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Un mes con… Ernst Lubitsch (primera parte).-

Si una cosa tenía en claro al comenzar esta serie de directores favoritos era que tenía que terminar con Lubitsch. Después de un año tan raro (por decir lo menos) necesitaba un poco de Lubitsch en mi vida. Y si bien habitualmente me gusta ver las películas en orden cronólogico para mejor apreciar la evolución de un artista, esta vez decidí comenzar por uno de sus musicales con Maurice Chevalier, porque a veces también se necesita un poco de Chevalier en la vida.-

The Love Parade (El desfile del amor) - 1929.-



Oro en polvo… qué puedo decirles. Nunca antes había visto esta película aunque siempre quise hacerlo y déjenme decirles que los primeros cinco minutos son de una economía, un dinamismo y una picardía que anticipan y encapsulan por completo el tono del resto de la historia y atrapan al espectador desde la primera escena.-

El Conde Alfred Renard (Maurice Chevalier), agregado militar del reino de Silvania en París, es llamado a volver a su patria en forma urgente a raíz de los escándalos amorosos que protagoniza constantemente. Paralelamente, la reina Louise (Jeanette MacDonald) debe casarse para complacer a su gabinete pero no encuentra ningún hombre que satisfaga sus sueños de amor. Claro que el regreso de Alfred cambia eso y pronto suena la marcha nupcial en el palacio. El problema es que tras el matrimonio Alfred no tiene nada que hacer en el reino, excepto compartir el lecho de la reina, y eso traerá no pocos problemas en la pareja.-

Volviendo a esos primeros cinco minutos, luego de los títulos somos recibidos por el valet de Alfred, Jacques (Lupino Lane) que prepara la mesa para una cena íntima con champagne incluido. Enseguida escuchamos una discusión detrás de una puerta cerrada y de pronto sale Alfred para contarnos, mirando directamente a cámara, que su enamorada es celosa. La llegada del marido de ella pone los personajes en contexto para nosotros y lo que comienza como una escena picaresca pronto toma un cariz dramático cuando la mujer saca una pequeña pistola y se dispara en el pecho. El marido, desesperado, intenta asesinar a Alfred pero el disparo no le causa daño alguno y entonces ambos hombres descubren que el arma dispara balas de salva. El incidente tiene por efecto reconciliar a la pareja y dejar a Alfred libre de todo reproche.-

Este pequeño episodio es rápidamente olvidado cuando nos adentramos en la historia pero me pareció importante rescatarlo porque en él Lubitsch presenta una pequeña muestra del tono que manejará a lo largo de toda la película. En efecto, The Love Parade toca temas bastante serios en su segunda parte, pero al igual que el falso suicidio de esta introducción, todo es tratado con una ligereza que sin embargo no cae nunca en la farsa. Así, situaciones que podrían resultar pesadas o chocantes, como aquella en la cual Alfred hace gala de sus romances pasados frente a Louise, se tornan verdaderamente encantadoras bajo la dirección de Lubitsch.-

El eje central de la trama se desarrolla una vez que nos trasladamos a Silvania y descubrimos que Louise, la reina, sólo piensa en sexo y ese es el motivo principal por el que elige a Alfred como su marido. Lo que Louise soslaya es que Alfred, además de hacer las veces de amante, tiene una dignidad que mantener. Aquí se presenta un dilema para el espectador moderno, porque es muy tentador interpretar que The Love Parade ofrece un mensaje machista, en donde el orden sólo es posible cuando “el hombre es hombre y la mujer, mujer”, como dice un emisario de un Estado extranjero, en el sentido en que el hombre debe prevalecer sobre la mujer en la relación. Dicho esto debo agregar que de ninguna manera siento que eso fuera lo que Lubitsch esté diciendo. En este sentido, esta película me recordó a Female, en donde también veíamos a una mujer que ocupaba con éxito una posición de poder, que disfrutaba de su sexualidad y que en la escena final parecía dejar todo en manos de su pareja y en la que también podría leerse un final machista que yo no creo que esté allí en absoluto. En todo caso, creo que lo Lubitsch está diciéndonos aquí (si es que está diciéndonos algo) es que ambos polos de una pareja deben sentir que están contribuyendo en algo al producto final, que ninguno de los dos puede cumplir una función meramente decorativa y que cualquiera de los dos que estuviera en esa posición, se sentiría inútil y tendría derecho a exigir un cambio. Al mostrar las cosas desde una perspectiva invertida a la habitual, Lubitsch invita al público masculino a ponerse en los zapatos de la mujer y considerar las cosas desde otra perspectiva.-




