jueves, 14 de junio de 2018

Locos por los musicales - Primera semana: películas de 1929 a 1939.-

Como les comenté en la entrada anterior, comencé el curso en línea sobre cine musical ofrecido por el canal TCM y encontré que para cada módulo semanal se sugieren películas consideradas esenciales en el período en cuestión. Las películas para esta semana fueron (en este orden) The Broadway Melody (La melodía de Broadway), The Wizard of Oz (El mago de Oz), Born to dance (Nacida para la danza) y Top Hat (Sombrero de copa) a las cuales yo agregué Gold Diggers of 1933 (Vampiresas 1933) porque no concibo la década del ‘30 sin Busby Berkeley y los musicales de la Depresión.-


The Broadway Melody (La melodía de Broadway) - Harry Beaumont, 1929.-
De todas las películas sugeridas, esta es la única que no había visto antes y representó una agradable sorpresa, es mucho mejor de lo que esperaba. Desde la primera escena nos encontramos con un uso inteligente de la banda de sonido (hay que tener presente que esta película fue la primera cien por ciento sonora que MGM produjo, con lo cual la “incomodidad” ante el sonido que percibimos en muchas películas de este período era un obstáculo importante a superar): la película comienza en una tienda de música en la que se alternan y se mezclan distintas melodías y en donde el compositor y cantante Eddie Kearns (Charles King) prueba su más reciente composición. El plan de Eddie es utilizar su canción para lanzar la carrera en Broadway de su enamorada Hank Mahoney (Bessie Love) y de la hermana de ésta, Queenie (Anita Page). Pronto resulta evidente que Queenie es la estrella del dúo y aquella a quien Eddie ama en verdad… es decir, evidente para todos excepto para Hank. En su intento de alejarse de Eddie en pos de la felicidad de su hermana, Queenie acepta las atenciones de Jock Warriner (Kenneth Thompson), un productor de mala reputación.-
La película se estanca un poco en las reiteradas protestas de Hank y Eddie en contra del rumbo adoptado por Queenie y los números musicales no son demasiado emocionantes, pero aún The Broadway Melody así logra ser entretenida (Bessie Love y en especial Anita Page logran momentos de muy buena actuación) y valer por sí misma y no solamente como curiosidad histórica.-


The Wizard of Oz (El mago de Oz) - Victor Fleming, 1939.-
Pasar de The Broadway Melody a El mago de Oz es casi como llegar a la tierra de los Munchkins proviniendo de Kansas. Aquí estamos plenamente en la tierra de la fantasía, en la fábrica de sueños de MGM en todo su esplendor. Por supuesto que la película tiene un mensaje conservador (“No hay lugar como el hogar”) y todo eso, pero ¿quién quiere sentarse a ver un musical con los pies remojados en cinismo?
Además de los extraordinarios méritos estéticos de esta película, en el universo específico del género se destaca por ser uno de los mejores musicales “integrados” (es decir aquellos en los que los números musicales hacen avanzar la trama y constituyen formas de expresión de los personajes, por oposición a las películas que incorporan los números como alguna clase de espectáculo dentro de la historia). En efecto, con la única excepción de Over the Rainbow, las canciones carecen de autonomía, sólo tienen sentido en el contexto de la historia. Los musicales integrados suponen el punto más alto en la evolución del género, porque pulverizan la pregunta “¿por qué diablos este personaje se pondría a cantar?”. Allí donde los musicales más clásicos dan un rodeo para crear una situación de espectáculo (por mínima que sea: en Meet Me in St. Louis, por ejemplo, se trata de un encuentro de amigos o de una familia reunida alrededor del piano), los integrados ponen en duda la relevancia de la pregunta, expandiendo sus horizontes.-
Es interesante además ver estas dos películas en seguidilla y maravillarse ante el largo camino de experimentación técnica y estética recorrido por el género desde su mismísimo nacimiento hasta la explosión de música, color y fantasía representada por El mago de Oz.-


