Hace varios años publiqué, en celebración del mes de mi cumpleaños, una serie llamada “Damas del período pre-code” en la que exploraba el trabajo de dieciséis actrices de ese período a través de sus películas más representativas. En algún momento proyecté continuar la serie con más actrices, pero eso nunca se concretó hasta que el otro día por casualidad ví un video-ensayo sobre Ann Dvorak en Youtube, recordé mi viejo proyecto y decidí darle luz verde. Aquí traigo, entonces, más damas del período pre-code empezando por la que sirvió de detonante para esta nueva serie: Ann Dvorak.-
Ann Dvorak en Three on a Match (Tres vidas de mujer) - Mervyn LeRoy, 1932.-
“- He estado con los pelos de punta desde hace un mes. Todo me deprime, incluyendo esta casa ”
Ann Dvorak en Three on a Match
Esta película ya ha aparecido por aquí en una mini reseña que le dediqué en 2019, pero se merece una nueva visita porque es simplemente magnífica. La historia comienza en 1919 cuando las tres del título, Mary (Virginia Davis), Vivian (Anne Shirley) y Ruth (Joan Sheldon) son compañeras de escuela en el último año de la primaria. Con mucha economía (la película dura tan sólo 63 minutos, por lo que no tiene tiempo para perder) se nos muestra que Mary es la más descocada del grupo, Vivian es la “niña bien”, aplicada y correcta, y Ruth es la más empática y la que necesita aprender un oficio si quiere sobrevivir en la vida adulta. Pasan algunos años y vemos que Mary (ahora con el rostro de Joan Blondell) terminó en un reformatorio, Vivian (Ann Dvorak) va a un internado para señoritas de clase alta pero tiene sueños de amor que harían sonrojar a sus mayores y Ruth (Bette Davis) aprende mecanografía. Avanzamos un tiempo más hasta que encontramos a Mary convertida en corista de music hall, a Vivian como esposa de un importante abogado y madre de un niño de tres años, insatisfecha en ambos frentes, y a Mary como una chica trabajadora. A partir de aquí comienza verdaderamente la historia que la película pretende contar, y que toma vuelo a partir de la insatisfacción de Vivian.-
Una de las maravillas de esta película es la gran economía narrativa de la que hace gala. Insisto sobre esto, porque es increíble la gran cantidad de eventos que narra en tan poco tiempo y encima encuentra tiempo para dedicarle a los berrinches del pequeño Buster Phelps en el rol del hijo de Vivian o a los juegos que Blondell y Davis comparten con él en la playa. Todo lo relativo al contexto de época de la historia y gran parte de los momentos importantes pero que no necesariamente necesitamos ver, son contados a través de recortes de periódicos, ya sea reales o bien ficticios cuando se refieren a las vidas de los personajes. Este es un excelente recurso para evitar digresiones y escenas “de relleno” y que ayuda a construir el buen ritmo de la película.-
Mencionaré brevemente antes de abocarme al trabajo de Dvorak en la película, que el elenco que da vida a esta historia es excelente. Empezando por el trío principal, Blondell y Dvorak venían haciendo sus palotes en la industria hacía mucho tiempo y sus carreras estaban en plena ebullición en 1932 pero esta es una buena oportunidad para ver a Bette Davis en estado pre-estrellato. En la película también aparece otro actor bien establecido para esta época, mi adorado Warren William en el rol de Robert Kirkwood, el marido de Vivian, mezclado con otros de los que tal vez no recordemos los nombres, pero sin dudas tienen rostros muy familiares del pre-code, tales como Lyle Talbot, Allen Jenkins, Jack La Rue, Grant Mitchell, Frankie Darro o Glenda Farrell. Y dos que luego serían muy conocidos: Edward Arnold, quien tiene una extensa carrera en el cine mudo que yo desconocía, pero que estaba recién en su tercera película del período sonoro; y un jovencísimo Humphrey Bogart que lejos estaba todavía de encontrar su lugar en Hollywood.-