Otro aspecto adorable de la película es la forma en la que se muestra la vida de los sirvientes de los personajes principales. Tanto el valet de Alfred como una de las mucamas del palacio (Lillian Roth) tienen un lugar importante en la trama y viven su propio romance de “gente común” en forma paralela a la de sus empleadores, como también lo hacen las damas de compañía y los soldados del reino. Incluso las mascotas de la reina y el príncipe consorte tienen su pequeño momento.-

Por otro lado, no faltan aquí las escaleras, los relojes y las puertas (o cortinas) cerradas como elementos esenciales de la escenografía que ayudan a contrar la historia. Lubitsch también se vale maravillosamente de las elipsis y de los eventos que ocurren fuera de campo en especial en dos momentos centrales en la historia (la primera cita y una entrada tardía de Alfred en el palco real de la Ópera) que son mostrados a través de las reacciones que causan en los otros personajes.-

Como punto especial, no puedo dejar de mencionar que esta película es de 1929 y la primera sonora de Lubitsch. Mientras en Hollywood la mayoría de los realizadores estaba aún preguntándose cómo demonios utilizar el nuevo medio del sonoro, Lubitsch produjo esta joya del cine que hace un uso muy inteligente del sonido, mostrando diálogos en los que sólo un personaje está en pantalla o registrando diferente volúmen de sonido según la distancia.  The Love Parade vive y palpita como si cine siempre hubiera hablado y cantado y presenta una forma muy inteligente de integrar las canciones con el diálogo, con transiciones casi imperceptibles, algo con lo que años después el género musical seguía batallando.-

Finalmente quiero destacar que si bien Chevalier y MacDonald probablemente no figuran en ningún compendio de grandes actores de Hollywood, ambos están excelentes no sólo en las escenas de comedia sino también en los momentos de mayor emoción de la trama. MacDonald (todavía en su etapa de “reina de la lencería”) maneja de manera brillante la mezcla de frescura, picardía y autoridad que su personaje requiere y Chevalier, que por momentos está en pleno modo Al Jolson al interpretar sus canciones, me ha dejado fascinada con la profundidad que le da a su Conde Alfred. Un personaje que fácilmente hubiera podido pasar como un atorrante se transforma aquí en un bon vivant que no carece de pudor, dignidad e inteligencia incluso para los asuntos de Estado. Y es que Alfred no aspira, reitero, a desplazar a la reina sino a compartir parte de su tarea con ella, una canción a la vez.-

Comentarios

  1. ¡Qué buena idea, mi querida Bet, despedir el año con el genial Lubitsch!
    Y estas operetas con MacDonald y Chevalier son un joya...
    Fíjate que el otro día me dijo Irene que lo mismo acababa el año también con Chevalier.
    Y yo ya tengo pensando con quién voy a despedir este año... Y también me decanto por la comedia.
    A mí Lubitsch me fascina..., y tiene un título que termina con unas Navidades que jamás, jamás, jamás me canso de ver, ¿visitará tu genial sección?
    Espero varias lecturas en diciembre maravillosas en tu compañía y con la de Lubitsch.

    Beso
    Hildy

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    Respuestas
    1. ¡Ay, me hiciste notar que había escrito mal el apellido de Chevalier! ¡Corregido!
      Es que no hay mejor forma de terminar un año tan complicado...
      Ahora estoy pensando qué peli de Lubitsch podrá traernos Irene... sé una con teatro pero ¿con cine? Qué intriga.-
      Por ahora no miraré otras operetas, pero me queda en el tintero La viuda alegre, que la opereta de Lehar me encanta y aún no he visto la versión de Lubitsch.-
      Aquella peli de Navidad estará entre mis elegidas de fin de año pero no en esta serie, porque no es nueva para mí sino en otra especial de Navidad/Fin de año que estoy previendo de hacer la última semana del año. ¡Lo único cierto es que pienso despedir el 2020 a puro cine!
      Un beso enorme, Bet.-

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