo... Billy tiene un plan infalible para ganar el juicio penal: ganarse primero a la opinión pública y convertir a Roxie en una celebridad de la prensa amarilla. Para ello es necesario esconder los detalles escabrosos del caso y presentar a la prensa una historia fabricada respecto a lo sucedido y a los antecedentes de Roxie. Marshall vuelve a recurrir a una idea visual para explicar la forma en la que Billy manipula a Roxie y a los periodistas, una idea tan simple como efectiva: presentarlo como un ventrílocuo cuyo muñeco es la propia Roxie y como el gran titiritero que controla al grupo de periodistas-marionetas que reproducen cada una de sus palabras.-

Momento Nº 3: el hombre invisible.-


Otro de mis momentos favoritos tiene por protagonista a Amos (John C. Reilly), el deslucido marido de Roxie. Amos es un hombre sencillo y amable, lo cual resulta una mala combinación en el Chicago propuesto por la película (es decir: todos se aprovechan de él mientras pueden, y cuando no, lo humillan e ignoran). Mr. Cellophane, su único número musical, expresa justamente esto pero la interpretación de Reilly hace algo muy interesante por su personaje y es que por un momento también muestra el hartazgo y el dolor de Amos en un punto de la historia en que el pobre hombre está por pedir el divorcio. Este número entonces describe un aspecto de la realidad, muestra los sentimientos del personaje hacia ello y también hace avanzar la trama, anticipando y justificando lo que sucederá a continuación, además de significar un hilo conductor entre este musical moderno y sus más lejanos ancestros (la toma que ilustra este momento siempre me recuerda a esta otra imagen).


¿Se puede pedir algo más de un número musical tan simple?

Momento Nº 4: la manipulación de la justicia.-


La Justicia como circo… esto es lo que nos presenta Razzle Dazzle. En una sociedad corrupta como la propuesta por la película, el sistema judicial no es la excepción sino su más refinada expresión. Y Billy Flynn es el mejor maestro de ceremonias posible, el que conoce todos los trucos y es capaz de convencer de su culpabilidad incluso a aquellos que se saben inocentes y viceversa. Billy sabe que con un poco de escándalo, un poco de brillo, un pase de magia por aquí y un trabalenguas por allá, tendrá al Juez y a los jurados en su bolsillo. De alguna manera Marshall nos advierte sobre esta clase de manejos incluso en nuestros días: Roxie y Velma, si bien salvan el pellejo, no ganan gran cosa hacia el final de la película (ya les contaré mi interpretación del final), pero aquellos que representan la corrupción del sistema (Billy y la guardiacárcel Mama Morton, una magnífica Queen Latifah) salen bien parados, con su lugar salvado. Un castigo para ellos nos hubiera dejado la confortable sensación de que la corrupción no triunfa pero esta película no busca enviar un mensaje tranquilizador...

Momento Nº 5: el gran final.-


En la última escena, Roxie y Velma se reúnen ya fuera de la cárcel y descubren que el mundo del espectáculo es el único en el cual dos personas que se odian pueden perfectamente trabajar juntas. Logran éxito y aplauso con un show en el que se ríen de sus crímenes del pasado… ¿o no? Si algo aprendimos a lo largo de esta película es que la realidad es un concepto muy difuso para Roxie, nuestra narradora. En ese entendimiento, yo tiendo a desconfiar del final brillante que nos presenta el director y a creer que el último número es un producto puro de la imaginación de Roxie. ¿Acaso Chicago no nos dice que la maquinaria de la prensa amarilla y la fama momentánea termina tragándose a todos?

jueves, 5 de abril de 2018

Películas que dialogan entre sí: Lady for a day y Midnight.-

Esta semana descubrí dos comedias encantadoras: Lady for a day (Dama por un día), de Frank Capra (1933) por recomendación de mi querida Hildy Johnson y Midnight (Medianoche), de Mitchell Leisen (1939). Ambas películas cuentan historias de Cenicientas urbanas (dos mujeres en contextos y con motivaciones completamente diferentes) y comparten la existencia de elencos maravillosos de ratoncitos hacedores.-
Lady for a day (Dama por un día) - Frank Capra (1933).-


