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¡Box-tubre! Primer round: The Set-Up (El luchador) - Robert Wise, 1949.-


Me gusta mucho el boxeo, es el deporte que siempre se miró en mi casa (mi papá no es amante del fútbol pero no se pierde combate que den por televisión, y a mi mamá le gustaba también), y por supuesto que me encantan las películas de boxeo. Ya han aparecido varias películas de este subgénero en este blog (ver Champion, Body and Soul, Golden Boy y Rocky), pero desde que descubrí esta película por recomendación de mi querida Hildy Johnson, sueño con hacer de esto una serie. La idea es visitar películas sobre boxeo y boxeadores durante el mes de octubre, porque octubre es el mes que mejor engancha con “box”, je. ¿Se suman?





The Set-Up es la historia de un perdedor en un mundo lleno de perdedores. Bill “Stoker” Thompson (maravilloso Robert Ryan) es un boxeador que está de vuelta, tiene treinta y cinco años (todo un anciano para el negocio) y no ha ganado una pelea en mucho, mucho tiempo. Ni su representante “Tiny” (George Tobias) tiene fe en él, por lo que arregla la pelea con un gangster de las apuestas, “Little Boy” (Alan Baxter) sin contarle nada a Stoker. “No hace falta”, piensa, porque Stoker siempre pierde de todos modos. Pero Stoker tiene un buen presentimiento sobre la pelea de hoy, sabe que se está jugando la última chance y no está dispuesto a dejarla pasar, por él y por su esposa Julie (Audrey Totter).-

Esta película es una auténtica maravilla. Uno podría tomar casi cualquier fotograma y quedarse embobado observando cada detalle, lo que está en primer plano, lo que aparece detrás, los rostros de los actores, los nombres llenos de ironía de los lugares en los que transcurre la acción, el uso de las luces y las sombras, la sordidez del mundo en el que se mueven los personajes. No existe un momento desperdiciado en esta película de 73 minutos que transcurre en tiempo real; el ritmo y la urgencia latente de la acción imita la del combate, en donde cada golpe cuenta y cada segundo dura una eternidad cuando la cosa se pone peluda.-

Y Wise nos engancha desde la primera secuencia, inclusive antes de que aparezca el personaje principal. La acción se inicia en la entrada del gimnasio donde tendrán lugar los combates, ubicado en un pueblo de mala muerte llamado Paradise City, y allí conocemos a varios de los personajes que nos acompañarán a lo largo de la historia. Algunos permanecerán anónimos, como la mujer que se muestra reticente a ingresar pero luego desata su sed de sangre o el ex-boxeador ciego que sigue las peleas a través del relato de su lazarillo; otros son secundarios inolvidables, como Bat (Frank Richards), el vendedor de revistas opacado por el pregón de un vendedor de diarios; y otros son centrales en la historia, como Tiny y Red (Percy Helton), el segundo de Stoker. De allí nos vamos a otro lugar con nombre irónico, el Hotel Cozy en el que descansa nuestro héroe, un hotel que tiene tan poco de acogedor como la ciudad lo tiene de paradisíaca. Esta secuencia inicial es extremadamente provechosa. No sólo nos introduce el universo en el que se desarrolla la historia, sino que además nos presenta con precisión la geografía del lugar, con ese hotel cercano a apenas unos pasos del gimnasio. Nos presenta además a todos estos personajes que mencioné y luego, cuando cruzamos la calle y nos metemos por la ventana en la habitación de Stoker, al protagonista. Su sueño no es apacible y su esposa lo mira con preocupación. Luego, tiene lugar la exposición del conflicto: Stoker anhela ganar esta última pelea para ganar el suficiente dinero como para acceder a otra vida para él y para Julie. Comprar una porción de la representación de otro boxeador es la mayor expectativa, pero incluso un puesto de cigarrillos les permitiría vivir tranquilos. Julie, por su parte, tiene una preocupación más grande que estos sueños: en la última pelea Stoker tardó dos horas en recobrar el sentido y teme que pueda morir si recibe un mal golpe. Es muy interesante la forma en la que está filmada esta discusión: el mensaje de Stoker es inspirador, pero durante toda la escena mantiene las manos en los bolsillos, su postura corporal es la de un hombre derrotado que no ha terminado de convencerse a sí mismo.-

Más adelante ingresamos, de la mano de Stoker, en el vestuario que comparte con los otros peleadores de la noche. Cada uno de estos personajes tiene vida propia y podría protagonizar su propia película: está el principiante que se muere de miedo, el profesional que termina el combate como si nada hubiera pasado, listo para encontrarse con su chica, los confiados de sí mismos que correrán distintas suertes, el que deja en el cuadrilátero la última neurona que le quedaba viva. Y acompañándolos, los asistentes y el médico sumidos en la monotonía del trabajo entre los cuales se destaca el rostro archiconocido de Wallace Ford.-

Los espectadores de los combates tampoco tienen desperdicio: además de los que ya conocimos en la secuencia inicial, conocemos al que está toda la noche comiendo, al que sigue un partido de béisbol por la radio mientras mira en combate, al que se queda absorto ante el combate y se olvida de fumar. Y, como suele suceder entre los aficionados del box, están también los que cambian su lealtad y terminan apoyando al que da el batacazo, porque lo que en definitiva todos queremos es ver una buena pelea.-




Recuerdo que cuando Hildy me recomendó esta película, me advirtió de que Ryan me rompería el corazón en este rol y ¡cuánta razón tenía! Este actor que construyó su carrera en base a villanos despreciables, aquí nos regala una interpretación maravillosa, con la vulnerabilidad a flor de piel de un tipo al que se le está acabando el tiempo y se juega el todo por el todo, inclusive después de enterarse del arreglo que hizo su representante. Ryan no tiene muchas líneas de diálogo, más que nada se lo pasa escuchando lo que ocurre a su alrededor en el vestuario, pero su expresión cuenta mil historias de una esperanza que no se resigna a morir y de liberación de una carga que ya se había hecho muy pesada. Además, da una clase de lenguaje corporal, no solo durante las escenas de combate (Ryan había boxeado en la Universidad, de modo que conocía el paño) sino especialmente en la secuencia final, cuando avanza tanteando la pared de un callejón de servicio y llamando a Julie con un hilo de voz.- 




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