Hoy es el décimo aniversario de este blog, ¡hurra!
Motivo N° 1: la estructura narrativa.-
Una de las maravillas de Casablanca es su estructura y ritmo: la trama avanza sin prisa pero sin pausa de principio a fin y desde las primeras escenas, en la que se nos explican las peripecias de los exiliados de Europa y el asesinato de los oficiales que llevaban los salvoconductos, ya conocemos todo lo que tenemos que saber para entender la historia y lo que está en juego. Ese mismo ritmo se sostiene a lo largo de toda la historia; los eventos se suceden unos a otros sin descanso pero en ningún momento quedan cabos sueltos o aspectos oscuros. El guión de autoría de Philip y Julius Epstein y Howard Koch es simplemente perfecto y lo más curioso de todo es que cuando uno lee el anecdotario de la filmación se entera que los actores no contaron con un guión completo hasta avanzada la producción. Que una pieza escrita “sobre la marcha” cuente con tal grado de cohesión y perfección es una verdadera maravilla.-
Motivo N° 2: la fotografía.-
En los últimos visionados que tuve de esta película, me quedé embobada como nunca antes con la fotografía de Arthur Edeson (hace poco noté también su trabajo en Nobody lives forever). No sé si con los años me volví más sensible a la belleza del blanco y negro o si la calidad de las imágenes en nuestras pantallas ha mejorado tanto que ahora es posible apreciar lo que antes quedaba desdibujado por el VHS (primer formato en el que experimenté esta película en mi adolescencia). Las dos alternativas son posibles, y sea cual fuera la razón, lo cierto es que en Casablanca los actores brillan, destellan. El claroscuro que utiliza la película hace que las sombras sean muy intensas y contrasten muy bien con las luces y es interesante que el director Michael Curtiz no tema dejar a sus protagonistas en penumbras cuando sea necesario en esta historia en la cual todos esconden partes de su pasado o de su presente, todos tienen una razón para mentir o disimular la verdad.-
Motivo N° 3: el crisol de razas.-
Según IMdB, el elenco y equipo de producción de la película provenían de treinta y cuatro naciones distintas y eso le da un color único a Casablanca. Si bien los actores no siempre están interpretando su propia nacionalidad y algunos hablan con acentos prestados, la variedad que se ve en pantalla refleja a la perfección la diversidad cultural que puebla este lugar de paso para muchos y de estancamiento para otros tantos. En general no me molesta que un actor represente una etnia diferente de la propia, por problemático que esto sea de acuerdo a los estándares actuales, pero al mismo tiempo ver (y escuchar) a un elenco tan diverso en una historia que trata justamente sobre eso, sobre el punto de confluencia de una Europa que huye en estampida frente a una nación dispuesta a tragárselo todo, aporta una pastilla de autenticidad deliciosa.-
Motivo N° 4: las distintas viñetas.-
Y esta diversidad cultural en el elenco hace que las distintas viñetas que sirven como telón de fondo para la historia principal, sean muy ricas. Es un acierto de los guionistas el haber echado mano de este recurso, que además encuentra eco en una de las frases de Rick (Humphrey Bogart), cuando le dice a Ilsa (Ingrid Berman) que sus problemas personales no representan mucho en el mundo loco en que viven. Ciertamente, el triángulo amoroso que los protagonistas integran junto con Victor Laszlo (Paul Henreid), el enfrentamiento con el Mayor Strasser (Conrad Veidt), las astucias del Capitán Renault (Claude Rains) y la intriga de los salvoconductos perdidos no son sino una anécdota más en el contexto de la tragedia de los miles de refugiados que buscan sobrevivir. Con cualquiera de las historias que conocemos en el café de Rick, podríamos hacer una película entera: la mujer que regatea con sus joyas, el joven matrimonio de búlgaros, la pareja alemana que sólo hablará inglés a partir de ahora para prepararse para su llegada a Estados Unidos (son mis favoritos, los adoro), el carterista que posa de hombre sofisticado para captar desprevenidos.-
Motivo N° 5: el triángulo amoroso.-
