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In Cold Blood (A sangre fría) - Richard Brooks, 1967.-

Tienen que estar locos. 

No, tal vez sean estúpidos, pero están cuerdos. 

¿Cómo puede ser que un hombre cuerdo cometa 

semejante acto de locura?






Comienzo el año con un descubrimiento cinematográfico que espero se convierta también en un descubrimiento literario en los meses venideros. In Cold Blood es la adaptación de la novela homónima de Truman Capote, fundacional del género de “novela de no ficción”. Ambas obras reconstruyen en forma ficcionalizada, pero con fuerte asidero en la historia real, el asesinato de una familia de Kansas a manos de dos ex convictos que buscaban robar una importante suma de dinero. A partir de este hecho policial de la vida real y de la novela de Capote, Brooks explora con una estética aguda diversos temas que tocan tanto la crisis del “sueño americano” como la transformación del cine hollywoodense.-

La película tiene por protagonistas a los antiguos compañeros de celda Dick Hickock (Scott Wilson) y a Perry Smith (Robert Blake), especialmente a este último, en cuya cabeza nos metemos en varios momentos como una forma de exploración de la psicología de un asesino a sangre fría. En la primera oportunidad posible, ambos hombres se reúnen para dar un golpe en base al dato que un nuevo compañero de celda le pasó a Dick: que una familia de una comunidad rural de Kansas, los Clutter, guardan diez mil dólares en una caja fuerte en su casa. El resultado del asalto no podría ser más desastroso, sólo han conseguido unos pocos dólares y un saldo de cuatro muertos. A partir de entonces la historia cuenta paralelamente la huída demencial de los asesinos y la investigación del cuerpo de policías comandado por el detective Dewey (John Forsythe).-

Lo primero que impresiona de In Cold Blood es la fotografía en blanco y negro de Conrad L. Hall, aguda y penetrante, y el montaje fragmentado marcado por la banda musical de Quincy Jones. Estos elementos marcan la primera parte de la película creando una atmósfera opresiva y desestabilizante. Durante los primeros minutos la narración salta de un lado a otro y antes de que lleguemos a conocer a los protagonistas de la historia, ya los hemos acompañado en sus preparativos para el día que cambiará sus vidas. Una vez cometido el crimen, ya nos hemos habituado al estilo de la película pero para la tercera parte (los últimos cuarenta minutos, más precisamente), Brooks nos da una nueva sorpresa adoptando un estilo más sobrio, la banda musical desaparece y la ambigüedad moral de la película se hace más evidente. Lo que sucede en estos últimos cuarenta minutos es que se nos coloca frente a frente con aquello que hasta ahora habíamos evitado: los detalles del crimen y las consecuencias que el sistema judicial depara para sus autores. Aquí Brooks se deshace de los adornos y se enfoca en la violencia. En aquella ejercida por Perry y Dick pero también en aquella ejercida por un sistema judicial que tienen en vilo a los condenados a muerte y que finalmente los ejecuta con la misma frialdad que achaca a los culpables. En esta última parte cobra mayor protagonismo un personaje que no existe en la novela original, el reportero Jensen (Paul Stewart). Jensen se constituirá en el interlocutor de Dewey en la sección media de la película pero una vez que los protagonistas son encarcelados, toma el rol del narrador, los entrevista en la cárcel y los acompaña hasta el final. A él pertenece la reflexión que encabeza esta reseña. Y me resultó un detalle de esos que no significan nada pero que uno no puede evitar conectar, que el personaje sea interpretado por Paul Stewart porque esta película tiene muchas conexiones estéticas con la película debut de Stewart, Citizen Kane. La profundidad de campo, las transiciones hechas con efectos visuales, los títulos de inicio y de cierre inusuales, el uso de la música como elemento narrativo, todo ello hace que se entable un diálogo magnífico entre ambas películas pese a lo diferente de sus temáticas.-

Uno de los aspectos más interesantes de la película es, como decía más arriba, la gran cantidad de temas que explora a partir de la historia de estos dos perdedores capaces de la mayor crueldad. En In Cold Blood asistimos a la caída del “sueño americano”, con su saldo de resentimiento y estratificación social. Dick en particular hace mucho hincapié en la división entre “ricos” (léase, los que tienen un poco más que él) y “pobres” pero el hecho de pertenecer a la clase menos privilegiada no lo vuelve más sensible hacia otros desplazados. La otra cara de ese sueño es representada por Perry, que tiene momentos de delirio en los que se imagina como una estrella de la música triunfando en Las Vegas y que heredó de su padre la fiebre del oro. Ambos jóvenes pertenecen a una clase empobrecida que vivió tiempos mejores y que ha caído en desgracia por distintos motivos (malas decisiones, enfermedad, negocios fracasados).-

Otros temas que la película toca, aunque sea a través de la insinuación, son los del estrés post-traumático y la sexualidad específicamente a partir del personaje de Perry. Perry es un veterano de la Guerra de Corea (1950-1953) y carga sobre sus espaldas con secuelas físicas (no me quedó del todo claro si la enorme cicatriz que tiene en su pierna, producto de una herida que le ocasiona cojera y que habría afectado su estatura, le viene de la guerra o de un accidente en motocicleta) y emocionales, estas últimas derivadas de la violencia doméstica que presenció en su infancia. Perry es un personaje muy interesante, extremadamente vulnerable que es capaz, al mismo tiempo, de estallar con violencia como forma de desconectarse de un entorno que le es hostil. La película marca por otra parte una distinción entre Dick y Perry en cuanto a cómo cada uno vivencia su sexualidad. No queda explícito en la película pero se insinúa que Perry sería homosexual mientras que Dick siempre va detrás de las mujeres, lo quieran éstas o no.-

