sábado, 6 de mayo de 2017

Gentleman’s Fate - Mervyn LeRoy, 1931.-

Gentleman’s Fate es una suerte de hermana menor y desafortunada de Little Caesar, la película dirigida también por LeRoy y estrenada el mismo año, que lanzó al estrellato a Edward G. Robinson. Ambas películas comparten elementos estéticos y argumentales, sólo que en este caso la historia se centra en el tipo de personaje interpretado por Douglas Fairbanks Jr. en aquel clásico, es decir, en el joven distinto del resto, más refinado y con mejores recursos para integrarse a la “buena” sociedad, que se atreve a imaginar una vida diferente. Pese a este parentesco, una es un clásico y la otra ha caído en el olvido aunque en mi opinión, si Gentleman’s Fate se hubiera visto beneficiada con un guión un poco más trabajado y una producción más cuidada, podría haber gozado de la misma suerte que Little Caesar.-


En Gentleman’s Fate seguimos el camino de Jack Thomas (John Gilbert), un playboy que el mismo día que le pide matrimonio a su novia Marjorie (Leila Hyams) descubre que no es un huérfano como siempre creyó sino que tiene un padre que agoniza luego de haber sido baleado (Frank Reicher), un hermano mayor, Frank (Louis Wolheim) y que su verdadero nombre es Giacomo Tomasulo. A partir de este descubrimiento, Jack se involucra casi a su pesar en el mundo criminal en el que se desenvuelve su familia (en estos años de Prohibición, los Tomasulo se han abierto paso en el mundillo del contrabando de licor) y termina por averiguar, al igual que Fairbanks Jr., que la pandilla es algo que no puede abandonarse…
La película comienza con una escena en la cual Jack se despierta en su lujoso y moderno departamento a una hora inhabitual para él (las 07.30 de la mañana en lugar del mediodía) y se dedica, junto a su desorientado mayordomo, a eliminar toda evidencia de su pasado amoroso tumultuoso. Hay dos aspectos distintivos en esta escena inicial, contradictorios con todo lo que veremos a continuación. El primero es la luminosidad de la fotografía: en Gentleman’s Fate la mayoría de las escenas transcurren de noche y/o en lugares cerrados, con una fotografía oscura que reafirma desde el punto de vista estético el carácter claustrofóbico de la historia. Esta idea que sobrevuela la película, según la cual el destino es ineludible y el mundo criminal no admite deserciones no sólo es expresada a través de las situaciones y los diálogos sino que además nos es mostrada en la pantalla. Sólo hacia el final se nos permite tomar un poco de aire, cuando ya es demasiado tarde… Como contrapartida, el departamento de soltero de Jack es espacioso y muy luminoso, tiene grandes ventanas que permiten admirar la ciudad y sin embargo en la primerísima toma (en la cual Jack todavía duerme) aprendemos que también puede oscurecerse por completo. Hay algo en este juego de luces y sombras que establece LeRoy que me gusta mucho y que puede interpretarse, cuando vemos la película por segunda vez, como un leve indicio de que la vida de Jack está acechada por la oscuridad desde el comienzo.-
El segundo aspecto característico de esta primera escena es su tono ligero, casi de comedia de enredos, que es abandonado luego de transcurridos pocos minutos de película. Este cambio de tono no alcanza a molestar pero en los sucesivos visionados uno llega a preguntarse si fue una decisión correcta, tanto más cuando estas primeras escenas debieron haber sido utilizadas para dar un poco más de relieve al personaje de Jack y explicar algunas cuestiones que servirían para dar sentido a la historia. En efecto, una de las principales fallas del guión es que reiteradamente Jack tiene la opción de volver a su vida anterior, su familia de origen no intenta forzarlo a quedarse en la pandilla, y sin embargo una y otra vez decide quedarse. El motivo, el sentido de pertenencia que ha encontrado este joven que creció creyéndose solo en el mundo, es algo que podemos intuir mediante un primer plano (bastante mal insertado, debo decir) que nos muestra a Jack decidiendo asumir la responsabilidad por el robo de un collar de esmeraldas para salvar de la cárcel a su padre moribundo. Tratándose de John Gilbert, la idea es perfectamente comunicada en forma silente, pero no hubiera hecho daño que en algún momento se nos explicitara que la vida anterior de Jack no era tan satisfactoria como parece en aquella primera escena. Así como son las cosas, sus elecciones parecen algo injustificadas, lo cual hace que al terminar la película el espectador pueda preguntarse qué sentido tuvo la última hora y media, sobre todo si ese espectador está poco predispuesto hacia el material que se le presenta (y nunca es bueno contar con que el público quiera que la película le guste…).-


Un elemento muy interesante que se introduce en esta película y que no siempre está presente en las películas de gangsters, dominadas por los personajes masculinos, es una femme fatale (de nuevo, no del todo delineada, pero allí está) en Ruth (Anita Page), la antigua amante de Dante (Ralph Ince), el hombre de la pandilla rival al que Jack mata para salvar la vida de su hermano. Ruth fue enviada al cuartel de los Tomasulo como infiltrada, pero termina por cambiar de bando. Como toda femme fatale Ruth se ve envuelta en una situación que implica la destrucción de los hombres que se le acerquen, pero a la vez es vulnerable y carga con heridas mal cerradas. Page resulta conmovedora en sus escenas con Gilbert, en las que Ruth baja la guardia una vez que se siente tratada como una dama por primera vez en su vida. En esto Ruth marca un contraste agradable con la otra chica de la pandilla, Mabel (Marie Prevost) que está resignada a ejercer de segunda para su amante casado, Mike (George Cooper), el secuaz de Frank Tomasulo.-


El reparto de esta película es una de sus delicias. Está poblado por actores que para 1931 eran o estaban en vías de ser has beens, pero todos cumplen en la interpretación de sus personajes y sobre todo demuestran muy buena química, actuando casi como un ensemble. Me gusta particularmente la dinámica que logran John Gilbert y Louis Wolheim como estos hermanos diferentes como el día y la noche que aprenden a convivir y a quererse.-
En definitiva, Gentleman’s Fate puede no ser una gran obra pero está bien realizada, tiene buen ritmo, muy buenas interpretaciones y varias buenas escenas (entre las que se destaca la del “banquete de la paz” que los Tomasulo ofrecen para su rival Florio, interpretado por John Miljan). Merece ser rescatada del olvido y no solamente por la curiosidad que generan las películas sonoras de Gilbert.-

2 comentarios:

  1. No la he visto pero hay muchas cosas que señalas en tu texto que la convierten en interesante para descubrirla.

    Tengo cierta debilidad por las películas que presentan relaciones entre hermanos.

    Beso
    Hildy

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    1. Queridísima Hildy, mi camino por la filmografía de John Gilbert me está llevando por películas que no serán joyas perdidas del cine pero tampoco son tan malas como se cree. Hay muchas cosas buenas por allí, que ya iré comentando de a poco para no aburrir (si fuera por mí, no hablaría de otra cosa).-
      En este caso, Gentleman's Fate es - en resumen - una buena película, vale la pena descubrirla aunque lamentablemente no está editada con subtítulos en español (y más lamentable aún, no creo que se edite, salvo que haya una campaña masiva de reivindicación de Gilbert, comité que me ofrezco para organizar paralelamente al de reivindicación de Cary Grant, jaja).-
      La relación entre estos dos hermanos improbables (no podrían haber encontrado dos actores más diferentes y el guión aprovecha para bromear con ello) me encantó, es uno de los aspectos más atractivos de la película.-
      Un beso enorme, Bet.-

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