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Diez años, cien motivos para amar el cine (última parte): To Be or Not To Be (Ser o no ser) - Enrst Lubitsch, 1942.-


Motivo N° 1: la secuencia inicial.-
Lubitsch comienza la película con una secuencia brillante: en una tranquila tarde de agosto de 1939, los habitantes de Varsovia se ven sorprendidos por la inesperada llegada de nada menos que Adolf Hitler, que se pasea lo más pancho mirando vidrieras. Para explicar el origen de esta conmoción, el relator nos remite a lo ocurrido momentos antes en los cuarteles de la Gestapo, en donde tiene lugar una peculiar entrevista de un alto mando a un niño cuyo padre hizo comentarios contrarios al Führer. Esta entrevista es interrumpida por la llegada de Hitler en persona e inmediatamente escuchamos la voz del director Dobosz (Charles Halton) que corta la escena… ¡se trata de una obra de teatro que sus actores están ensayando! Dobosz cuestiona el maquillaje del actor que interpreta a Hitler, Bronski (Tom Dugan) y todos discuten por unos segundos en esa maravillosa forma que Lubitsch tenía de filmar discusiones, en la que un grupo de persona habla al unísono, hasta que Bronski decide demostrarle a su director cuán creíble resulta en su caracterización, saliendo a la calle como Hitler. Volvemos a la escena inicial, en donde la gente mira estupefacta al “Führer” hasta que una niña se acerca con una libretita en la mano y le pide a Bronski un autógrafo.-
Esta secuencia es genial por varios motivos. En primer lugar porque sirve para presentarnos a varios de los personajes importantes en toda su dimensión, con gran economía. Las pequeñas rivalidades, las lealtades y los anhelos profesionales de cada integrante de la compañía quedan en evidencia. Así, descubrimos que los actores principales de la troupe son los Tura, Josef (Jack Benny) y Maria (Carole Lombard) y aprendemos también que su matrimonio, si bien no está verdaderamente en peligro, dista de ser armonioso. Conocemos también a Bronski y a su compinche Greenberg (maravilloso Felix Bressart), eternos figurantes en busca del rol que los convertirá en protagonistas; a Rawitch (Lionel Atwill), que se considera un gran actor pero de quien nadie más tiene tan buena opinión; y al coro de actores y colaboradores que los acompañan.-
En segundo lugar, esta secuencia es un gran momento para Bronski. Por fin ha logrado un rol importante, su gran oportunidad, y cuando es reconocido por la niña en la calle es tanto un momento de triunfo (¡están pidiéndole su autógrafo!), pero también de fracaso, porque su punto era precisamente demostrar su parecido con el Führer. Estos sentimientos encontrados no sólo dan pie a la comedia sino que encapsulan el tono de la película y además el drama de estos actores, que para sobrevivir deberán interpretar sus roles a la perfección y eso implicará que no logren reconocimiento actoral alguno. Para destacarse, el actor debe ser y no ser al tiempo pero los tiempos de guerra no se prestan para esas dualidades.-
El tercer motivo por el cual encuentro esta secuencia maravillosa es que me recuerda al cuento del traje del rey, en el cual es un niño el que se atreve a señalar que el rey está desnudo. Aquí, es una niña la que reconoce a Bronski y lo dice, y me gusta ese momento considerado en el contexto en el cual fue producida la película en plena II Guerra Mundial, como un llamado de atención hacia la pureza y la franqueza como instrumentos de oposición a los totalitarismos y la destrucción.-

Motivo Nº 2: el monólogo de Hamlet.-



La película toma su título del célebre monólogo de Hamlet, “Ser o no ser, esa es la cuestión”, del cual hace un magnífico uso para la comedia. Mientras ensayan su obra sobre la Gestapo, los actores están presentado Hamlet, con protagónico de Josef Tura como el príncipe atormentado. Entre bambalinas, se está tejiendo una trama diferente: Maria ha estado recibiendo flores de un admirador anónimo y hoy es el día en que se verán las caras por primera vez. Para evitar que su marido sepa lo que está ocurriendo, Maria cita al admirador en su camarín durante el monólogo de Josef. Es lo más seguro, mientras esté en el escenario, su marido no interrumpirá el encuentro. El problema es que el joven admirador, el teniente Stanislav Sobinski (un jovencísimo Robert Stack) está sentado en las primeras filas de la platea y debe abandonar la sala en cuanto comience el monólogo. Por supuesto que Tura lo ve y eso perturba su actuación.-
El monólogo aparecerá en otras dos oportunidades en la película y será utilizado también como código secreto entre Maria y Sobinski, siempre en tono de comedia y es un excelente ejemplo del uso del running gag como elemento de complicidad entre la película y el espectador. Nosotros, tanto como los personajes, sabemos lo que el código significa y así entramos también en la broma.-

Motivo N° 3: la destrucción de Varsovia.-
Las representaciones teatrales y el romance son interrumpidos por la invasión a Polonia y aquí Lubitsch nos golpea con la representación de lo que significa que tu país sea invadido y se encuentre en guerra. Es importante tener presente que si bien esta película se estrenó en febrero de 1942, cuando Estados Unidos ya había ingresado en la II Guerra, la filmación comenzó en noviembre de 1941, es decir un mes antes del ataque a Pearl Harbor. En ese contexto temporal, el llamado de atención de Lubitsch es mucho más poderoso al mostrarnos cómo la guerra interrumpe la cotidianidad y provoca pérdidas reales. Esa misma calle de la secuencia inicial, animada y llena de locales con nombres que en un primer momento nos sonaron graciosos, aparece ahora en ruinas y poblada por soldados alemanes. En pocos segundos y de manera completamente visual, Lubitsch nos explicó la guerra.- 

