sábado, 29 de julio de 2017

Bardelys the Magnificent (El caballero del amor) - King Vidor, 1926.-


Me ilusiona mucho pensar en las películas “perdidas” que son encontradas después de décadas de desesperanza; me lleva a creer que todas ellas podrían ser recuperadas algún día. Pues bien, Bardelys the Magnificent era una película perdida hasta que en 2006 se encontró una copia en Francia, con intertítulos en francés y a la cual le faltaba tan sólo un rollo. La película fue bellamente reconstruida para su relanzamiento, el rollo faltante fue reemplazado por fotografías y extractos del avance de la película, con intertítulos creados a partir del guión original.-
La película cuenta la historia de dos cortesanos en tiempos de Luis XIII de Francia (Arthur Lubin), rivales “en el amor y en la moda”: el Marqués Christian Bardelys (John Gilbert), apodado “el Magnífico” y el Conde Chatellerault (Roy D’Arcy). Con su orgullo herido luego de un fracaso amoroso, Chatellerault apuesta que Bardelys no podrá conquistar a Roxalanne (Eleanor Boardman), la hija del Vizconde de Lavedan (Lionel Belmore). Bajo una identidad falsa, Bardelys llega al castillo Lavedan, corteja a Roxalanne, gana la enemistad del Caballero Saint Eustache (George K. Arthur) - un fiel súbdito del Rey, a quien los Lavedan se oponen en secreto - y termina condenado a la horca por alta traición por un Tribunal presidido por el propio Chatellerault. A último momento, Bardelys escapa al estilo de Douglas Fairbanks y todo termina bien para los protagonistas, por supuesto.-


Bardelys no es una gran obra maestra del cine en general ni tampoco de su género (las películas de espadachines) en particular, pero es muy entretenida, reserva un par de sorpresas para el final y tiene - por sobre todas las cosas - un director/artista detrás de cámara: King Vidor. Vidor logra momentos de cine cautivantes en esta película, utilizando ángulos de cámara inusuales y efectos especiales. Rescato tres de ellos. El primero es muy breve: muestra la caída de Bardelys desde el balcón de Roxalanne desde un ángulo cenital y en una toma filmada con maestría (creo haber descubierto el truco, jeje).-


El segundo momento es la escena romántica entre Bardelys y Roxalanne, en la cual la cámara se ubica en la parte media del bote en el que navegan los enamorados por un estanque invadido por sauces llorones. Mientras el bote avanza, las ramas de los sauces pasan por delante del lente de la cámara, golpeando incluso a veces a los actores y proyectando sombras sobre el parasol de Roxalanne y sobre los rostros de los protagonistas. Hay algo de irreal en el efecto final, que de alguna manera ayuda a contar la historia; después de todo, el romance entre Roxalanne y Bardelys es bello pero se basa en gran medida en el ocultamiento de la verdadera identidad de “el Magnífico”.-


El tercer momento impactante es el escape de Bardelys, momentos antes de ser ejecutado en la horca. En una combinación de acrobacias ejecutadas por el propio Gilbert, imágenes trucadas y el uso de dobles de acción, Vidor ofrece una escena emocionante que funciona como un homenaje amoroso a las aventuras de Douglas Fairbanks.-
Además de sus valores estéticos, Bardelys the Magnificent tiene una nota muy interesante en los matices que tienen sus personajes principales. Los tres principales (Bardelys, Roxalanne y Chatelleraut) son personajes complejos que excenden el esquema básico de héroe - damisela en peligro - villano. Bardelys es presentado desde la primera escena como un verdadero seductor, hasta peligroso, que no se toma demasiado en serio el amor ni sus efectos (así, su duelo con un esposo ofendido termina con una nota feliz en la reconciliación entre los cónyuges instada por el propio Bardelys), pero siempre simpático. Sin embargo, a medida que avanza la trama, Bardelys toma conciencia de la futilidad de su vida (sútilmente, su vestuario y peinado van cambiando hasta adoptar un aspecto más sobrio y natural) y de las consecuencias de su insinceridad: cuando Roxalanne se arrodilla frente a un altar para expresar una promesa de amor, un Bardelys exultante comienza a hacer lo propio y de pronto se detiene, ante la evidencia dolorosa de desde su nombre hasta sus intenciones son falsas.-
Roxalanne, a su vez, es una joven muy fuerte, con los pies bien firmes sobre la tierra y al mismo tiempo es vengativa e impulsiva (de hecho, Bardelys termina al borde de la horca debido a ella). Como personaje femenino es mucho más interesante que la típica princesa de estos cuentos de aventuras galantes. En cuanto al villano, Roy D’Arcy repite su rol en The Merry Widow de Erich von Stroheim pero con una nota de dignidad sorprendente hacia el final. Pese a todos estos matices, el tono de comedia de esta película no se ve enturbiado. Inclusive el momento más dramático (la despedida en prisión de Bardelys y Roxalanne) es manejado en el límite entre el lirismo y el ridículo y termina con un héroe exclamando desafiante “La vida fue una aventura magnífica, la muerte bien puede serlo también”. Al menos Bardelys the Magnificent lo es...

