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Diez años, cien motivos para amar el cine (tercera parte): 12 Angry Men (12 hombres en pugna) - Sidney Lumet, 1957.-

Motivo Nº 1: la generación de la TV.-
Sidney Lumet formó parte de la generación de realizadores formados en la industria de la televisión, y desembarcó en Hollywood con esta película (adaptación de un especial que ya había dirigido para la pantalla chica). El estilo rápido, que utiliza múltiples cámaras y que se apoya sobre la base del ensayo intensivo de las escenas a fin de lograr la toma definitiva en la menor cantidad de intentos posible, es perfecto para la historia de la deliberación de un jurado en un caso de homicidio. 12 Angry Men se siente moderna aún hoy en día, con su presentación de títulos retardada para la segunda escena, la secuencia inicial que nos lleva por los pasillos de la corte en donde hay tantas historias como salas de audiencias, la constatación de que el juicio fue llevado de la manera más mecánica y monótona posible en ese juez que lee aburrido las instrucciones finales. Luego, durante toda la película asistimos a un estilo cinematográfico ágil, que utiliza los distintos tamaños de planos y ángulos de la cámara y la banda musical como signos de puntuación de la acción y deja el resto al excelente trabajo de los actores.-

Motivo N° 2: la unidad de espacio.-



Me encantan las historias que transcurren en un único espacio y en las que los directores deben agudizar el ingenio para encontrar formas visualmente interesantes para entretenernos y emocionarnos. En este caso, excepto por la escena inicial y la final (apenas unos minutos de metraje), todo el resto transcurre en la sala de deliberación. Lo más que podemos alejarnos de ella es el baño de caballeros, contiguo a la sala y en el cual se continúan las discusiones sobre el caso. Esta unidad hace que lleguemos a conocer esa sala muy bien y que todos los elementos que hay en ella sean usados para contar la historia: las dos mesas que unidas, reciben a los jurados; las sillas que servirán no sólo para acomodarlos sino para una improvisada reconstrucción del crimen; la banca a la que algunos jurados se retiran para simbólicamente dar la espalda a uno de ellos en un momento crucial; el perchero en donde cuelga un saco del cual vendrán unas pastillas para la tos, signo de cordialidad y camaradería o de afirmación de la individualidad; las ventanas que dejan entrar poco aire o demasiado agua cuando estalla el chaparrón; el ventilador que no funciona, cuya mención sirve como separador de la discusión; el bebedero de agua y la mesita ubicados en esquinas contrarias, espacios de encuentro o de reclusión.-

Motivo N° 3: la unidad temporal.-
Y aún más que la unidad espacial, me gusta la unidad temporal en una historia. La habilidad de contar una historia en “tiempo real” es algo que aprecio muchísimo. En este caso, noventa y tres de los noventa y seis minutos de duración transcurren en la deliberación y dicho así resulta francamente increíble. Que tanto haya podido ocurrir en tan poco tiempo; así de intensa es la acción en los que, en los papeles, debería ser una película monótona, sólo doce tipos hablando. La unidad de tiempo también nos confirma, en este caso, cuánto puede ponerse en juego en tan poco tiempo: el caso que los jurados deben juzgar es un homicidio de un hijo a un padre y si resulta en condena, llevará al culpable a la silla eléctrica. Así, la justicia para la víctima y la justicia para el acusado terminan dependiendo de una discusión que dura poco más de una hora y media.-

Motivo Nº 4: el ritmo.-
Y en esta hora y media, el ritmo de la película no decae nunca. Tiene momentos de máxima tensión y momentos en los que se producen pausas necesarias, tanto para los personajes que participan de la discusión como para nosotros en tanto espectadores, pero nunca languidece. El buen ritmo está dado por una combinación perfecta de dirección de cámaras y actores, de edición (a cargo de Carl Lerner), de guión (a cargo de Reginald Rose, que también había escrito el guión para televisión) y de actuación.-

Motivo N° 5: el elenco.-
Y así llego por fin, en mi motivo número cinco, al elenco. En una película que transcurre en espacio y tiempo limitados, con un número cerrado de personajes (en este caso, los doce miembros del jurado), es fundamental que cada actor esté perfecto en su rol si el director pretende que cada personaje tenga una “personalidad” definida y que se mantenga el equilibrio entre todos ellos. Por supuesto que algunos liderarán la discusión y otros asumirán un rol más pasivo, así son los grupos humanos, pero todos son importantes y representan un “tipo” dentro de la sociedad. Entre los jurados hay hombres de clase trabajadora, profesionales, agentes financieros, emprendedores, inmigrantes, ancianos y jóvenes, los hay dispersos y enfocados, respetuosos y dóciles y vulgares y autoritarios; y como dije, la historia sólo funciona si los actores que encarnan estos personajes están bien seleccionados para el rol y lo cumplen a la perfección, como es este caso.-
Este elenco está conformado por Martin Balsam (Jurado 1), John Fielder (Jurado 2), Lee J. Cobb (Jurado 3), E. G. Marshall (Jurado 4), Jack Klugman (Jurado 5), Edward Binns (Jurado 6), Jack Warden (Jurado 7), Henry Fonda (Jurado 8), Joseph Sweeney (Jurado 9), Ed Begey (Jurado 10), George Voskovec (Jurado 11) y Robert Webber (Jurado 12).- 

