Ir al contenido principal

Un mes con… Alfred Hitchcock (primera parte).-

¿Pueden creer que escribí un blog exclusivamente sobre Hitchcock durante dos años y medio y nunca festejé su cumpleaños? Pues en agosto se celebra el aniversario del nacimiento del maestro del suspense y este año no quise perdérmelo. Mi serie de este mes estará consagrada a las cuatro películas de su filmografía que no comenté en Mi Blog sobre Mr. Hitchcock porque (hasta el día de hoy) no las tengo en DVD y aquel espacio estaba reservado a mi colección de películas en ese formato. Aquí va la primera entrega…

Downhill (Declive), 1927.-
(Nota: existen al menos dos versiones de esta película en distribución. Una de ellas dura alrededor de una hora veinte, es en blanco y negro y no tiene ninguna banda musical. Esa es la versión en comentario. La otra, dura una hora cuarenta y cinco minutos, tiene acompañamiento musical y tintes de colores en las diferentes escenas; algún día espero dar con ella).-


Esta película no recibió mayor tratamiento en la imprescindible entrevista realizada a Hitchcock por François Truffaut y sin embargo la encontré más que disfrutable. Hay en ella numerosas y muy buenas ideas sobre cómo contar una historia sólo con imágenes y sobre cómo utilizar los intertítulos (se trata por supuesto de una película muda) de una manera útil a la narración.-
Se trata de la historia de Roddy (Ivor Novello), un muchacho de buena familia que se destaca en el colegio al que asiste. Su compañero de cuarto es Tim (Robin Irvine), un joven de una familia menos acomodada que corteja a una camarera llamada Mabel (Annette Benson). Cuando Mabel se presenta en el colegio para denunciar una falta cometida en su contra (Truffaut indica que se trata de un hurto pero claramente se desprende que se trata de un embarazo fruto de una relación pre-marital), señala a Roddy como el responsable y éste, consciente de que Tim no puede darse el lujo de asumir la culpa, no contradice la acusación. A partir de allí, su vida sufrirá una serie de altibajos (más bajos que altos, de ahí el título de la película) que amenazarán con acabar literalmente con su vida.-
Ivor Novello (coautor de la obra de teatro original además de protagonista) tenía 34 años cuando filmó esta película encarnando a un muchacho de aproximadamente la mitad de su edad; y sin embargo de alguna forma logra componer su rol de una manera muy creíble. Es interesante ver el arco que traza desde el comienzo, cuando Roddy está en la cima de su universo hasta las últimas escenas en las que está enfermo y ha perdido toda esperanza.-
Más allá de esta nota destacada en el film, el mayor atractivo está en la propuesta del director. Hitchcock no pierde oportunidad de tentar nuestra imaginación desde la primera escena, que nos muestra primerísimos primeros planos ambiguos hasta que al retirarse su cámara descubrimos estamos en un partido de rugby colegial. Un elemento perturbador es introducido también a través de las imágenes, cuando al margen de las civilidades intercambiadas por los asistentes al partido, la hermana de Tim (Sybil Rhoda) ve a dos muchachos peleando en una escalera. Más adelante cuando los dos amigos van a la confitería atendida por Mabel y la muchacha coquetea alternativamente con ambos (aunque claramente prefiriendo a Roddy para malestar de Tim) Hitchcock nos regala la bellísima imagen que ilustra este comentario.-
Asimismo, no faltan las referencias a escaleras por montones: cuando son descendidas por el héroe representan un punto mayor de degradación moral; cuando son subidas, recuerdan el ascenso al patíbulo de los condenados. Pero Hitchcock también utiliza los intertítulos para contar su historia de una manera visual. Cuando Roddy (quien luego de ser expulsado del colegio y del hogar paterno se gana la vida como extra en el teatro) hereda una importante suma de dinero de parte de su madrina, un intertítulo con letras muy grandes anuncia la cantidad “£30.000” (a valores de hoy ese monto equivaldría a £1.897.072,27, unos US$ 2.493.333,10). Un par de escenas después, la cantidad es repetida en un segundo intertítulo esta vez en letras muy pequeñas, dándonos a entender que el dinero está agotándose rápidamente.-
El episodio más poderoso de la película tiene lugar en París, en donde Roddy trabaja como bailarín de alquiler a 50 Francos la pieza (la película es bastante precisa en cuanto al dinero, ya en el comienzo se nos había mostrado a Roddy “vendiendo” dulces a un niño por mucho menos de la libra que cuestan y completando él mismo el precio con dinero de su bolsillo). En una escena memorable, Roddy baila sin ningún apasionamiento con las damas que pagan por sus servicios hasta que es llamado a la mesa de una mujer algo mayor (Violet Farebrother) que se interesa por escuchar su historia y se muestra compasiva. Roddy está conmovido por la actitud de esta mujer hasta que alguien abre una persiana y de pronto la luz del sol innunda el salón. En ese momento quedan reveladas todas las miserias que habían pasado desapercibidas durante la noche y (en un detalle bastante cruel de parte del director, a qué negarlo) la mujer que había conectado con Roddy se muestra más vieja y patética que nunca.-
Downhill es también un bello documento de época al mostrar (en una secuencia frenética) las calles de Londres filmadas en estilo documental en el tercer acto de la película. Y es a la vez un peculiar manifiesto sobre la lealtad y las relaciones entre padres e hijos: Roddy arruina su vida en pos de un pacto de lealtad hecho con Tim (pacto que Tim no tiene ningún reparo en romper invocando sus deberes de hijo); y es su padre, severo a más no poder, quien le impone el castigo más duro al arrojarlo a la calle literalmente con lo puesto. Es su padre al mismo tiempo quien lo libera del castigo y restituye el orden devolviendo a Roddy al campo de rugby del colegio, como si nada hubiera pasado. Esto es bastante curioso en la película: Roddy cae de la cima de la popularidad y las promesas de futuro brillante como si nada y luego de haber rozado la muerte y la miseria, vuelve a la cima como si nada. Por un lado, podemos pensar que ello se debe a deficiencias del guión, pero si pensamos que los directores (y los autores) no hacen las cosas sin intención, hay aquí un pronunciamiento bastante fuerte respecto a la fugacidad de la gloria, a lo rápido que todo puede irse al demonio y a los golpes de la fortuna que pueden restablecer las cosas a su cauce.-

