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Diez años, cien motivos para amar el cine (primera parte): The Big Parade (El gran desfile) - King Vidor, 1925.-

Este mes mi querido blog está cumpliendo diez años. Publiqué la primera entrada en este espacio el 03 de abril de 2016, luego de terminar con mi proyecto anterior: Mi Blog sobre Mr Hitchcock. A modo de celebración, les presentaré una serie de diez entradas, en cada una de las cuales daré mis diez motivos para amar diez de mis películas favoritas que nunca antes recibieron una reseña en el blog. ¿Me acompañan? Aquí vamos con la primera entrega.-

Motivo Nº 1: el lenguaje cinematográfico.-

The Big Parade es una joya del lenguaje cinematográfico en tiempos del cine mudo. Desde la primera escena, que nos presenta un país en ebullición y a los tres amigos cuyos pasos seguiremos (y que todavía no son amigos, ni siquiera se conocen pues provienen de extractos sociales bien diferentes), Vidor utiliza su cámara para contarnos todo lo que necesitamos saber sobre estos personajes. Slim (Karl Dane) es un obrero que tiene siempre un escupitajo a pedir de boca, Bull (Tom O’Brien) es un cantinero de gesto duro y Jim (mi adorado John Gilbert) es un niño bien indolente. Nos quedamos con Jim, porque es el protagonista de la historia, pero a pesar de que a los primeros dos sólo los vemos por unos segundos mientras se enteran de que Estados Unidos se ha unido a la I Guerra Mundial, eso nos alcanza para identificarlos y reconocerlos cuando los volvamos a ver más adelante, ya listos para el combate.-

El director King Vidor y el cinematógrafo John Arnold utilizan todas las técnicas disponibles para contarnos esta historia en términos puramente visuales (de veras, los intertítulos ayudan, pero no son esenciales y si no estuvieran, no perderíamos mucho). Tenemos tomas fijas, travellings, primeros planos y planos generales, uso de filtros para presentarnos un clima romántico, iluminaciones más duras para mayor realismo, planos subjetivos, imágenes superpuestas y tomas trucadas, uso de grúas y por supuesto, los tintes que se añadían en postproducción para dar ambiente.- 

Motivo Nº 2: la camaradería.-

Uno de los aspectos más entrañables de esta película es la camaradería entre los soldados que describe. En su regimiento, Jim encuentra a los hermanos que no tiene en la vida civil, en donde su vida familiar es fría y distante, a excepción de su vínculo con su madre (Claire McDowell). Entre Jim, Slim y Bull se forma una amistad que tiene mucho de vínculo fraterno: a veces se gastan bromas, a veces se pelean pero siempre están para apoyarse los unos a los otros. Y este vínculo se extiende a los demás soldados que comparten el altillo del granero en el cual se han apostado, cuyos nombres no llegamos a conocer pero que tienen rostros maravillosos.-

En la primera parte de la película alcanzamos a ver con bastante detalle la vida del regimiento en suelo extranjero. Las marchas interminables, la forma en la que los soldados tienen que lavar su ropa por sí mismos (probablemente por primera vez en sus vidas), la alegría que les provoca la llegada del correo (y la desazón cuando no llega ninguna carta), las cocinas de campaña, los romances con las muchachas locales. En la segunda parte, esa camaradería se traslada al campo de batalla, en donde no hay mucho tiempo para llorar a los caídos del “grupo grande” pero todavía queda espacio para sostenerse hombro con hombro, literal y metafóricamente, en las trincheras.-

Motivo Nº 3: el humor.-

Otra de las maravillas de esta película es el tono de comedia que domina la primera parte y que potencia, por contraste, la crudeza de la segunda parte. Gilbert no tuvo durante su carrera muchas oportunidades de explorar su faceta cómica, pero cuando puede, nos divierte con una variada gama de recursos que van desde las expresiones faciales más sutiles hasta el slapstick. El resto del elenco se muestra a la altura, sobre todo la protagonista femenina a la que me referiré en el motivo siguiente.-

