Diez años, cien motivos para amar el cine (cuarta parte): Cinema Paradiso - Giuseppe Tornatore, 1988.-
Motivo N° 1: la emoción.-
Esta película es emoción pura desde el primer fotograma hasta el último. Muchos de los motivos que desarrollará a continuación dan cuenta de ello en relación a aspectos puntuales de la trama, pero este motivo tiene más que ver con el tono que Tornatore busca… y encuentra. Hace algunos años escribí un texto sobre el alma de las películas y Cinema Paradiso, vaya si la tiene. Tornatore siente y transmite amor por sus personajes, por su Sicilia natal en la cual sitúa la trama, por la historia que cuenta, sin caer nunca en el golpe bajo o en el efecto gratuito.-
Motivo N° 2: el amor por el cine.-
Y claro, mucho amor por el cine. Cinema Paradiso cuenta la historia de Toto (interpretado sucesivamente por Salvatore Cascio, Marco Leonardi y Jacques Perrin), un niño que palpita el cine que ve en la sala de su pueblo y que sueña con que le permitan subir a la cabina de proyección, dominio absoluto de Alfredo (Philippe Noiret). Por la pantalla del cine desfilan los estrenos de la época (estamos en Italia, tras la finalización de la II Guerra Mundial) y también algunos clásicos (no falta el corto de Chaplin que hace morir de risa a niños y grandes), y la sala opera siempre a pleno y a veces queda gente afuera. El cine es el punto de encuentro, sobre todo para los hombres del pueblo; las mujeres están más de puertas adentro u ocupadas haciendo la fila para conseguir agua o procesando tomates para la salsa, aunque con el correr de los años las veremos cada vez más disfrutando del cine. Y a la salida, se comentan las películas y las vidas de los personajes que desfilaron por la pantalla. El cine también es el lugar donde se forman parejas, se ejecutan vendettas, se comercian golosinas y sexo. Y es el lugar donde se mantiene viva la ilusión de que tu papá se parecía a Clark Gable.-
Motivo N° 3: la Italia de la posguerra.-
Cinema Paradiso pinta un retrato magnífico sobre la Italia de la posguerra. La espera por el regreso de los soldados que han ido a pelear a lugares tan remotos como Rusia (adonde se llega tras años de viaje, y se tarda varios años en regresar), el drama de los caídos que no volverán, la pobreza, la falta de trabajo, la división entre la izquierda y la derecha, el poder de la Iglesia que controla - entre otras cosas - la censura en el cine, el analfabetismo, las tecnologías rudimentarias y el progreso que llega tarde y la promesa de un futuro mejor para el que deja el pueblo y se lanza a la aventura.-
Motivo N° 4: la carita de Toto niño.-
La actuación del niño Salvatore Cascio es una de las maravillas de Cinema Paradiso. Cascio siguió actuando aunque no tiene una filmografía demasiado extensa y debo decir que no he visto ninguno de sus otros títulos, pero considerando que este fue su debut cinematográfico, es asombroso el talento que despliega. Por su rostro pasan todas las emociones, la sorpresa, el entusiasmo, la vergüenza, la tristeza, el amor, la resignación; y entabla una química maravillosa con Noiret, tanto más asombrosa cuanto éste no dijo sus líneas de diálogo en italiano sino en francés.
