Motivo Nº 1: el relato épico.- La odisea de un grupo de giles (¿perdedores sería una buena definición del argentinismo?) que intentan recuperar lo que les quitaron. En el caso, se trata de un puñado de habitantes de una pequeña localidad rural de la Provincia de Buenos Aires que pone los ahorros de sus vidas al servicio de un sueño: fundar una cooperativa que reactive una acopiadora de granos que ha quebrado hace años y que está abandonada. Así podrían dar trabajo a muchas familias en ese pueblo fantasma y sin futuro. Es un plan a prueba de fallas, ¿no? Como dice Fermín Perlassi (Ricardo Darín), el protagonista de la historia, “Este es el mejor momento, peor no nos puede ir. ¿Qué más nos puede pasar?”, justo cuando aparece en pantalla un cartel que nos anuncia que la acción tiene lugar en Argentina… en agosto de 2001. E inmediatamente el espectador memorioso o más o menos informado sobre historia reciente del país sabe que todo está a punto de irse a la mierda de una manera sin precede...
(Pequeños momentos de cine)