domingo, 17 de julio de 2016

An American in Paris (Un americano en París) - Vincente Minnelli, 1951.-

Hago una confesión: adoro los musicales, adoro a Vincente Minnelli, adoro a Gene Kelly, adoro la música de Gershwin, adoro París y adoro la pintura impresionista… es decir que encuentro en esta película muchos aspectos que me atraen para volver a ella una y mil veces. Pero esta película es mucho más que la suma de sus partes, es una obra maestra del cine que intentó llevar a los musicales a otro nivel y digo “intentó” porque no estoy del todo segura de que lo haya logrado. Lo que sí es seguro es que si comparamos este musical con sus contemporáneos (pienso en películas como “Repertorio de verano”, “Bodas reales” o “Tres palabritas”, todas encantadoras por su propio derecho) es evidente que esta gente, cuando tenía vía libre, jugaba en otra categoría…


Momento N° 1: la presentación de los personajes.-
La película comienza con vistas panorámicas que nos ubican en París mientras Jerry Mulligan (Gene Kelly) se presenta en off con unas pocas frases: es un ex soldado que al finalizar la II Guerra Mundial se quedó en París para perseguir su vocación artística. A continuación llega el momento de conocer personalmente a los tres hombres de esta historia: Jerry; Adam Cook (Oscar Levant), un pianista y compositor eternamente becado para estudiar en Europa; y Henri Baurel (Georges Guétary), una estrella del music-hall, amigo de Adam desde hace quince años. Para esta presentación Minnelli y el guionista Alan Jay Lerner utilizan un recurso consistente en hacer una finta y mostrarnos otro hombre por el correcto. Esto puede parecer repetitivo pero está cargado de sentido y es que cada uno de ellos es mostrado a través de aquello de lo que carece: Jerry es confundido con un hombre enamorado, Adam con uno feliz y Henri con uno más joven. Este recurso nos permite completar las caracterizaciones en el marco de un género cinematográfico que, de por sí, no deja mucho lugar para el desarrollo de los personajes. En el caso particular de Jerry, la breve escena que protagoniza en su estudio mientras comienza su día hace mucho por la cohesión de su personaje: los cambios de humor de, este momento nos permiten creer que aquel que baila de dicha cuando consigue una cita con su amada es el mismo hombre que roza la desesperación más oscura cuando la pierde y es que ambas facetas conviven en él.-


Momento N° 2: Jerry tiene ritmo.-
Uno de los momentos destacados de “Un americano en París” es el número “I Got Rhythm” que Gene Kelly hace con un grupo de niños. Si no lo vieron nunca o no lo tienen muy presente, deben buscarlo de inmediato. No sólo es una gran oportunidad para ver a Gene Kelly haciendo una variedad de pasos asombrosos (mi favorito es aquel que hace antes del “avión”), sino que además es uno de esos números que instantáneamente te hacen feliz. Y eso no está nada mal para unos pocos minutos de película ¿no?


Momento N° 3: una fiesta para dos.-
Una mañana Jerry conoce a Milo Roberts (Nina Foch), una rica heredera coleccionista de arte (y de artistas). Milo no deja pasar la oportunidad de invitar a Jerry a su habitación del Hotel Ritz para una fiesta en la cual habrá una “chica extra”. Cuando llega, Jerry se encuentra con que la “chica extra” es la propia Milo. Esta escena me gusta por varios motivos. El primero de ellos es la interpretación de los actores, Gene Kelly se maneja dentro del underplay que tan bien le queda y Nina Foch aporta a su personaje la vulnerabilidad necesaria para no caer en la simplificación de creer que Milo solo es una niña rica caprichosa acostumbrada a salirse con la suya. El segundo motivo es la franqueza - no olvidemos la vigencia del Código Hays - con la que aborda la relación entre Jerry y Milo (relación que Jerry interpreta muy bien en un principio pero que luego acepta para satisfacer su propia ambición). Y finalmente, me gusta esta escena por el bello trabajo de cámaras de Minnelli: la escena está filmada en no más de tres tomas largas con una cámara que se desplaza por la habitación e incluso por encima del mobiliario, lo cual aporta fluidez y permite construir la tensión entre los personajes.-


Momento N° 4: la utilización del set.-
Para el final del segundo acto, Jerry está atrapado en la telaraña que tejió: Milo está enamorada de él y, aunque necesita su ayuda, Jerry no puede corresponderle porque se enamoró de Lise (Leslie Caron) una misteriosa joven que, casualmente y sin que Jerry lo sepa, está comprometida con Henri. En medio de este embrollo recibe consejos de Henri (quien también ignora que Jerry y él aman a la misma mujer) y se decide a declarar su amor. Felices porque ambos están enamorados, Jerry y Henri comienzan un número en el pequeño café en el cual se reúnen y cuando el espacio ya no es suficiente salen a la calle. La puesta en escena de este número es sumamente compleja (¡esos movimientos de cámara!) en relación a la sencillez de la acción que transcurre dentro de la pantalla y rinde tributo al departamento artístico de MGM que construyó en los terrenos del estudio un set inmenso con decenas de comercios, pequeños puestos y sobre todo mucho “ambiente”, extras que van y vienen y se integran a la acción, para representar la calle de Montmartre en la que vive el protagonista.-


