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Más damas del período pre-code (segunda parte).-


Irene Dunne en Ann Vickers - John Cromwell, 1933.-


“- He encontrado una virtud nueva y moderna para nombrar a mi hija: Orgullo. Orgullo de la vida, orgullo del amor, orgullo del trabajo, orgullo de ser una mujer. Esas habrían sido sus virtudes. Orgullo Vickers. Se sintió tan real… si tan sólo no hubiera… muerto”

Irene Dunne en Ann Vickers


Esta película fue toda una sorpresa para mí, porque tiendo a pensar en Irene Dunne como una gran dama de fines de los años ‘30 y de los años ‘40 y en cierto modo, aquí también es una gran dama (milagrosamente, al menos en esta película ha escapado del lugar común del pre-code, que es mostrar a sus estrellas en lencería ante la menor excusa). Y sin embargo, su Ann Vickers no deja pecado por cometer y resulta fascinante seguir su historia.-

La trama es un poco complicada de resumir, porque se va desarrollando por episodios en la vida de la protagonista. El primero de ellos, tiene lugar cuando Ann Vickers (Dunne), una trabajadora social que está colaborando con el esfuerzo de guerra en 1918, conoce al Capitán Lafayette Resnick (Bruce Cabot). Inmediatamente inician un romance que tiene fecha de caducidad: Resnick está a punto de embarcarse con rumbo a Francia y está convencido de que le aguarda una muerte segura. Le propone a Ann un matrimonio apresurado, pero ella no acepta y a poco de la despedida, llega el desengaño: Resnick no responde sus cartas y un día Ann se lo encuentra almorzando con otra mujer en un restaurante como si nada. Para peor, Ann ha descubierto que está embarazada y la noticia le cae como un baldazo de agua fría a su amante, por lo que nuestra heroína decide seguir su vida por su cuenta y el Capitán abandona la historia para siempre. Ann pierde a su bebé (la ambigüedad de la escena deja abierta la posibilidad de un aborto espontáneo, pero lo más seguro es que haya sido provocado por la amiga médico de Ann, Malvina Wormser interpretada por Edna May Oliver). Pasamos al segundo episodio en la vida de Ann, en el que comienza a trabajar como guardiacárcel en una prisión para mujeres. Allí se enfrenta a las autoridades, denunciando los tratos crueles a los que se somete a las internas, y cuando  ya no puede luchar dentro del sistema, escribe un libro revelador que cobra notoriedad y le vale una posición como directora de un penal para mujeres. En este episodio Ann se dedica en cuerpo y alma a su trabajo, rechazando los avances de Lindsey Atwell (Conrad Nagel), un amigo de Malvina que es abogado y se ha enamorado de ella. La vida gris de Ann cambia cuando conoce a Barney Dolphin (Walter Huston), un Juez que ha alcanzado notoriedad porque se sospecha que ha cobrado sobornos. Ann y Barney se enamoran perdidamente en este tercer episodio y, pese a que Barney está casado, inician un romance. Ann queda nuevamente embarazada pero esta vez, da a luz a un niño justo cuando Barney es encontrado culpable y termina yendo a la cárcel.-

Lo dejo aquí para no terminar de contar toda la historia, pero de eso va esta película. Lo sorprendente (y voy a parecer un disco rayado con esto) es que sólo dura 76 minutos. Cromwell cuenta la historia con muchísima economía y el experimento le sale bien. La película no es redonda en términos estéticos (en particular me resultó chocante el uso reiterado de primeros planos de los actores mirando directamente a cámara), pero sabe qué historia quiere contar y avanza con ello con paso seguro, valiéndose de elipsis y de superposiciones de imágenes para mostrar al mismo tiempo lo que ocurre y cómo Ann reacciona ante ello.-

El mayor atractivo de la película, de todos modos, no está en el trabajo del director (que tiene un larguísimo cameo en la primera escena de la película, si al verla se preguntan porqué se enfoca tanto al tipo que mira a Ann sin atreverse a invitarla a bailar, pues es porque se trata de Cromwell en persona) sino en la química extraordinaria que tienen Dunne y Huston como pareja romántica. Me demoré contando la trama porque de otro modo no hubiera podido llegar al último tercio, que es cuando se concreta esta dupla que en principio, no parece destinada a hacer suspirar a nadie (yo siento una debilidad especial por Walter Huston, cada loco con su tema, pero tengo que reconocer que objetivamente, no es un galán). Este ciclo de entradas me está dando pie para repetirme sobre dos obsesiones de cine que tengo: la primera está relacionada con la duración de las películas y la segunda, con la presentación de una historia protagonizada por y para adultos. Ni Dunne ni Huston están jugando a la juventud eterna aquí: ella tenía 35 años y él 49 cuando filmaron esta película, y esas son las edades que representan; son gente grande con problemas de gente grande, los cuales resuelven como gente grande. Los personajes que no se ajustan a esta regla, como el Capitán y Lindsey, son castigados con el desprecio del espectador. Ann y Barney, en cambio, reciben todo nuestro apoyo aunque no sean perfectos y cometan faltas morales graves. Aceptar sobornos y pedir favores políticos para lograr impunidad no está nada bien, la película no intenta instalar que sí lo está, pero aún así queremos a estos personajes y deseamos que les vaya bien.-


