Ir al contenido principal

Variaciones sobre un mismo tema: Ninotchka - Ernst Lubitsch, 1939; Silk Stockings (La bella de Moscú) - Rouben Mamoulian, 1957.-

Ambas películas cuentan la historia de Ninotchka, una enviada extraordinaria del gobierno soviético que llega a París para informar sobre las actividades de tres comisarios que han logrado pésimos resultados en su misión (en 1939 consiste en vender joyas confiscadas a una Gran Duquesa, en 1957 es repatriar al más célebre compositor ruso) pero avanzaron mucho en el plano de los placeres mundanos. En cada caso el responsable de la desviación de los comisarios es un caballero que, en plan de proteger sus intereses, termina enamorándose de Ninotchka y provocando que ella se descubra a sí misma.-


Momento Nº 1: encuentro en territorio enemigo.-
En Ninotchka, la protagonista (Greta Garbo) conoce al Conde León d’Algout (Melvyn Douglas) fortuitamente y acaba en su departamento antes de que cada uno averigüe a quién representa el otro. Este aspecto causa que la escena tenga una dinámica totalmente distinta a aquella presentada en la escena equivalente de Silk Stockings, en la cual Ninotchka (Cyd Charisse) y Steve Canfield (Fred Astaire) conocen sus respectivas identidades desde el primer momento. En parte, esta escena en la película de Lubitsch parece confirmar la teoría de Ninotchka: la atracción entre un hombre y una mujer es una cuestión puramente química, el cortejo no tiene nada que ver con ello. A causa de la atracción que Ninotchka reconoce sentir, se muestra bien dispuesta a explayarse sobre los temas que le interesan (básicamente, su récord de guerra y su herida de combate, la cual muestra orgullosa) y a seguir sus impulsos. Y León parece encontrarse bajo la misma influencia química, cae bajo el hechizo de una Ninotchka de acero aún cuando claramente es un galán experimentado. Su intención en cierto modo es más sincera que la de Steve en Silk Stockings - aunque sea un tanto superficial - porque él sólo ve en Ninotchka una mujer que le interesa. Cuando Ninotchka finalmente accede a un beso (y a otro y a otro), Lubitsch hace algo genial: eleva el ángulo de la cámara para dar la impresión de que los personajes están acostados lado a lado (cuando en realidad están sentados), burlando así el Código Hays. La escena en Ninotchka termina con una nota amarga: el clima romántico se rompe cuando una llamada de Buljanoff (¿podría Felix Bressart ser más maravilloso?), uno de los comisarios soviéticos, revela la identidad de los amantes. Ninotchka está dispuesta a obedecer a la química, pero una relación con el enemigo está fuera de discusión.-
En Silk Stockings la situación tiene más matices, porque Ninotchka y Steve no sólo conocen sus respectivas identidades sino que además han compartido todo un día juntos, cada uno meneando la cabeza ante aquello que despierta el interés y el entusiasmo del otro. Steve, a diferencia de León, tiene una intención encubierta en sus atenciones hacia Ninotchka: busca descubrir cómo influenciarla para que no entorpezca sus proyectos, pero poco a poco comienza a sentirse genuinamente intrigado por esta mujer incapaz de apreciar la belleza de las cosas. En este caso, Ninotchka se divierte - a su manera, claro - ridiculizando los intentos románticos de Steve pero cuando él incorpora un objeto cotidiano y útil (una silla) en su coreografía el clima cambia, Ninotchka reacciona inclinando su cuerpo hacia adelante en un gesto que no pasa inadvertido para Steve. A partir de esta reacción Steve conduce un extraño experimento que busca demostrar a Ninotchka que puede encontrar placer en algo que sea bello y no sólamente útil. En ambas escenas, la influencia de León/Steve despierta en Ninotchka el eco de algo antiguo: en el caso de Garbo, se trata del dolor que deja traslucir en su recuerdo del beso que dio a un lancero polaco a quien dio muerte; en el caso de Charisse, es una ilusión, aunque nunca termina de contar la historia y nos queda a nosotros completar su recuerdo…