Momento N° 5: el ballet.-
La joya que corona “Un americano en París” es por supuesto el ballet final, un extenso número de 17 minutos de duración sin diálogo ni canciones que resume la historia de Jerry pero también nos sumerge en su universo y - en mi opinión - nos proyecta hacia el porvenir oscuro que avizora para sí mismo. La idea de poner un ballet en una película no era original, en “Las zapatillas rojas” (1948) ya se había incluído uno de similar duración, pero aún así existieron muchas dudas al respecto. Inclusive hoy muchos critican que este extenso ballet, ubicado un minuto antes del final, altera la estructura de la película y no deja espacio para la construcción de un final consistente. Sea como fuere lo cierto es que allí está, es el gran legado de Gene Kelly para la posteridad y debo decir que cada vez que lo veo descubro en él nuevos elementos. Brevemente señalo para quienes no lo tengan presente que el ballet se compone de una sucesión de cuadros, cada uno representativo de un pintor diferente. En este visionado me concentré especialmente en las transiciones entre un segmento y otro, las cuales en su mayoría están hechas con una combinación de iluminación y montaje integrando así un elemento teatral en esta pieza solo posible en la pantalla. Otro aspecto que me maravilló en esta oportunidad es la precisión de las recreaciones de los diferentes estilos: siempre me habían quedado algunos artistas sin identificar, esta vez los busqué y me sorprendí al reconocer inmediatamente las referencias del ballet, así de acertadas son, sin llegar a ser literales.-


Dentro del ballet mi segmento favorito es el dueto romántico entre Gene Kelly y Leslie Caron en la fuente (hasta donde pude investigar, es el único que no está inspirado por ningún pintor), no sólo por la coreografía y la música sino, sobre todo, porque me parece el más adelantado a su época (cada vez que lo veo no puedo evitar pensar en los videoclips de los ‘80, especialmente en el final).-
Para terminar me gustaría hacer un breve comentario sobre el argumento de la película. Como parte de la preparación de esta entrada leí el interesante libro “The magic factory. How MGM made An American in Paris” de Donald Knox, que recoge entrevistas con muchas de las personas que participaron en la realización de esta película (el libro es de 1973 y Arthur Freed, el productor de esta y otras maravillosas películas aún vivía) y algunas de las críticas escritas en el momento de su estreno. La mayoría de ellas señalan la debilidad de la trama y tengo que decir que no comparto tales cuestionamientos (vamos, se han visto argumentos peores). De hecho, una de las características más interesantes de esta película es el pesimismo que se esconde debajo de su final aparentemente feliz. Cada vez que la veo me queda la impresión de que el único que saldrá bien parado de toda esta historia es Henri, quien termina solo pero igualmente irá a América y confío en que pronto encontrará un nuevo amor. Respecto a los demás, imagino que Adam nunca presentará su Concierto ante una audiencia (eso sugiere el número en el cual Adam interpreta todos los instrumentos y es también su propio público) y que  Milo se hundirá en la desesperación luego de este nuevo desengaño y posiblemente retirará su apoyo a Jerry si no puede obtener su amor a cambio. ¿Y Jerry y Lise? Me pregunto si tendrán un futuro promisorio, tanto más cuando su amor no parece tener bases muy firmes y el porvenir de Jerry es una gran incógnita (en lo personal creo que el final del ballet, con ese bosquejo que pierde todos sus colores, representa la decisión de Jerry de abandonar sus pretensiones artísticas). Creo que también en esto “Un Americano en París” presenta algo diferente a sus contemporáneas al eludir, aún veladamente, el final feliz obligatorio.-
En esta ocasión preparé unos bollitos de brioche como los que Henri y Adam comen en el café y aunque los míos no salieron tan grandes y dorados, se los recomiendo si quieren llenar sus cocinas del aroma del pan recién horneado...

4 comentarios:

  1. Gene Kelly es para mi el mejor exponente masculino completo del cine. Soy una fans sin objetividad, todo lo que hace en sus películas me encanta. Además es tan foto génico que me da mucho placer verlo hasta el you tube. Así que Bet te agradezco muchísimo ponerlo en tu blog.
    Cariños

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    1. Jaja, sí, yo también lo vería aunque estuviera sentado en una silla leyendo el diario. Aparecerá mucho por aquí porque en los últimos dos años me he dedicado a completar mi colección de películas de Gene Kelly y puedo decir que tengo bastantes...
      Gracias por pasar por aquí, un beso Bet.-

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  2. Mi querida Bet... Minnelli nos une, acabo de terminar una reseña de EL RELOJ, un maravilloso poema urbano de este director y una de sus películas que se aleja del género musical...
    Sí, Un americano en París, un musical para adorar... y con un Gene Kelly brillante. Como siempre disfrutando a tope de tus momentos cinéfilos...

    Beso
    Hildy

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    1. ¡Qué coincidencia, las dos inmersas en una película de Minnelli! ¿no?
      Ay, estoy detrás de "El reloj" desde hace tiempo, con el incentivo extra de descubrir una peli más de Robert Walker. Leyendo tu hermoso texto, me decidí a conseguirla...
      Y qué decir sobre Gene Kelly, ya sabés que no soy imparcial, pero adoro este ballet. Recientemente vi su "Invitación a la danza" y - pese al gran esfuerzo y a la idea innovadora que la inspiró - debo decir que no logra ponerse a la altura del maravilloso ballet de "Un americano en París".-
      Te mando un beso enorme y me voy danzando a dejarte un mensaje en tu blog. Bet.-

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