jueves, 16 de junio de 2016

El hijo de la novia - Juan José Campanella, 2001.-


Confieso desde el comienzo que me encanta la obra cinematográfica de Campanella, de modo que no soy muy objetiva al decir que esta película está llena de “momentos”, casi todas las escenas son oro en polvo y con mucho esfuerzo seleccioné estas cinco. Aquí van...


Momento N° 1: el sueño de Rafael.-
Para el comienzo del segundo acto, Rafael (Ricardo Darín) está internado en un sanatorio luego de haber sufrido un infarto. A su lado, inclinada sobre un ejemplar de la revista “Cosas” (un guiño a la primera película del director, cuyos protagonistas trabajaban para una publicación del mismo nombre), duerme su novia Natalia (Natalia Verbeke). De pronto Rafael se despierta, llama a Natalia y comienza a contarle el sueño de su vida: lisa y llanamente, quiere irse a la mierda. Mientras Rafael se explaya sobre la idea hablando casi para sí mismo, Campanella se concentra en Natalia, quien rápidamente advierte que en el sueño de Rafael no hay ningún lugar para ella. En toda esta escena Verbeke brinda una interpretación muy delicada y contenida, es imposible no compadecer a su personaje del cual hasta este momento sabemos muy poco. El desborde viene en la escena siguiente, la segunda parte de este momento, en la que Natalia sale al pasillo y rompe en llanto, llamando la atención de Juan Carlos (Eduardo Blanco), el inoportuno amigo de la infancia de Rafael. En esta oportunidad, el foco de atención permanece en Juan Carlos y aquí Blanco hace algo muy chiquitito que resulta de la sinceridad con la que interpreta la escena: nos cuenta la historia de su personaje enamorándose a primera vista de la novia de su amigo.-


Momento N° 2: el ángel de Nino.-
Mi segundo momento comparte dos características con el primero: en ambos Campanella invierte el centro de atención, transformando en protagonista de la escena al personaje inicialmente secundario; y demuestra que sabe volverse invisible y dejar que la cámara ruede para honrar el trabajo de sus actores. En este segundo momento Rafael confiesa a Nino (Héctor Alterio), su padre, que quiere vender el restaurante familiar. Nino responde con una historia que seguramente contó cientos de veces - cómo comenzó con el restaurante junto con “su ángel”, su esposa Norma (Norma Aleandro) - pero que esta vez tiene un sentido especial porque tanto aquel sueño como su ángel están apagándose. Campanella utiliza para este momento un lenguaje cinematográfico preciso, deja que la toma continúe a medida que Nino habla porque necesita que Alterio construya una determinada emoción y sólo corta para poner el punto final a la escena.-


Momento N° 3: la confesión de Juan Carlos.-
Por si las cosas no fueran lo suficientemente complicadas en la vida de Rafael, su amigo Juan Carlos lo cita una tarde en el set de filmación en el cual trabaja como extra para confesarle que está enamorado de Natalia. La escena no podría combinar mejor el drama y la comedia, en tanto la situación que cuenta es muy seria pero lo hace en una forma totalmente absurda y de allí surge el humor. Campanella aprovecha al máximo el formato de pantalla ancha y distintos planos de sonido para alternar en primacía la situación entre Rafael y Juan Carlos y la de la película que se está filmando (con cameos del gran Alfredo Alcón y de Adrián Suar). Este recurso, ideado seguramente para aportar interés a una escena que podría haber sido bastante plana, termina produciendo uno de los momentos inolvidables de esta película.-


Momento N° 4: la ceremonia de casamiento.-
El tercer acto de la película, en el cual Rafael enmienda sus errores, tiene su clímax con el casamiento de Nino y Norma. Para este punto los espectadores estamos llorando a lágrima viva y Campanella nos alivia con muchos toques de humor aunque sin perder la emotividad y sobre todo la verosimilitud dentro del universo creado por la película, es decir que cada personaje se comporta exactamente como resulta esperable. Pero el mayor mérito corresponde a los cuatro actores principales: cada mirada, gesto o inflexión de la voz es invaluable y el montaje impecable permite que no perdamos detalle.-