Rick, Ilsa y Victor componen un triángulo amoroso fascinante, de esos en los que uno realmente no sabe hasta el final con quién se quedará la protagonista. Muchas veces en las películas se presentan falsos triángulos, en los que uno sabe que alguno de los ángulos no tiene ninguna chance de salir victorioso. Pero aquí, tanto Rick como Victor tienen fuertes argumentos para aspirar al corazón de Ilsa. Victor es el pilar moral, es el hombre al cual Ilsa admira profundamente, es valiente y constante; Rick es la pasión, es el hombre al cual ama, capaz de dejar todo de lado para vivir su vida.-
Y es también entendible que estos hombres la amen. Vamos, es Ingrid Bergman. Pero además es inteligente, valiente y capaz del sacrificio por una causa superior. Realmente es un personaje muy interesante, lo más alejado de una damisela en peligro que podamos imaginar y muy acorde a los tiempos que corrían en 1942.-
Motivo N° 6: la economía narrativa del flashback o “Siempre nos quedará París”.-
El momento en que se encuentran los vértices de este triángulo no es armonioso. Las cosas no terminaron bien entre Ilsa y Rick, pero hasta ese punto en la historia no sabemos nada. Sólo sabemos que Rick es un tipo amargado y cínico y que Ilsa hubiera preferido evitar el encuentro, tanto más cuando Victor está allí presente para terminar de envenenarle la sangre a su ex amante. Esa misma noche Ilsa regresa al café y encuentra a Rick borracho y poco dispuesto a escuchar, pero con el recuerdo bien vivo. Un flashback nos explica que Rick e Ilsa se encontraron en París tiempo antes de la ocupación nazi y se enamoraron perdidamente. No sabemos cómo se conocieron ni cuánto tardó en concretarse ese amor, pero no hay dudas de que son amantes y de que han compartido apenas retazos de sus respectivos pasados, pero ningún detalle. Cuando los nazis entran en París, la pareja hace planes para huir, llevando con ellos a Sam (Dooley Wilson), el panista de La Belle Aurore, el café que frecuentan. Aquí los guionistas dan una lección de economía: no importa cómo se conoció la pareja, no importa cuál es la relación con Sam, no importa qué explicación se dieron Rick e Ilsa para justificar su presencia en París. Lo único que interesa aquí es mostrar la intensidad de esos vínculos, la intensidad de ese amor, y la urgencia de la huida. Con todo eso, el drama está servido.-
Motivo N° 7: la Marsellesa.-
Hay escenas que no importa cuántas veces las vea, siempre me hacen llorar. El final de City Lights, la escena en la que Scout confronta a la turba en To Kill a Mockingbird, la escena en la que Román ve bailar a Dalma en Luna de Avellaneda. Y la escena en la cual Victor Laszlo lidera el coro de La Marsellesa en Casablanca.-
Retrocedamos un poco: Victor sabe que Rick tiene los salvoconductos que él e Ilsa tanto necesitan (los recibió de Ugarte, un personaje pequeño pero fundamental en la trama, que tiene el rostro maravilloso de Peter Lorre) y le ha pedido que hablaran en su oficina privada, ubicada en la planta alta del café. Su conversación queda trunca por el ruido que viene de abajo: los nazis han copado el escenario y entonan una canción alemana con ritmo de marcha; el resto de la concurrencia no está contenta, pero callan. El único que se atreve a confrontarlos es Victor, que baja al salón y le ordena a la orquesta que toque La Marsellesa. Los músicos miran a Rick, buscando autorización, y éste la da con un gesto silencioso. Pronto todos se unen al coro en el himno francés, incluso Yvonne (Madeleine Lebeau), la ex amante francesa de Rick, que momentos antes había llegado del brazo de un soldado alemán para darle celos, canta con rabia, y finalmente terminan por hacer callar a los alemanes. La historia no quedará así, el Mayor Strasser se las cobrará mandando a clausurar el café, pero por el momento los partidarios de la libertad han ganado la batalla.-