Frances Dee en Headline Shooter (La dama de la prensa) - Otto Brower, 1933.-




“- Te voy a incluir en mi primera novela.

- ¿De qué se trata, es una historia de animales?

- No, es acerca de este negocio que mete en él a buenos jóvenes. Los mete tan de cabeza en esto de vender al público las emociones de los demás que se olvidan de que tienen emociones propias ”

Frances Dee en Headline Shooter


¿Les mencioné que estoy obsesionada con la duración de las películas? Pues esta dura apenas 61 minutos y presenta una cápsula histórica maravillosa al mostrar la labor de los camarógrafos de noticieros cinematográficos en los años ‘30. El protagonista masculino, Bill Allen (William Gargan) es uno de ellos y se expone a todo tipo de peligros para captar las imágenes más espectaculares. En la cobertura de un terremoto, conoce a Jane Mallory (Frances Dee), una reportera gráfica tan intrépida como él. La atracción entre ambos es innegable desde el comienzo, pero Jane está comprometida con un joven de su pueblo y espera retirarse pronto para tener una vida más tranquila. Esperen a que les cuente quién hace de prometido y ahí adivinarán el final de la historia: se trata de… Ralph Bellamy en un rol que debe haberle hecho vivir un déjà vu cuando filmó His Girl Friday.-

Esta película es una pequeña joya. Es entretenida, muy movida, tiene comedia y esa pizquita de drama que nos hace encariñarnos con los personajes y sobre todo, es muy pre-code: hay consumo de alcohol, corrupción en la obra pública, suicidios, diálogos sugerentes y situaciones picarescas, explotación de la desgracia ajena, infidelidad… qué más se puede pedir.-

Uno de los aspectos que más me atrapó es la integración de las escenas con imágenes reales de desastres naturales y provocados. Bill y Jane cubren un terremoto, una inundación, un incendio en una destilería y en todos los casos asistimos a estos eventos en primera fila sin que (casi) se note el truco visual. No estoy familiarizada con la obra de este director, pero el director de fotografía de la película es Nicholas Musuraca, un nombre que no me suena para nada, pero de cuya filmografía reconozco títulos excelentes como Out of the Past, The Spiral Staircase, The Bachelor and the Bobby-Soxer, Golden Boy y Smart Woman, además de varias que me muero por descubrir (fotografió varios títulos de Robert Ryan, un actor que me encanta).-

De nuevo, lo mejor de la película es la química entre los dos protagonistas. William Gargan no me sonaba para nada, pero revisando su filmografía encontré varias películas que he visto, de modo que seguramente lo encontré en el camino pero siempre en roles secundarios. Aquí está en pleno modo Lee Tracy, disparando sus líneas de diálogo a mil por hora, amigo de sus amigos (tiene una hermosa dinámica con Wallace Ford, que interpreta a un colega con tintes trágicos) y amante de sus mujeres, astuto e intrépido. Sus escenas con Dee son de una sensualidad siempre latente en ese gesto repetido que colocarle un cigarrillo entre los labios cada vez que ella le pide de fumar y en ese cortejo permanente que no cede, ni siquiera cuando el prometido de ella anda cerca. Y hablando de este buen hombre, me gustó mucho la forma en la que Bellamy encuentra algo que hacer en la secuencia final, cuando Dee aparece como una damisela (apenas) en peligro que es rescatada por ambos galanes. El lugar común hubiera sido que sólo el héroe formara parte de la partida y sin embargo los guionistas Agnes Christine Johnston y Allen Rivkin incluyen a Hal (Bellamy) en el esfuerzo.-


Ginger Rogers en Professional Sweetheart (Novia profesional) - William A. Seiter, 1933.-





“- Es en mí en quien estoy pensando. ¡En mí! Antros de perdición, garitos, tugurios… ¡eso es lo que quiero!”