Motivo N° 5: el primer amor.-
Con la adolescencia le llega a Toto un amor de película. Elena (Agnese Nano) es una muchacha recién llegada al pueblo, la hija del nuevo gerente del banco y Toto se enamora a primera vista. Es verdaderamente un romance que podría ocurrir en cualquiera de las películas que se proyectan en el cine: él es pobre y ella rica y aunque al principio ella se muestra inalcanzable, Toto no se rinde hasta que por fin la conquista. Para ello pone en práctica una historia de cuento de hadas que Alfredo le cuenta: Toto esperará por infinidad de noches frente a la casa de Elena, bajo la lluvia, en el calor, hasta que ella le indique con la luz de su ventana que lo ha aceptado. Detalle interesante: su primer beso lo dan en la sala de proyecciones en la que Toto trabaja desde niño, apoyados contra las tiras de celuloide que no sobrevivieron la censura del padre Adelfio (Leopoldo Trieste) y es, en gran parte, un beso de película al estilo de los años ‘50.-
Motivo N° 6: la amistad.-
Sin dudas el corazón de Cinema Paradiso es la amistad entre Toto y Alfredo. Tras un comienzo rocoso (Alfredo no quiere saber nada con enseñarle a este niño obsesionado con el cine cómo manejar el proyector; quiere que sea alguien importante, no un cretino como él, en sus propias palabras), Alfredo acepta al niño y termina siendo - él, que no tiene hijos - una suerte de padre sustituto. La lealtad de Toto es total, hasta el punto en que no duda ni un instante en correr hacia el cine para salvar a Alfredo de un gran peligro, mientras todo el mundo huye en sentido contrario. Y Alfredo irá transmitiendo muchas enseñanzas, casi todas robadas de citas de las películas que vio mil veces, a medida que Toto crece y se va convirtiendo en un hombre joven.-
Motivo N° 7: la relación madre e hijo.-
El otro vínculo importante que Toto mantiene en su vida, es con su madre, Maria (Antonella Attili y Pupella Maggio). Maria es un personaje fascinante, no vemos mucho de ella pero lo poco que se nos muestra nos habla de una mujer llena de sueños y promesas frustrados por la guerra y la partida de su esposo al frente de batalla, que sigue adelante con estoicismo siciliano. Hacia el final, con su hijo ya adulto y de nuevo por fin en Giancaldo, se atreve a decir lo que se guardó durante años, porque es exactamente lo que él necesita escuchar en este punto de su vida.-
Motivo Nº 8: el pueblo y el paso de los años.-
El pueblo ficcional en el que transcurre la acción, Giancaldo, y especialmente la plaza a la que da la entrada del cine Paradiso, es donde pasamos la mayor cantidad del tiempo en la película, y termina por convertirse en un lugar bien conocido por el espectador. Es un pueblo donde todos se conocen y donde parece que nada ha cambiado ni cambiará en siglos; el tiempo en Giancaldo está detenido y sólo está marcado por la novedad que representan los estrenos de cine. Y sin embargo, cuando Toto vuelve después de muchos años, casi que no lo reconocemos. Todo está más feo, las calles rebosan de autos, el cine Paradiso está abandonado y pronto será demolido. El paso de los años ha sido impiadoso con Giancaldo y, en cierto punto, con Toto también.-
Motivo Nº 9: la música.-
Otra de las maravillas de Cinema Paradiso es la música de Ennio Morricone. Se trata de una de esas bandas musicales que cobran vida propia y que se disfrutan más allá de la película que acompañan. Morricone tiene una filmografía impresionante de nada menos que ¡quinientos cincuenta y tres títulos en IMdB! Muchas de las películas a las que ayudó a crear se transformaron en clásicos y han acompañado nuestras vidas como telón de fondo y hoy en día, en que las grandes orquestas del mundo arman programas para homenajear a estos grandes de la música contemporánea (Nino Rota, Henry Mancini, John Williams, Lalo Schifrin son otros de los nombres que vienen a la mente), volvemos a ver ante nuestros ojos esas imágenes tan queridas cada vez que escuchamos su música.-
Motivo Nº 10: la escena final.-
Cinema Paradiso tiene muchas escenas que me arrancan las lágrimas (otras que me hacen reir, para ser justos) pero sin dudas la que me parte al medio es la escena final. Toto regresa a Roma con el legado de Alfredo: una lata de negativos empalmados. Toto le ordena su proyeccionista (cameo del director Tornatore) que inicie la proyección y que se retire y entonces se queda a solas con las imágenes en la pantalla… se trata de todos los besos que fueron censurados por el padre Adelfio. Ver esa seguidilla es una verdadera delicia, por varios motivos. En primer lugar, porque es de lo más divertido jugar a reconocer a los actores y las películas de las que provienen esas escenas. En segundo lugar porque para este entonces no aguantamos más y queremos dar rienda suelta a toda la emoción que nos provocó esta película. Además, es conmovedor que a último momento Alfredo se haya acordado de Toto (sin dudas nunca lo olvidó) y de la promesa que le hizo cuando era un niño: esos fotogramas le pertenecen y se salvaron gracias a que Toto lo rescató del fuego. Pero por otro lado, esa sucesión de besos y abrazos son la representación más gráfica de lo que amamos del cine: vemos cine para enamorarnos… para enamorarnos de las estrellas en la pantalla, para enamorarnos de la idea de un amor eterno que no se acaba con el fundido a negro, para enamorarnos del amor al cine, en fin… para enamorarnos de la vida.-




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