Esto que me ha salido es más una catarsis que una reseña.
Pido las disculpas del caso.-
El año pasado publiqué una breve serie de entradas ideada con el propósito de comprobar si podía amigarme de una vez por todas con el western, un género que hasta ese momento se me había escapado. Películas como 3:10 to Yuma, Winchester ‘73, The Magnificent Seven y The Naked Spur me reconciliaron con el género aunque todavía me faltaba dar con un punto de encuentro con su estrella por antonomasia: John Wayne. De mis experiencias previas con el actor, The Searchers me resultó intragable y Stagecoach (que todavía no reseñé, ya le llegará el momento) me gustó mucho cuando la vi hace algunos años atrás, pero no me disparó el deseo de ver más del protagonista (ni de su director, esa es una cuestión para otro día pero que corre por un carril paralelo).-
Todo esto para decir que puede ser que haya empezado a reconciliarme con Wayne, lo digo con toda cautela. Para poner todas las cartas sobre la mesa, su estilo de actuación que me resulta a mitad de camino entre lo forestal y lo pétreo, su apoyo a las listas negras en Hollywood y su antisemitismo, todo me produce mucha resistencia a encontrarme con él (y es que en general puedo separar al artista de la obra, pero a veces me cuesta y en este caso tengo problemas con los dos, lo cual no ayuda en absoluto). Pero me generaba curiosidad esta película porque sabía que Hawks y Wayne la concibieron como una reacción ante todo lo que detestaban en High Noon. Pues bien… resumiendo, la película me encantó y lo que es más, me hizo dar ganas de apartar mis diferencias con Wayne y explorar un poco más a ver si termino de reconciliarme con lo que propone.-
La acción transcurre en un pequeño pueblo de Texas cercano a la frontera con Méjico y tiene por disparador el asesinato de uno de los parroquianos del saloon a manos de Joe Burdette (Claude Akins). El Sheriff John T. Chance (Wayne) detiene al culpable y lo encarcela bajo la custodia de su fiel amigo y asistente, Stumpy (Walter Brennan), un anciano cojo, mientras espera que el Marshall llegue al pueblo para llevarse al acusado para ser juzgado. Pero hay dos problemas: el primero es que la diligencia que debe traer al Marshall está demorada y el segundo es que el hermano de Burdette, Nathan (John Russell), un ranchero de las afueras del pueblo, enviará a hombres propios y alquilados para intentar liberar a Joe a fuerza de plomo y fuego. La tensión está servida en una larga espera de seis días, en los que el Sheriff intentará resistir los embates de Burdette con la sola ayuda de su segundo, un alcohólico llamado Dude (maravilloso Dean Martin) que supo ser un gran tirador, de Stumpy y de “Colorado” Ryan (Ricky Nelson), un jovencito voluntario que busca justicia.-
Para empezar, abordemos la comparación con High Noon. Las alusiones a aquella historia son claras: ahí donde en aquella película Kane, el Sheriff con rostro de Gary Cooper, recorría en vano todo el pueblo buscando voluntarios para combatir a los villanos, Chance rechaza la colaboración que le ofrece su amigo Wheeler (Ward Bond), un transportista que acaba de llegar con una carga de dinamita y con un montón de hombres entre los que se encuentra “Colorado”. “Este es un trabajo para profesionales” es la filosofía de Chance. Además, allí donde Kane tenía mil problemas con su segundo (siendo los problemas de polleras uno de los mayores), Chance mantiene con su pequeña banda una lealtad infinita; estos tipos no están intentando salvarse cada uno por su lado y anteponen su profesionalismo y su compromiso cívico a todo. Esto impacta en el tono general de la película: no sólo existen momentos de camaradería y humor, allí donde High Noon es sombría y desoladora, sino que además la tensión no proviene de ese peligro que se acerca raudo e implacable sino de la larga espera y de ese enfrentamiento que no sabemos cuándo ni cómo se producirá. El resultado (spoiler) es que esta empresa termina bien: los buenos ganan, los malos terminan presos o muertos, y al final el héroe se queda con la chica. Todo se ha hecho “a la manera americana” y por eso el final es optimista y alentador.-
Lo interesante es que más allá de la comparación inevitable, Rio Bravo funciona perfectamente como obra autónoma. Si la viéramos sin conocer High Noon, no perderíamos una gota de entretenimiento.-
La película tiene a mis ojos una combinación equilibrada de lo que no me gustó de The Searchers (básicamente, el racismo en la forma de retratar a ciertos personajes, el estoicismo de Wayne - aunque haré un asterisco sobre el punto más adelante - y el humor estridente, en este caso a cargo de Walter Brennan) con un montón de elementos atractivos, tanto en materia de elenco como de narración.-