Motivo Nº 4: las elipsis.-
Una de las maravillas del estilo de Lubitsch es su uso de las elipsis para contar - a través de lo que no muestra - sus historias. En este caso, en esta historia de suplantaciones y simulaciones, las elipsis se utilizan para aportar suspenso. Por ejemplo, en la escena en la que Sobinski se arroja en paracaídas sobre Varsovia para una misión secreta que debe conducirlo a una librería en la que tiene que entregar un mensaje secreto. El aviador devenido en espía logra eludir a los soldados alemanes que lo persiguen por el bosque, pero cuando está cerca de la librería, se esconde en un pasaje en donde es atacado a tiros por otros soldados. Escuchamos que los soldados comentan que es una lástima que se les haya escapado y por el momento no sabemos qué pasa con nuestro héroe, pero sí sabemos que Maria ha tomado su lugar. La resolución del episodio queda para más adelante y es tomada para la comedia cuando Josef Tura regresa a casa cansado y muerto de frío y se encuentra a su rival ¡acostado en su propia cama!

Motivo N° 5: el “toque Lubitsch”.-
Lubitsch no olvida incorporar su toque a una historia que podría parecer solemne o dramática. To Be or Not To Be tiene toda la frescura y chispa que caracteriza el “toque Lubitsch” y no faltan los innuendos picarescos, en especial en torno al triángulo amoroso que conforman los Tura con Sobinski o, eventualmente, con el Profesor Siletsky (Stanley Ridges).-


Motivo N° 6: la troupe de actores.-



Parte del “toque Lubitsch” está dado también por la utilización de actores recurrentes que encontramos a menudo en las películas del director, tales como Bressart o Sig Ruman (que da rostro y voz al Coronel Ehrhardt, jefe de la Gestapo) y por la forma en la que los actores “nuevos” (como los protagonistas Benny, Lombard y Stack) se incorporan a la compañía formando un verdadero elenco coral. Las interacciones entre los actores, la forma natural y velocisima en la que dicen sus diálogos (en especial el trabalenguas de apellidos polacos y alemanes), todo ello aporta a la especial alquimia que se produce en las películas de Lubitsch y que constituye su estilo particular.-

Motivo N° 7: el plan.-



Los actores en la película, que han quedado sin trabajo tras la clausura del teatro con la invasión alemana, se vuelcan en cuerpo y alma a salvar la Resistencia polaca una vez que Sobinski se ve impedido de cumplir su misión. Para ello diseñan un plan destinado a evitar que el Profesor Siletsky se reúna con el Coronel Ehrhardt y luego, a suplantar al propio Profesor.-
Cada vez que veo la película me quedo embobada por la habilidad estratégica de estos actores y por lo brillante de su plan, pero también por la forma en la que - en sus nuevos roles - no pueden evitar que todas sus mañas salgan a flote. Rawitch sigue intentando robar cuánto milímetro de escena pueda y sus colegas siguen intentando frenarlo, Tura sigue necesitando de apuntador o repetirá por siempre las mismas líneas, Maria sigue encontrando oportunidad para lucir su mejor vestuario…

Motivo N° 8: el mundo del teatro.-
Y esto me lleva a otro de los motivos para amar To Be or Not To Be, que es su representación del mundo del teatro. Después de las películas sobre cine, las pelis sobre teatro son unas de mis favoritas. Las esperas para entrar en escena, la avidez de los actores por destacarse, los nervios, los pequeños dramas por la posición en el cartel o en el escenario, el estrés de los productores, la forma en la que la realidad se cuela por las grietas de la ficción y viceversa, con los actores que no logran despegarse de su estatus de estrella una vez que llegan a casa, todo está retratado en esta película en una forma deliciosa.-

Motivo N° 9: el monólogo de Shylock.-
Así como el monólogo de Hamlet es utilizado como running gag en la película, otro motivo recurrente es el monólogo de Shylock en El Mercader de Venecia, aunque con una función en la trama bien diferente. El sueño de Greenberg es interpretar a Shylock y recita parte del monólogo en tres oportunidades, la primera en tono de comedia, la segunda en tono dramático y la tercera, con sinceridad y entrega en una movida en la que se juega su vida y la de sus compañeros. La forma en la que Bressart interpreta cada una de estas escenas es un testimonio de su capacidad actoral y constituye uno de los motivos por los que me gusta siempre volver a ver esta película.-

Motivo Nº 10: el legado de Carole Lombard.-



Cada visionado de To Be or Not To Be me deja un sabor agridulce, sabiendo que fue la última película que filmó Carole Lombard, quien murió trágicamente poco antes del estreno de la película. La actriz, muy involucrada en el esfuerzo de guerra a través de la venta de bonos del Tesoro para financiar la empresa militar, estaba volviendo a Hollywood de una gira por el país cuando su avión se estrelló contra una montaña, matando en el acto a todos los ocupantes de la nave.-
Lombard era una comediante brillante, la combinación perfecta entre elegancia, inteligencia y temeridad para el ridículo, todo lo cual despliega en esta película. Bajo la dirección de Lubitsch brilla y nos deja un acto de despedida maravilloso.-
 

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