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Madame Butterfly - Marion Gering, 1932.-


Esta película es una pequeña gema del cine pre - code. Gering toma la historia de Madame Butterfly creada por John Luther Long, llevada al teatro por David Belasco y mejor recordada hoy en día gracias a la ópera de Puccini, y la transforma en una película delicada, mientras que el guión de Josephine Lovett y Joseph Moncure March expande los personajes (en especial los tres principales, es decir Cho-Cho San o Butterfly, B. F. Pinkerton y Adelaide, la esposa de Pinkerton), dotándolos de mayor profundidad y motivación que las que tienen en las obras anteriores.-
En este caso, la película comienza por mostrar en el primer acto el ingreso de Cho-Cho San (Sylvia Sidney) al “salón de té” de Goro (Sándor Kállay), al cual llega acompañada por madre (Helen Jerome Eddy) y su abuelo (Edmund Breese) con la esperanza de lograr un matrimonio conveniente que saque a su familia de la pobreza, y se beneficia mucho con ello porque nos permite entender mejor a Cho-Cho San: durante este primer acto se deja bien en claro que ella no está entrenándose para ser una geisha “común” sino para convertirse en la esposa de un hombre honorable. Siendo hija de un samurai, es importante para ella vivir con honor. Cuando el Teniente de la Marina estadounidense B. F. Pinkerton (un jovencísimo Cary Grant) se cruza en su camino, arruinando sus posibilidades matrimoniales con el rico Yomadori (Irving Pichel), Cho-Cho San sólo ve ante sí la alternativa de la prostitución. La oportuna petición de matrimonio de Pinkerton la salva de este destino y este es un punto central, omitido en las versiones anteriores de la historia, para entender la entrega de esta joven y el viraje cultural que pega (en particular me costaba entender en la ópera de Puccini que Butterfly se convirtiera al cristianismo tan pronto - lo cual genera el repudio de su familia - cuando se supone que como geisha fue instruida en la fugacidad del amor, y la respuesta es sencilla: no fue educada para ser una geisha sino una esposa fiel y sumisa).-


Pero no es sólamente la gratitud o la fascinación la que impulsa a Cho-Cho San. Resulta fácil pensar en ella como un personaje pasivo, que espera ingenuamente tres largos años a que su amado regrese (la imagen de Butterfly espiando desde su casita durante toda la noche para descubrir que el nuevo día no le trae a Pinkerton, es desgarradora e imborrable), pero hay mucho más en la Cho-Cho San de Sylvia Sidney. Hay un ánimo de rebeldía en su opción por una vida independiente diferente de aquella que sus antepasados diseñaron para ella, que continúa aún cuando Pinkerton ya no está a su lado para legitimarla y su sirvienta Suzuki (Louise Carter) desaprueba sus decisiones. Y no es ingenua en absoluto: Pinkerton le prometió volver cuando los petirrojos hagan nidos; luego de esperar tres años, Butterfly se presenta en el despacho del Cónsul de Estados Unidos, Sharpless (Berton Churchill) con la idea de que tal vez los petirrojos aniden cada tres o cuatro años en América. La interpretación que ofrece Sidney en esta escena es maravillosa y nos presenta a una mujer que conoce la respuesta a su pregunta y ansía escuchar una mentira que mantenga viva su ilusión.-


Pinkerton es igual de fascinante: lejos del marino avezado en los asuntos del amor que se aprovecha de las laxas tradiciones matrimoniales de Japón que nos presenta la ópera y de aquel que deliberadamente priva a Cho-Cho San de su orgullo en el relato original de Long, este Pinkerton seduce y es seducido por Butterfly sin malicia y se casa con ella para evitarle un porvenir como geisha, pero sólo cuando su compañero de juerga Barton (Charles Ruggles) le asegura que la tradición japonesa garantiza que en cuanto él deba partir, Cho-Cho San será considerada divorciada y logrará rápidamente un nuevo matrimonio. Con la convicción de que no acarrea ningún mal a la joven, Pinkerton se casa con ella y se comporta como un amante atento… hasta que debe partir. Su promesa de regresar tampoco es maliciosa, o al menos así se desprende de la interpretación de Cary Grant, y verdaderamente se sorprende al escuchar que Butterfly aguardó todos esos años sin volver a casarse. Su actitud, además, es muy diferente en los actos segundo y tercero, en comparación con el primero: tiene un aire grave que evidencia que no ha olvidado a Butterfly e incluso guarda remordimientos por su promesa vacía. En el final se presenta ante Cho-Cho San y si bien pide a su esposa Adelaide (Sheila Terry) que lo acompañe, es él quien toma las riendas de la situación. Todos estos matices - aumentados por el carisma natural de Grant (¡y qué bien canta, dicho sea de paso!) - transforman a Pinkerton en un personaje agradable, contrariamente a lo que sucede en los materiales originarios.-
Si bien podría decirse que la historia tiene un espíritu conservador, en el sentido en que nos alerta sobre los peligros de alterar las tradiciones y al final nos exhorta a volver las cosas a su cauce, lo cierto es que Gering logra llevar a Madame Butterfly a buen puerto con sutileza, nos involucra en su trama hasta el punto en que pasamos por alto la incomodidad inicial de escuchar a Sylvia Sidney hablando con acento oriental (hay un uso un poco extraño del lenguaje en la película: Sidney usa el acento cuando se supone que Butterfly está hablando en inglés, pero habla naturalmente cuando estaría hablando en japonés; mientras que los restantes actores en roles étnicos prescinden del acento en toda situación). Lo que queda es una película bella, que honra la idea de destinos que se tuercen a un gran costo que sobrevuela desde la primera escena.-

Comentarios

  1. ¡No la he visto!
    Me llama la atención por muchísimas cosas que comentas, pero también me atrapan los dos actores principales. Me encanta descubrir a Cary Grant en sus primeros papeles cinematográficos y su versatilidad, cuando todavía no estaba definido del todo su carisma (ese físico y esa manera de actuar que se ve que es él, Cary Grant, pero que sin esfuerzo alguno construye personajes diferentes. Ese que decía Hitchcock que daba igual que actuara con un huevo podrido en la cabeza, que iba a estar bien)...
    Y adoro a Sylvia Sidney, cada película que descubro de ella es una buena sorpresa. De las que conozco no sé con cual quedarme. Quizá con Solo se vive una vez de Lang y Callejón sin salida (Dead end) de William Wyler... Dos joyas.

    Beso
    Hildy

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    Respuestas
    1. Querida Hildy, esta película es una perla. Lamentablemente, hasta donde sé, existe una única edición en DVD y no tiene subtítulos en ningún idioma (es tan precaria que ni siquiera tiene un menú), pero vale la pena arriesgarse a perder una parte del diálogo con tal de verla. Por otra parte, la acción es bastante clara y el argumento es de fácil acceso gracias a la ópera de Puccini.-
      Una de las cosas que más me cautivó fue ver a Cary Grant antes de convertirse en Cary Grant. En estos días vi más películas de este período pre años 40 y me encontré con ese Grant que rescatas, aquel que asumía riesgos en pos de definir su personalidad como estrella (las otras que vi son "Holiday" de Cukor y "Sólo los ángeles tienen alas" de Hawks).-
      Y de Sylvia Sidney vi bien poco, pero con esta película me convenció. Tomo nota de tus dos favoritas.-
      Ojalá puedas dar pronto con esta película y me hagas saber tu opinión.-
      Un beso grande, Bet.-

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