Momento Nº 2: entregándose a la moda parisina.-
En ambas versiones hay una escena en la cual Ninotchka refleja su transformación a través de una prenda de vestir, en 1939 es un sombrero y en 1957, lencería, en especial las medias de seda del título. En Ninotchka, esta escena es inmediatamente posterior al encuentro de los protagonistas en el restaurante en donde León provoca la carcajada de Ninotchka. Al día siguiente ella aún se ríe cuando recuerda el episodio (o tal vez se ríe porque sí, porque ha descubierto la risa), finaliza apresuradamente su reunión con los comisarios soviéticos y cierra todas las puertas para probarse el sombrero que esconde bajo llave. Pero el momento no se produce como una consecuencia directa del deseo de Ninotchka de volverse más atractiva ni es gozoso como en Silk Stockings, sino de una gran introspección: Ninotchka no se mira al espejo extasiada por su propia imagen, sino tratando de descubrir quién es.-
En Silk Stockings, entre la escena de la reunión con los camaradas y aquella en la que Ninotchka se transforma existe otra escena en la que Ninotchka se encuentra en un salón de modas con el compositor ruso Boroff (Wim Sonneveld), a quien los comisarios debían llevar de regreso a la URSS. La visión de la lencería hace que Ninotchka reconsidere su opinión sobre la moda femenina y entonces vuelve a su suite. Allí tiene lugar un momento de exploración de su femineidad tan íntimo que antes de entregarse a él, Ninotchka da vuelta el retrato de Lenin. Tratándose de una versión musical, esta escena es destinada a un número de baile, el más bello de la película (y me atrevería a decir uno de los más bellos de la historia de los musicales, equiparable en mi Olimpo personal, al número “Cantando bajo la lluvia” en la película del mismo título). Es un momento perfecto de baile en el cine, de esos que no necesitan más que de un concepto simple y del talento inmenso del artista que los protagoniza.-


Momento Nº 3: una reunión de amigos.-
La reunión de Ninotchka con los tres comisarios tras su regreso a Moscú también tiene un tono y un contenido muy diferentes en ambas versiones, pese a que las dos comparten determinados elementos. En Ninotchka la escena comienza con un tono optimista: la protagonista parece determinada a contentarse con lo que Moscú tiene para ofrecerle y a imaginar el resto, e incentiva a sus amigos a hacer lo mismo. Sin embargo, cada vez que levantan su espíritu aparece algún recordatorio de la opresión: el paso del vecino delator, la carta de León censurada. A medida que la escena avanza, el tono se vuelve más melancólico y cuando Ninotchka finalmente se queda sola, la situación no podría ser más triste. Ninotchka quiere creer que lo que ha aprendido en París permanecerá con ella dondequiera que esté, pero hay cosas que simplemente son demasiado duras de aceptar.-
En Silk Stockings en cambio Ninotchka no se engaña, sabe que lo único que podría hacerla feliz ha quedado irremediablemente fuera de su vida, y lo sabe aún antes de la llegada de la carta de Steve. Y sin embargo, cuando el paso del vecino delator interrumpe la fiesta de sus amigos, tiene un arranque de rebeldía que la Ninotchka de Lubitsch no siente fuerzas para tener. Ninotchka explota en un baile que no sólo es de liberación individual sino, esencialmente, de alegría compartida, de camaradería. Esta Ninotchka parece lista para iniciar una pequeña revolución, aunque más no sea en los confines de un sector de su departamento compartido.-

