miércoles, 16 de noviembre de 2016

Anna Karenina - Joe Wright, 2012.-

Luis Serrano, autor del sitio El cine en que vivimos tuvo la amabilidad de invitarme a contestar un cuestionario sobre cine y crítica para su blog. Si gustan leerlo, pueden encontrarlo aquí. Aprovecho la ocasión, además, para agradecerle nuevamente a Luis por pensar que mis opiniones podían resultar interesantes.-


Momento N° 1: Levin llega a Moscú (por primera vez).-
Escribió Hildy Johnson: “Wright se tira por el precipicio, arriesga y para la que esto escribe gana”. Para mí también. Desde la primera toma con ese telón que se levanta (mi corazoncito hitchcockiano escucha el eco de Pánico en la escena), el director nos propone un juego único, nos dice “esto no es real, es puro artificio, la apariencia lo es todo” y lo expone en la pantalla, literalmente. Wright se aferra a su juego hasta el final, sin perder nunca el hilo. El primer momento deslumbrante en la película ocurre, en mi opinión, a poco del comienzo cuando Wright ya cumplió con explicar el lenguaje que utilizará y puede permitirse un poco de diversión: es la secuencia que muestra la llegada de Levin (Domhnall Gleeson) a la oficina de su amigo Stiva (Matthew Macfadyen). Todo comienza con la sincronización del sonido del tren que traslada a Anna (Kiera Knightley) con el que producen los empleados de Stiva al sellar documentos y a partir de allí se despliega un verdadero número musical (de hecho, creo que Anna Karenina es un musical sin música: toda la película está cuidadosamente coreografiada y tiene ritmo) que se prolonga hasta que Levin y Stiva se encuentran en un lujoso restaurante para cenar. La pasión de Wright por los planos secuencia encuentra su cauce en esta escena en una forma maravillosa y bastante difícil, para mí, de describir. Simplemente tienen que verla…



Momento N° 2: un baile decisivo.-
Anna Karenina viaja a Moscú para intentar que su cuñada Dolly (Kelly Macdonald) perdone la infidelidad de Stiva. Pasada la crisis, Anna acepta una invitación para ir a un baile en el cual Kitty (Alicia Vikander), la hermana menor de Dolly, espera recibir la declaración amorosa del Conde Vronsky (Aaron Taylor-Johnson). Sin embargo todo se desbarata cuando Anna y Vronsky, atraídos el uno por el otro desde su encuentro en la estación de trenes, bailan juntos. Wright ya había jugado con la idea de contar una escena de baile desde un punto de vista subjetivo en Orgullo y Prejuicio (película que está muy presente en Anna Karenina, hay muchas ideas esbozadas en aquélla que se perfeccionan en ésta), pero aquí se supera. La complicada coreografía que siguen los personajes, que comienza emulando los cuellos de los cisnes y termina por representar lo que parecen ser serpientes enroscándose, la banda sonora que superpone dos ritmos, la expresión de Kitty, todo ello cuenta la historia de la pasión devastadora de Anna y Vronsky y tiene su punto final con el sonido penetrante del silbato del tren, augurio de muerte para la protagonista.-



Momento N° 3: sellando el destino de los amantes.-
Justo cuando Vronsky está a punto de perder las esperanzas, coincide con Anna en lo de su prima, la Princesa Betsy (Ruth Wilson). Esta escena comienza con una toma impactante, en la cual los invitados de Betsy permanecen inmóviles entre arañas que descienden. Wright continúa con su propuesta estética mostrando la artificialidad del mundo en el cual Anna y Vronsky se mueven. En ese contexto, Karenin (Jude Law), el serio y desapasionado esposo de Anna, casi llega a parecernos simpático y ese es uno de los aciertos del director: Wright quiere a sus personajes a pesar de sus defectos y se esfuerza por humanizarlos. El discurso con el que Karenin pretende llamar a la prudencia a su esposa resulta ser un buen consejo pero llega demasiado tarde: Anna ya decidió entregarse a su pasión. La transición entre la conversación de los esposos y el primer encuentro de Anna y Vronsky es maravillosa (Anna se acuesta junto a Karenin en la oscuridad y cuando se incorpora ya está con Vronsky) e inaugura una nueva etapa en la película. Hasta este momento, el único personaje que vive en el mundo “real” es Levin; a partir de su primer encuentro Anna y Vronsky también habitarán este mundo, encontrándose al aire libre o bien en la casa que comparten, que es la única en la película (excepto la de Levin, claro) que no parece un decorado. De esta forma, Wright nos invita a creer en la autenticidad de este romance con un agregado especial: el aspecto más cuestionable de Anna (y que la vuelve antipática a mis ojos) es que ella se vuelca a la pasión amorosa sabiendo que de esta forma perderá a su hijo. Independientemente de la justicia de la situación, ella sabe que no puede tener a ambos y escoge a su amante antes que a su hijo. En este sentido el pequeño Serhoza (Oskar McNamara) es permanentemente asociado con el mundo artificial de su padre, excepto por una única escena en la cual Anna lo persigue en un laberinto. Este entorno controlado pero natural al fin, permite a Wright indicar que el amor de Anna por su hijo es genuino pese al tenor de sus decisiones.-



