viernes, 20 de mayo de 2016

Serie de Fred Astaire y Ginger Rogers (última parte).-


Momento N° 11: romance en cámara lenta.-
Carefree (Mark Sandrich, 1938) es una de esas películas en las que el todo es mucho menos que la suma de las partes: mezclados en medio de secuencias enteras que no conducen a nada y de actores/personajes insufribles, podemos encontrar muchos momentos mágicos (si tenemos suficiente paciencia como para esperar por ellos). Uno de esos momentos es un número llamado I used to be color blind que tiene lugar en el subconsciente de Ginger Rogers. Amanda (Rogers) consulta al Dr. Tony Flagg (Astaire), un psiquiatra, a instancias de su prometido (Ralph Bellamy) para tratar su aversión a fijar una fecha para el casamiento. Tony induce a Amanda a dormir para analizar sus sueños y Amanda sueña… con Tony. La nota distintiva de este número es que está filmado en cámara lenta (otro de los experimentos cinematográficos de Astaire), un recurso más que apropiado para reforzar su naturaleza onírica. Y si acaso uno llegara a pensar que ahora sí podrá descubrir los secretos del dúo, visualizar la preparación para los saltos o el cambio del peso de una pierna a la otra para una inclinación hacia atrás, pues no: todo parece aún más mágico que en los números reproducidos a velocidad normal. La mayor sorpresa: el largo beso del final, una rareza en la serie y es que Astaire, incómodo en su rol de galán de cine, prefería seducir a sus damas al compás de la música (otras fuentes aseguran que la Sra. Astaire era bastante celosa. Yo prefiero la primera explicación).-


Momento N° 12: Fred y Ginger sí que saben cómo animar una fiesta.-
The yam es sin dudas lo mejor de Carefree. Es un número que tiene lugar en una cena en el club de campo del prometido de Amanda. Decidida a conquistar a Tony, Amanda lo persuade de bailar con ella y pronto se arma la fiesta. Este momento tiene muchas particularidades que lo transforman en uno de mis favoritos: por un lado, durante la primera parte del baile (y yo diría por única vez) Rogers guía, lo cual presenta una variante agradable; por otro lado, el dúo se caracteriza por la impresión de espontaneidad que dejan aún en los bailes más elaborados, pero aquí, cuando invitan a que los demás invitados se les unan conformando un coro de diversas formas, tamaños y edades, realmente parece que estuvieran improvisando y pasándolo de maravillas; en tercer lugar, mientras todos bailan en la galería que rodea al salón (una buena oportunidad para ver al dúo haciendo pasos inusuales en ellos, tales como los “rebotes” de Ginger sobre los sillones) el trabajo de cámaras es fantástico, no exactamente un plano secuencia (eso hubiera sido perfecto, pero supongo que demasiado complicado) sino una serie de travellings hacia atrás que atraen a nuestros protagonistas y en donde la cámara se va posicionando en distintos cuadrantes del escenario para crear la ilusión de un plano secuencia; y finalmente, una seguidilla de ocho saltos de Rogers por encima de la pierna elevada de Astaire que dejan sin aliento (busquen este número en Youtube, ¡estoy segura de que lo van a disfrutar!).-


Momento N° 13: (casi) el más triste de los bailes.-
The story of Vernon and Irene Castle (H. C. Potter, 1939) es la última película que el dúo filmó para RKO y la única en toda su asociación en la cual representan a personas reales, en este caso un exitoso matrimonio de bailarines de principios del siglo XX. Las características propias de la historia nos permiten ver un poco más de las facetas actorales de Astaire y Rogers, quienes tienen a su cargo mayor cantidad de escenas dramáticas y personajes más profundos que en sus películas anteriores. Uno de los momentos más hermosos de la película tiene lugar cuando la pareja está en París a la espera del comienzo siempre postergado de los ensayos de su primer espectáculo juntos. Por fin llegan noticias de los productores, y no son las mejores: sólo quieren a Vernon y es para cumplir con la denigrante rutina cómica que protagonizaba antes de conocer a Irene. Desalentado y acorralado por las deudas, Vernon vuelve al cuarto que ocupa con su esposa para ponerla al tanto de las novedades. Y en este punto en el que todos sus sueños se derrumban, Vernon le pide a Irene que baile con él aunque hay un problema: ya antes los vecinos del piso inferior se habían quejado por el bullicio de los ensayos. Pero Vernon, más experimentado que su esposa en esto de las desilusiones profesionales, tiene una solución para cada problema. Si bailan como si estuvieran caminando sobre el aire no harán ningún ruido. Entonces la pareja inicia una rutina silenciosa, con el único acompañamiento de una canción que habían bailado en tiempos más felices y que Vernon silba a media voz. Es un momento muy triste, pero antes de que la escena termine (les dejo la intriga del final) uno sabe que sin importar lo que suceda todo estará bien porque estos dos (Vernon e Irene, Astaire y Rogers, nuevamente es difícil separar al personaje del actor) se tienen el uno al otro para sostenerse mutuamente ya fuera en lo personal o en lo profesional.-


Momento N° 14: el más triste de los bailes.-
No quiero arruinarle el final de The story of Vernon and Irene Castle a nadie pero debo decir que el último baile de la película es de lo más triste (tratándose de una historia inspirada en las vidas de dos personas cuya vida adulta transcurrió hace cien años atrás, podrán imaginar por qué: eventualmente alguien muere y eso es todo lo que voy a decir). La imagen de la pareja alejándose del espectador al ritmo de Only when you’re in my arms, la canción que Vernon cantó al proponerle matrimonio a Irene, debió haber sido desoladora para el público de 1939 que asistía al fin de una era. Aún hoy, que podemos ver este y otros números de Astaire y Rogers cuantas veces queramos, sigue siendo un momento cargado de emoción.-


Momento N° 15: segundas oportunidades.-
The Barkleys of Broadway (Charles Walters, 1949) es un musical extraño, en la medida en que las escenas “actuadas” son mejores que los números musicales. Uno de los pocos números que está a la altura del nivel emotivo de la trama es They can’t take that away from me, que vuelve desde Shall we dance transformada en un baile. En este momento de la historia Josh (Astaire) y Dinah Barkley (Rogers), una exitosa pareja de comedia musical que es a la vez una ruina de matrimonio, están separados. Un amigo en común interpretado por Oscar Levant les tendió una trampa invitándolos por separado a una gala benéfica, con la esperanza de ayudarlos a reconciliarse. Josh ha descubierto la trampa y, con la misma espectativa que su amigo, se esmera ante su esposa. Este número no es deslumbrante si lo comparamos con otros del dúo (falta aquí algo de la magia y mucho de la vaporosidad de antaño), pero a mí me gusta mucho porque refleja el dolor y las dificultades que atraviesa esta pareja en la ficción (sobre todo en un segmento en el cual la música se torna esforzada) y cuenta la historia de su ruptura pero también de los anhelos inconfesados de reconciliación que ambos abrigan.-
Esta última entrega de Astaire y Rogers está acompañada por una nueva receta de soufflé, esta vez de chocolate.  Pueden consultarla siguiendo este vínculo: http://lacocinadeceluloide.blogspot.com.ar/2016/05/souffle-de-chocolate-con-alma-de.html

No hay comentarios.:

Publicar un comentario