Motivo N° 6: Lee J. Cobb.-



Henry Fonda es el actor principal de la película pero si sólo puedo destacar una interpretación, me quedo con la de Lee J. Cobb. Cobb interpreta al Jurado 3, el más duro, el que tiene el motivo más personal para buscar el veredicto que propone y por lo tanto, el menos probable para cambiar su opinión. De los cien títulos en los que trabajó durante su carrera, sólo he visto tres: esta película, This Thing Called Love (a decir verdad no recuerdo su participación en esa película) y Golden Boy (en donde representaba a otro padre que desea lo mejor para su hijo), pero tengo otras cuatro en cartera (Call Northside 777, The Man in the Grey Flannel Suit, The Three Faces of Eve y Exodus). Comparando entonces los dos roles que recuerdo, ambos padres no podrían ser más distintos. El Jurado 3 aplica la ley del más fuerte incluso en su propia casa, está orgulloso de lo que ha logrado a base de esfuerzo y de tenacidad y no concibe que su único hijo sea distinto, aunque para inculcárselo deba partirle la crisma. El uso que Cobb hace del rostro (la forma en la que tuerce la boca al hablar, por Dios), de la voz y de la postura corporal para mostrar la naturaleza de su personaje y la crisis que atraviesa a lo largo de la hora y media que dura la deliberación, es para quitarse el sombrero y hace que se destaque en medio de un elenco ya de por sí excelente.-

Motivo N° 7: la lógica de la prueba.-
Esta película es un elogio del concepto de “duda razonable”, que tan caro nos es a los abogados defensores. El ejercicio lógico que propone el Jurado 8, de contrastar los testimonios unos con otros en lugar de considerarlos aisladamente, la valoración de las razones que un testigo podría tener para mentir o para contar lo que erróneamente cree que es verdad, la apelación a la experiencia y la racionalidad de las cosas como factor decisivo, todo ello es parte de la labor del juzgador y esta película lo desmenuza con precisión quirúrgica.-
Pero no hace falta ser juez o abogado para aplicar estas herramientas. En efecto, todos los días todos nosotros “juzgamos” a nuestros semejantes o sentimos que tenemos que tomar partido por uno u otro bando en una disputa de interés general, aunque no contemos con toda la información o no estemos seguros de qué pensar. Si actuamos con la prisa o el prejuicio o la presión del conjunto como lo hacen la mayoría de los jurados o si nos obligamos a detenernos y considerar todas las aristas de la cuestión como lo hace el Jurado 8, depende de uno.-

Motivo Nº 8: el calor.-



Otro de los aspectos que me atrapan de esta película es seguir el modo en el que el calor apabullante de una tarde de verano va progresando a medida que pasan los minutos. No sé porqué siento especial predilección por las películas que saben transmitir esta sensación (mi favorita es tal vez Rear Window), tal vez sea porque detesto el calor. Aquí no sólo sirve para incorporar un elemento más de incomodidad para los personajes sino que es usado estratégicamente para mostrar el contraste entre la mayoría de jurados pegajosos y la pulcritud del Jurado 4, el corredor de bolsa que nunca se quita el saco ni transpira “nunca”, como afirma inconmovible ante una pregunta de otro jurado. Este detalle resultará trascendente en la historia cuando en un momento de alta tensión que lo tiene por protagonista, veamos una gota de transpiración que cae por su frente y que es todo lo que necesitamos saber para adivinar en qué punto se encuentra respecto de su decisión.-

Motivo N° 9: el punto de ebullición.-
Y esto me lleva a otro de los aspectos que más me gustan del guión, y que es la forma en la que Lumet, en su tarea de darle vida al guión de Rose, explora los distintos “puntos de ebullición” de cada jurado, aquello que los hace vacilar en su convicción. Incluso el Jurado 8 tiene su momento de vacilación cuando el Jurado 6 le pregunta en una pausa en el baño qué pasaría si estuviera equivocado y el acusado fuera realmente culpable. Lo maravilloso de este aspecto es que cada jurado reacciona con el disparador más adecuado a su naturaleza y con la mayor o menor integridad y honestidad moral que los caracteriza.- 
 
Motivo N° 10: el uso de la música.-
12 Angry Men hace un uso tan limitado de la banda musical, que en mi memoria no se escuchaba música en ningún momento durante el transcurso de la acción. Sin embargo, en este nuevo visionado noté que la música de Kenyon Hopkins se escucha en momentos cruciales en los que parece que el Jurado 8 está a punto de flaquear en su convicción. Uno es el final de la escena en el baño a la que me referí en el motivo anterior; el otro es anterior y tiene lugar cuando luego de demostrar que el arma homicida no tenía nada de particular, el Jurado 8 constata que aún así no ha logrado conmover la postura de los once restantes, entonces propone que vuelvan a votar, esta vez en secreto, y si el resultado es el mismo él promete cambiar su voto y declarar al acusado culpable. Es la música que puntúa la vacilación pero es también la que subraya la integridad y el sentido de justicia del Jurado 8.-

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