Finalmente, quiero agregar unas pocas palabras más sobre cada una de las versiones. En Ninotchka, Lubitsch tuvo el gran mérito de no permitir que su obra se transformara en una “película de Garbo”. Ninotchka es, ante todo, una “película de Lubitsch”. No vamos a encontrar aquí primeros planos grandilocuentes de la diva, especialmente iluminados o captados a través de filtros, sino una dirección impecable y un guión que es a la vez cómico, crítico y un poquito melancólico (hasta un parlamento trivial como el “Camaradas, quedo fuera del omelet” pronunciado por Bressart se transforma en el momento más digno y triste bajo la dirección de Lubitsch), con muchos de los elementos que podemos encontrar en otras películas del director: las elipsis, las puertas cerradas detrás de las que se desarrollan situaciones tentadoras, los relojes… Respecto de Silk Stockings, todavía me queda demasiado sin conocer de la filmografía de Mamoulian como para identificar su estilo en esta película, pero sí puedo decir que esta fue la última película que Astaire filmó para MGM antes de que expirara su contrato y no deja de desconcertarme que sus números musicales con Charisse sean tan buenos mientras que los restantes están tan por debajo de lo que uno esperaría de él. En particular, entiendo su intención con el último número de la película, que termina con Astaire aplastando su sombrero de copa contra el suelo. Evidentemente, toda una época estaba terminando con este número, pero ¿debía terminar así, con un número tan descuidado en su ejecución? Silk Stockings deja una sensación agridulce, por un lado es el gran testimonio del talento de Cyd Charisse, por el otro, para encontrar el testimonio del talento de Fred Astaire… habrá que buscar en otra parte.-
Después de mucho tiempo, regreso a mis recetas con un borsht sugerido por la parte trasera de mi DVD de Silk Stockings, que afirma que por las venas de Ninotchka parece correr borsht frío. ¡Los invito a probarlo entre una versión y otra! 

Comentarios

  1. Ya lo comentamos pero adoro Ninotchka de Lubitsch. Por otra parte, como tú soy admiradora de ese gran actor secundario que se llama Felix Bressart. Si aquí está delicioso, es maravilloso en El bazar de las sorpresas o en Ser o no ser. Lubitsch contaba con él.
    Me quedo con París, con ese restaurante donde una comisaria rusa estalla en risas, con ese sombrerillo estrambótico, con esa vuelta a Rusia, melancólica... y con viva el amor más allá de ideologías...
    Y, sí, he visto filmografía de Mamoulian, pero curiosamente su incursión en el musical con esta versión de Ninotchka, La bella de Moscú, no la he visto nunca entera, tan solo números musicales en documentales sobre cine musical. Y si me ha llamado algo la atención de tu mirada sobre La bella de Moscú es saber cómo el perfeccionista Fred Astaire puede no estar en lo más alto en cada uno de sus bailes... y es cierto que casi todos los números que he visto de esta película la protagonista es Cyd Charisse.

    Beso
    Hildy

    ResponderBorrar
    Respuestas
    1. Hildy querida, me gusta lo que escribiste sobre Lubitsch y Bressart, sus participaciones siempre son maravillosas, carga con una resignación dolorosa en todos sus personajes. En Ser o no ser está genial, yo solo la vi una vez pero recuerdo el rol especial que cumple en el reparto.-
      La escena de restaurante en Ninotchka me parte de risa cada vez que la veo. Personalmente, yo disfruto de los chistes tontos, así que me identifico con León en esa escena. Y (esto ya te lo había escrito) la expresión inmutable de Garbo completa el efecto.-
      Silk Stockings es una adaptación brillante, la película gana mucho en relación a su predecesora, lo cual no siempre es el caso (hace poco ví High Society y debo decir que no está a la altura de Historias de Filadelfia por varios centímetros). Pero siempre me apena que los números de Astaire no estén a la altura de ese perfeccionismo que mencionas y que todos conocemos y esperamos. Tal vez sea sólo mi percepción pero creo que él y Hermes Pan intentaron actualizar un poco el estilo a los tiempos que corrían (o incluso denunciar sutilmente su falta de atención por el mínimo detalle) y quedaron enredados en una proclama que pudo haber tenido algún sentido en su momento, pero ninguno en los tiempos por venir. Creo que les faltó visión para anticipar que varias décadas después el nombre de Astaire sigue siendo sinónimo de elegancia y profesionalismo y que la mayoría de los musicales que en los '50 apuntaban a un público más joven, han caído en el olvido. O tal vez estoy haciendo mucho barullo en torno a un simple musical... de todos modos reitero que la película es una delicia, si podés verla seguro que la disfrutarás tanto como yo.-
      Un beso enorme con recuerdos parisinos de fondo, Bet.-

