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Películas que dialogan entre sí: Sleep, My Love y Whirpool.-

Esta entrada podría llevar por subtítulo “La hipnosis y el matrimonio fallido, interacción y propuesta”. En ambos casos tenemos una heroína vulnerable involucrada en un matrimonio infeliz y la hipnosis como recurso dramático. Las dos películas distan de ser redondas pero tienen buenos elementos para atraparnos y, sobre todo, buenas actuaciones que las sacan a flote.-

Sleep, My Love (Pacto tenebroso) - Douglas Sirk, 1948.-


Alison Courtland (Claudette Colbert) despierta en un vagón de tren con una pistola en su bolso y sin la más mínima idea de cómo llegó hasta allí; lo último que recuerda es haberse acostado en su cama, en su casa en Nueva York. Al llegar a Boston Alison se pone en contacto con su esposo Richard (Don Ameche), quien a su vez ya ha llamado a la policía (Raymond Burr) alertado por la desaparición de su mujer. Al regresar a casa Alison descubre a través de Richard el detalle más inquietante: ella no lo recuerda, pero antes de irse forcejeó con Richard por el arma y lo hirió en un brazo. Esto la decide a consultar con un psiquiatra, aunque el hombre que la visita con tal motivo (George Coulouris) la aterroriza más que ayudarla y bien podría ser producto de su imaginación. Una femme fatale (Hazel Brooks), un solícito pretendiente (Robert Cummings), la amiga entrometida de Alison (Rita Johnson) y una pareja de chinos recién casados (Keye Luke y Marya Marco) completan el panorama.-

La trama de esta película es un poco enroscada, con algunos recovecos innecesarios, pero es entretenida. El cuarteto principal (Colbert - Ameche - Cummings - Brooks) parece provenir de distintos universos, tienen todos estilos de actuación bien diferentes, y eso en lugar de arruinar el resultado, lo enriquece. En efecto, sus personajes habitan universos diferentes: Alison es una rica heredera que se casó con un hombre profesional (es arquitecto) que debe esforzarse para triunfar (eso sí, decididamente tomó un atajo al casarse con ella y es que el suyo es, al menos de su lado, un matrimonio por conveniencia); Bruce (Cummings) es un empresario de la aviación que ha vivido parte de su vida en China y hace las veces de príncipe de un lejano reino, solo le falta el caballo blanco; y Daphne (Brooks) es una expatriada de lo más turbio y voluptuoso del cine negro, negligé negro de gasa y encaje incluído.-

La fotografía es muy punzante y Sirk hace un excelente uso de los elementos de la escenografía (especialmente de persianas y rejas) para generar sombras y destellos de luz significativos en determinadas escenas. Además, transforma la casa de los Courtland en el escenario perfecto para una historia de suspenso: las escaleras, las puertas, la claraboya y el jardín de invierno cobran una importancia suprema.-

Como dije, esta historia con ecos de Suspicion y Notorious de Hitchcock (nunca hay que aceptar una bebida de un cónyuge con motivos oscuros) y de Gaslight de Cukor no está exenta de interés y hace una buena sesión doble con cualquiera de estas películas o con la que sigue a continuación.-

Whirlpool (Vorágine) - Otto Preminger, 1950.-


Cuando Ann Sutton (Gene Tierney) es descubierta robando en una elegante tienda y es rescatada del escándalo por David Korvo (José Ferrer), el drama está servido. Ann es la esposa de un prestigioso psiquiatra (Richard Conte) a quien nunca le pudo confesar su debilidad: desde pequeña roba para satisfacer su deseo de independencia, habiendo crecido en un hogar acomodado bajo la estricta economía de su padre. Korvo es un astrólogo/hipnotista (un auténtico charlatán, a qué negarlo) que capta mujeres ricas y vulnerables y que involucra a Ann en el asesinato de Terry Randolph (Barbara O’Neil), una de sus antiguas amantes a la que estafó en una importante suma de dinero y que a su vez es paciente del Dr. Sutton (este es un mundo muy pequeño).-

De nuevo tenemos una historia compleja, claramente mejor construida que la de Sleep, My Love (aquí no está presente aquella sensación de que algunos elementos están de más en la historia y es que el guión lleva la firma de Ben Hecht) y sin nada de la liviandad que venía a aportar un personaje como el interpretado por Robert Cummings, todo aquí es más solemne y más urgente, en tanto Ann enfrenta una condena segura por homicidio. Y me permito el pequeño spoiler porque lo más importante en la intriga no es este crimen sino la forma en la que fue cometido y la forma en la que es descubierto.-

Preminger es, por supuesto, un maestro del género y utiliza su cámara y la fotografía impactante de Arthur C. Miller para contar esta historia de tensión psicológica y suspenso. Varias escenas importantes ocurren en penumbras, como aquella en la cual Ann es hipnotizada por primera vez o cuando roba unas grabaciones y las oculta en casa de Terry, o la escena en la cual Korvo se hipnotiza a sí mismo para concretar su plan maestro; y en todos los casos la belleza de los fotogramas es suprema.-