Pasando a Dvorak, es muy interesante analizar la trayectoria del personaje de Vivian, desde esa niña “todo corrección” que vemos en la primera escena hasta la mujer que no puede poner en palabras lo que siente, sólo sabe que necesita escapar de la cárcel de oro que representa su vida junto a Robert. La oportunidad perfecta se le presenta cuando conoce a Michael Loftus (Talbot), un maleante de poca monta con el cual se escapa de su marido llevándose a su pequeño hijo, y el corazón de la película está en la relación de Vivian con su hijo pero en una forma mucho más compleja de lo que uno esperaría. Esta semana ví también The Strange Love of Molly Louvain, otra película de 1932 en la que Dvorak interpreta a una madre volcada hacia el “mal camino” que termina sacrificándose por su retoño y me resultó muy interesante comparar ambos personajes. Allí donde Molly Louvain se decide a escapar con su amante consolándose pensando que su hija está mejor con la familia que la cuida que con ella, Vivian no tiene ni siquiera ese consuelo (¿excusa?). Cuando Robert por fin la encuentra, desmayada por el alcohol, y se lleva al niño Vivian no intenta siquiera detenerlo. No se le ocurre ningún motivo por el cual tenga que intentar impedirlo, dice. Cuando las circunstancias la vuelven a unir al pequeño, ya es demasiado tarde para garantizar algún tipo de cuidado. Vivian ha sumado el consumo de cocaína al alcohol y su situación no podría ser más desesperada. En el último momento, sin embargo, se sacrifica por su hijo al puro estilo pre-code, dejando tan sólo suficiente espacio en la película como para una breve coda. Ann Dvorak ha devorado la pantalla a mordiscos y no queda resto para nadie más.-
Clara Bow en Call her Savage (Salvaje) - John Francis Dillon, 1932.-
“[A su padre, luego de anunciarle que contrajo matrimonio esa misma tarde]
Pero… pensé que te alegrarías… Por lo menos, eso me convierte en una mujer honesta”
Clara Bow en Call Her Savage
Clara Bow estaba asistiendo al fin de su carrera en este período, la buena estrella con la que había contado en el período mudo se estaba apagando y sólo le quedarían por delante un puñado de películas de mala calidad en las que no tuvo oportunidad de brillar. En su caso, no se trató que tuviera mala voz sino de que su reputación escandalosa, su frágil salud mental, el cambio en los gustos de un público castigado por la Depresión y la falta de respaldo de la industria que había explotado su popularidad en la década anterior, se combinaron para cerrarle las puertas de Hollywood. Sin embargo, entre sus películas sonoras se destaca especialmente Call Her Savage, que es una especie de película de culto entre los amantes del pre-code y por ello siempre quise verla. Por supuesto, aproveché esta oportunidad para finalmente ponerme con ella y por eso quise incluirla aquí aunque su protagonista estuviera de malas a diferencia de la mayoría de las actrices que cubriré en esta serie.-
Esta película comienza con una especie de prólogo que nos muestra el ataque de un grupo de colonos a manos de los indios. El líder espiritual del grupo le echa la culpa a Silas Jennings (Fred Kohler), un padre de familia que estaba engañando a su esposa momentos previos al ataque, y le advierte que los pecados de una generación se trasladan a las siguientes. Dieciocho años después, vemos que la hija de Jennings, Ruth (Estelle Taylor) se ha casado con su amigo de la infancia Pete Springer (Willard Robertson) pero mantiene a sus espaldas un romance con un jefe indio llamado Ronasa (Weldon Heyburn), del cual queda embarazada de una niña a la que llama Nasa. Avanzamos rápidamente hasta la siguiente generación: Nasa (Bow) es una joven intrépida a quien su padre “ya no sabe cómo controlar”. Su único amigo es Moonglow (Gilbert Roland), un joven mestizo que trabaja en el rancho de los Springer. Hasta aquí la introducción de esta historia, luego de la cual se sucederá una cantidad innombrable de episodios, algunos bizarros, otros dramáticos, otros cómicos, en una película que a decir verdad no deja muy parado a su guionista Edwin J. Burke.-