Y hablando de la infancia de Perry, otro tema interesante que sobrevuela la historia es el de la relación entre padres e hijos. Tanto Dick como Perry tienen a sus padres y ambos son hombres quebrados ya sea por la enfermedad o por el delirio. El Sr. Cuttler (John McLiam) también es un padre y tiene su propia dinámica con sus hijos. Y en un momento en la película Perry le pregunta a Dick qué se siente ser padre. Es que Perry tiene con su padre una relación kafkiana, lo ve en todos lados hasta el último minuto de su vida.-

Finalmente, me resultó muy curioso el momento histórico en el cual se filmó la película. En 1967 se extendió el certificado de defunción del Código Hays (que ya venía dando sus estertores desde hacía rato) y en efecto resulta indudable que esta película no podría haberse filmado digamos diez años antes. Por otro lado, durante el visionado no podía dejar de pensar que el crimen que la película retrata recuerda mucho, en su insensatez y extrema crueldad, al de Sharon Tate y las otras víctimas del Clan Manson ocurrido dos años después del estreno de In Cold Blood. En este sentido, la película es muy de su época pero al mismo tiempo reconoce la herencia del Hollywood clásico de Welles y John Huston.-

Comentarios

  1. Hola Bet
    Ten cuidado que las prisas no son buenas ¡de un salto te has ido al corazón de los sesentas!
    Tengo mucho más presente la novela que la peli. Te daré una pista sobre el "personaje" que no está en la novela: Truman se entrevistó con los presos en varias ocasiones y la leyenda dice que se enamorisco de uno de ellos y por lo tanto, en el retrato, uno de ellos es el mal absoluto y el otro "se dejaba llevar". Curiosamente el relato se considera la fundación de la nueva novela o novela realidad (la realidad puede llevar dentro alguna mentirijilla).
    Es difícil no asociarlo con el triste caso de Sharon Tate e igualmente se puede trazar una linea hasta la muy interesante peli de Sean Penn "Dead Man Walking, Pena de Muerte" lo que te supondría otro salto hasta mediados de los noventa ¡cuida tus tobillos! je je je
    Un saludo, Manuel

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    Respuestas
    1. Jaja, claramente esta no es la época en la que me siento más cómoda, ya sea en términos cinematográficos o literarios. Pero un paseíto de tanto en tanto no viene mal. Los sesenta son fascinantes desde el punto de vista histórico, aunque por el momento no me atreva a sumergirme.-
      Ya descubriré la novela pero claramente hay una predilección por Perry. Es curioso lo que hace Brooks (ignoro si le viene o no de Capote) porque Perry parece "el bueno" de los dos pero es él indudablemente el que desata la tragedia. Escribo esto y me viene a la mente que para el estreno de esta película la Guerra de Vietman ya había entrado en su segunda década y había visto por la tele el asesinato de un presidente, se vivía al otro lado del espejo hacía tiempo.-
      Ya veremos adónde me llevan mis tobillos en la próxima entrada, pero le aseguro que no será al corredor de la muerte, jeje.-
      Le mando un abrazo, Bet.-

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  2. Me gusta mucho esta película, Richard Brooks... y Truman Capote.
    He disfrutado una barbaridad leyendo tu texto y las apreciaciones sobre la manera de filmar esta película. Me han entrado ganas de verla de nuevo.
    El libro de A sangre fría es un libro brillante y estremecedor, aunque yo tengo especial amor por Desayuno en Tiffany de Capote. Y entiendes más leyendo esta novela corte por qué el escritor veía más a Marilyn Monroe como su protagonista en la versión cinematográfica... A pesar de que para mí Audrey Hepburn en la película está inolvidable.
    Hay dos pelis curiosas, seguro que las has visto o las conoces, sobre el proceso de escritura de Truman Capote y A sangre fría. "Truman Capote" de Bennett Miller y "Historia de un crimen" de Douglas McGrath. Siempre me llamó la atención la amistad entre Capote y la escritora Harper Lee, la autora de Matar a un ruiseñor.

    Beso
    Hildy

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    Respuestas
    1. Ay, sé que he visto Capote hace muchos años pero no recuerdo que en ese momento me haya interesado particularmente (vaya uno a saber qué universo cinematográfico estaba persiguiendo por aquellos años) e Historia de un Crimen me sonaba pero viendo su elenco impresionante estoy segura de que no la he visto. Tomo nota de las dos porque si logro mi cometido de leer la novela este año, seguramente quedaré con ganas de más. También he comprado Desayuno en Tiffany (la novela) para darle una oportunidad. La película no me gustó para nada cuando la vi hace varios años pero estoy segura de que no la aprecié como debería. Eventualmente le dedicaré un nuevo visionado con ojos más frescos. Sé que es una de tus favoritas, por eso creo que no entendí lo que querían contarme antes de pensar que la película es mala.-
      ¡Sí, esa amistad aparece también en Matar a un Ruiseñor en el personaje de Dill!
      Esta película me trajo el recuerdo de Compulsión de Richard Fleischer, que descubrí gracias a tu recomendación, y por un momento confundí en mi mente a ambos directores. De Brooks no podría mencionar de memoria ningún título pero tiene una filmografía muy interesante.-
      Te mando un abrazo gigante, Bet.-

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