Born to dance (Nacida para la danza) - Roy Del Ruth, 1936.-
Sinceramente, no veo porqué esta película está incluida en la lista de esenciales de la década. Eleanor Powell es una auténtica maravilla, no hay dudas de eso, pero Born to dance es una de esas películas en las que el todo vale menos que la suma de las partes.-
Veamos: por un lado tenemos una protagonista que se come la pantalla cada vez que tiene la oportunidad de ponerse en movimiento; un galán inesperado (una de las verdaderas delicias de esta película es ver a ¡James Stewart en un musical!); y una secundaria de lujo como Una Merkel, una de las figuras infaltables del período pre-code. Y hablando del pre-code, aquí se insinúa un aspecto interesante de los musicales posteriores a la aplicación del Código: aún dentro del ajustado corsé del Código, los musicales (y las comedias ciertamente también) siempre se las ingeniaron para incorporar situaciones o pequeños diálogos un poco más arriesgados de lo permitido. Una referencia a la frondosa imaginación de los marineros o la idea de que una mujer pueda decidir (en 1936) si desea continuar con su matrimonio luego de “probar” los besos de su esposo no son moneda corriente en películas de otros géneros.-
El aspecto negativo de Born to dance es que estas virtudes están esparcidas en medio de una trama débil, plagada de números “especiales” de variada calidad (el número de baile del dúo Georges y Jalna - no puedo decir que conozca su trayectoria - es agradable mientras que el estilo de Buddy Ebsen no ha envejecido bien). En definitiva, conviene tener el control remoto a mano pero también recordar que estas películas fueron concebidas en un mundo en el que no existían el video hogareño ni la televisión, con lo cual el cine era un medio esencialmente efímero. Claro que existían reposiciones, pero básicamente, nadie debe haber imaginado que ochenta y dos años después esta película seguiría con vida. Eso no la exime de culpas pero ayuda a entender el motivo por el cual la historia parece una mera excusa para insertar los números musicales.-


Top Hat (Sombrero de copa) - Mark Sandrich, 1935.-
En otra oportunidad comenté dos números de esta película (No strings y Cheek to cheek) y me referí, aunque brevemente, a la maravillosa integración entre diálogo y canción y a la capacidad de expresar la seducción a través de la coreografía que ambos reflejan, así que no volveré sobre ello.-
En este nuevo visionado (no había vuelto sobre esta película desde aquellas entradas) quedé fascinada con un aspecto que tal vez escapa del tema de mi curso sobre musicales, y es precisamente la parte no musical de la película, es decir su valor como comedia. A diferencia de lo que me sucedió con Born to dance, siento que uno podría ver Top Hat sin los números musicales y aún así disfrutar en grande. La forma en la que los guionistas Dwight Taylor y Allan Scott proponen y resuelven los enredos de la trama es perfecta y el aporte de los secundarios de lujo (Edward Everett Horton, Helen Broderick, Eric Blore y Erik Rhodes) en la construcción de la ilusión no puede ser soslayado. Hay aquí también un gran número de elementos “prohibidos” que se deslizan de puntillas en la trama: la idea de que Edward Everett Horton ha cometido más de un desliz en su matrimonio o las insinuaciones acerca de un romance apasionado en el pasado de Astaire y Rogers están suavizadas… pero están.-
Otro aspecto interesante de Top Hat es el de la influencia de otros estilos en esta que todavía no es una película de Astaire y Rogers “pura”. Más adelante irá definiéndose el estilo “Astaire-Rogers” y sus películas se centrarán más en la pareja, pero aquí como en otras películas tempranas del dúo todavía puede verse la intención de los realizadores de incluir números corales con alguna referencia a lo que Busby Berkeley estaba haciendo para Warner Bros. (en Top Hat es The Piccolino, en The Gay Divorcee había sido The Continental) o el interminable desfile de modas que tenemos en Roberta (de nuevo, en un mundo sin televisión ¿dónde podría el público ver un desfile si no era en el cine?).-


