Esta película nos presenta a Cary Grant como Jim Blandings, un ejecutivo de publicidad que vive el sueño americano en un pequeño departamento de Nueva York en el cual vive apiñado con su esposa Muriel (Myrna Loy), sus dos hijas preadolescentes Joan (Sharyn Moffett) y Betsy (Connie Marshall) y su criada Gussie (Louise Beavers). Jim no tiene ni un lugar digno donde guardar sus calcetines pero todo está a punto de cambiar cuando le surge la posibilidad de comprar una antigua (MUY antigua) casa en Connecticut por un precio demasiado conveniente. Los Blandings se lanzan con entusiasmo a la tarea de reconstruir la casa pese al escepticismo del “amigo de la familia” (él mismo utiliza las comillas para presentarse) Bill Cole (Melvyn Douglas).- Estuve rehuyendo la tarea de reseñar esta película, porque amén de encontrarla muy entretenida no creo que haya gran cosa para decir, es una pequeña comedia familiar y nada más. Todos los contratiempos que puede encontrarse quien enfrenta una refacción h...
Motivo Nº 1: el relato épico.- La odisea de un grupo de giles (¿perdedores sería una buena definición del argentinismo?) que intentan recuperar lo que les quitaron. En el caso, se trata de un puñado de habitantes de una pequeña localidad rural de la Provincia de Buenos Aires que pone los ahorros de sus vidas al servicio de un sueño: fundar una cooperativa que reactive una acopiadora de granos que ha quebrado hace años y que está abandonada. Así podrían dar trabajo a muchas familias en ese pueblo fantasma y sin futuro. Es un plan a prueba de fallas, ¿no? Como dice Fermín Perlassi (Ricardo Darín), el protagonista de la historia, “Este es el mejor momento, peor no nos puede ir. ¿Qué más nos puede pasar?”, justo cuando aparece en pantalla un cartel que nos anuncia que la acción tiene lugar en Argentina… en agosto de 2001. E inmediatamente el espectador memorioso o más o menos informado sobre historia reciente del país sabe que todo está a punto de irse a la mierda de una manera sin precede...