Motivo Nº 4: la delicadeza del romance.-

El regimiento de Jim recala en una granja ubicada en un pueblo de Francia y por supuesto que en esta granja hay una muchacha llamada Melisande (Renée Adorée) de la cual Jim se enamora pese a tener a su enamorada de la infancia (Claire Adams) esperando en casa. El desarrollo de la relación entre dos personajes tan diferentes, que ni siquiera entienden lo que el otro está diciendo, es adorable y uno de los aspectos más memorables de la película. La escena en la que Jim le explica a Melisande cómo mascar chicle es maravillosa, pero mi momento favorito de estos dos es una escena posterior, en la cual Jim está tendido sobre un carro, meditando sobre sus asuntos del corazón con una carta y una foto de su prometida en mano, cuando Melisande llega y al principio se extasía ante la elegancia de la joven de la foto. Cuando comprende quién es, Melisande no hace una escena de celos, busca hacerle las cosas más fáciles a Jim aunque su corazón se esté rompiendo. La escena es de una simplicidad conmovedora.-

Motivo Nº 5: el melodrama desatado.-

Inmediatamente después de este momento tan simple, se desata el caos cuando los distintos regimientos son llamados a marchar al frente. Todos corren a buscar sus pertenencias, a despedirse de sus amores, a subirse a los camiones o a incorporarse a las filas que marchan. Jim se demora cuanto puede buscando a Melisande y ella, que está llorando en el lugar de sus primeros encuentros, se da cuenta de que algo está pasando y corre y busca a nuestro héroe entre la multitud de soldados todos iguales y se desespera hasta que por fin ubica a Jim y los dos se abrazan entre la marea de hombres que los arrastran. Y esto no es nada, cuando Jim es obligado a subir a uno de los camiones, Melisande se abraza a él, se abraza a su pierna, se abraza a la parte trasera del camión, hasta que rueda por el suelo y se queda de rodillas sujetando los pocos objetos que él pudo arrojarle como recuerdo: un reloj, sus medallas de identificación (no puedo evitar pensar “por favor que este hombre no muera en la guerra, o nadie podrá saber quién es”), un botín. Es melodrama desatado en estado puro y es imposible que a uno no se le rompa el alma con esta despedida.-

Motivo Nº 6: la sobriedad del combate.-

Después de tanto desborde, Vidor nos lleva al campo de batalla con una sobriedad pasmosa. Los soldados avanzan por un bosque y son derribados como moscas por francotiradores apostados en las copas de los árboles. Los que quedan en pie simplemente siguen avanzando, evitando tropezar con los caídos y atentos a la presencia del enemigo. Cuando llega la noche, para Jim y sus dos amigos no queda más que esperar órdenes, apiñados en la trinchera y sin poder siquiera fumar para calmar sus nervios y pasar el tiempo, porque la luz del cigarrillo los delataría.-

Y luego de la acción y el caos del combate, también es sobrio el retrato del hospital de campaña. Una sucesión interminable de camas alineadas en lo que debió haber sido la nave de una iglesia alberga a los heridos, algunos sufren en silencio, otros dan rienda suelta a sus delirios.-

Motivo Nº 7: el uso de leitmotivs.-


Uno de los elementos que Vidor utiliza para contarnos el drama de la guerra, son los motivos visuales que se van repitiendo, a veces en tono de comedia, a veces de tragedia. El más evidente es el de los desfiles del título. El “gran desfile” es el de los grupos patrióticos que inspiran a Jim a unirse al ejército; el de los soldados que marchan interminablemente antes y durante los combates, ya sea cantando las canciones que les permiten conservar el ritmo o en silencio ante la eficacia mortífera del enemigo; el de los camiones que transportan soldados frescos al campo de batalla o el de las ambulancias que llevan a los heridos.-

Pero también está el motivo visual con las piernas de Jim: el plano detalle de sus pies marcando el ritmo de la banda militar al comienzo, esa cinta suelta que hace que Melisande lo identifique cuando vuelve a verlo en la granja, la pierna que la joven abraza en el momento de la partida o el zapato que Jim le tira para que lo recuerde, su herida de guerra…

Motivo Nº 8: la representación del enemigo.-


Es muy interesante la representación de los alemanes que ofrece Vidor en esta película. Los vemos muy poco y cuando aparecen, los vemos de lejos, son meras máquinas de matar que se refugian en sus aviones o en las trincheras, tras cañones y bombas de humo. Pero de pronto aparece un soldado solitario que se trenza cuerpo a cuerpo con Jim y nosotros y el héroe nos damos cuenta al mismo tiempo de que es casi un niño, es incluso más joven que Jim y está muriendo y está asustado y pide un cigarrillo para fumar. Jim le da su último cigarrillo pero también lo odia pero también se apiada de él y odia más la guerra que al ejército enemigo.-