Gold Diggers of 1933 (Vampiresas 1933) - Mervyn LeRoy, 1933.-
¿Cómo terminar la década del ‘30 sin visitar esta película? Gold Diggers es tan interesante y por tantos motivos, que no pude resistir la tentación de agregarla a un listado de “esenciales”.-
En primer lugar, es una película típicamente pre-code con Joan Blondell, Ruby Keeler, Aline MacMahon y Ginger Rogers como aspirantes a estrellas de musical desempleadas y en quiebra y Dick Powell, Warren William (suspiros y corazoncitos para él) y Guy Kibbee como los millonarios que no se han enterado demasiado de que hay una Depresión en curso. Mientras que Blondell y Keeler tienen buenos sentimientos, MacMahon se las ingenia para sacarle hasta la camisa a Guy Kibbee en una jugada que siempre termina resultándome antipática, pero que en la película no recibe ningún castigo sino todo lo contrario (y, en rigor de verdad, Kibbee se lo merece).-
Casi como en una película separada, encontramos los increíbles números musicales de Busby Berkeley, con sus caleidoscopios de coristas, sus puestas en escena imposibles, sus fantasías cargadas de erotismo y de belleza. Recordemos que sólo han pasado cuatro años desde The Broadway Melody y aquí tenemos en plena forma a un director/coreógrafo que entendió que el cine musical es un medio diferente del teatro musical y se dispuso a crear números especialmente para la pantalla.-
Y de repente, cuando menos lo esperamos, a modo de epilogo Berkeley nos golpea con el número My Forgotten Man, un recuerdo furioso y brutal a los caídos en la I Guerra Mundial, a aquellos que volvieron para hundirse en el olvido y en la miseria de la Depresión y a las mujeres que los lloran.-

2 comentarios:

  1. ¡¡¡Loca me tienes con tus artículos y los matices que encuentras en cada uno de esos musicales!!! Dos de ellos no los he visto nunca enteros (sí, algunos trozos en documentales sobre cine musical): Born to dance (Nacida para la danza) - Roy Del Ruth, 1936 y The Broadway Melody (La melodía de Broadway) - Harry Beaumont, 1929.
    Los otros tres los adoro. El mago de Oz la he visto doscientas mil veces... y siempre descubres algo nuevo. Sombrero de copa te hace amar a Ginger y Fred. Y en Vampiresas 1933 es imposible olvidar el número final, My Forgotten Man.
    Y hablando de tu nuevo amor, Warren William, ¿sabes que se puede contar una historia del cine solo a base de bigotes? ¡Qué pocos hay ahora, ¿verdad?!

    Beso
    Hildy

    PD:... Jajaja, ¡quiero la próxima entrega yaaaaa! ¡Qué ganas!

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    1. ¡Ay, Hildy querida! Tus comentarios son siempre una inyección de energía para mí.-
      Mi gran sorpresa fue "The Broadway Melody", no es tan mala como esperaba (y "Born to dance" es un poco peor de lo que recordaba, jaja).-
      Yo no tuve la suerte de crecer con "El mago de Oz", la descubrí ya de grande, pero aún así encuentro un maravilloso mensaje en ella (esa idea de que uno lleva consigo aquellas virtudes que anhela). "Top Hat" ya la había visto muchísimas veces y volvió a divertirme y a asombrarme como la primera vez. Y "Gold Diggers" sólo la había visto una vez, hace más de un año cuando conseguí el DVD y volvió a cautivarme. Y hablando de Warren William, esta fue la primera película de él que vi y ahora que lo conozco más y sé reconocer cuándo está actuando en serio y cuándo se burla de sí mismo, te digo que disfruté aún más su actuación. Tengo en vista una biografía de él, pero todavía no pude hacerme de un ejemplar, parece que era un tipo muy interesante, en su tiempo libre inventaba cosas de uso cotidiano y contrariamente a la imagen de depredador que tenía en sus películas, siempre estuvo casado con la misma mujer y llevaba una vida normal. Corto aquí porque podría hablar de él durante horas, jaja.-
      Una vez vi en Internet una página de una antigua revista de cine que mostraba fotografías de bigotes "famosos" e invitaba a sus lectores a adivinar sus dueños. Es curioso, porque nunca me han gustado los bigotes si no van enganchados de una barba, pero desde que veo tanto cine de los años '20 y '30, ¡estoy loca por ellos! Con John Gilbert a la cabeza, pienso en Warren William por supuesto, en Robert Donat, en Clark Gable, en William Powell, en Antonio Moreno (sin bigotes también lo acepto, jaja) y en tu bello sueco Nils Asther... pero qué cosas me hacés decir, retomemos la seriedad por favor, jaja.-
      Te mando un beso enorme, ya me he puesto a trabajar en la próxima entrega.-
      Bet.-

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