Películas que dialogan entre sí: Arabesque (Stanley Donen, 1966) y North by Northwest (Alfred Hitchcock, 1959).-
La primera conexión de Arabesque con otra película que salta inmediatamente a la vista, es con Charade, frente a la cual Arabesque aparece como una hermanita menor. En este caso, la intriga tiene por protagonistas a Gregory Peck y a Sophia Loren en una historia de espionaje, humor y romance que se desarrolla en Londres. Parecería cortada con la misma tijera que Charade, ¿no? Sin embargo, superada esta primera impresión me saltó a la vista otra conexión, esta vez con North by Northwest, la obra maestra de Hitchcock que no había vuelto a ver en años y cuyo revisionado me dejó encantada.-
Pero empecemos por el principio. Arabesque cuenta la historia de un profesor de egiptología, David Pollock (Peck) que se ve envuelto en una intriga internacional cuando el Primer Ministro de una nación árabe (Carl Duering) le pide que se infiltre en los cuarteles de un magnate naviero de su país, Beshraavi (Alan Badel) para descubrir su plan terrorista. Pollock es la persona ideal para hacerlo, ya que Beshraavi está en posesión de un pequeño jeroglífico que se supone esconde un secreto político. A partir de allí, el profesor se verá implicado en una trama de espionaje que involucra a distintas facciones de grupos árabes conectadas por la influencia de una misteriosa mujer, Yasmin Azir (Loren) que juega a dos, tres y cuatro puntas.-
Como decía al comienzo, esta película se conecta inmediatamente con Charade pero con los géneros invertidos. Allí donde Charade presentaba a una mujer inocente involucrada con un hombre que asumía múltiples personalidades, Arabesque hace lo propio con un hombre inocente y una mujer en la que no es seguro que se pueda confiar. Fue esto lo que disparó la conexión con North by Northwest, porque allí Cary Grant interpreta a un inocente envuelto en las redes de Eva Marie Saint, cuyo personaje tiene más de un punto de contacto con el de Loren.-
Tal vez todas estas comparaciones inevitablemente dejan en desventaja a Arabesque. Considerada en sí misma, es una comedia de espionaje bastante agradable, con todos los condimentos obligatorios del mejor cine de este género y de esta época: que esté filmada en locación, preferentemente en Europa; que sea protagonizada por un galán que ya camine la madurez y por una mujer más joven y bellísima vestida (cuando no desvestida) con ropa de diseñador más bella aún; que cuente con enemigos malísimos y si es posible, provenientes de naciones lejanas; que tenga una intriga que si no se termina de entender, no importa, y un ritmo frenético que coloque a los personajes en una situación peligrosa tras otra. Esta película cumple con todo ello, el problema es que mirada a través del cristal de otras más exitosas, desmerece un poco.-
Además, según el anecdotario de la filmación publicado en IMdB, en un punto en el que Donen estaba insatisfecho con la actuación de Peck, éste le dijo “Yo no soy Cary Grant”. No… ciertamente no lo es. Peck me resulta gracioso (la escena en la que termina en medio de una autopista bajo los efectos de una droga que le inyectaron, es particularmente efectiva) pero siempre hay algo de solemnidad en él, una cuota de Atticus Finch que no logra sacudirse. Es curioso, porque esta solemnidad a la vez es lo que hace que su personaje funcione: se supone que es un profesor de historia acartonado viviendo la aventura de su vida. Pero lo que es excelente para el personaje puede no ser tan bueno para la comedia… Por otro lado, no creo que él y Loren tengan buena química. Los dos están fantásticos (ella es para mí la gran revelación de la película, no me juzguen por lo que voy a decir, pero creo que esta es la primera que he visto de ella, excepto una parte de Una giornata particolare que enganché hace años por la televisión), pero no vi saltar chispas ni siquiera en las escenas románticas.-
Y en cuanto al estilo, digamos que aquí Donen está en plan de experimentación. La primera escena transcurre en el consultorio de un oftalmólogo y los anteojos del paciente (George Coulouris) tienen un rol central en la acción. A partir de allí, Donen utiliza cuanto cristal se le cruce por delante (espejos, lupas, microscopios, binoculares, cristales de peceras y la lista sigue) para crear efectos visuales que a veces sorprenden, a veces divierten y a veces te dan ganas de gritar ya basta.-
Hasta aquí parece que no tuviera nada bueno para decir sobre esta película y no quisiera dejar esa impresión, porque de veras la película me gustó y la encontré entretenida. La estructura de este tipo de películas en las que el protagonista va descubriendo capa tras capa de su partenaire me resulta entretenida, Beshraavi es un villano escalofriante y su relación con Yasmin está cargada de tensión y violencia latente, la intriga es divertida, el vestuario de Sophia Loren es envidiable y Peck se ha transformado con el tiempo en uno de mis favoritos a los que les perdono todo.-
Sobre North by Northwest diré muy brevemente, dado que la he reseñado en otro espacio, que no importa cuántas veces la veas, se mantiene fresca como el primer día. Esta vez la vi con mi padre, que creería que la estaba viendo de punta a punta por primera vez (conocía cuál es la película, identificándola como “la del avión”, pero que sólo había visto recortes por aquí y allá) y ambos lo pasamos genial.-
Como volví a verla inmediatamente después de Arabesque, reparé más que nada en aquellos aspectos en los que North by Northwest supera a la obra de Donen. Primero, el ritmo impecable de esta película, que hace independientemente de lo larga que es (dura dos horas y dieciséis minutos), nunca resulta pesada. No hay momentos superfluos o pesados y la combinación entre acción, intriga, romance y humor resulta perfecta. En segundo lugar, vaya sorpresa, la precisión de Hitchcock para colocar la cámara en el lugar perfecto en el momento indicado; el posicionamiento de su cámara nunca es gratuito, meramente estético o experimental, va a lo seguro siempre que puede y sólo se arriesga con un propósito, como el eximio conocedor del lenguaje cinematográfico que es. Además, esta película tiene los mejores villanos: James Mason y Martin Landau, pero sobre todo Mason, componen unos malos muy humanos y entre un malo malísimo y un malo humano, me quedo con éste último. Por otro lado, debo decir que siempre pensé que la escena del beso en el tren, cuando Grant abraza a Saint contra una pared y coloca sus manos a la altura de la cabeza de ella, pero sin tocarle el cabello sino hasta último momento, era un poco extraña; no me terminaba de cuajar que él no la tocara, como si no quisiera despeinarla lo cual es ridículo en una escena romántica (me hizo acordar a la famosa cita de Bette Davis en The Cabin in the Cotton: “me gustaría besarte, pero me acabo de lavar el cabello”). Sin embargo, este nuevo visionado me demostró que había estado equivocada. Tal vez sea que estoy mayor que cuando la ví por primera vez, pero esta vez me pareció que la química y la tensión que existe entre los dos protagonistas de North by Northwest es magnífica y camina como un equlibrista en esa delgada línea entre la sensualidad y el colmo de la sofisticación.-



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