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Otro mes con Frank Capra (tercera parte):

Mr Deeds goes to Town (El secreto de vivir) - Frank Capra, 1936.-


Continúo este nuevo mes con Frank Capra con una película que vi por primera vez hace varios años pero de la que sólo recordaba la idea que sirve de disparador y el conflicto del tercer acto. En este revisionado me encontré con una comedia deliciosa que me arrancó más de una risa y en la que Capra hace gala de una mano más ligera de lo habitual para transmitir el mensaje que busca comunicar.-

La historia es la de Longfellow Deeds (Gary Cooper), un joven de pueblo que hereda veinte millones de dólares tras la súbita muerte de un tío con el que no mantenía relación. Deeds viaja a Nueva York para asumir las responsabilidades que le vienen con el dinero y pronto descubre que muchos querrán una tajada en su nueva situación, incluyendo los periódicos que lo ridiculizan. Lo que Deeds no imagina es que la joven de la que se ha enamorado, y que tiene el rostro de Jean Arthur, no es otra que “Babe” Bennett, la reportera que está detrás de una cobertura periodística que terminará volviéndosele en contra.-

Esta película inevitablemente nos trae el recuerdo de su hermana más joven pero mucho más famosa, Mr Smith goes to Washington y es que en un principio, aquella otra película se había pensado como una secuela de esta. La estructura es bastante similar: es la historia de un joven ingenuo (pero nada estúpido) que llega de un pequeño pueblo a la gran ciudad y se involucra sentimentalmente con una mujer cínica pero con el corazón de oro que terminará por ayudarlo en su lucha contra los poderosos (allí era la corrupción en el Senado, aquí un bufete de abogados que no quiere perder su negocio). No falta siquiera el compinche de la protagonista, en Mr Smith era el genial Thomas Mitchell como un reportero, aquí es George Bancroft como el editor de “Babe”. La mayor diferencia entre ambas historias posiblemente radique en la figura del protagonista: cuando el héroe sea James Stewart, inevitablemente vendrá cargado de una profundidad y una cierta solemnidad de las que Gary Cooper carece. Aquí todo es un poco más ligero y más cercano (menos de bronce, por decirlo así) y por ello el tono general de la película es más cómico que sentimental.-



Y hablando de Cooper ¿me disculpan si me demoro un minuto mencionando lo bello que es? No estoy descubriendo ningún secreto, claro está, pero es esta oportunidad me llamó particularmente la atención su belleza (no se sorprendan si de pronto aparece por aquí algún proyecto sobre su filmografía, como el que estoy haciendo con Cary Grant; todos necesitamos más Gary Cooper en nuestras vidas) y creo que la clave está en la delicadeza con la que está fotografiado. La fotografía de esta película es impecable y me llamó la atención ver que Cooper en la mayoría de sus primeros planos está iluminado como se suele hacer con las grandes estrellas femeninas del cine. Pero la fotografía no sólo es hermosa para el disfrute estético del espectador (o la espectadora, para servirle) sino que además se pone al servicio de la historia que está contando. Así, por ejemplo, en la escena en la que “Babe” comienza a tener dudas respecto de su engaño y lo comenta con su amiga Mabel (Ruth Donnelly), la luz central recae sobre ésta mientras que la protagonista permanece en penumbras. O más adelante, cuando Longfellow está abatido porque descubrió las traiciones que se tejieron en su contra y se niega a escuchar el consejo de su compinche Cobb (Lionel Stander), ambos aparecen como siluetas recortadas contra la luz que entra por la ventana. ¿Y se acuerdan que siempre que reseño una película de Capra hablo de sus escenas nocturnas, que muchas veces involucran algo de agua? Pues, aquí también hay una escena nocturna que ocurre bajo la lluvia (otra, memorable, está invadida por la niebla). Resulta que el director de fotografía de esta película, Joseph Walker, fue colaborador de Capra en muchas de las películas cuyas escenas nocturnas adoro y no sólo eso, sino que además tiene una vastísima carrera llena de muchas de mis películas favoritas.-