Ginger Rogers en Professional Sweetheart


Glory Eden (Rogers) es la “novia de América”, una personalidad de la radio que representa la pureza y la ingenuidad dando voz a una marca de paños de higiene propiedad de Samuel Ipswich (Gregory Ratoff). Lo que el público ignora es que Glory se muere por tirar por la borda su imagen de chica buena y lo único que quiere es usar lencería negra y salir de parranda en Harlem, según las aventuras que le cuenta su mucama Vera (Theresa Harris). En el afán de contentar un poco a Glory y convencerla de firmar un nuevo contrato, el publicista “Speed” Dennis (Frank McHugh) diseña un plan a prueba de tontos: conseguirle a Glory un novio exponente de la raza anglosajona que la mantenga a raya al tiempo que cumpla sus sueños de amor en la manera más decorosa posible. El elegido es Jim Davey (Norman Foster), un granjero de Kentucky que está enamorado de Glory a la distancia y que caerá en las trampas tanto de Speed como de O’Connor (Allen Jenkins), el empleado de Tim Kelsey (Edgar Kennedy), el dueño de una empresa que fabrica paños de limpieza que pretende contratar a Glory para que publicite sus productos.-

La trama de la película no podría ser más absurda y sin embargo tiene varios aspectos interesantes vinculados con el mundo de la publicidad radial, la competencia entre las compañías rivales, la instalación de una moralidad imposible y la intervención de los cronistas del corazón (entre los rostros más conocidos de este grupo están Zasu Pitts y Sterling Holloway) que son tanto manipulados como manipuladores en la historia que los empresarios quieren vender. La historia le permite a los realizadores incluir además al menos un personaje (tal vez dos) que son claramente homosexuales y explorar una interesante dinámica racial entre Glory y Vera, en donde la primera envidia las oportunidades que la segunda tiene. Al mismo tiempo sostiene una moraleja cuando menos dudosa al sugerir que en definitiva, lo único que Glory necesitaba para ser feliz era una trompada y sexo, en ese orden.-

Esta es otra película corta (73 minutos), pero por primera vez en esta serie sentí que por un momento la trama se arrastra un poco cuando se demora en la rivalidad comercial entre ambos fabricantes de paños que intentan hacer que Glory regrese a la radio tras su casamiento con Jim. En este punto, parece que la película no va a terminar nunca pero finalmente, encuentra la puerta de salida. De todos modos, el excelente elenco sostiene la atención del espectador y resulta delicioso. Esta película le ofreció a Rogers una oportunidad temprana de protagonizar, justo antes de iniciar su dupla con Fred Astaire; Norman Foster interpreta un rol cómico distinto del tipo urbano que le he visto hasta ahora, por ejemplo en Skyscraper Souls; y quien más me sorprendió fue Frank McHugh, que habitualmente interpreta personajes algo lentos y mayormente pasivos, y aquí es el hombre-orquesta que mantiene la situación bajo control y termina salvando el día tanto para los empresarios de paños como para los dos enamorados.-



 

Comentarios

  1. Hola Bet
    Confieso que le tengo manía a Miss Dunne; siempre me parece que hace la misma Mari Penas y, creo que ya lo he dicho, me parece que pone demasiado énfasis en parecer mas "señora" que sus personajes. Dicho esto: le hacían unos "trajes a medida" impecables.
    Frances Dee es de esas actrices que siempre se agradecen pero, casi siempre, secundaria. Los galanes de aquellos años eran todos muy altos y las chicas... pues no tanto. Frances (1,64) era la esposa del gran Joel McCrea (1,89) y su matrimonio, seguro, batió algún record: desde el 33 hasta el 90.
    Confieso que tengo debilidad con Miss Rogers; y eso que menudos papelones le tocaron. Es curioso pero casi todas las pelis con el tema publicidad-márquetin son farsas o excesivas. Serán formas de venderse.
    Un saludo, Manuel.

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    Respuestas
    1. Sumo mi confesión a la suya, querido Manuel, Irene Dunne no está en la primera línea de mis favoritas y posiblemente el motivo sea el que usted señala. Pero no es menos cierto que tiene una filmografía buenísima, o era buena eligiendo el material o se rodeó de gente que supo cuidarla bien. Excepto "Roberta", que si no fuera porque contiene mi número favorito de Astaire y Rogers sería inmirable, no la recuerdo en películas malas.-
      En cuanto a Dee, ¡me encanta esa pareja con McCrea! Hay fotos de ellos dos ya mayores que son para morirse de ternura. Quién pudiera vivir un amor así...
      Y Rogers a mí también me encanta. Aquí no tiene mucho para hacer, pero le saca el jugo a lo poco que la película le ofrece. Y será que nadie tiene mucha fe en la santidad de la publicidad... me quedé pensando en quién sería mi publicista favorito pero me quedó la mente en blanco después de recordar a Cary Grant en North by Northwest, jeje.-
      Le mando un abrazo, Bet.-

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