sábado, 15 de julio de 2017

Sunshine - István Szabó, 1999.-


“Si no hay Dios y nunca lo ha habido, ¿por qué lo echamos tanto de menos?”. Esta pregunta (una de tantas que propone la película) nos introduce en el último acto de Sunshine. Ésta es una de esas raras gemas del cine, una película poco conocida - pese a que tiene un elenco lleno de estrellas - pero muy rica en cuanto a los temas que aborda y a su forma de contar y sobre todo, bellamente filmada. Sobre la base de la historia de una familia judía húngara desde finales del siglo XIX hasta mediados del siglo XX, Szabó (director, autor de la historia original y co-guionista) reflexiona sobre las tradiciones, el comunismo, el nazismo, la religión, el antisemitismo, la asimilación cultural, las relaciones familiares y la consolidación de la identidad individual y colectiva.-


La película se estructura en tres partes bien diferenciadas más un epílogo, cada segmento protagonizado por Ralph Fiennes, brillante en los roles de Ignatz Sonnenschein/Sors, Adam Sors e Iván Sors, los hombres de la familia cuya historia recorre Sunshine a lo largo de tres generaciones. Para cada parte, Fiennes compone un personaje completamente distinto que se presenta como una expresión de la época en la que vive: Ignatz, nieto e hijo de comerciantes judíos, ha llegado a graduarse en Derecho y pronto se convierte en Juez del Imperio Austro - Húngaro. Es modesto, reflexivo, fiel súbdito del Emperador, intenta ser justo y digno de su cargo aunque para ello deba traicionar su identidad. Su hijo Adam, en cambio, tiene la seguridad en sí mismo de quien sabe lo que quiere y cómo lograrlo, y cuando encuentra algún obstáculo que no puede superar, estalla en ira. El hijo de Adam, Iván, es el más complejo de los tres: luego de pasar su adolescencia en un campo de concentración, se incorpora a la policía militar del gobierno soviético, ejerciendo su cargo de manera implacable; pero en su esfera privada es vulnerable y aniñado, como si hubiera quedado suspendido en el tiempo como el muchacho que fue durante la Guerra. Pese a la preeminencia de Fiennes, que aparece ya sea en imagen o en voz en off en cada escena, una de las características más interesantes de Sunshine es el equilibrio que existe en el reparto, que actúa como un verdadero ensamble. En los roles más destacados encontramos a Rachel Weisz, James Frain, John Neville, Mark Strong, William Hurt, Miriam Margolyes y a Jennifer Ehle y a Rosemary Harris (hija y madre en la vida real) quienes comparten el rol del pilar de la familia, Valerie Sonnenschein/Sors, la esposa de Ignatz.-


El otro aspecto cautivante de Sunshine es el uso de elementos visuales para contar la historia. En la primera parte, en la que las cuestiones de la identidad nacional y de la asimilación cultural son centrales (es en esta etapa que los jóvenes de la familia cambian su apellido de Sonnenschein a Sors para sonar “menos judíos” y “más húngaros”), los colores nacionales rojo y verde están presentes en notas más o menos preponderantes en cada escena, siempre saturados. En la segunda parte, cuando los hijos de Ignatz y de Valerie se convierten al catolicismo, predominan las alegorías de elementos del cristianismo. En particular, los espacios en los que se desarrollan las principales escenas recuerdan a catedrales, son espaciosos y ceremoniales y uno de los momentos más dramáticos (que no revelaré para no cometer spoilers) tiene una gran carga simbólica en el mismo sentido. Finalmente, la tercera parte en la cual las actividades de Iván como policía militar ocupan un lugar importante, la estética se vuelve opresiva y predominan los tonos verdes en la iluminación, sugiriendo una influencia maligna. Desde el punto de vista estético, la segunda parte es tal vez la más interesante, porque en ella se filtran elementos visuales de las otras dos, lo cual no sólo permite que exista una integración entre las diferentes partes (en ningún momento sentimos que haya comenzado una nueva película) sino que además refleja que los problemas de las partes primera y tercera están presentes también en la segunda: Adam y sus contemporáneos enfrentan situaciones que ponen en juego su identidad, tal como sucedió con la generación anterior, y son víctimas de un régimen totalitario, como también lo será Iván.-
Hacia el final de la película (que incluye un pequeño homenaje a Citizen Kane), Szabó presenta una serie de contrastes entre todo lo que Iván Sors ha perdido y encontrado; el epílogo nos lo muestra solicitando el cambio de su apellido por el de Sonnenschein y, luego, caminando entre la muchedumbre con la cabeza en alto, perdiéndose a lo lejos. Me resulta muy poderosa esta idea de que al recuperar su identidad, Iván puede por fin “mezclarse”, integrarse a la sociedad y es que en definitiva, luego de una amarga reflexión acerca de la volubilidad de las masas, Szabó concluye realzando la importancia del individuo y de la memoria y las tradiciones.-