Esta escena me hace llorar por varios motivos. Por un lado siempre me emociona cuando las poblaciones recurren a la protesta pacífica entonando su himno nacional contra una fuerza opresora; encuentro muy emocionante ese gesto de recuperación del sentir nacional, ese decir “nosotros somos el pueblo, no ustedes”. Pero por el otro, en el contexto particular de la película, es un gran momento de reafirmación de la identidad para los tres protagonistas y para muchos de los secundarios. La escena no pasa inadvertida ni siquiera al Capitán Renault y eso sea tal vez el primer indicio de que no es tan cínico como parece. Y en cuanto a los tres principales, es el momento en el cual los guionistas nos demuestran que todo lo que hemos estado escuchando e intuyendo, es verdad. Para Victor, es la oportunidad para demostrarnos su capacidad de liderazgo. Hasta ahora hemos oído que es un gran líder de la resistencia anti nazi, pero por fin podemos constatarlo. Para Ilsa, es el momento en que podemos ver cuán profunda es su admiración (y cuán parecida al amor) por Víctor. Para Rick es un momento definitorio también: Victor da la orden a la orquesta, pero Rick da la autorización para actuar, lo cual es igual de importante. Podrá no haber tomado la iniciativa, pero sin él, no se podría haber avanzado.-
Motivo N° 8: el humor.-
E inmediatamente después de este momento tan emotivo, llega la parte que siempre, siempre me hace reir. El Mayor Strasser le ordena a Renault que cierre el café bajo cualquier pretexto. El Capitán echa mano a lo primero que se le ocurre, esto es afirmar que para su asombro, ha descubierto que en el café funciona una sala de juegos de azar. En cuanto emite la orden de clausura, el croupier Emil (Marcel Dalio) le acerca sus ganancias en la ruleta, las cuales Renault prontamente guarda en su bolsillo antes de seguir adelante con la clausura, para la ira de Rick. Esta escena me recuerda que en medio de la tensión y el melodrama, Casablanca tiene muchos momentos de humor.-
Motivo N° 9: Claude Rains.-
Hablando del humor en esta película, el timing cómico de Claude Rains es lo que hace que el momento que describí en el motivo anterior sea tan gracioso.-
Esta película es uno de los primeros clásicos que vi en mi adolescencia, fue la primera película de Humphrey Bogart, de Paul Henreid, de Peter Lorre y de Michael Curtiz, pero no me convirtió en fanática de ninguno de ellos (otras películas serían necesarias para ello). Ahora bien, fue también mi primera película de Claude Rains y ahí sí que me enamoré. Rains tiene una carrera fenomenal, pero si sólo hubiera hecho Casablanca, ya tendría asegurado un lugar en el Olimpo de los actores. Su Capitán Renault es tal vez el personaje más fascinante de la película, el que más facetas presenta. Es sólo un pobre policía corrupto, como él mismo se define, pero tiene un pasado heroico como lo evidencias las medallas que exhibe en su pecho (según IMdB, se trata de condecoraciones obtenidas en la I Guerra Mundial en la cual debió haber luchado contra los alemanes a los que ahora rinde pleitesías). Renault es artífice de su propio destino pero en muchos momentos es también espectador de las tramas que se tejen a su alrededor; observa y espera la oportunidad de acomodarse del lado ganador y sacar una tajada. Todo esto, en manos de un actor menos talentoso y carismático, podría resultar en un villano desagradable y sin embargo es inevitable que Renault nos caiga simpático y que se robe cuanta escena lo tenga presente.-
Motivo N° 10: la sonrisa de Ingrid Bergman.-
Otro favoritismo que me causó Casablanca es el que tengo por Ingrid Bergman. La primera película de ella que ví fue Under Capricorn, que no es una película que le predisponga a uno el ánimo para favorecer a nadie, más allá de las virtudes que uno le descubre cuando insiste; pero tras redescubrir a la actriz en Casablanca, la adopté como favorita. Aquí está radiante y tomando, en su composición de Ilsa, más riesgos de los que puede aparentar a simple vista contra los dictados del Código Hays.-
Me gusta mucho una anécdota que cuentan las nietas de Alfred Hitchcock (director con el cual Bergman trabajó tres veces en los años ‘40), que dice que cuando su abuelo ya era un anciano y estaba retirado, consiguieron los rollos de celuloide de Casablanca para proyectar en su casa, y que cuando apareció el primer plano de Bergman gigante y luminosa, Hitchcock se emocionó hasta las lágrimas y preguntó “¿No era hermosa?”. Lo era.-




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