El guión de la película estuvo a cargo de Robert Riskin, otro habitual colaborador de Frank Capra (de hecho esta película tiene una cita a una escena de Platinum Blonde, otro film de Capra y Riskin, en el momento en que Longfellow prueba el eco en su nueva mansión) y es, por la mayor parte, una delicia. Uno de sus mayores aciertos es que no recurre a la escena de la “confesión” como la mayoría de las películas que incluyen un engaño o una suplantación de identidad. Este tipo de escenas en general me resulta insatisfactorio pero aquí el guionista lo resuelve de un modo más simple y más efectivo: Longfellow se entera de que “Babe” no es quien le hizo creer que era a través de un recorte periodístico y lo confirma con una breve confrontación telefónica. Y en cuanto al arco trazado por los personajes, es interesante que esta película sea tanto de Longfellow como de “Babe”. Ambos maduran a lo largo de la historia y si bien la trama lo sigue mayormente a él, ella constituye un personaje redondo y con un viaje interno bien definido por derecho propio. Lo único que encuentro un poco fuera de lugar es el obstinado silencio que Longfellow guarda durante el juicio por insania que se sigue en su contra en el tercer acto: entiendo que nuestro héroe podría no querer defenderse, pero no creo que cometiera la descortesía de no contestar las preguntas de un juez (por cierto, éste tiene el rostro de H. B. Warner y es que la película está repleta, como de costumbre en Capra, de secundarios que hemos visto mil veces en roles de mayor o menor tamaño).-

Otro gran acierto del guión es que, como mencioné al comienzo, logra hacer llegar el mensaje que quiere transmitir, pero de un modo más amigable con la sensibilidad del espectador de lo que habitualmente ocurre en el cine de Capra. A mí me gusta mucho este director, pero convengamos en que a veces recurre al zapatazo para bajarnos su mensaje (para muestra, me remito al botón de Meet John Doe). Aquí en cambio hay más sutileza, y eso que están presentes la crítica a los corruptos en el poder y la alta sociedad (en este caso, los abogados y los directivos de una compañía de ópera), los oportunistas que quieren aprovecharse del “hombre común” (un chantajista que supuestamente representa a la viuda del tío de Longfellow), aquellos que detectan la calidad humana del héroe y se ponen de su lado (el personal de servicio que rodea a Longfellow es impagable) y también están presentes los “hombres olvidados”. Es interesante dentro del crecimiento de Longfellow como personaje, que cuando hereda todo ese dinero, menciona que tiene “planes” sin embargo durante gran parte de la película lo vemos disfrutando de su nueva posición y concentrado en ganar el corazón de la “damisela en peligro” con la que ha soñado desde que era un muchacho. Pero cuando un granjero empobrecido (John Wray) irrumpe en su mansión para cantarle las cuarenta, de pronto encuentra un propósito para su vida. Longfellow está tan amargado por sus experiencias recientes que en un principio no cree que el granjero esté diciéndole la verdad, pero a poco de escucharlo, se encuentra con una realidad mucho más dura de lo que hasta el momento había conocido (Longfellow viene de un pequeño pueblo en donde posiblemente el impacto de la Gran Depresión no haya sido tan fuerte, por la solidaridad de toda la comunidad; de hecho, él mismo presta una casa a dos ancianas maravillosas en su pueblo sin cobrar alquiler). Como resultado de este encuentro, nuestro héroe decide convocar a granjeros que lo hayan perdido todo para adjudicar tierras productivas para ellos y entonces aparece el mensaje social de la película. Ahora bien, es un mensaje que cuaja bien en el proceso que el héroe está experimentando y que le ayuda a resolver su principal problema, que es esta herencia que nunca quiso y que le está amargando la existencia. Longfellow, en definitiva, no dona su dinero por convicción sino para su alivio personal y esto, que podría pensarse daña la apreciación que tenemos de él, termina haciéndolo más humano, más cercano a cualquiera de nosotros.-