Empezando por el elenco, la película me compró de entrada con la maravillosa interpretación de Dean Martin. Martin me gusta como cantante, pero de su trabajo como actor no había visto más que What a Way to Go! Aquí, es el primero en aparecer en escena en la secuencia inicial la cual lo presenta como un alcohólico que soportaría cualquier humillación, si no fuera porque su amigo Chance está allí para impedírselo. Justamente en esta escena es que ocurre el asesinato que motoriza la trama, pero volviendo a Dean Martin, su Dude (apodado “Borrachón” en el pueblo) es un as del revolver que dos años atrás sufrió un desengaño amoroso y que ha vivido volcado a la bebida desde ese entonces. Durante todo ese tiempo Chance lo ha apoyado, aguardando pacientemente el momento en que su amigo esté listo para volver a la buena senda. El episodio del saloon le ofrece la oportunidad de redimirse y Dude la toma con ambas manos, aunque la resaca le haga temblar el pulso. Su camino no es lineal sino que sufre algunos altibajos, pero Dude no se rinde y su proceso resulta conmovedor. La interpretación de Martin y el camino que recorre su personaje han sido de lo mejor de la película.-
Lo segundo que me gustó mucho es el personaje de la “chica” de la historia, una joven apostadora cuyo nombre no conocemos nunca, pero a la cual todos llaman “Plumas” por el accesorio que porta y que tiene la cara de una jovencísima Angie Dickinson. Plumas es una mujer con un pasado, buscada por la justicia por su asociación con un jugador tramposo y que no duda al momento de conseguir lo que quiere. De entrada le echa el ojo al Sheriff y prácticamente lo acorrala, y es que si se sentara a esperar a que Chance se le declare, esperaría para siempre. Dickinson es otra integrante del elenco a la que tengo muy poco vista, y aquí me ha gustado mucho, pero es sobre todo la forma en la que está escrito su personaje, en el guión de Jules Furthman y Leigh Brackett, lo que me ha cautivado.-
En cuanto a los elementos narrativos, Rio Bravo es por encima de todas las cosas una buddy movie, una historia de camaradería y amor entre un grupo de amigos que podrán pelear y gastarse bromas y nunca pero nunca decirse “te quiero”, pero que sin embargo están dispuestos a morir el uno por el otro. Muestra de ello es una de mis escenas favoritas en la película, aquella en la cual Dude, Stumpy y “Colorado” cantan un par de canciones bajo la mirada feliz de Chance, mientras montan guardia en la cárcel. Con Dean Martin y Ricky Nelson en la película, la incorporación de un episodio musical no es de extrañar, pero lo mejor de la escena es esa química que irradian, ese momento que los incluye a todos, aun a Wayne que no canta pero que sonríe como rara vez veremos en la película, complacido por ver a sus amigos compartiendo la espera.-
Decía al comienzo que esta película comparte con The Searchers algunos de los elementos que no me gustaron de aquella y debo decir que en este caso me molestaron menos. En los primeros minutos de mi primer visionado, me pareció que la representación de Carlos y Consuelo (Pedro González-González y Estelita Rodríguez), los propietarios del hotel del pueblo, era extremadamente racista, y sí, es caricaturesca y estereotipada pero al mismo tiempo, estos personajes colaboran en su medida con la empresa del Sheriff, sobre todo Carlos que aparece en el duelo final para cumplir con su parte. Stumpy me pareció menos plomazo con el correr de las escenas y me conmovió en su empeño por participar de la acción aunque sea viejo y cojo.-
Y hasta encontré que Wayne - a su manera - no es que no tenga sentimientos, sino que los expresa de una manera particular. Su Sheriff no siempre tiene todo resuelto y tiene miedo, pero aprieta los dientes y hace lo que haya que hacer. Y sigue pareciéndome que el estilo de actuación de Wayne es cuando menos dudoso, de tanto en tanto recurre a ademanes exagerados y cada vez que atraviesa el cuadro de la pantalla de un lado a otro me río sola acordándome de la escena de The Birdcage en la que Nathan Lane hace una parodia de su forma de caminar. No obstante, con el transcurrir de las escenas empecé a conectar con el personaje y para el segundo visionado ya me había comprado. Eso es básicamente lo que llevo sobre esta película: me compró.-
Me compró con su fotografía de bellas escenas nocturnas y grandiosos cielos al comienzo o al final del día. Me compró con la música de Dimitri Tiomkin y el uso de los silencios y de la “Canción del Degüello” que anuncia el ataque de Burdette. Me compró con lo bien que parecen estar pasándoselo los actores. Me compró con el ritmo sin prisas que utiliza para contar su historia (y sí, la película dura dos horas veinte minutos y es lenta, pero se disfruta). Me compró con su humor al que logré acostumbrarme. Me compró con esa sensualidad nivel menos diez que maneja en la historia entre Chance y “Plumas”. Me compró con la actuación de Dean Martin y el “camino del héroe” que recorre su personaje. Me compró con ese amor incondicional entre machos recios. He dicho.-

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