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Autorregalos de cumpleaños y Shakespeare.-


Hoy fue mi cumpleaños y para celebrarlo me autorregalé cine y libros (¿hay algo mejor?), además de aprovechar el día para cerrar un pequeño proyecto que estuve realizando en septiembre en forma paralela a mi serie sobre actrices del período pre-code.-


Autorregalos de cumpleaños.-



Como regalos de cine escogí dos películas que había visto antes pero que no tenía en formato hogareño (como se decía antes) y que por casualidad, son las dos de Howard Hawks: Scarface y Rio Bravo.-

De las dos hoy vi Scarface, lo cual resultó inesperado (había pensado ver otras películas pero hubo un cambio de planes de último momento) aunque perfecto, ya que comparto el cumpleaños con George Raft, quien en esta película interpreta a Guino, el segundo de Tony Camonte (Paul Muni) en su ascenso al poder y decadencia. No diré mucho aquí porque espero dedicarle una reseña completa, pero una vez más me impactó con su violencia y con su naturaleza pre-code entre todas las pre-code.-

En breve me reencontraré también con Rio Bravo, que compré en bluray porque viene con audiocomentario de Richard Schickel que me muero por escuchar. Además, me pareció una bonita forma de recordar el año en el que me reconcilié con John Wayne, jeje.-

En cuanto a los libros, elegí la novela The Frozen Deep de Wilkie Collins, basada en la expedición Franklin que desapareció en las aguas del ártico en el siglo XIX y respecto de la cual recién a comienzos del siglo XXI existió un descubrimiento que sin embargo no sirvió para resolver el misterio. Me fascina el tema, que inspiró la primera temporada de la miniserie The Terror que revisito a menudo y quise sumar esta nueva pieza a mi colección. Además me autorregalé una edición de El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde para reelerla con nuevos ojos. Espero en breve ver la adaptación dirigida por Albert Lewin y contarles qué me ha parecido.-


Shakespeare.-

Como seguramente ya saben, esta chica del parasol blanco no sólo usa sus ojitos para ver cine sino también para leer, y en los últimos años me he ido metiendo cada vez más en las comunidades de lectores en redes sociales. Uno de los mayores placeres de gastar horas y horas con el teléfono celular en la mano, es tomar parte en las lecturas conjuntas y los desafíos lectores que se renuevan año a año (mis favoritos son el mes de julio de Jane Austen y Victober, que consiste en leer literatura victoriana en octubre). En septiembre es el turno de Shaketember, una convocatoria a leer textos de y sobre William Shakespeare. Cada año me propongo participar y luego fracaso estrepitosamente porque me distraigo con otras cosas, pero este año resolví aunque sea mirar diferentes adaptaciones de Romeo y Julieta.-




Comencé con la filmación de una función de la ópera de Charles Gounod montada en el Metropolitan Opera de Nueva York en enero de 2017, y que está disponible en streaming. Me encanta esta ópera. La música, como así también el libreto de Jules Barbier y Michel Carré, son bellísimos y esta versión en particular, con producción a cargo de Barlett Sher y Vittorio Grigolo y Diana Damrau en los roles principales, es maravillosa; tiene acción, romance, drama, en suma todo lo que esta tragedia debe tener.-

Luego recuperé del cajón de los recuerdos Romeo + Juliet de Baz Luhrmann, una película que no había visto en décadas pero que en su momento a mi hermana y a mí nos gustó bastante. Con su estilo particular y ritmo frenético que hace pensar más en un video de MTV que en un drama isabelino, me reafirmó lo que recordaba, y es que es una adaptación más que fiel de la obra original. Las dinámicas entre los personajes (especialmente eso tan difícil de captar en cine, que es el amor a primera vista), el mal presagio, la desgracia que cae sobre lo que parecía un juego de niños, todo está presente en esta versión; y se suma además como atractivo para quien gusta de este tipo de detalles (yo soy una de ellas) la comprobación de que hay historias que son eternas, que no dependen de una rigurosa adaptación de época sino que funcionan a la perfección en un mundo con televisión y luces de neón.-