      Borrar

Publicar un comentario

Entradas más populares de este blog

Gigi - Vincente Minnelli, 1958.-

Momento N° 1: presentando a Gigi.- El comienzo de Gigi hace lo que todo buen comienzo debería hacer: nos mete de lleno en la historia, nos ubica en tiempo y espacio, en el tono correcto y en una forma de contar. Si leemos el argumento de la película antes de verla, jamás pensaríamos que la historia de una adolescente educada para convertirse en la amante de un hombre rico puede ser un musical alegre, visualmente bello y de un gusto exquisito. Lo es y el primer indicio de ello está en esa primera escena en la cual Honoré Lachaille (Maurice Chevalier) se presenta y nos cuenta (sí, nos habla directamente a los espectadores como sólo Chevalier sabía hacer) cuáles son las reglas del universo particular del cual es el rey.- Momento N° 2: cita en Maxim’s.- Luego de que todos los personajes principales nos son presentados, Honoré se encuentra con su sobrino Gaston (Louis Jourdan) y la amante de éste, Liane (Eva Gabor) para una pequeña fiesta en Maxim’s. A lo largo de esta esce...

Cinco días sin Nora - Mariana Chenillo, 2008.-

Opera prima de Mariana Chenillo, “Cinco días sin Nora” cuenta la historia de una familia judeo-mejicana reunida por la fuerza a partir de la muerte de la Nora del título (Silvia Mariscal). Durante la larga espera que deben cumplir para enterrar a la difunta, los personajes verán surgir nuevas discusiones acerca de antiguos temas y secretos largamente guardados. La incomodidad que experimentan es acentuada por los encuadres ligeramente desequilibrados que utiliza la directora y por los pequeños sonidos que, amplificados, delatan o inquietan a los protagonistas.- Momento N° 1: los preparativos de Nora.- No cometo ningún spoiler si digo que Nora se suicida ingiriendo tres frascos de pastillas, porque ello se descubre a pocos minutos de comenzada la película. De todos modos, mi primer momento ocurre antes de que esto suceda, durante los títulos del comienzo (me encantan las secuencias de títulos en las que ya suceden cosas). En esos breves planos vemos cómo las manos añosas de ...

Tres caras del Conde de Montecristo (primera parte).-

Últimamente me ha costado bastante sentarme a ver películas, de ahí que haya escrito tan poco para este blog. Y el motivo de todo esto es que estuve más de dos meses (setenta días, para ser exacta) enfrascada en la lectura apasionante de El Conde de Montecristo de Alejandro Dumas y no quería hacer otra cosa que no fuera leer y leer. Y como no quería saber nada sobre lo que iba a pasar con la historia no quise arriesgarme a ver adaptaciones cinematográficas, más allá de que ya había visto dos, pero de una no recordaba nada y de la otra no quería creer que fuera una adaptación fiel. Ahora que he terminado (y créanme que estoy todavía de duelo, esta novela me ha dejado por el suelo) me estoy dando una panzada de cine. Y ¿a qué no adivinan mi felicidad? Una de estas versiones tiene por protagonista a John Gilbert y otra a Robert Donat con lo cual puedo decir sin lugar a dudas que estoy tocando el cielo con las manos. ¿Una historia que me dejó hecha una piltrafa y encima protagonizada por d...