sábado, 25 de junio de 2016

The best years of our lives (Los mejores años de nuestras vidas) - William Wyler, 1946.-

Recientemente descubrí esta película y quedé impactada por la franqueza con la que aborda las dificultades de los ex combatientes para reinsertarse en la vida civil. Me sorprendió, además, que fuera filmada en 1946, es decir, con los hechos que representa todavía en curso, y que en plena vigencia del Código Hays los realizadores se las hayan ingeniado para hacer comentarios muy explícitos sobre alcoholismo, infidelidad, drogadicción, divorcio, discapacidad, clases sociales, desempleo y desmemoria colectiva. En medio de todo esto, me encantan de esta película los matices que contiene (no hay personajes absolutamente buenos o malos sino que todos - inclusive “la villana” - tienen sus luces y sombras) y la calidad de su maravilloso elenco. Últimamente estoy obsesionada con la sinceridad en las actuaciones y Los mejores años de nuestras vidas desborda de escenas sinceras. Los momentos que elegí para recordar son muestra de ello.-


Momento N° 1: el regreso de Al.-
El Sargento Al Stephenson (Fredric March) es un empleado bancario casado desde hace veinte años con Milly (Mirna Loy) y tiene dos hijos: Peggy (Teresa Wright), que ya ha terminado sus estudios y trabaja en un hospital, y Rob (Michael Hall), un adolescente interesado en los efectos de la guerra sobre las poblaciones civiles. Los Stephenson están unidos por un genuino amor familiar pero aún así la incomodidad entre ellos es palpable cuando el padre regresa a casa: los hijos ya no son niños y formulan preguntas difíciles acerca de la guerra y Milly y Al parecen dos desconocidos que no saben cómo comportarse a solas. Desde la primera escena de la película advertimos que los estadounidenses no esperaban a sus soldados con los brazos abiertos, pero en esta escena en casa de los Stephenson empezamos a ver concretamente el abismo que existe entre los ideales que estos hombres creyeron defender y los cuestionamientos - fundados y de los otros, en la película se presentan ambos - de quienes se quedaron. Más adelante Al tendrá oportunidad de defender su posición ante sus colegas pero por el momento se queda en silencio mientras su hijo se explaya sobre la necesidad de controlar el poder nuclear de los Estados. Elegí este momento por la economía de la que hace gala la escena (en unas pocas tomas se nos brinda gran cantidad de información sobre esta familia en una forma integrada con la acción y con ayuda de la impecable fotografía de Gregg Toland) y sobre todo por un instante en particular (a veces los momentos contienen momentos más pequeños en su interior): una larga pausa sostenida por March y Loy en medio de su conversación acerca de Peggy. La cantidad de significados que caben en esa pausa es inmensa y - por tonto que sea - me toca profundamente para vez que veo esta película.-


Momento N° 2: la mañana posterior a la noche de juerga.-
Para salir del paso Al propone a su esposa y a su hija salir a “reencontrarse con la civilización” en cuanto bar exista en la ciudad (más adelante descubriremos que Al necesita de más de un reencuentro para sobrellevar su situación). En uno de estos locales se reúne con el Capitán Fred Derry (Dana Andrews) y el marino Homer Parrish (Harold Russell), sus dos compañeros en el retorno a casa. Homer se retira temprano pero Fred acompaña a la familia Stephenson hasta que ni él ni Al pueden mantenerse en pie. Dado que no logra encontrar a su esposa en casa, Fred termina durmiendo en el departamento de sus nuevos amigos. A la mañana siguiente se encuentra en un lugar desconocido, avergonzado y con una Peggy maravillosa preparándole el desayuno (por lo poco que sabemos de él me atrevería a decir que nunca en su vida le prepararon un festín así). De nuevo la incomodidad - elemento siempre presente en esta película - llena los silencios y es imposible no sentir compasión por este joven perdido y agradecimiento por el esfuerzo que Peggy y Milly ponen en reconfortarlo. La situación se invierte en el próximo encuentro entre Fred y Peggy (sí, estoy haciendo trampas poniendo dos momentos en uno) en otra hermosa escena en la cual es ella quien está incómoda mientras él, dispuesto a llegar hasta el final, derrocha encanto.-


