sábado, 23 de septiembre de 2017

The Roaring Twenties (Los violentos años veinte) - Raoul Walsh, 1939.-


Esta película bien podría formar una interesante sesión doble con The Public Enemy. Ambas son protagonizadas por James Cagney (con ocho años de distancia entre una y la otra) pero además ambas presentan dos modelos diferentes de películas de gangsters: el anterior y el posterior a la aplicación del Código Hays.-
Durante el período pre - code, en el cual el género floreció, los realizadores pudieron colocar en el rol del héroe a criminales atractivos pero muchas veces despiadados, mientras que el lugar del villano quedaba reservado para otros delincuentes (con una fuerza de policía ausente), cuando no para la propia policía y otras figuras de autoridad. Esta inversión en los roles tradicionales, característica de este período, debió ajustarse con la aplicación del Código, surgiendo así una nueva figura: el gangster con el “corazón de oro”, es decir el delincuente simpático, que pese a sus acciones criminales de mayor o menor violencia, se sacrifica hacia el final por un ideal superior y en pos de la reinstauración del orden.-
En este caso, el choque entre el bien y el mal está representado a través de los tres personajes principales: Lloyd Hart (Jeffrey Lynn), un joven abogado que da su asesoramiento a regañadientes; el duro George Hally (Humphrey Bogart), dueño de un bar y volcado hacia el contrabando tras la promulgación de la Ley Seca; y en el medio de ellos, el protagonista, Eddie Bartlett (James Cagney), un joven empleado en un taller mecánico que a su pesar se ve envuelto en el contrabando de alcohol y descubre que le gusta… Los tres se conocen fortuitamente mientras combaten en la Primera Guerra Mundial, y en unas pocas escenas Walsh logra que nosotros los conozcamos también, en especial a George, a quien no volveremos a encontrar hasta bien avanzada la trama y por ello más necesitamos una imagen fuerte de él.-
Cuando termina la guerra, seguimos a Eddie hasta su antigua habitación en un barrio pobre de Nueva York, en la que se reencuentra con su amigo Danny (Frank McHugh). Este segmento de la película es muy rico en comentarios acerca del regreso sin pena ni gloria de los últimos combatientes, de la recesión económica y el desempleo y de la percepción de aquellos que se quedaron (cuando Eddie intenta recuperar su antiguo empleo, se encuentra con dos trabajadores que lo desprecian, comentando que ellos se quedaron en el país trabajando para mantener a los soldados). Sin embargo la mayoría de estos temas son apenas tocados, dado que el principal punto de esta secuencia es la dificultad de Eddie para encontrar trabajo y la desilusión amorosa que sufre al descubrir que la joven cuyas cartas atesoró durante la guerra, Jean (Priscilla Lane), no es más que una colegiala. Y la sensación general que deja la película - y aquí es central considerar el momento histórico en el cual fue producida - es que la vida después de la guerra se reanuda donde había quedado y que las personas no cambian debido a ella; sólo Eddie ve su mundo modificado, pero ello obedece más a fines dramáticos que argumentales: sin dudas una película acerca de un joven mecánico que al volver de la guerra recupera su empleo y lo cumple a diario sería menos emocionante que The Roaring Twenties.-
Otro aspecto importante que revela la influencia del Código Hays es que, a diferencia de lo que ocurre con The Public Enemy, en The Roaring Twenties se presenta el imperio de la violencia y la criminalidad como una cosa del pasado, existe casi una mirada nostálgica al respecto y tanto Eddie como su fiel amiga Panama Smith (la siempre maravillosa Gladys George) afirman en el final de la película que el tiempo de los gangsters ha terminado y que se avecina un nuevo orden. En relación con este punto, la naturaleza de Eddie es bien diferente a la de Tom Powers, el personaje encarnado por el propio Cagney en aquella película: allí donde Tom era básicamente perverso, Eddie es un producto de las circunstancias y por lo tanto, tiene esperanzas de cambio y de hecho en el tercer acto de la película, ha dejado el mundo criminal. Ello de alguna forma armoniza la película con el Código Hays y le permite a Walsh salirse con la suya y contar una historia que tiene muchos elementos de violencia, de desviaciones y de criminalidad expuestos en la pantalla. El tono documental de la película se encuentra al servicio de esta ambivalencia, presentando los hechos descriptos como algo lejano pero al mismo tiempo, muy vívido y auténtico.-


La última diferencia notable entre ambas películas, indicadora de los distintos períodos, es la presentación de la muerte del héroe. En The Public Enemy, la muerte de Tom Powers es brutal y se muestra con honestidad, el valor más asociado con el pre-code; mientras que en The Roaring Twenties Eddie muere honorablemente en una toma bella que recuerda a La Pietá y es que, como decía al principio, el héroe se sacrifica para reinstaurar el orden. En pos de esta idea, Walsh nos muestra la cruzada final de Eddie, quien - al igual que Tom Powers - se adentra en la guarida de su rival completamente solo, aunque Eddie está desarmado por partida doble (no porta armas pero ya tampoco tiene su confianza o su dignidad), pero su motivación es completamente distinta. Eddie no busca venganza sino redención. Su último acto lo ofrece para salvar a su amigo y a la mujer que ama y para salvar, también, aquel ideal de vida que abrigaba en su juventud antes de que todo se saliera de cauce.-
Más allá de la comparación, The Roaring Twenties es una joya por derecho propio. La fotografía de Ernest Haller es de una definición increíble y el ritmo es excelente: Walsh logra construir una historia compleja que no descansa nunca, con varios personajes importantes cada uno de los cuales recibe la debida atención para desarrollarse, y todo en poco más de 100 minutos.-
Finalmente, no puedo dejar de contarles el inmenso entusiasmo que siento por James Cagney en estos días. La verdad es que hasta este año no había visto ninguna de sus películas y ahora, unas pocas películas después, lo tengo ya entre mis favoritos. En The Roaring Twenties muestra una personalidad más contenida, no tan exuberante como en The Public Enemy, y es que Eddie es esencialmente menos volátil que Tom Powers (Eddie sólo se exalta cuando siente que alguien está intentando tomarlo por idiota, pero por lo demás es seguro de sí mismo y mantiene el control). El arco que traza su personaje en esta película es un testimonio de su talento y de lo divertido que siempre resulta verlo en la pantalla.- 

4 comentarios:

  1. Me ha gustado muchísimo el análisis comparativo que realizas entre Los violentos años 20 y Enemigo público... teniendo en cuenta el código Hays (antes y después). Es muy, pero que muy interesante.
    Me chifla Los violentos años veinte y casualidad de casualidades... sale nombrada en mi crónica de Blade Runner por un motivo concreto.

    Beso
    Hildy

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    1. "Los violentos años veinte" es uno de los descubrimientos más interesantes en mi camino por el cine de gángsters de este año, que ha sido a la vez un camino por la carrera de James Cagney. No puedo esperar para ampliar mi pequeña colección de este actor, que - para completar - protagonizó el biopic sobre Lon Chaney "El hombre de las mil caras". ¿Lo has visto?
      Creo que me daré una vuelta por tu texto sobre Blade Runner, spoilers o no ;)
      Un beso enorme, Bet.-

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  2. No, querida mía, no he visto a Cagney en El hombre de las mil caras. Sí, Cagney todavía me puede dar muy buenas sorpresas, me faltan bastante por ver de su filmografía.

    Beso
    Hildy

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    1. Ay, yo estoy fascinada con él pero hasta febrero del año próximo no tendré nuevas películas para descubrir, bua.-
      Más besos, Bet.-

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