En el otro extremo de las cosas, quise probar la versión que en 1968 dirigió Franco Zeffirelli, que nunca había tenido oportunidad de ver. Bueno, pues tampoco tuve oportunidad ahora, a decir verdad. Lo que ocurrió fue que la alquilé en una plataforma de streaming, empecé a verla, no me gustó así que la dejé, al otro día decidí darle nuevamente una oportunidad, miré un poco más, siguió sin gustarme, y al tercer día tenía toda la intención de terminarla pero se venció el plazo del alquiler y la verdad es que tampoco me apuré para llegar a terminarla a horario. Sentí que me daba lo mismo terminar de verla o no, y ese nunca es el estado de ánimo correcto para ver nada. Ay, puntualmente lo que no me gustó fue por un lado la puesta de cámaras: Zeffirelli está tan enamorado de sus actores que les pega la cámara al rostro hasta que dan ganas de decir basta; y por el otro, la manera de filmar tanto las escenas de acción como los momentos cómicos es… pastosa.-

No pude dejar pasar la oportunidad de volver a West Side Story. Debo confesar que Richard Beymer me gusta cada vez en el rol, la primera vez que ví la película me pareció que era de cartón, pero con el tiempo le fui tomando cariño. Y como cada vez, me quedé hipnotizada por la electricidad que genera la dupla George Chakiris-Rita Moreno. Son tan hermosos en cuanto se ponen a bailar que resulta imposible desviar la mirada siquiera para ver a los demás bailarines con los que comparten sus números.-

A renglón seguido, decidí hacerle caso a mi padre y vi la remake dirigida por Steven Spielberg. Digo que decidí hacerle caso a mi padre porque él ya había visto la película y siempre me decía que valía la pena, aunque hasta ahora yo me venía negando solemnemente a verla porque pensaba que no necesitábamos una remake, la película de Wise tiene uno que otro defecto, pero es perfecta así como está. Eh… confirmé mi impresión inicial. No me gustó nada de esta nueva versión, ni el elenco ni la forma en la que está filmada ni las modificaciones que introduce en la trama ni las dinámicas nuevas que establece entre los personajes (por ejemplo, el conflicto racial latente entre Anita y Bernardo, que no necesitábamos porque la historia va de otra cosa, o el pasado amoroso de Tony con Graziella, que necesitábamos aún menos), ni las ramificaciones en las que entra porque evidentemente la rivalidad entre Jets y Sharks le parece poca cosa (por ejemplo, el conflicto barrial por la construcción del Lincoln Center o la historia de Valentina, encarnada por Rita Moreno, que no tiene el suficiente desarrollo como para que se convierta en una subtrama pero sin embargo se abre paso a los empujones en una repetición de Somewhere).-




Finalmente, en el día de mi cumpleaños volví a ver una versión de la ópera de Gounod, esta vez en la producción de Ted Huffman protagonizada por Benjamin Bernhaim y Julie Fuchs y estrenada en la Òpera de Zurich en 2023. La puesta en escena es controversial (vamos, no tiene escenografía y como único elemento escénico existen unas sillas de madera) pero la excelencia del elenco me hace perdonar que no haya mucho para ver. Me encantan estos cantantes y la forma en la que dan vida a sus personajes. Y por último vi una grabación de la sinfonía Romeo y Julieta de Héctor Berlioz, que - con todo respeto - resultó musicalmente demasiado… emm… ¿moderna? ¿inusual? ¿compleja? para mi gusto.-  

Me quedó pendiente (y no creo que dé a tiempo a verla) la versión protagonizada por Norma Shearer y Leslie Howard bajo la dirección de George Cukor, película que no he visto nunca. Y en principio debería (esa al menos es la idea), darle una lectura a la obra de Shakespeare antes de que termine el mes. Tengo en mi poder una edición bilingüe editada por Penguin Random House pero no prometo resultados con la lectura en inglés, con leerla en español me daría por satisfecha.-


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