Momento N° 3: la costumbre victoriana de contarse cosas.-
Después de su encuentro con Fred, Peggy decide invitarlo junto con su esposa Marie (Virginia Mayo) en una cita doble con su pretendiente Woody Merrill (Victor Cutler) para sacarse de la cabeza a su enamorado. La cita es, por supuesto, un desastre y le confirma que Marie no es adecuada para Fred. De regreso a su casa entra en el dormitorio de sus padres (maravilloso Fredric March mientras espera que el bicarbonato le haga efecto) y confiesa que ha decidido romper el matrimonio de Fred para rescatarlo de una vida infeliz y sin amor. Mi momento tiene lugar cuando, ante la oposición de sus padres, Peggy les reprocha que no puedan entenderla porque para ellos “todo fue fácil”. Milly y Al se miran en silencio por un instante y luego ella comienza a revelar con calma los escollos que ambos han superado - sin mencionar los que sin dudas quedan pendientes con el regreso de Al - durante su matrimonio. Esta confesión derrumba anímica y físicamente a Peggy, tras lo cual Al sale de la habitación a pedido de Milly y el director elige seguirlo para mostrar su deliberación interna. También en esta escena los silencios y las miradas son mucho más elocuentes que las palabras y es que Los mejores años de nuestras vidas cuenta mucho más con lo que calla que con lo que dice…


Momento N° 4: la rutina de Homer.-
Los problemas de Homer para adaptarse a su antigua vida son más concretos que los de sus coprotagonistas y tanto más difíciles de resolver en la medida en que no puede hacer nada al respecto: sus manos fueron amputadas luego del incendio del portaaviones al cual había sido asignado y ahora se vale de garfios. Cuando se encuentra entre extraños se muestra seguro de sí mismo pero la situación es bien diferente en el seno de su familia o en compañía de su novia de la escuela, Wilma (Cathy O’Donnell). Homer no soporta la compasión que genera en sus seres queridos y no quiere ser una carga para la mujer amada, a la que rechaza una y otra vez. Cuando ésta se presenta en su casa una noche para intentarlo por última vez, Homer decide confrontarla con la realidad y la invita a acompañarlo en su habitación mientras se prepara para dormir. Ya habíamos visto esta rutina pero Wyler, con inteligencia, la había mostrado desde un primer plano que escondía los brazos mutilados de Homer/Harold (Harold Russell no era un actor profesional sino un verdadero ex combatiente). En este caso elige un plano más abierto que nos sorprende y nos lleva a compartir la admiración de Wilma por la dignidad de su amado en la adversidad y que además mantiene presente el contexto del dormitorio adolescente de Homer en esta escena de tanta intimidad y consolidación de la pareja.-


Momento N° 5: la escena final.-
Los mejores años de nuestras vidas termina con el casamiento de Homer y Wilma, pero el final no es completamente feliz y eso me encanta porque es coherente con el tono general de la película: Wyler no nos suaviza el trago ni siquiera en el final y nos muestra que las familias de los novios todavía sienten aprensión hacia Homer, que Milly aún no puede controlar el consumo de alcohol de Al, que Fred no superó su tendencia al auto-desprecio y - sobre todo y me muero cada vez que veo esa peculiar declaración de amor - que él y Peggy no tendrán un futuro fácil. Pero la sonrisa de Peggy lo dice todo…
Hago aquí un breve comentario al margen en defensa del honor de Dana Andrews. Leí por allí una opinión que señalaba que Andrews estaba un poco pasado en edad para interpretar a Fred, quien se suponía que rondaba los veintitrés años. Yo, por el contrario, creo que sus treinta y tantos años hacen que la situación de Fred parezca más urgente y dolorosa.-
Para acompañar esta película preparé una tarta de manzana, tan casera como aquella que Fred y Peggy comparten en el restaurante italiano en el cual él le cuenta sueños que sólo puede realizar con ella a su lado.-

8 comentarios:

  1. Es una muy buena película, donde se ven las debilidades de la vuelta a casa por parte de los excombatientes. Pienso en los excombatientes de Malvinas y como la sociedad Argentina no los ha reconocido en su mayoría. La discapacidad de Homer me impactó y que en esos años se hiciera una prótesis tan útil. La relación entre él y Wilma, entre Al y Myler y el final de Peggy con Fred hicieron que, para mí y como muchos dicen, tuvo un final feliz, acorde a la vida que llevaba cada personaje.
    Para mí, repito, muy buena película Bet.
    Cariños.

