sábado, 24 de diciembre de 2016

Meet me in St Louis (La rueda de la fortuna) - Vincente Minnelli, 1944.-

Meet me in St Louis cuenta la historia de la familia Smith a lo largo de todo un año a comienzos del siglo XX. La trama gira principalmente en torno a Esther (Judy Garland), la segunda de las hijas mujeres, y su romance con John Truett (Tom Drake), “el muchacho de al lado”, pero el verdadero valor de esta película no reside en la historia que cuenta sino en una serie de aspectos que coordinados dan como resultado uno de los musicales más adorables y recordados de la época de oro del género. Sin proponérmelo, resultó que cada uno de los momentos que elegí refleja alguno de estos aspectos…


Momento N° 1: una cena accidentada.-
Durante la secuencia inicial, Minnelli nos presenta a todos los miembros de la familia Smith además de mostrarnos bastantes detalles de la casa en la que viven, lo cual será muy importante para la historia en el segundo y tercer segmento de la película, cuando la amenaza de dejar el hogar penda sobre la familia. Esta presentación es hábilmente manejada para que las acciones y las canciones no sólo describan a los personajes sino que también hagan avanzar la trama. Sin embargo, mi primer momento no tiene que ver con esta secuencia sino con la escena de la comida en la cual toda la familia - excepto el Sr. Smith (Leon Ames) quien nunca está muy al tanto de lo que sucede en casa - espera que la hija mayor Rose (Lucille Bremer) reciba una llamada telefónica de larga distancia de su pretendiente. Esta es la primera oportunidad en la que vemos a toda la familia reunida, hasta ahora sólo habíamos tenido grupos de no más de cuatro integrantes, y entonces surge el primero de los elementos que me gustaría destacar: el ensamble. Si bien Judy Garland es la estrella de la película, cada miembro de la familia Smith tiene su personalidad definida, cada actor tiene al menos un pequeño momento de protagonismo en una forma realmente equilibrada y eso es lo que termina por lograr que sintamos que los Smith son una familia verdadera. Este efecto se traduce en un sentimiento de identificación con ellos: nos parece que los conocemos y por eso nos importa todo lo que les suceda, por mínimo que fuera (en el episodio de Navidad, por ejemplo, John Truett no puede acompañar a Esther al baile porque su traje quedó en la sastrería, lo cual sería totalmente irrisorio si no sintiéramos afecto por estos jóvenes decepcionados).-


Momento N°2: un espectáculo improvisado.-
Desde la primera vez que vi esta película quedé encantada por un pequeño número musical que Esther y la más joven de sus hermanas, “Tootie” (Margaret O’Brien) montan en medio de la fiesta que los mayores dan para sus amigos a modo de despedida del hijo mayor, Lon Jr. (Henry H. Daniels), quien irá a estudiar en la Universidad. La canción se llama “Under the bamboo tree” y creo que después de tanto tiempo al fin descubrí porqué me gusta tanto: había leído acerca de la generosidad de Judy Garland como artista sin entender exactamente a qué se refería la expresión hasta que me fijé con atención en este número. Garland tiene muchos momentos para brillar (de hecho, nadie resaltó su belleza en la pantalla como Minnelli) y para cantar como los dioses pero en este número modera su voz para no “tapar” a O’Brien y guía a la niña a través de la coreografía sin competir con ella, es decir que con su generosidad permite que ambas se luzcan. Meet me in St Louis es una excelente oportunidad para ver a una Judy Garland en plena forma y ese es el segundo aspecto valioso de esta película.-


Momento N° 3: el apagado de las luces.-
Meet me in St Louis fue el primer largometraje que Vincente Minnelli filmó en Technicolor y demuestra que el director tenía sus ideas bien ordenadas desde el comienzo. La película hace gala de un uso maravilloso del color pero también de una cuidadosa cinematografía diseñada conjuntamente con el director de fotografía George Folsey. Hay muchas escenas en las que puede comprobarse este aspecto, pero mi preferida es aquella en la cual Esther le pide a John que le ayude a apagar las luces del comedor después de la fiesta. Esta escena se inicia con un largo plano secuencia (que tomó cuatro días de ensayos) en donde la cámara sube y baja con una grúa, adoptando diferentes ángulos sin cortar hasta que los personajes regresan al recibidor en donde comenzaron su recorrido. La fluidez de la cámara, el foco siempre perfecto, la luz menguante que no es compensada con otras fuentes de iluminación (¿no detestan que en algunas películas los cuartos se llenen de luz “exterior” cuando los personajes apagan las lámparas?), la delicadeza de las actuaciones… ¿se puede pedir algo más a una sola escena?


