lunes, 14 de mayo de 2018

Singin’ in the rain (Cantando bajo la lluvia) - Gene Kelly y Stanley Donen, 1952.-

Cada vez que veo “Cantando bajo la lluvia” me conmueve su precisión, la perfección de mecanismo de relojería de la que hace gala. Y siempre vuelvo a pensar que esta película es la respuesta ideal para todos aquellos que cuestionan los musicales, porque demuestra que cada una de las objeciones que suelen expresarse son - al menos por esta vez - absolutamente incorrectas. Lo sé porque fue la película que hizo que yo cayera por la madriguera de los musicales, género que había despreciado hasta ese momento.-


“Los argumentos son triviales y están destinados a olvidarse en cuanto se apaga la pantalla”
Sin lugar a dudas, la industria cinematográfica dominó el mundo cultural y del entretenimiento durante todo un siglo. Adorado, discutido, despreciado y amenazado por el advenimiento de nuevas formas de entretenimiento, el cine no deja indiferente a nadie. Una de las páginas más interesantes de su historia comenzó a escribirse con el estreno de las primeras formas de cine sonoro, los cortometrajes producidos por Warner Bros. en 1926 gracias a la implementación del sistema Vitaphone. A partir de allí ocurrieron dos fenómenos que impactarían enormemente en la industria: la consagración del cine sonoro y el surgimiento de un nuevo género musical, imposible durante la era del cine mudo, los musicales. Aquí abreva “Cantando bajo la lluvia” y ya por ello vale la pena visitarla una y otra vez. Si bien cuenta la historia a su manera (después de todo, no es ni pretende ser una película documental), recoge muchas de las anécdotas y detalles de la época en la que transcurre la trama. Pero además, presenta un argumento bien construido con tres actos balanceados, los personajes están bien delineados y si quitamos los números musicales, la película sobreviviría perfectamente como una comedia que todavía sería entretenida.-



“Los números musicales están mal integrados, de pronto la película se detiene para dar paso a un número meramente decorativo e intercambiable por cualquier otro”
Muchas veces sucede que vemos un extracto de un número musical y no podemos recordar exactamente a qué película corresponde, o que viendo una película sentimos que en un determinado punto cualquier otro número hubiera encajado igual de bien que aquel que estamos viendo. En “Cantando bajo la lluvia”, cada número se ajusta a la situación en la cual está insertado y sirve ya sea para hacer avanzar la trama o bien para completar la caracterización del personaje que lo protagoniza. Si los tres protagonistas descubren la forma de salvar la carrera del héroe o si éste logra por fin conquistar a su amada, ¿qué podría ser más natural, entonces, que festejarlo con un baile enérgico por toda la casa o en medio de la calle, aunque llueva? Inclusive una canción como Would You, que no constituye un verdadero número musical, es utilizada para mostrar el desarrollo de la relación entre la estrella Don Lockwood (Gene Kelly) y la principiante Kathy Selden (Debbie Reynolds), el ascenso profesional de ésta y el creciente aislamiento de la antigua gloria del cine Lina Lamont (Jean Hagen).-


“Las situaciones dramáticas (en especial el enamoramiento) se resuelven de forma inverosímil”
Uno de los aspectos de mayor delicadeza de esta película es la forma en la que se aborda la relación entre Don y Kathy. En un comienzo las cosas no marchan bien entre ellos (Don pretende comportarse como la estrella de cine que es y Kathy toma venganza humillándolo por su supuesta ineptitud como actor), lo cual recuerda la fórmula utilizada en tantos otros musicales, en especial los de Fred Astaire y Ginger Rogers. La diferencia está en que aquí Kathy tiene un motivo para sentir desagrado por Don (él se comporta un poquito como un idiota cuando se conocen por accidente) y también en que el primer baile no es suficiente para que Don conquiste a la chica. Luego del bellísimo número You Were Meant For Me apenas se han removido los obstáculos entre ambos: Kathy es joven y alberga muchas dudas acerca de involucrarse con una super estrella de cine y Don está dispuesto a esperar. Todo ello está expresado a la perfección en la coreografía diseñada por Kelly y Donen; me viene a la mente, a modo de comparación, un número con una dinámica muy diferente al comienzo de Living in a Big Way (Gregory LaCava, 1947), en el cual Kelly y Marie McDonald recrean un amor que nace con mucha más contundencia al ritmo de It had to be You y es que McDonald representa un personaje muy diferente a Kathy Selden.-


“Las actuaciones dejan mucho que desear”
Solamente el nombre de Jean Hagen debería bastar para derribar este argumento. Aún no he podido ver otra de sus películas pero con sólo pensar que es su voz la que se escucha en la escena en la cual Kathy hace el doblaje de Lina, ya me convenzo de su valor como actriz. Pero Hagen no está sola, Kelly y Donald O’Connor en el papel de su fiel amigo Cosmo Brown alternan sus números musicales con buenas escenas de actuación y Reynolds logra mantener la frescura pese a la presión de encarnar un rol protagónico siendo tan joven y aún inexperta. Los acompañan varios secundarios de lujo en roles más pequeños, en especial Douglas Fowley en el papel del temperamental director de cine Roscoe y (la menciono pese a que no tiene escenas con texto hablado) Cyd Charisse, que aparece en un número musical especial para robarse todas las miradas en el rol de una femme fatale diferente a los que había interpretado en la pantalla hasta ese momento.-


“La dirección de cámaras es estándar”
En su segundo intento como directores Gene Kelly y Stanley Donen demuestran que controlan la cámara y la utilizan para contar. En los números musicales la cámara no sólo acompaña el movimiento de los bailarines sino que también se convierte en una herramienta expresiva: cuando Gene Kelly abandona la vereda en el número central para dar vueltas con su paraguas sobre la calle, el movimiento ascendente de la cámara es el único posible; la música es más grande, la coreografía es más grande, el movimiento de cámaras tiene que ser más grande también. Inversamente, en la escena del meetcute entre Don y Kathy, el plano se cierra sobre ellos en el momento de mayor intimidad para luego retirarse cuando Kathy rechaza los avances de Don. En todo momento, la cámara está donde debe estar aunque ello signifique recurrir a una puesta intrincada. Y si bien no se supone que notemos el trabajo de los directores, con los sucesivos visionados uno empieza a advertir y a agradecer tanto esfuerzo para traer - en palabras de Lina Lamont - un poco de alegría en nuestras monótonas vidas...

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