En cuanto a las interpretaciones, quien se lleva todas las loas sin dudas es Ferrer. Su Korvo es exactamente la especie de tipo que, cuando uno lo ve desde afuera, no puede menos que despreciarlo. Es tan evidente que está engañando a estas mujeres con discursos que no quieren decir nada (me fascina el momento en el cual arranca una cana de su cabellera mientras intenta manipular a Terry por teléfono, es tan revelador de su naturaleza) y sus esfuerzos por aparentar un rigor científico que claramente no tiene, me hicieron odiarlo. Pero al mismo tiempo es verosímil que mujeres como Ann o Terry caigan en sus redes de alguna forma u otra (es interesante el distingo, porque a diferencia de Terry, Ann nunca se convierte en su amante). En esa cuerda floja entre la seducción y lo canallesco, Ferrer se mueve como un verdadero artista. Además me gustó mucho como interpreta el conflicto entre Korvo y el Dr. Sutton. Claramente Korvo está celoso de Sutton y en un punto su plan parece tanto una estrategia para cubrirse del escándalo con Terry como una forma de destruir a su oponente.-

El otro actor que captó mi preferencia en esta película es Charles Bickford, que interpreta al Teniente Colton a cargo de la investigación por el asesinato de Terry. Colton es un tipo metódico y profesional, en ningún momento se involucra personalmente en el caso ni se deja conmover por el dolor o la belleza de Ann; simplemente hace su trabajo y al culminar, se va a casa. Pero carga con un dolor del que no vemos más que unas pinceladas: su esposa (creo que no sabemos de cuántos años, pero adivinamos que han sido muchos) acaba de fallecer y en unos pocos detalles podemos descubrir mucho sobre su estado actual. El primero, cuando llega a su casa luego de una larga jornada de trabajo, el periódico y la botella de leche continúan en la puerta y las cosas del desayuno sobre la mesa, no hay nadie en casa para hacerle la vida un poco más confortable; el segundo, cuando despierta en medio de la noche pensando en el caso, mira el retrato de su mujer y decide hacer un esfuerzo extra, como si su esposa fuera todavía - aún desde su recuerdo - la voz de su conciencia.-

Frente a estas dos figuras tan interesantes, debo decir que la pareja principal palidece un poco. Tierney en general me gusta mucho, tiene esa apariencia de muñeca de porcelana que puede hacernos pensar que no es una gran actriz y de pronto te sorprende con un rango emocional que no esperabas. Pero aquí creo que el guión no la ayuda demasiado, y en esto sí noto una falencia de los autores: el conflicto entre Ann y su esposo aparece como mal desarrollado y surge de imprevisto, con Ann haciéndole al Dr. Sutton unos reproches encendidos respecto a sus expectativas como marido que no cuadran del todo y parecen más la letra de Korvo que su verdadero sentir. Y Conte hace lo que puede con el personaje que le ha tocado en suerte. El Dr. Sutton no tiene demasiados matices, pero creo que Conte logra el registro adecuado al mostrar su auténtico amor por su esposa, la desazón ante la sospecha de que ésta podría haber tenido un amorío con Korvo y el esfuerzo por mantener una actitud profesional por encima de todas las cosas.-

Hay dos detalles más que me gustaría mencionar, que son algo insignificantes, pero que me llamaron la atención. El primero es que el vestuario de Tierney fue diseñado, como en todas sus películas de esta época, por su marido de entonces, Oleg Cassini. Lo que destaqué en esta oportunidad y haciendo memoria, aplica a las otras películas de Tierney que he visto, es que su vestuario es exquisito, confeccionado especialmente para realzar su silueta, pero nunca es inapropiado para el personaje y para las distintas situaciones que le toca atravesar. Esto que parece tan obvio, no siempre se da y tal vez en esta oportunidad me llamó la atención porque acabo de volver a ver To Be or Not To Be de nuevo, en donde el personaje de Carole Lombard, una gran actriz dramática, pretende usar un vestido de noche en un contexto muy inapropiado. El segundo detalle que noté tiene que ver con una antigua obsesión mía que data de la época en la que escribía Mi Blog sobre Mr. Hitchcock: en las películas de Hitchcock la mayoría de los matrimonios infelices no comparten el lecho (algunas como los Paradine ni siquiera comparten el cuarto) mientras que los que son felices (por pocos que sean) sí lo hacen. Siempre encontré interesante esta suerte de mensaje taquigráfico sobre la intimidad de una pareja y en esta película no pude menos que notar que los Sutton tienen sus camitas gemelas mientras que Korvo recibe a sus “pacientes” en una suite donde la cama matrimonial no está siquiera disimulada con una cortina. Los Courtland, volviendo a Sleep, My Love, ni siquiera comparten el dormitorio, tan degradada está su relación.-

Al igual que Sleep, My Love, Whirlpool no es una película redonda ni la mejor exponente dentro de su género, pero vale mucho la pena su descubrimiento.- 




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