En Lady for a day, Cenicienta es “Annie Manzanas” (May Robson), una anciana alcohólica que se gana el pan vendiendo manzanas en Times Square. Su vida se pone de cabeza cuando su hija Louise (Jean Parker) a quien envió a Europa cuando era una niña y a la que escribe cartas contando aventuras de la alta sociedad inventadas, le anuncia que está en camino a Nueva York para presentarle al Conde Romero (Walter Connolly), el padre de su prometido. Annie da todo por perdido pero sus amigos convencen al gangster Dave “el Dandy” (Warren William) - quien ha transformado a Annie en su amuleto de la suerte - de conseguir un departamento en un hotel de lujo y montar una farsa (marido para Annie incluído, interpretado de maravillas por Guy Kibbee) que asegure el consentimiento del Conde.-
Esta película es otra de las pequeñas joyas que esconde la filmografía de Capra. Es una de esas películas en las que nada sobra ni falta (tal vez una breve explicación de cómo llegó Annie al estado en el que se encuentra, pero tampoco es tan necesaria, podemos llenar el espacio imaginando que era la heredera de una fortuna que quedó librada a su buena suerte luego de un desgraciado romance prematrimonial). La película tiene además algunos momentos de gran belleza, en especial el encuentro de los jóvenes prometidos (Barry Norton interpreta a Carlos, el hijo del Conde) en el jardín; y un montaje rápido que hace que la acción no se detenga nunca.-
Pero sin dudas su mayor mérito está en el reparto. Absolutamente todos los actores están perfectos en su rol. Tanto los otros mendigos como los miembros de la banda de “el Dandy”, el mayordomo del departamento que consiguen para Annie o los políticos y policías que se suman hacia el final e incluso los vecinos de Annie, que aparecen brevemente, son una delicia. Y May Robson compone un personaje inolvidable; Annie lo tiene todo, rudeza, sensibilidad, vergüenza por su pasado, ansiedad por el futuro de su hija, dignidad…
Tratándose de una película de Capra, está presente el mensaje esperanzador del director. Aquí como en otras de sus películas, cuando todos se unen desinteresadamente en pos de un mismo objetivo consiguen superar las dificultades e incluso se convierten en mejores personas o  logran alcanzar sus propios objetivos (no quiero olvidarme de Missouri Martin - Glenda Farrell - la propietaria de un club nocturno eternamente enamorada de “el Dandy” y que al final parece conquistarlo por fin). Pero Lady for a day gana en cuanto a sutileza. A diferencia de otras películas más conocidas, en este caso los personajes no tienen cualidades absolutas, no representan al Bien y al Mal sino que tienen matices. De alguna forma Capra está apostando a que pese a algunas malas acciones, hay una bondad innata en los hombres.-

Midnight (Medianoche) - Mitchell Leisen (1939).-


Midnight - con una referencia explícita a la historia de la Cenicienta - sigue las aventuras de Eve Peabody (Claudette Colbert), una corista y cazafortunas norteamericana que, luego de perderlo todo en Montecarlo, llega a París únicamente con un vestido de lamé dorado y veinticinco céntimos en su cartera. Una serie de casualidades la lleva a involucrarse con la alta sociedad bajo la identidad falsa de una baronesa húngara. Eve llama la atención de Georges Flammarion (John Barrymore), un millonario que convence a la joven de continuar con la farsa para ayudarlo a separar a su esposa Helene (Mary Astor) de su amante Jacques (Francis Lederer). Paralelamente, Tibor Czerny (Don Ameche), un taxista húngaro que se enamoró de Eve la noche de su llegada a París remueve cielo y tierra para encontrarla y cuando lo logra, finge ser el Barón que intenta recuperar a su esposa.-
En este caso - a diferencia de Lady for a Day - el director y los guionistas (nada menos que Billy Wilder y Charles Brackett) se vuelcan de lleno hacia la comedia, sin demorarse en desarrollar situaciones que podrían resultar emotivas. El resultado es una película deliciosa, muy bien editada y que sortea con éxito el mayor escollo que este tipo de tramas suele enfrentar: generalmente llega el momento de las explicaciones y siempre es un momento en el cual el ritmo se estanca mientras un personaje explica a los restantes lo que la audiencia conoce desde el principio. Midnight (al igual que Lady for a Day) evita meterse en ese pantano y deja la farsa sin explicación, simplemente los personajes siguen con sus vidas. Pero no continúan de la misma manera (qué sentido tendría si así no fuera), Eve renuncia a sus sueños de riqueza y apuesta a que su vida junto a Tibor no repetirá la historia de pobreza y desamor de sus padres; y Georges reconquista a su esposa.-
Y sin embargo, los guionistas no pretenden dar ningún mensaje. Georges no actúa por un impulso altruista y cuando Helene cree descubrir, junto con su amigo Marcel (Rex O’Malley), la verdadera identidad de Eve, evita revelarla no por solidaridad sino porque desea evitar el ridículo ante la posibilidad de estar equivocada.-

Nuevamente, la belleza de esta película está en su reparto. Claudette Colbert y John Barrymore conforman un dúo cómico delicioso y Don Ameche (confieso que me sorprendió verlo tan joven, sólo lo había visto en sus roles de los años ‘80 y ‘90) camina entre la comedia y el romance con maestría. Rescato a los tres principales pero la verdad es que tanto aquí como en Lady for a day uno tiene la sensación de que los actores conforman un auténtico ensamble que está el servicio de estas historias en las que confluyen tantos intereses en torno a cada Cenicienta.-