Y es que resulta que en menos de diez minutos Clara Bow se defiende a rebencazos contra una serpiente cascabel, ataca con el mismo rebenque a Gilbert Roland, lucha cuerpo a cuerpo con un grandanés y le parte una guitarra en la cabeza a un pobre serenatero. Después descansa un poco para volver a la carga enfrentando a Willard Robertson mientras viste únicamente una pieza de lencería y tras bailar un poco con Monroe Owsley se mechonea con Thelma Todd ¿Que la llamemos salvaje? Sí, con todo gusto, pero el mayor problema de la película es que sobre ella sobrevuela permanentemente la idea de que Nasa es “salvaje” porque es mestiza, aunque haya sido criada en un entorno de gente blanca y sólo su madre conozca su origen. Su irascibilidad es algo que lleva en la sangre y contra lo que no puede hacer nada, está en su naturaleza. Esto no sólo es muy problemático para el espectador actual, sino que además le quita matices al personaje principal, quien pasa su vida entera sin encajar en ninguna parte y casi hasta buscando esas situaciones de choque.-
Justamente porque el guión de la película no es muy bueno, el trabajo conjunto del director Dillon y de Bow como fuerza motora de la historia son mucho más encomiables. De Dillon no creo haber visto nada pero un repaso por su extensísima filmografía, de la cual Call Her Savage figura cerca del final de su carrera y de su vida (falleció en 1934 a los 49 años), nos indica que tenía mucho oficio. El grueso de su carrera transcurrió en el período mudo y aquí aplica muchos de los recursos narrativos propios de ese período. En efecto, la película bien podría verse sin sonido y muchos de los elementos de la historia nos llegarían de igual forma, a través de las imágenes. Es particularmente buena la secuencia en la cual Nasa decide volcarse a la prostitución para obtener dinero con el cual pagar las medicinas para su hijo enfermo: Nasa está atendiendo a su niño, que está acostado en la cama del cuarto modesto en el cual viven, luego cuenta con desesperación las pocas monedas que les quedan, mira por la ventana hacia la calle en la que se pasea una mujer que se ofrece a un transeúnte y en la escena siguiente, Nasa está arreglándose para salir. Se ha dibujado dos lunares en el rostro y se coloca el sombrero con un gesto coqueto y determinado. Su decisión está tomada y se ha formado completamente ante nuestros ojos, sin necesidad de un soliloquio superfluo.-
Y Bow es quien presta el cuerpo y la expresión para contar esta historia. Esta es la primera película sonora de ella que he visto y me dejó la impresión de que su carrera tendría que haber sobrevivido al cambio tecnológico si no hubiera sido porque Hollywood le soltó la mano poniéndola en películas de mala calidad como ocurrió con mi querido John Gilbert.-
Mary Astor en Smart Woman (Astucia de mujer) - Gregory La Cava, 1931.-
“Oh, ya sé, estabas esperando que me largara a llorar e hiciera una escena. Bueno, lamento decepcionarte. Pero ya ves que las esposas modernas no actuamos así. Decimos ‘Oh, nuestro marido quiere largarse. Pues bien, déjalo. Tal vez la próxima vez tengamos mejor suerte y encontremos uno realmente bueno’”
Mary Astor en Smart Woman
Esta película fue una agradable sorpresa y me hizo acordar de La Cava, un director que me gusta mucho cada vez que encuentro sus películas, pero que en general tengo bastante olvidado.-