Momento N° 5: la mirada de Rafael.-
Reservé para el final un momento que forma parte de la secuencia inicial de la película: la mirada de Rafael niño cuando termina el flashback. En el comienzo no lo sabemos pero el motor de la vida de Rafael siempre fue la relación con su madre, el conflicto entre ellos surgió cuando él no cumplió las expectativas de Norma y todo lo que hizo después fue para recuperar su aprobación. En el inicio de la película, con Norma atrapada en el laberinto del Alzheimer y sin poder ver sus logros, Rafael perdió el espejo en el cual mirarse, está perdido, y el viaje interno que emprende lo ayuda a aprender a comunicarse con Norma de acuerdo a su nueva realidad para recuperar ese espejo. Todo ello queda explicitado en una escena entre ambos, conmovedora hasta el límite de lo tolerable, pero mucho antes es sugerido por este pequeño momento en el cual Rafael niño desborda de orgullo por su madre cuando ésta todavía podía protegerlo de las peleas con los niños más grandes.-
Para esta película preparé una bandeja de polvorones, muy parecidos a los que Norma servía a Rafael y a Juan Carlos para las meriendas cuando eran niños.-


4 comentarios:

  1. Mi querida Bet, adoro esta película. Ahí empecé a amar locamente a Ricardo Darín. Pero la verdad es que todo el reparto está estupendo. Y precisamente uno de los momentos que más recuerdo y que más me gusta es el primero que describes.

    Creo que todos hemos pasado por algún momento como el de él y hemos deseado, egoístamente, querer abandonar todo, dejar todo... irnos a la mierda, como lo explica el personaje de Darín. Pero sin tener en cuenta los sentimientos de la persona que está a tu lado en ese momento, que te quiere, te cuida y quiere lo mejor para ti, que se esfuerza porque estés bien...

    Y el otro momento para mí maravilloso... es esa declaración de amor por el telefonillo... donde él dice que la quiere, que quiere compartir los problemas, todos los problemas con ella... En fin, Bet, qué gran película. Me emociono solo de pensarla...

    Me gusta también a mí mucho el cine de Campanella.

    Beso
    Hildy

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    1. Querida Hildy, hace varios días que intento dejarte mensajes en tu blog y no puedo, estoy en el grupo afectado por las fallas intermitentes, ¡buaaa!
      Esas dos escenas que mencionás serían las caras de una misma moneda, Rafael bajándose y subiéndose al barco de su relación ¿no?
      Ciertamente es una película maravillosa, yo no la veía hacía mucho tiempo y la verdad es que apenas logré terminarla de tanto llorar. Todas las relaciones que describe (padres e hijos, amigos, parientes y enamorados) permiten la identificación y si acaso nunca quise irme a la mierda seguro que he vivido alguna de las otras situaciones.-
      Estoy tratando de recordar cuál fue la película que me hizo seguidora de Darín, tiene presencia en nuestro cine desde hace tantos años que parece que siempre estuvo allí... tal vez fue "La fuga" o "Nueve reinas"... lo que sí recuerdo es que esta fue la primera pelicula de Campanella que ví, antes que "El mismo amor, la misma lluvia".-
      Te mando un abrazo grande, espero que pronto se resuelvan los problemas con los comentarios en tu blog y podamos retomar el diálogo. Mientras tanto, aquí estoy.-

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  2. Hermosa película. Siempre que la miro, lloro tanto que la veo bajo una gran parva de pañuelos de papel. Darín está como el buen vino, cuanto más estacionado mejor gusto tiene. En el caso de él los años lo están haciendo mucho más atractivo, mejor pensante y con mayor racionalidad. Me encanta!!! Espero más pelis de Campanella.
    Cariños Bet.

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    1. Jaja, sí, es una peli para llorar mucho. A mí también me gusta mucho Darín, y ¡menos mal porque aparecen más películas suyas por año que las que uno puede llegar a ver! Yo también estoy esperando más películas de Campanella, tanto en mi blog para comentar como en la pantalla para disfrutar con nuevas historias.-
      Un beso, Bet.-

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