Comentarios

  1. Cómo me gusta ver que sobre ciertos directores aún queda por descubrir.
    Tu texto exquisito, se nota tu sapiencia sobre Hitchcock.
    Qué gusto me ha dado leer sobre su empleo de las escaleras. Y es que hay realizadores que hacen maravillas con ellas. Hitchcock o Wyler son unos maestros de las escaleras. No solo como atrezo sino para contar con ellas, dotarlas de vida.

    Beso
    Hildy

    ResponderBorrar
    Respuestas
    1. ¡Ay, que me pongo colorada! No es sapiencia sino que me dio mucho gusto reencontrarme con Hitchcock después de tanto tiempo. Y además con pelis que me debía hace años... Downhill me gustó bastante, pese a que la vi en esa versión sin música que te hace valorar la importancia de los acompañamientos musicales en el cine mudo (Broken Blossoms es otra peli que vi sin sonido y vaya que pierde algo de magia).-
      Me apunto el dato sobre Wyler, no quiero revelar mucho pero andará por aquí también, en especial con una película que me has recomendado una y mil veces y yo aún no vi (no quiero sonar muy misteriosa, jaja). Seguro que adivinas cuál es.-
      Te mando un beso enorme, me voy corriendo a tu blog que hoy recibí la notificación de nueva publicación en un tema que me interesa muchísimo y aún no leí la entrada anterior, que también sonaba apasionante. La semana pasada estuve a los manotazos intentando cumplir con todo y me han quedado muchas cosas relegadas. Después de esta pequeña catarsis te envío más besos, Bet.-

      Borrar

Publicar un comentario

Entradas más populares de este blog

The Journey (Rojo atardecer) - Anatole Litvak, 1959.-

Una de las cosas que me divierte es encontrar duplas de cine repetidas a lo largo del tiempo y si puede ser en diferentes géneros, mejor. Cuando descubrí The King and I a comienzos de este año, me intrigó mucho enterarme de que Deborah Kerr y Yul Brynner habían protagonizado un drama algunos años más tarde y me propuse dar con esa otra película.- The Journey cuenta una historia de supervivencia con el trasfondo de la Revolución Húngara de 1956, en la cual grupos nacionalistas se alzaron contra la dominación soviética. Un grupo de viajeros de distintas nacionalidades aguarda durante días para abordar un vuelo que los saque de Budapest en plena revuelta. Al aeropuerto llega Lady Diana Ashmore (Deborah Kerr), una aristócrata inglesa que viaja acompañada de un compatriota gravemente enfermo llamado Henry Fleming (Jason Robards). Momentos después de su arribo se ofrece a los viajeros una alternativa terrestre: ir en autobús hasta la frontera con Austria y desde allí llegar hasta el aeropu...

El hijo de la novia - Juan José Campanella, 2001.-

Confieso desde el comienzo que me encanta la obra cinematográfica de Campanella, de modo que no soy muy objetiva al decir que esta película está llena de “momentos”, casi todas las escenas son oro en polvo y con mucho esfuerzo seleccioné estas cinco. Aquí van... Momento N° 1: el sueño de Rafael.- Para el comienzo del segundo acto, Rafael (Ricardo Darín) está internado en un sanatorio luego de haber sufrido un infarto. A su lado, inclinada sobre un ejemplar de la revista “Cosas” (un guiño a la primera película del director, cuyos protagonistas trabajaban para una publicación del mismo nombre), duerme su novia Natalia (Natalia Verbeke). De pronto Rafael se despierta, llama a Natalia y comienza a contarle el sueño de su vida: lisa y llanamente, quiere irse a la mierda. Mientras Rafael se explaya sobre la idea hablando casi para sí mismo, Campanella se concentra en Natalia, quien rápidamente advierte que en el sueño de Rafael no hay ningún lugar para ella. En toda esta escena Verb...

The Dark Mirror (A través del espejo) - Robert Siodmak, 1946.-

Esta fue una de las primeras películas clásicas no dirigidas por Hitchcock que vi, cuando empecé a ver cine clásico. Creo que la encontré en la televisión un día y me resultó fascinante en cuanto a su intriga y a sus méritos técnicos.- Cuando el Dr. Frank Peralta aparece asesinado en su departamento, todos los indicios apuntan contra la vendedora del kiosco que funciona en el edificio de oficinas en el que atendía el doctor. El Detective Stevenson (Thomas Mitchell) cree que tiene el caso resuelto hasta que descubre que la sospechosa, Terry Collins (Olivia de Havilland), tiene una hermana gemela llamada Ruth (también interpretada por de Havilland). Nadie, ni siquiera el Dr. Scott Elliott (Lew Ayres) - un psicólogo especialista en gemelos que también tiene oficina en ese edificio - puede distinguirlas por lo que el caso se cierra por ser de imposible resolución. Pero Stevenson no se queda conforme y decide encomendar al Dr. Elliott una investigación para establecer cuál de las gemelas po...