Motivo Nº 9: John Gilbert.-

Ya saben que Gilbert es uno de mis favoritos, y tal vez sea uno de los más consentidos en mi corazón (junto con otro John, John Garfield) porque murió muy joven y tuvo un final muy triste. Cuando filmó The Big Parade ya había alcanzado el estrellato que había estado persiguiendo durante una década de carrera en Hollywood, acababa de filmar The Merry Widow y estaba primero en la línea sucesoria para el título de gran amante de la pantalla de plata (se consagraría al año siguiente, tras la muerte de Rudolph Valentino, quien también murió muy joven). Y bien que merecía ese título, porque era un gran galán, no bello pero sí muy seductor y con una personalidad magnética en la pantalla y fuera de ella también, por lo que he leído. Pero fundamentalmente Gilbert era un gran actor, sensible, sutil la mayor parte del tiempo, y que no temía arriesgar su estatus de estrella al mostrar su perfil menos glamoroso. Aquí ofrece una interpretación simple y honesta, muy diferente de la que da cuando está en plan de galán, y es imposible no enamorarse del hombre en el que se convierte su Jim una vez que tiene la oportunidad de demostrar su valía lejos de la opresión paterna.-

Motivo Nº 10: la música de Carl Davis.-

Esto no es tanto un motivo concerniente a la película sino a la versión que tengo en DVD y que está disponible también en línea, y que cuenta con la maravillosa música de Carl Davis. Davis recoge algunas tonadas populares de la época y el “tema de Melisande” de la banda sonora original compuesta en 1930 por William Axt para el reestreno de la película con música y efectos de sonido sincronizados (la película con esa banda sonora puede verse en Youtube) y sobre estas bases construye una banda musical que acompaña a la perfección los diferentes tonos de la película. La música de acompañamiento por momentos es simple y de tono cómico o popular, por momentos es Romántica y exorbitante y por otros, es un simple patrón rítmico que asemeja al latido del corazón o al tic tac que anuncia la muerte.-


Comentarios

  1. Hola Bet
    Lo primero: diez años de blog en estos tiempos locos se merecen un "Gran Desfile", una lluvia de con-sentidos (ejem, perdón, quería escribir con-fetti) y un brindis con escenas bajas en alcohol y altas en emociones ¡Enhorabuena!
    Aquí a Laurel y Hardy se les conoce como "El gordo y el flaco"; se me habrá subido el no-alcohol a la cabeza pero estos "Toro y Flaco, Bull and Slim" parecen una referencia no tan lejana.
    Estoy de acuerdo contigo en que, para unos pocos visionarios, el cine silente no necesitaba de muchos rótulos. Eran muy capaces de desarrollar la historia sólo con las imágenes. La cosa toco fondo, creo, cuando comenzó el sonoro y algunos torpes todavía utilizaban letreros para explicar lo que estabas viendo.
    Ahora que lo pienso esto de prometer una serie con diez pelis "favoritas sin reseña" se parece un poco a la danza de los "siete velos" mmnnn ¿¡Cuál será la siguiente!?
    Un saludo, Manuel.

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    Respuestas
    1. Jaja, me encantó la comparación con la danza de los siete velos, querido Manuel. Ciertamente, iré quitando uno a uno (en este caso serán diez, que estamos entrando en los meses fríos por aquí y no es cuestión de salir desabrigada) y quedarán expuestas mis preferencias en cine, por si hubiera quedado alguna duda luego de diez años.-
      ¡Muchas gracias por sus felicitaciones y por ese confetti de consentidos!
      Aquí también se conoció como "El gordo y el flaco" a Laurel y Hardy, aunque eso era antes de que dejáramos de hablar de los cuerpos ajenos... me pregunto cómo los llamaríamos ahora... Fíjese que no había pensado en esa similitud, ciertamente Vidor debió haber pensado en ese contraste tan caro al mundo de la comedia al elegir a sus actores para este dúo que es capaz tanto de ponerse en papanatas por una botella de vino, como de salvar el día con heroismo.-
      Le mando un abrazo grande, mientras me uno al desfile hasta la próxima parada en esta celebración, que no tardará en llegar.-
      Bet.-

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