Momento N° 4: una declaración de amor.-
El afán permanente de Levin por encontrar el sentido de su vida sigue encontrándose con el recuerdo de Kitty. Resuelto a jugarse el todo por el todo vuelve a Moscú y con la complicidad de Stiva logra reunirse nuevamente con Kitty en una cena de la cual también participa Karenin. La escena que sigue es una de las más hermosas de la película: Wright deja hacer a sus actores y termina brindando una escena delicada, de una sinceridad que contrasta con la ampulosidad y dramatismo que caracteriza la relación entre Anna y Vronsky.-



Momento N° 5: el final de Anna.-
Creo no cometer ningún spoiler si señalo que Anna termina suicidándose al arrojarse a las vías de un tren, porque el final trágico de esta historia es bastante conocido. Lo cautivante de esta película es la forma en la que Wright llega a este final: atormentada por la negativa de Karenin a concederle el divorcio, por la separación de sus hijos, por la censura social y por la infidelidad que sospecha en Vronsky, Anna se hunde en la desesperación y emprende un viaje sin destino (en la película no se aclara dónde va Anna, pero de nuevo, la transición que la coloca dentro del tren es maravillosa). El final de la película es ambiguo: Serhoza y la hija natural de Anna y Vronsky (criada como hija de Karenin) se pierden en un prado bajo la mirada de un Karenin de actitud relajada. Sin embargo, cuando la cámara se aleja vemos que ese prado está en verdad en el mismo teatro en el que se desarrolla la acción. Si la naturalidad ha conquistado la artificialidad o si por el contrario es dominada por ésta queda a criterio de cada espectador…
Vuelvo después de mucho tiempo con una receta, en este caso se trata de la sopa de repollo que Levin no puede dejar de ordenar y que le transforma en objeto de las bromas de Stiva.- 

6 comentarios:

  1. Mi querida Bet, te he leído y que ganas de volver a empaparme con esta película que tanto me gustó en su estreno. La he vuelto a ver con los momentos que tan bien expones... y además la receta de una sopita... que en este invierno castellano vienen de maravilla.

    Beso
    Hildy

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    1. La verdad es que hice esta película por el deseo de hacer la sopa, jaja.
      Hacía tiempo que no la veía y me encantó tanto como lo había hecho en las oportunidades anteriores. ¡Ese ritmo para contar! Y si bien Knightley sigue haciéndome un poquito de ruido en los roles de época, me pierdo en la historia de su mano (y también tengo mi corazoncito con Matthew Macfadyen, me encanta ese actor).-
      Mientras tanto, estoy en plan de leer la novela. La empecé hace unos años pero nunca terminé. Espero lograrlo esta vez.-
      Un beso grande, Bet.-

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  2. ¡Qué original! No sabía que cocinabas los platos de las películas.

    No he visto la película y, como Bet, solo he leído la mitad del libro, de lo que me avergüenzo. Pero en fin, me pasa con muchos otros: dejé a Proust tras 200 páginas, dejé a Juan Benet tras ciento y pico... etc. Qué le vamos a hacer.

    De Joe Wright solo he visto "Orgullo y prejuicio", que me gustó bastante.

    Un saludo.

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    1. Jaja, sí, tuve esta idea de vincular las películas con recetas pero no siempre tengo tiempo para cocinar o puntos de contacto entre la peli y la cocina, así que lo tomo como algo que hago cuando puedo...
      Yo sigo con bastante fidelidad la carrera de Wright, aunque sé que es un director bastante denostado en algunos círculos. Me gusta mucho su forma de contar y las historias que elige, y cuando ví por primera vez esta película quedé fascinada, creo que guste o no, no puede negarse que es muy novedosa. Espero que pronto puedas verla así me entero de qué te pareció.-
      Un beso, Bet.-

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  3. Hola Bet: Gracias por seguir manteniendo dos placeres importantes para mi, el cine y la comida. Esta puesta me llamó mucho la atención. No la había visto anteriormente y cuando tuve la oportunidad me sorprendió la escenografía y como montaron las otras escenas en un teatro.
    Gracia Bet.
    Cariños
    Sara

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    1. Es muy innovadora, Sara, yo la ví por primera vez hace un par de años y desde entonces cada vez que la veo sigo impresionándome. Todavía no vi la película que le sigue en la folmografía de de Joe Wright, pero me pregunto si habrá podido superarse.-
      Gracias por tu comentario, un beso, Bet.-

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