Smart Woman cuenta la historia de Nancy Gibson (Astor), una mujer que está volviendo a Estados Unidos en trasatlántico luego de haber cuidado a su madre enferma en Francia. Nancy recibe las atenciones de Sir Guy Harrington (John Halliday), un solterón empedernido que intenta cortejarla, pero no hay manera: Nancy está profundamente enamorada de su esposo, Don, y no ve la hora de reencontrarse con él en el puerto. Para su decepción, su esposo no está allí sino que es recibida por el socio de éste, Billy Ross (maravilloso Edward Everett Horton), quien además está casado con Sally (Ruth Weston), la hermana del marido de Nancy. La ilusión de que su esposo tuvo que viajar de imprevisto dura poco y Nancy aprende la verdad: Don se enamoró de una aventurera y pretende divorciarse de ella para casarse nuevamente. Cuando Don (Robert Ames) por fin aparece, Nancy decide montar una farsa para darle celos y demostrarle que vale más que su amante.-
La película transcurre a lo largo del día en el que Nancy regresa a casa y fue adaptada de una obra de teatro por Salisbury Field con un ritmo que no da respiro a medida que más y más gente llega a la casa de los Gibson. La idea central, esto es, juntar bajo un mismo techo a una mujer, su marido, la hermana, el cuñado y la amante de él, la madre de la amante y el hombre que finge ser el amante de la esposa pero que terminará enredándose con la amante del marido (¿se entiende?), se presta muy bien para la comedia casi en tiempo de opereta y hace pensar en las comedias de teléfonos blancos que podría haber protagonizado, pongamos por caso, Irene Dunne aunque en algunos momentos también me pareció oír un eco de The Philadelphia Story…
Mary Astor es una actriz a la que tengo más asociada (como le ocurrirá a muchos espectadores) con los roles maternales que encarnó hacia finales de los años ‘40 o con su participación en The Maltese Falcon, pero aquí explota bien la veta de la comedia soficticada y me ha hecho dar ganas de descubrir más de la primera parte de su carrera, especialmente en el período mudo. El resto del elenco está bien (Edward Everett Horton aún no está completamente maduro en lo que será su personaje por excelencia, pero se advierte que ya pintaba para ello), aunque ninguno de ellos sea muy recordado hoy en día. Robert Ames particularmente no me causó una gran impresión y debo confesar que no terminé de entender porqué Nancy se esfuerza tanto por recuperarlo.-
Quien sí me impresionó, aunque debí habérmelo esperado, es La Cava. Las películas de 1931 suelen ser de calidad muy variada. Algunas arrastran los vicios de aquellos primeros años del sonoro y son estáticas y artificiales y otras recuperan aunque sea una porción del dinamismo del cine mudo, incorporando los elementos que aportó el sonoro. Este caso, me alegra decir, es de los segundos. Aquí La Cava nos regala una película dinámica, entretenida y bellamente filmada, que nos permite entregarnos a la historia sin reparar en los arcaísmos técnicos.-
En definitiva, Smart Woman bien vale la pena el esfuerzo de encontrar una copia por allí perdida en Internet.-




Hola Bet
ResponderBorrarDe la primera decir que media película la tienes con elegir al trio protagonista: Joan siempre me parece que aporta ligereza a sus personajes, Bette es el otro plato de la balanza, sus personajes siempre llevan "carga extra" y Ann Dvorak es mucho mas versátil que ambas; curiosamente tuvo peor suerte.
De la segunda el personaje -más mestizo, que salvaje- me recuerda mucho a la Myrna Loy de "The Squall, Korda 1929".
Tuve que buscar "rebenque" (muy bonito-alegórico defenderse con el mismo rebenque de Gilbert Roland... y de una cascabel); no buscaré "mechonea" con Thelma Todd (la más famosa de las pelirrojas y una de las más famosas rubias mechoneando en el más sonoro blancoynegro ufff)
Creo que no hace mucho disfruté con esta "Mujer Inteligente"... pero no demasiado lista; que te espere el cuñado en el puerto ya es para que te subas al primer paquebote que salga.
Un saludo, Manuel.