Momento N° 4: un paseo en tranvía.-
Meet me in St Louis tiene otra gran virtud y es que las canciones están totalmente integradas a la trama. En ningún momento uno siente que la trama se interrumpa para que comience un número musical e inclusive aquellos que no reflejan las emociones o los anhelos de los personajes - como podrían ser aquellos que se interpretan durante la fiesta de los jóvenes - se sienten perfectamente naturales: ¿de qué otra forma se entretendría un grupo de adolescentes en 1903? El número que mejor refleja esta integración es “The trolley song”, durante el cual Esther y sus amigos se dirigen hacia el predio en el que se está montando la Feria Mundial. Comienza como otro número de entretenimiento que entonan los jóvenes mientras Esther se muestra decepcionada porque John no está a bordo, pero cuando él alcanza el tranvía todo cambia. De pronto Esther toma el liderazgo del coro y empieza a cantar casi sin pensar en lo que está haciendo, como si quisiera calmar la emoción que le causó ver a John, hasta que poco a poco se involucra tanto con la canción que olvida la pose elegante y sosegada que adopta frente al muchacho. Es decir que es un número objetivo y subjetivo a la vez, sucede en un contexto “teatral” o de representación pero también es utilizado para expresar las emociones del personaje que lo interpreta y por este doble carácter es tan especial.-


Momento N° 5: la Sra. Smith calma la tormenta.-
Hacia el final del segundo episodio (el que transcurre en la noche de brujas), el Sr. Smith llega con una nueva no tan buena: lo han trasladado a la ciudad de Nueva York y toda la familia deberá mudarse después de Navidad. Todas las sombras que caían sobre la familia hasta ahora (la soltería de Rose, las inclinaciones siniestras de Toottie e incluso algo tan serio como la posibilidad de que la niña pudiera ser abusada por un vecino - sí, extraño tema para un musical) se revelan como insignificantes frente a una calamidad concreta con la que la mayoría de los espectadores podemos identificarnos: la llegada de un cambio inesperado e indeseable. Cada miembro de la familia tiene su motivo particular para rechazar el proyecto del padre (el Sr. Smith nuevamente se presenta casi como un extraño que viene a romper la armonía familiar) y uno a uno abandonan el comedor angustiados… excepto la Sra. Smith (Mary Astor). Con calma, Anna Smith se dirige al piano y toca los primeros acordes de una vieja canción que produce el efecto mágico de reducir la tensión del ambiente. El Sr. Smith comienza a cantar (nada menos que Arthur Freed le presta su voz, primero en un tono demasiado alto y luego en el correcto en un hermoso detalle del guión) y entonces todos regresan y toman un lugar en torno al piano. Todavía están tristes, claro, pero ya más calmados y con la certeza de que sin importar lo que suceda, lo importante es que lo afrontarán juntos. Minnelli utiliza muy pocos planos para esta escena y coloca su cámara siempre en puntos que le permiten captar la mayor cantidad de personajes posible, porque de eso se trata: los Smith son una familia y seguirán siéndolo en cualquier parte. En la tercera parte de la película vendrán más momentos especiales, incluyendo la famosísima “Have yourself a Merry Little Christmas” pero este en particular refleja, en mi opinión, el quinto y último aspecto que hace que esta película sea tan querida: tiene alma, nos habla de cosas que entendemos y que son universales y eternas…
Para la presente entrega de recetas preparé una torta de arándanos que si bien no es de bajas calorías, es mucho más liviana que los típicos budines navideños, espero que la preparen y la disfruten. ¡Feliz Navidad!

4 comentarios:

  1. Qué buen texto para adentrarnos en el universo de la familia Smith. Y qué bien analizas distintos aspectos de este buen musical a través de tus momentos. Me ha encantado esa descripción de la generosidad de Judy Garland como artista. Y el uso tan especial que siempre caracterizó a Minnelli para el empleo del color. Lo entiende como lenguaje y sirve para contar su historia. Así como ese rescate maravilloso de una actriz como Mary Astor. Que de mujer tentadora y fatal pasó a madre de familia tanto de los Smith como los March con mucha mucha clase.

    Felices fiestas... ¡y qué año 2017 de cine nos espera!

    Beso con muchas películas dentro
    Hildy

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    1. Ay, no he visto ninguna película de Mary Astor anterior a su etapa "maternal", pero estoy revisando un poco su filmografía y tiene bastantes títulos interesantes (¡y que vida tempestuosa!).-
      Cada vez me gusta más esta película, hay tanta tela para cortar que me temo que me he quedado sólo en la superficie...
      Te mando un beso grande, ya anticipando todo lo que veremos, leeremos y escribiremos sobre cine. ¡Feliz año! Bet.-

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  2. Hola Bet. Me encantan las películas de familias numerosas, que se reúnen porque siempre tienen un motivo para festejar. Esa reunión para despedir al hermano mayor que se va a estudiar. La noche de brujas. Me emocionan y siempre termino con lágrimas, como ahora leyendo lo que tan bien describes en tu blog. Además me sensibilizan las pelis con motivos navideños, algo que con el tiempo y casi viviendo en el fin del mundo se va perdiendo.
    Gracias Bet.
    Te deseo para el 2017 que está a punto de comenzar todo lo mejor para tu persona.
    Cariños.
    Sara

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    1. Gracias Sara, si te gustan las películas sobre familias en Navidad no te pierdas mi próxima entrada.-
      Muchas buenos deseos para vos también, un beso, Bet.-

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