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    1. Aquí fue incluso peor con el regreso de los combatientes en Malvinas...
      Es sorprendente la habilidad de Harold Russell con las prótesis, creo que muchas de las escenas en las que lo vemos haciendo cosas deben haber sido incluidas justamente para demostrar esto, como una forma de alentar a los soldados que pasaran por una situación similar.-
      ¿De verdad te pareció un final feliz? Yo lo veo como agridulce, sabemos que todos estarán bien porque conocemos la valía de los protagonistas, pero aún así habrá dificultades en el camino. Esa es una de las cosas que más me gustaron de esta película.-
      Gracias por tu comentario, un beso, Bet.-

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    2. Bet, veo un final feliz, lo llamo a que el amor quedó por encima de todas las dificultades. Para mí eso es fundamental, ya que cuando hay amor entre dos personas las penurias, la rutina, las diferencias se pueden llevar con altura. La sonrisa de Peggy te da ese final feliz al que hago referencia. No el final sin problemas. Un final en las 3 parejas con AMOR!!!
      Cariños Bet.

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    3. Viene bien la aclaración Sara. Para completar la idea, yo me refería al típico final feliz de Hollywood, en donde los problemas se borran de un plumazo hacia el final (lo cual tampoco está tan mal, a veces necesitamos uno de esos finales). Un beso, Bet.-

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  2. Amo las películas de William Wyler, es un director con una filmografía sobresaliente. Y me encantan las películas que tocan el regreso de los soldados a casa. Me ha resultado enriquecedor leer tu texto porque está película sólo la vi una vez hace años y tengo recuerdos vagos y la emoción intacta de que me gustó mucho, y me has hecho recuperar esa emoción y aumentar las ganas de volver a verla. Wyler es grande y su cine está lleno de momentos maravillosos.
    ¡Por cierto, qué ganas de probar y disfrutar hasta llorar de gozo y placer esa deliciosa tarta de manzana que has preparado!

    Beso
    Hildy

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    1. Querida Hildy, leí tu texto sobre "Un sombrero lleno de lluvia" en el cual tocabas este tema pero no pude dejar un comentario.-
      Yo no estoy muy familiarizada con Wyler pero revisando su filmografía descubrí que es el director de una comedia que me encanta: "Cómo robar un millón de dólares" (todavía no pude conseguirla pero cada vez que la dan en la tele la miro) y de otro montón de películas que me tientan mucho. Lo tendré en cuenta para mis próximas compras...
      Ojalá vuelvas a ver esta peli y escribas sobre ella, me gustará mucho leerte. Para mí fue toda una sorpresa, es uno de los tesoros que traje de mi último viaje. La compré por Fredric March, de quien hacía tiempo quería ver algo más después de haberlo descubierto en "Heredarás el viento", y me encontré con una verdadera joya. ¡Ah! y de paso me reencontré con Dana Andrews ("Laura" es la única peli de él que había visto) y descubrí tu texto sobre los galanes olvidados que se refiere a él.-
      ¿Se sabe algo ya sobre el problema con tu blog? Por si acaso yo intento publicar comentarios casi todos los días en la medida en que leo tus textos. Sinceramente espero que se solucione pronto. Un beso grande, Bet.-

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    2. Me olvidaba, ¡no te imaginás el trabajo que me ha llevado esa tarta! Pero queda muy bien, la masa sobre todo es excelente para cualquier tipo de tarta de esa clase. Más besos, Bet.-

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  3. Ay, me da una rabia lo de los comentarios, pero no está siendo fácil localizar qué es lo que ocurre. Menos mal que me están ayudando. Y estoy deseando volver a reanudar nuestros diálogos. Menos mal que desde tu blog, que lo disfruto muchísimo, podemos seguir comentando.
    De Wyler adoro prácticamente toda su filmografía: La loba, Carrie, La heredera, La Calumnia, La carta, Vacaciones en Roma... A Fredrich March le adoro, como tú. Y Dana Andrews siempre me ha parecido un tipo duro, que hace estupendamente de héroe desencantado.

    Beso enorme
    Hildy

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