Comentarios

  1. Hola Bet
    Me gusta como el cine pone "nombres imposibles" a sus personajes: Longfellow Deeds; te imaginas un "latino" llamándose Colega Andanzas o Larguirucho Correrías, jajaja
    Cooper y Arthur, Gene Tierney y Tyrone Power en "That Wonderful Urge, Ese impulso Maravilloso" o, incluso, Audrey Hepburn y Gregory Peck "Roman Holiday". Mira que les gusta complicarse la vida a estos super-bellos. Si todos sabemos que han nacido para juntarse (Y para que se nos caiga la baba en las pantallas).
    Un saludo, Manuel.

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    1. Larguirucho Correrías es genial, querido Manuel, jajaja.-
      Uf, la baba se me cae por todos esos que ha nombrado y por tantos otros también. Claro que yo no soy ni Arthur ni Tierney ni Hepburn, pero qué se le va a hacer (tampoco me he cruzado nunca con un Cooper, Power o Peck jeje).-
      Le mando un abrazo baboso, Bet.-

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  2. Qué ganas me han entrado al leerte, mi querida amiga, de volver a ver El secreto de vivir de Capra.
    Me ha encantado cuando señalas esto: "Y hablando de Cooper ¿me disculpan si me demoro un minuto mencionando lo bello que es?".
    Y es que Bet tienes toda la razón del mundo, el Cooper del cine mudo y las películas de los años treinta, las décadas de su juventud, es muy pero que muy hermoso. Luego se convirtió en un hombre atractivo, con mucha historia en los surcos que se fueron dibujando en su rostro. Y me gusta cuando señalas lo siguiente: " y me llamó la atención ver que Cooper en la mayoría de sus primeros planos está iluminado como se suele hacer con las grandes estrellas femeninas del cine".
    Es verdad, además Cooper tenía esa cualidad mágica: la cámara lo quiere muchísimo. No sé si son sus ojos, la mirada, o sus labios, la sonrisa. Es un rostro que siempre parece "moderno". También hoy. Y tiene una sensualidad especial.
    En fin, será bonito e interesante leer uno de tus profundos estudios sobre su filmografía si te animas finalmente a ponerte con este proyecto.
    Beso
    Hildy

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    1. Queridísima Hildy, a mí Cooper me gusta a cualquier edad, jajaja. Pero es cierto que en sus apariciones del cine mudo y en la década del '30 tiene una belleza que lo hace destacarse. Me gusta eso de que la cámara lo quiere, sin dudas es así. Y en cualquier caso, no puedo dejar de tener en especial consideración que es uno de los dos galanes de Design for Living, mi favorita de Lubitsch.-
      Ay, me falta solamente hacer un poco de investigación sobre la disponibilidad de sus películas para lanzarme con un "Proyecto Gary Cooper", ya estuve haciendo algunas averiguaciones, pero muy superficiales.-
      Te mando un abrazo enorme, mientras nos quedamos suspirando las dos, jaja.-
      Bet.-

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  3. Betttt, ayer volví a ver El secreto de vivir. Me reí y me emocioné de nuevo. Qué maravilla de personajes secundarios. Qué galería más maravillosa. ¡¡¡Esos mayordomos son lo más!!!
    Y qué química más bonita la de Cooper y Arthur. En fin, qué fue un buen día para verla. Cómo me gusta esa forma que tiene Capra de contar las historias.
    Beso
    Hildy

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    1. ¡Hildy, querida! Ojalá pronto nos regales una reseña en base a este nuevo visionado (por fa, por fa). A mí me ha encantado, mucho más que la primera vez que la vi, hace varios años. Y se presta para muchos visionados, como la mayoría de Capra, porque con todos esos secundarios de lujo que tiene, da para concentrarse cada vez en uno diferente y seguir sacándole el jugo.-
      Te mando más abrazos, Bet.-

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